RECUERDO DE LA
INFANCIA
Busco en mis recuerdos y me transporto al barrio de mi
niñez. Era uno de los primeros de la ciudad, casas de próceres de la
independencia, museos, colegios tradicionales, la plaza principal muy cerca y
el teatro Municipal. Lo tengo en el corazón. Los niños caminábamos sin peligro
alguno.
Mamá trabajaba a una cuadra de la plaza, en el Ministerio de
Finanzas con horario completo. Yo tenía diez años. Partía muy temprano hacia el
colegio, y a la hora del almuerzo salíamos juntas. Éramos unas nueve compañeras
que hacíamos el mismo camino. Charlábamos y reíamos por el trayecto. Nos íbamos
despidiendo a medida que cada una llegaba a su casa. Al llegar a la mía,
calentaba mi comida y hacía mis tareas.
Era la hora de jugar.
Tenía permiso para que Anita viniera a casa. Éramos amigas
desde que estuvimos en primero de primaria. Nos veíamos casi todos los días. A
veces, bajábamos al parque y leíamos revistas en el puesto de Doña María.
Comíamos raspadillos y correteábamos al pesca-pesca. Otras veces jugábamos a
las muñecas. Ella tenía todas las barbies y los muebles que su tío le compraba
en la pulpería de la mina donde trabajaba.
Había días en que iba yo, con mis dos muñecas y la poca ropa
que mi prima Sonia me regalaba. Pasábamos casi toda la tarde armando la casa
bajo la mesa del comedor cubierta con una frazada. Cuando ya estaba todo listo
para desarrollar la historia que habíamos planeado, sonaba el teléfono y era su
mamá o la mía que nos ordenaban volver a casa.
Volvimos una ocasión, ya mayores, a visitar nuestro querido
barrio. De lo que más nos acordamos fue el recorrer las tres cuadras que
separaban nuestras casas, cargadas de nuestros juguetes. Y, lo más importante,
reconocer que nunca habíamos acabado de jugar. Solo arreglábamos la casita,
pero la trama nunca la llevamos a cabo.
Nos preguntamos, con mucha nostalgia si, a estas alturas de
la vida, podríamos hacerlo. Sería un reto y nadie nos lo creería.
Elisa Alzérreca – 2026