viernes, 5 de junio de 2026

 

Cuento

 

 

Pasó en el Bosque de Arrayanes

 

Había una vez hace mucho tiempo, tanto que ya casi nadie se acuerda, un ratón que era muy talentoso tocando el violín. Lo hacía desde que pequeño y se pasaba el día entero practicando.

No tenía un hogar ni una familia. Iba por todos los lugares, especialmente los bosques, llevando su música y gracias a eso conseguía que la gente lo invitara a comer y a dormir en sus casas.

Una noche llegó a un hermoso bosque de arrayanes y se quedó fascinado con la belleza de esos árboles de troncos rojizos. Había escuchado comentarios pero no los había conocido y decidió quedarse varios días por allí.

Mientras se acomodaba el instrumento para comenzar, un búho de enormes ojos amarillos lo observaba con mirada inquietante. Posado sobre una rama de un árbol, Pepe Aladino que así se llamaba, estaba ansioso por escuchar al ratón violinista.

Al notar la cara de susto del roedor le dijo – No tengas miedo. No tengo intensiones de hacerte daño. Solo quiero oírte tocar el violín. Es algo que he deseado hacer toda mi vida pero no pude- comentó con un dejo de tristeza.

El ratón respiró aliviado y comenzó a interpretar su música. Había elegido la más bella canción de su repertorio. Esta se expandió rápidamente por todo el bosque. Atraídos por ella comenzaron a aparecer varios habitantes que se fueron acomodando alrededor del músico formando una gran ronda.

Éste, animado por semejante audiencia, siguió tocando durante varias horas.

Subyugada, una enorme luna llena asomó para escuchar mejor y ver quién era el que tañía con tanta excelencia el violín.

Pasaron las horas. Comenzaba a clarear pero la luna no se quería ir porque se había enamorado del ratón y de su talento.

El ruiseñor azul, el cantante oficial del bosque, desde la copa del árbol le hizo un enérgico reclamo a ella.-¡Te tienes que ir. Está por asomar el sol y si no escondes pronto no podré comenzar a cantar! – dijo en un tono poco amistoso.

El astro hizo caso omiso y no se movió del bosque. El ruiseñor azul siguió farfullando y agregó – Estoy aburrido de escuchar a este ratón que se cree Paganini.

El violinista dejó de tocar para que no siguieran peleando, y la luna se alejó llorando de tristeza, dejando sus enormes lágrimas titilando sobre el lago. Parecían enormes piedras preciosas flotando sobre el agua.

- ¡Ah, yo quiero esos brillantes para mí! ¡Que nadie los toque! – exclamó la Horrible Durmiente que había salido como disparada de su cabaña. La música la había despertado de su largo letargo.

Todos se quedaron pasmados. Nadie la conocía porque llevaba decenas de años durmiendo en su cabaña cerca del lago. Le temían aunque no se sabía si era peligrosa, esperando que nunca despertara.

Ella se metió de un salto al lago y recogió todas las lágrimas de la luna. Se las puso sobre sus enmarañados cabellos de bruja - ¿Me veo más bella así?- preguntó a su espantado público.

Todos contestaron al unísono que sí. Para que la iban a contradecir. Satisfecha por la aprobación se quedó mirando a Pepe Aladino. Le pareció que era un búho muy apuesto y le pidió que se bajara de la rama. Lo invitó a bailar con el son de unos grillos y el canto del ruiseñor azul. Pero él no quiso nada y se alejó raudamente.

Pepe Aladino, que era el chozno de Aladino el de la lámpara mágica, que no había heredado las aptitudes de su ancestro hubiera querido escapar a la invitación pero no tuvo el valor.

La Horrible Durmiente despertó al ratón que, agotado, descansaba al pie de un arrayán y le ordenó que tocara. Lo tomó de un ala al búho y lo obligó a bailar con ella. Pero sucedió algo extraordinario porque cayó al suelo profundamente dormida.

Entre todos y con esfuerzo porque pesaba como una roca la llevaron a su cabaña. Después de dejarla sobre la cama por gentileza cerraron y sellaron la puerta para siempre.

El ruiseñor azul volvió para celebrar con Pepe Aladino, con el ratón violinista y todos los amigos, la paz que volvió al bosque de arrayanes.

 

Nela Bodoc – 2026

 

 

jueves, 4 de junio de 2026

 

EN UN CONCIERTO DE CUERDAS

(Me falta el sentido de la audición)

Llegué al auditorio y me impresionó ver a la orquesta instalada, lista para empezar el concierto. Los instrumentos lucían relucientes y a punto de ser usados para deleitar a los allí presentes, que a decir verdad, colmaban la capacidad del lugar.

