Ensayo
LA MUJER MAYOR
Y SU TIEMPO
Ya muchos escribieron sobre este tema, parece ser que el
sentimiento de cambio cuando se llega a la edad madura es similar en todos los
seres humanos. Simone de Beauvoir dice:
“El cuerpo se
aprovechó de mi distracción… No sé cuándo decidió envejecer…
El cuerpo fue
cambiando mientras la mente seguía intacta, llena de planes, curiosidades y
deseos…”
Esta etapa de vida fue dividida en cuatro:
La pre vejez (55-65):
en la cual comienzan los primeros cambios en lo físico y en la vida social.
Llega la jubilación y los hijos, en general, toman su propio camino quedando el
“nido vacío”.
La etapa de
independencia (65-75) donde se mantienen los niveles óptimos de autonomía
física y mental. La persona es capaz de valerse por sí misma.
La etapa de
interdependencia (70/75-85) ya con algunas dificultades o limitaciones y,
por lo tanto, se requiere de algún apoyo.
La etapa de
dependencia completa (+ de 85) la persona es vulnerable física o
cognitivamente. Requiere de asistencia.
Volvamos a la segunda etapa, la de “independencia”. La
persona se siente plena. Ya dejó de trabajar, está sola o con su pareja. El
mundo y la existencia parecen transcurrir con demasiada rapidez.
Irónicamente, el adulto mayor cree que el tiempo que pasó en
tareas de trabajo, ahora es libre y pleno para dedicarse a otras actividades
más relajadas.
En el caso de la mujer, reservó libros nuevos para poder
leerlos; fue comprando y guardando proyectos diferentes, ya sean de tejido o
bordado, o de nuevos trabajos; alistó un sofá reclinable y la coqueta lámpara
para hacer de ese lugar su paraíso de lectura, relajamiento o estudio.
Sin embargo, en este actual estatus, se encuentra ante una
realidad en la que desapareció el trabajo remunerado y todo su tiempo es
devorado por otros deberes y actividades.
Al pasar el tiempo, surge en el contexto de su cotidianidad,
una pregunta: ¿Por qué cuando la mujer se jubila y cree, con tanta ilusión, que
tendrá más horas libres, se da cuenta que no le alcanzan?
Un pensamiento anónimo dice:
“La percepción de que el tiempo se acorta en la edad adulta
no es sólo una ilusión cronológica, sino la consecuencia directa de una
sociedad que prioriza la hiperproductividad y la rutina, despojando al
individuo de la capacidad de vivir el presente.”
Es posible que nos hayamos criado para realizar y tener todo
perfecto, una rutina perfecta. Curiosamente, lejos de estar más descansada y
tranquila, esas doce horas productivas son insuficientes para abarcar lo que
antes se hacía. Parecería que el universo conspirara contra ese pequeño mundo.
El sentir y los pensamientos siguen aún jóvenes, pero el cuerpo se revela, está
más lento. Entonces se requiere un balance equitativo para comprenderse y
permitirse ir más despacio.
Es un proceso de aprendizaje que a veces cuesta demasiado.
Debemos crear otro vivir el presente pleno: realizar actividades con nuevos
espacios; actividades sociales que mantengan a la persona vinculada a la
enriquecedora amistad; hacer ejercicios que, sin fatigas, eviten la pérdida del
tono muscular y alimentar el alma con esos hobbies sin prisa y sin presión
alguna.
Entonces, adaptarse al cuerpo con mucha paciencia y motivación,
permanecer activa y reconocer que todo se vivirá en otra revolución, procurando
la salud mental y la tan deseada paz.
Elisa R. Alzérreca S.