Cuento fantástico
El monstruo
del cerro
Atraídos por su fama de ser un lugar con extrañas
experiencias, un grupo de amigos decidimos hacer una excursión al cerro
Uritorco.
Este cerro se encuentra en Capilla del Monte, en la
provincia de Córdoba. Y es un lugar que atrae a mucha gente.
Debido que para llegar a la cumbre hay que caminar unas
cuatro horas, decidimos salir al amanecer para evitar que nos sorprendiera la
noche en ese lugar misterioso.
Después de dos horas de trekking, disfrutando del paisaje y
de las bromas que hacíamos sobre encuentros con alienígenas, nos detuvimos a
descansar un rato. Aprovechamos para hidratarnos y reponer energía con unos
bocadillos.
El cielo se empezó a oscurecer tomando diferentes
tonalidades, moradas, violetas, azules, cada vez más oscuras, hasta que se puso
negro.
Quisimos incorporarnos para continuar la marcha, pero una
especie de vaho que flotaba en el aire nos descompuso. Al mismo tiempo un
resplandor que venía desde la cumbre iba incrementando su intensidad, hasta
enceguecernos literalmente.
Estáticos en el lugar, desorientados, perdimos la noción del
tiempo. Nos había parecido que el evento había durado una hora al menos. Pero
cuando recuperamos la visión comprobamos que solo había pasado un minuto.
Algo increíble atrajo repentinamente nuestras miradas. Algo
difícil de describir.
Era una cosa inmensa de unos ocho metros de altura y una
base de alrededor de 10 metros. Era una masa amorfa, parecía un postre de
gelatina gigantesco de color verde translúcido. Se podían ver una especie de
órganos en su interior. Tan pronto podía formar unos brazos largos con o sin
dedos y luego los desintegraba. Luego creó cuatro ojos enormes que cada uno
miraba en direcciones diferentes, y una gran boca que era como agujero negro.
Ese ser, porque estaba vivo, se desplazaba lentamente
arrastrando su desconocida materia, cubriendo y aniquilando todo lo que
encontraba a su paso. Plantas, guijarros, animalitos, todo se veía pasar por su
aparato digestivo y desaparecía.
Venía bajando desde la cumbre, estaba solo unos treinta
metros de distancia.
Estábamos paralizados de miedo, sin caer en la cuenta de lo
que estaba pasando, temblando, nos miramos sin saber qué hacer.
De pronto volvió ese intenso resplandor, pero antes de
enceguecernos pudimos ver una gigantesca nave de forma octogonal con haces
luminosos de color violeta. Mientras se acercaba hacía un tremendo ruido como
si fuesen varias locomotoras. No solo nos dejó enceguecidos sino también
ensordecidos.
En el centro de la nave se abrió un boquete y salió un ancho
tubo, una especie de aspiradora de gran potencia.
Impávidos veíamos como en pocos minutos aspiró al monstruoso
gigante de gelatina. Se apagaron todas las luces, la nave desapareció y solo
quedó una enorme porción de tierra manchada con algo pegajoso y de color verde.
El día recuperó su luz natural, nosotros el aliento y el
habla. Antes de descender del cerro, sentimos curiosidad por la sustancia
pegajosa que quedó sobre la marca. Alguien se animó a probarla y exclamó -
¡Tiene sabor a menta!
Nela Bodoc – 2026
Consigna: crear un ser fabuloso.