Imagino cuántas horas pasaron los músicos ensayando el repertorio, pienso en el violonchelo que tanto me gustaba escuchar, en los violines llorando melodías melancólicas y también en el contrabajo con su ronquido perturbador. Pienso también en la viola con sus sonidos graves que se asemejan a lamentos lejanos.

El tiempo avanza, el público ahora está aplaudiendo frenéticamente, yo observo desde el palco más alto pensando en lo maravilloso de la música, que aún sin oírla puedo sentirla, ella puede atravesar mi cuerpo y mi alma.

Imagino una guitarra y pienso ¿Hay algo más bello que una guitarra? Con sus curvas perfectas y sus cuerdas alineadas puede ser el mejor adorno en la sala de una vivienda familiar, aun cuando nadie la toque.

El Concierto ha finalizado y la gente va saliendo sonriente, lo cual me da a entender que los músicos se lucieron y que todo salió perfecto. Se percibe felicidad en los asistentes a éste gran espectáculo. También salí de ahí con el alma llena de gozo.

Ana María Muñoz – 2026

 

martes, 2 de junio de 2026

 

    

 

Hoy y solo por hoy

Trataré de estar más calmo

Y aprovechar cada palmo

De lo bueno de este día.

Desearé buena jornada

A todos los conocidos,

Y a cada uno en su nido

Enviaré buen pensamiento,

Disfrutaré el momento

Cual si no hubiera mañana.

Y dedicaré una salva

Entregada al universo,

Escribiré breve, un verso,

Con la más bella intención.

El mundo precisa un mimo

Y mucha dedicación

Al bendecir sol y aguas

Que van a todo rincón.

Por favor, abre tus alas,

Ensaya un vuelo mejor,

Y en el nombre del amor.

Suéltalo a los cuatro vientos

Y espera su regreso

Como el más dulce sustento.

Por hoy ya estoy ocupado,

El tiempo disfrutaré.

Solo por hoy quiero esto,

¡Mañana, repetiré!

                Alberto Coronel – 2026.



 

lunes, 1 de junio de 2026

 

 

El carácter de las letras

Está la a, una letra realmente osada, ya que es la primera de las vocales pero también encabeza el abecedario, y a pesar de ser tan valiente es muy simple, tanto que hasta los bebés la pronuncian.

Inicia con énfasis palabras bellas, como alegría, amistad y amor, expresa nuestra sorpresa, es suave o tímida, y casi desaparece, avergonzada, cuando nombra a la guerra.

                                                                              MI - 2013



jueves, 28 de mayo de 2026

 


                                MEDITACIÓN SOBRE NUESTRO CUERPO

(Relajamos)

 

Una de las coordinadoras nos invitó a pensar en nuestro cuerpo de una forma diferente, con detenimiento, como haciendo un autoexamen de lo que nuestro cuerpo nos dice.

Éste cuerpo que llevo a cuestas hace casi 73 años me pide reiteradamente que pare; pero hago como que no lo escucho y así voy cada día con mi ansiedad haciendo mil cosas a la vez, desde la mañana temprano hasta las 23 horas en que caigo rendida a la cama.

Cierro los ojos y hago una oración que creo que jamás logro terminar; porque a la mitad pierdo la conciencia y entro en la dimensión del sueño.

Relajar y conectar con mi cuerpo le dio sentido a todo lo que está bien en mí, y a permitirme descansar y desconectar para vivir con calma y disfrutar más el momento en que estoy ahora.

Me desconcertó la situación planteada de tocarnos la ropa y sentir en nuestra piel la textura de ella, era algo para mí inusual. En verdad fue un descubrimiento, podría decirse banal, pero en el contexto en que estábamos, me pareció casi como estar acariciando una piel, la piel de otro ser. Fue un instante fugaz y muy intenso.

Una experiencia interesante que me invitó a poner un freno a mi cotidianidad.

                                                                              Ana María Muñoz – 2026

 

 

martes, 26 de mayo de 2026

 

Personaje

 

Jaime, mi consejero

Jaime es uno de mis mejores amigos a pesar de nuestra diferencia de edad. Tiene muchos años. No sé cuántos porque nunca confesó su edad. Siempre decía que era eterno, atemporal.

Es un anciano dueño de una gran cultura y lucidez. Durante su larga vida ha acumulado infinidad de experiencias como si hubiera vivido más de una existencia. Habla varios idiomas, algunos con gran dominio.

Vive solo en un departamento en el centro sin mucho lujo y aunque está pasando por algunas dificultades económicas siempre tiene caviar y un champán en la heladera para las visitas. Tal vez para no renunciar del todo a los lujos del pasado.

Le gusta contar sobre los viajes, los países que ha conocido y compartir anécdotas muy divertidas. Además escribe muy bien, preferentemente poesías. Ya ha publicado un libro del cuál tengo una copia en mi poder.

