martes, 21 de abril de 2026

 

Cuento infantil

 

 

LOS HABITANTES DEL BOSQUE

En medio del bosque de arrayanes los turistas charlaban y reían, mientras con sus teléfonos fotografiaban todo lo que les llamaba la atención.

Los más pequeños se divertían tratando de alcanzar al ruiseñor azul que se escondía tras las ramas de los árboles y entonaba sus canciones acompañado de su fiel amigo, el Ratoncillo violinista. Iban tras el sonido del violín pensando que por fin atraparían al ruiseñor, pero cuando por fin llegaban al ramaje desde donde venía la música, nada encontraban. Cansados y tristes los pequeños se sentaron en el suelo húmedo a orillas del lago a pensar cómo descubrir al pícaro ruiseñor.

Ahí estaban cuando apareció frente a ellos una mujer muy grande, despeinada y de muy malos modales con cara de pocos amigos -¿Qué hacen ustedes en mi bosque?- preguntó furiosa, a lo que los chicos respondieron lo de siempre –NADA. Uno de ellos le preguntó -Y… ¿usted quién es?

-Yo soy la Horrible durmiente, la dueña de éste lugar, así que fuera de aquí, quiero verlos lejos de mi cabaña, vamos, ¡Rápido que no tengo paciencia! -contestó

No señora -dijo uno- mamá nos dijo que podíamos recorrer todo éste lugar ya que pagamos nuestra entrada, solo tenemos que irnos antes que anochezca-

¡Ja ja ja! -se oyó una risa burlándose de la Horrible durmiente- así se habla. Yo les voy ayudar a encontrar lo que están buscando -dijo saliendo de detrás de un árbol.

¿Y usted quién es? -preguntó una niña.

Yo soy Pepe Aladino y soy tu buen vecino- respondió él.

¡Bravo, bravo! -aplaudían los niños -vamos en busca del violinista y el Ruiseñor. Así que fueron todos tras Pepe Aladino, corrían para poder seguirlo porque él daba largos pasos y no era fácil alcanzarlo, en eso el sol fue desapareciendo entre los frondosos árboles y el bosque empezó a oscurecer. Los chicos estaban un poco asustados.

Mejor sigamos buscando mañana, yo quiero volver con mamá -dijo una niña sollozando- Sí, sí -dijeron todos y regresaron adonde sus madres les estaban esperando.

El bosque quedó solo, siguió con su vida y su rutina, pero los chicos no volvieron jamás. Pepe los esperaba todos los días para buscar al Ruiseñor.

Es que los duendes jamás se marchan. Los turistas sí.

 

                                               Ana María Muñoz – 2026



lunes, 20 de abril de 2026

 

Recuerdos

 

                               Mis amigas de la infancia.

¿Dónde estarán mis amigas de la infancia? ¿Vivirán aun?

El final de mi primaria coincidió con el cambio de trabajo de mi padre, que fue trasladado, por lo que nos mudamos a una zona alejada, y así fue que me desvinculé de mis amigas y compañeras de la infancia, y no recuerdo haberlas visto después.

Amigas vecinas, con las que no compartía la asistencia a la escuela, eran dos hermanas. La mayor, Cristina, dulce y silenciosa, la mayor de todos sus hermanos  y la menor, Chicha, que al ser menor que nosotras nos seguía en las decisiones que tomábamos. Ellas perdieron repentinamente su niñez porque su madre falleció repentinamente y, entre los seis hermanos que quedaron huérfanos había un bebé de escasos meses. Siempre las recuerdo y me pregunto ¿Habrán sido felices en sus vidas?

En la escuela tenía amigas y amigos. Los varones no eran muy suaves en sus juegos pero, la mayoría requería de nuestra compasión para comprender lo que el maestro proponía para las tareas.

Pero a las compañeras las recuerdo, después de tantos años por sus modos de ser. Por ejemplo Natividad, que compartíamos el aula aunque ella era algo mayor que yo, y que no completó sus estudios primarios, y que al dejar el cursado me regaló un prendedor con forma de pingüinito con sombrero que aún conservo.

Susana, hermosa rubia de ojos azules, de comportamiento impecable, que despertaba mi envidia. Y Elsa, buena compañera, que se prendía en los juegos más arriesgados del patio de recreos.

Las hermanas Berardi, que participaban en todos los actos escolares y eran un desafío para mí el competir con ellas.

Y la más difícil y la única que seguí y sigo viendo: mi prima Ana. Vivíamos en la misma finca a unos doscientos metros de distancia, y me torturaba cuando podía, pero tenía un punto de débil, les tenía miedo a los sapos. Por eso yo, la niña buena, llevaba o simulaba llevar un pobre sapito en el bolsillo de mi jardinero para que se mantuviera lejos de mí. Ahora nos reímos, pero en nuestra infancia fue una relación muy competitiva y conflictiva.

Cuando recuerdo a mis amigas de aquel tiempo, después de setenta años, deseo que sean y hayan sido muy felices.

                                                               Marta – 2026

 

 

 

viernes, 17 de abril de 2026

 

Poesía

 

 

Sopa de vida

Llego a la casa de mi mamá, a quien amo profundamente.

Una casita de color lila, con un hermoso antejardín,

flores que adornan y dan alegría

Y disfrutando de toda esa armonía.

Está la Pelu, la gata regalona, eterna compañera de mi mamá.

Mi hermana duerme la siesta, también mi mamá.

Pero me escucha, y nos saludamos con un beso amoroso,

con profunda ternura.

