Crear un personaje
EL VIAJE DE
ROSENDO (Liberación)
Rosendo terminó la escuela secundaria con excelentes
calificaciones, desde niño fue un buen alumno, al que le gustaba leer y también
dibujar. Es un muchacho cariñoso con sus padres, de suaves modales y amables
palabras para con las personas de su entorno.
Su uniforme escolar estuvo impecable durante su vida como
alumno y su cabello rojizo y en abundantes rulos lucía muy prolijo, lo cual
molestaba a sus compañeros ya que recibía continuas felicitaciones de los
docentes.
Siempre soñó viajar cuando llegara el momento de dejar la
escuela y cada día fue preparando en secreto un bolso de viaje muy grande que
tenía dos manijas y dos bolsillos del lado de afuera. Dentro de él iba poniendo
lo que le parecía necesario e importante llevar consigo. Puso una bufanda y
unos guantes por si acaso le tocaran días fríos, también algo de ropa liviana y
además varias cosas que sacó de la habitación de su hermana sin que nadie se
percatara. Todo bien acomodado ya que detestaba la ropa arrugada.
Con sus ahorros compró un billete de tren y cuando todo
estuvo preparado le comunicó a su familia que emprendería un viaje por el país
durante algún tiempo, dijo que quería conocer lugares y personas diferentes
para decidir qué rumbo darle a su vida adulta. Todos quedaron muy sorprendidos
con sus palabras ya que nunca manifestó su idea de marcharse.
Era otoño, abril del año 1960 cuando Rosendo subió al tren y
comenzó a realizar su sueño.
En su agenda tenía apuntados los lugares que quería visitar.
Mirando a través de la ventanilla del vagón imaginaba cómo disfrutaría su nueva
vida lejos de su pueblo, donde todos se burlaban de él y lo miraban con maldad.
Ya instalado en la ciudad elegida se preparó para salir a
cenar, se puso una blusa colorida que le sacó a su madre del ropero y los
zapatos de taco que le robó a su hermana. Se pintó los labios y se puso al
cuello el bonito collar que le regaló su abuela cuando él era un adolescente.
Se miró al espejo y se sintió feliz.
-Que lo pase lindo Adela- le dijo el conserje cuando salió
del hotel.
Caminó libre, sin miradas de odio y recelo sintiendo en la
piel el aire fresco del anochecer. Era el aire dulce de la libertad, miró al
cielo y en silencio dijo:
Gracias abuela por entenderme y mostrarme el camino.
Ana María Muñoz – 2025
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