Me gusta visitarlo con frecuencia y tener largas charlas, especialmente cuando necesito un consejo. Cuando tengo algún conflicto o que tomar una decisión difícil, atascada, confundida acudo a él.

Tiene una forma de ver las cosas que por lo general me sirve para aclarar mi cabeza. Me escucha con mucha paciencia aunque le esté dando mil vueltas al asunto que me preocupa, y con su voz de patriarca bíblico me regala una frase concisa y sabia.

Cuando llego a su puerta, ya abierta por haberme anunciado por el portero eléctrico, está parado esperando con su blanca barba y una cálida sonrisa.

Es una enciclopedia humana. Sabe de todo. Nunca me deja con dudas sobre cualquier tema. Lo puedo escuchar hablar durante horas. Tiene un estilo, una forma de decir que no aburre. Siempre le digo que es un seductor de la palabra. Quienes lo conocen opinan lo mismo.

Como si fuera poco goza de un gran sentido del humor y un talento para las bromas que termino llorando de risa. Más de una vez en que he estado afectada por algún problema me ha ayudado a sobreponerme con sus ocurrencias. Inteligentemente, me deja expresarme y cuando recupero mi compostura me da su consejo si se lo pido.

Jaime nunca se queja de nada, como si su vida fuera perfecta. Aunque no lo menciona tiene serios problemas de salud. También de relación con su única hija, que hace mucho, no lo visita. Solo comparte sus momentos felices.

Una vez, como excepción, me comentó que se tenía que operar por sus cataratas. Era algo que lo preocupaba un poco. A la siguiente vez que fui a verlo lo encontré exultante y lo primero que dijo después de operarse fue –Amiga, no sabes, he recuperado los colores de las cosas. Es maravilloso-. Nunca lo había visto tan feliz.

Por supuesto, lo celebramos con una copa de champán.

 

Nela Bodoc – 2026



lunes, 25 de mayo de 2026

 

      


                                         Casualidad y destino.

Conocí a Roberto en una fiesta de casamiento en el campo cuando yo acababa de cumplir mis quince años. Mi tío Paco había sido invitado por los vecinos de enfrente a su finca, y les habían autorizado a que invitaran a sus sobrinas y cuñadas. Así fue que fuimos cinco en total, tres de nosotras no conocíamos a los contrayentes.

También había un grupo de tres jóvenes que estaban trabajando, o sea Roberto, el fotógrafo y dos de sus amigos. Nos indicaron una mesa donde quedamos frente a ellos, y surgió una conversación casi obligada, como suele suceder en estos casos.

Fue muy lindo conocernos. Después de la cena comenzó el baile y cerca de la medianoche él me invitó a bailar. Descubrimos que nuestros gustos, como la música de moda, las películas y los libros coincidían bastante. Podríamos suponer que congeniamos, pues conversamos hasta la salida del sol, hora en que nos marchamos pues la fiesta continuó, pero quedamos en vernos en una confitería a tomar un té, dada mi edad, el fin de semana siguiente, en la que se celebraba el día de la independencia, y como vivíamos a una distancia de noventa kilómetros entre ambos, era bueno que festejáramos por ese fin de semana largo.

Pero, dada la fecha suele hacer mucho frío. Así fue que el fin de semana acordado nevó intensamente, acumulándose la mayor cantidad de nieve que se recuerda en mi ciudad de residencia.

No volvimos a saber el uno del otro en, al menos dos años y medio, pero, ¡Oh, casualidad! Un día nos encontramos en un ómnibus de larga distancia, yo en asiento 23 y él en el 24. Ambos estábamos libres de ataduras, según compartimos informaciones de nuestro vivir cotidiano, y al llegar a mi destino nos despedimos con la promesa de vernos en una semana.

Él no apareció. Cuando se lo comenté a mi tío días después, este me dijo que esa semana había muerto el padre de Roberto, por lo que era lógico que no asistiera. No volví a saber nada de su vida hasta un año después.

Llegó marzo y comenzaron las clases, el primer día de clases de mi último año, pero hubo un tema que, aunque yo se lo había comentado él no recordó: yo tomaba mis clases en el turno noche puesto que trabajaba en día.

Cuando regresé a casa mi madre me esperaba con una pícara sonrisa, y me informó: “Apareció el tal Roberto con unos músicos a darte una serenata, ¡De película antigua! No se acordaba que asistes a clases nocturnas” -Dejó un ramo de flores y saludos. Nunca más supe nada.

Creo que habrá pensado como yo, que tres casualidades hacen un destino al que hay que escuchar.

                                                                              Asumi – 2026

 

Consigna. ¿Qué significa lo que llamamos casualidades?



 

 

 

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