Voy a la cocina y reviso las ollas y me quedo suspendida en el tiempo…

En silencio, una olla me habla ¿Qué había dentro?

Un trozo de pollo, arroz y una sopa casi blanca.

Logré comprender como se sentía mi mamá: pena, decaimiento, soledad…

quizás el duelo de mi otro hermano la había dejado sin fuerzas, sin ánimo.

Estaba deprimida.

A pesar que estaba con mi hermana sentía soledad y tristeza.

Me acerco a ella para preguntarle qué había pasado, por qué esa sopa.

Me hizo un gesto de resignación y me dijo con dulzura, prepárame una tú,

“Por supuesto que sí, mamita”- le dije.

Fui a comprar verduras variadas, zanahorias, cebolla, apio,

cilantro, pimentón, papas, zapallo y otras

para prepararle una sopa colorida y que le subiera el ánimo.

Y así fue, comió y disfrutó mi sopa, se levantó

y salimos al jardín a disfrutar el paisaje, nos sentamos

unidas por el brazo y su cabeza sobre mi hombro,

permanecimos así por largo rato.

 

Cecilia Delherbe M. - 2026

 

Consigna: Cómo las manos expresan emociones.



 

jueves, 16 de abril de 2026


 Poesía

 

SENSACIÓN – LAS MANOS

 

Ahí estás, como siempre,

acurrucada a mis pies.

Pareces un cojín multicolor,

y a mí me gusta y me das calor.

 

A media noche trepas hasta la almohada, y

con mis dedos alcanzo a enredarlos en tu panza.

Me miras y sé que te gusta mi mano sobre ti.

Eres amorosamente arisca, por eso te quedas

y, me regalas un ronroneo hasta dormirnos.

 

Allí ambas, muy juntas, nos miramos y parece

que tú sabes, mi querida Valeria, que al apagar la luz

nos queda la esperanza de un nuevo amanecer.

 

                               Miriam Ortiz – 2026



miércoles, 15 de abril de 2026

 

El placer en mis manos.    

 

 

Mis manos.

 

Blancas banderas de paz

que se tienden livianas y suaves,

hojas de papel luminoso al atardecer

cuando descansar urge y llega el solaz.

 

Manos curtidas de amor y desdicha

que confortan, que acarician y sueñan.

Que vuelan tejiendo historias al aire,

que saben de luchas cuidando el linaje.

 

Que envuelven las ansias de vidas felices,

que enfrentan batallas cuidando el ropaje

como alas abiertas ante la adversidad.

Curando pacientes las cicatrices.

 

Extiendo las sábanas sobre las camas,

preparo la mesa con prisa y voluntad.

Pensando en mis manos y siento el placer

de verlas libres y lejos de toda maldad.

 

                       Ana María Muñoz – 2026

 

 

 

                              

 

 

martes, 14 de abril de 2026

 

Microcuento

 

Ex compañera

Íbamos caminando, mi sombra y yo, cuando ella se me adelantó para encontrarse con la sombra de él.

Las sombras se fundieron en una sola. Y yo las perdí.

Nela Bodoc – 2021

 

lunes, 13 de abril de 2026

 

Cuento infantil

 

 

EL DUENDE MÁGICO DEL BOSQUE

 

Ahí va Martín, el ruiseñor. Vuela de rama en rama anunciando la llegada de la primavera. Revolotea entre los arrayanes a punto de florecer y mostrar sus hermosas florecillas blancas que impregnan el bosque con su característico aroma. Se acerca al borde del lago, levanta el pico para sentir el aire fresco. Posa sus ojos en el agua que, cual espejo, le refleja su pequeña figura. Revolotea hacia atrás asombrado. El plumaje de sus alas y de su cresta se han pintado de un maravilloso azul tornasol -¿Cómo puede ser? se pregunta intrigado. Con el pecho blanco es un contraste elegante y nada común a su especie. Vuela apresurado a la cabaña cercana buscando a Don Ratón. Al llegar, lo encuentra sentado en un pequeño tronco probando tocar su violín.

¡Mírame amigo! -le dice alborozado- ¡Observa el color de mis plumas! No sé cómo pasó. Pero me siento único en el mundo.

Es extraño -le contesta Don Ratón -Yo también tengo algo que contarte. Esta mañana, cogí mi violín y al querer tocar mis habituales canciones, empecé a tocar insólitas sinfonías. Me convertí en un mago de mi instrumento. Vamos a contarle a María, se encuentra adentro durmiendo. Tal vez, con mi maravillosa música y tus resplandecientes colores logremos despertarla. Así será un día especial para los tres.

Se acercan a la cama y se forma un aura reluciente color mar que gira como un vals con las notas que mágicamente salen del violín. María abre poco a poco los ojos y se levanta transformada en una bella bailarina que rompía con el hechizo de haber sido llamada “la horrible durmiente”.

De pronto, todo queda en silencio, los tres se miran asustados; por la puerta entra un pequeño duende -Soy Pepe Aladino- dice -y se me pidió conceder tres dones a tres seres de esta arboleda. Los veo dichosos, pero todo tiene un precio. Deberán juntarse cada inicio de primavera, para cantar, tocar y bailar para alegrar a todos los animales del bosque, hasta el fin de sus días.

Analizaron la propuesta y aceptaron. No hay nada más agradable que hacer lo que a uno le gusta, con el esfuerzo de no faltar a la cita y hacer felices a los demás.

No hace falta decir que vivieron así por siempre.

 

Elisa Alzérreca – 2026

 

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