Bendito sea el que da
sin importarle a quién,
en su alma está el amor,
y en su camino, el bien.
Alberto coronel – 2026
Este Taller es un espacio de escritura creativa, diseñado para las actividades de extensión Cafh Argentina 6
Cuento infantil
LOS HABITANTES
DEL BOSQUE
En medio del bosque de arrayanes los turistas charlaban y
reían, mientras con sus teléfonos fotografiaban todo lo que les llamaba la
atención.
Los más pequeños se divertían tratando de alcanzar al
ruiseñor azul que se escondía tras las ramas de los árboles y entonaba sus
canciones acompañado de su fiel amigo, el Ratoncillo violinista. Iban tras el
sonido del violín pensando que por fin atraparían al ruiseñor, pero cuando por fin
llegaban al ramaje desde donde venía la música, nada encontraban. Cansados y
tristes los pequeños se sentaron en el suelo húmedo a orillas del lago a pensar
cómo descubrir al pícaro ruiseñor.
Ahí estaban cuando apareció frente a ellos una mujer muy grande,
despeinada y de muy malos modales con cara de pocos amigos -¿Qué hacen ustedes en mi bosque?- preguntó furiosa, a lo que los
chicos respondieron lo de siempre –NADA.
Uno de ellos le preguntó -Y… ¿usted quién
es?
-Yo soy la Horrible
durmiente, la dueña de éste lugar, así que fuera de aquí, quiero verlos lejos
de mi cabaña, vamos, ¡Rápido que no tengo paciencia! -contestó
No señora -dijo
uno- mamá nos dijo que podíamos recorrer
todo éste lugar ya que pagamos nuestra entrada, solo tenemos que irnos antes que
anochezca-
¡Ja ja ja! -se oyó
una risa burlándose de la Horrible durmiente- así se habla. Yo les voy ayudar a encontrar lo que están buscando -dijo
saliendo de detrás de un árbol.
¿Y usted quién es?
-preguntó una niña.
Yo soy Pepe Aladino y
soy tu buen vecino- respondió él.
¡Bravo, bravo! -aplaudían
los niños -vamos en busca del violinista
y el Ruiseñor. Así que fueron todos tras Pepe Aladino, corrían para poder
seguirlo porque él daba largos pasos y no era fácil alcanzarlo, en eso el sol
fue desapareciendo entre los frondosos árboles y el bosque empezó a oscurecer.
Los chicos estaban un poco asustados.
Mejor sigamos buscando
mañana, yo quiero volver con mamá -dijo una niña sollozando- Sí, sí -dijeron todos y regresaron adonde
sus madres les estaban esperando.
El bosque quedó solo, siguió con su vida y su rutina, pero los
chicos no volvieron jamás. Pepe los esperaba todos los días para buscar al
Ruiseñor.
Es que los duendes jamás se marchan. Los turistas sí.
Ana
María Muñoz – 2026
Recuerdos
Mis amigas de la
infancia.
¿Dónde estarán
mis amigas de la infancia? ¿Vivirán aun?
El final de mi
primaria coincidió con el cambio de trabajo de mi padre, que fue trasladado,
por lo que nos mudamos a una zona alejada, y así fue que me desvinculé de mis
amigas y compañeras de la infancia, y no recuerdo haberlas visto después.
Amigas vecinas,
con las que no compartía la asistencia a la escuela, eran dos hermanas. La mayor,
Cristina, dulce y silenciosa, la mayor de todos sus hermanos y la menor, Chicha, que al ser menor que
nosotras nos seguía en las decisiones que tomábamos. Ellas perdieron
repentinamente su niñez porque su madre falleció repentinamente y, entre los
seis hermanos que quedaron huérfanos había un bebé de escasos meses. Siempre
las recuerdo y me pregunto ¿Habrán sido felices en sus vidas?
En la escuela
tenía amigas y amigos. Los varones no eran muy suaves en sus juegos pero, la
mayoría requería de nuestra compasión para comprender lo que el maestro
proponía para las tareas.
Pero a las
compañeras las recuerdo, después de tantos años por sus modos de ser. Por
ejemplo Natividad, que compartíamos el aula aunque ella era algo mayor que yo,
y que no completó sus estudios primarios, y que al dejar el cursado me regaló
un prendedor con forma de pingüinito con sombrero que aún conservo.
Susana, hermosa
rubia de ojos azules, de comportamiento impecable, que despertaba mi envidia. Y
Elsa, buena compañera, que se prendía en los juegos más arriesgados del patio
de recreos.
Las hermanas Berardi,
que participaban en todos los actos escolares y eran un desafío para mí el
competir con ellas.
Y la más difícil
y la única que seguí y sigo viendo: mi prima Ana. Vivíamos en la misma finca a
unos doscientos metros de distancia, y me torturaba cuando podía, pero tenía un
punto de débil, les tenía miedo a los sapos. Por eso yo, la niña buena, llevaba
o simulaba llevar un pobre sapito en el bolsillo de mi jardinero para que se
mantuviera lejos de mí. Ahora nos reímos, pero en nuestra infancia fue una relación
muy competitiva y conflictiva.
Cuando recuerdo a
mis amigas de aquel tiempo, después de setenta años, deseo que sean y hayan
sido muy felices.
Marta
– 2026
Poesía
Sopa de vida
Llego a la casa de mi mamá, a
quien amo profundamente.
Una casita de color lila, con un
hermoso antejardín,
flores que adornan y dan alegría
Y disfrutando de toda esa armonía.
Está la Pelu, la gata regalona,
eterna compañera de mi mamá.
Mi hermana duerme la siesta,
también mi mamá.
Pero me escucha, y nos saludamos
con un beso amoroso,
con profunda ternura.
Voy a la cocina y reviso las
ollas y me quedo suspendida en el tiempo…
En silencio, una olla me habla ¿Qué
había dentro?
Un trozo de pollo, arroz y una
sopa casi blanca.
Logré comprender como se sentía
mi mamá: pena, decaimiento, soledad…
quizás el duelo de mi otro
hermano la había dejado sin fuerzas, sin ánimo.
Estaba deprimida.
A pesar que estaba con mi hermana
sentía soledad y tristeza.
Me acerco a ella para preguntarle
qué había pasado, por qué esa sopa.
Me hizo un gesto de resignación y
me dijo con dulzura, prepárame una tú,
“Por supuesto que sí, mamita”- le
dije.
Fui a comprar verduras variadas,
zanahorias, cebolla, apio,
cilantro, pimentón, papas,
zapallo y otras
para prepararle una sopa colorida
y que le subiera el ánimo.
Y así fue, comió y disfrutó mi
sopa, se levantó
y salimos al jardín a disfrutar
el paisaje, nos sentamos
unidas por el brazo y su cabeza
sobre mi hombro,
permanecimos así por largo rato.
Cecilia Delherbe M. - 2026
Consigna: Cómo las manos expresan emociones.
Poesía
SENSACIÓN – LAS MANOS
Ahí estás, como siempre,
acurrucada a mis pies.
Pareces un cojín multicolor,
y a mí me gusta y me das calor.
A media noche trepas hasta la
almohada, y
con mis dedos alcanzo a
enredarlos en tu panza.
Me miras y sé que te gusta mi
mano sobre ti.
Eres amorosamente arisca, por eso
te quedas
y, me regalas un ronroneo hasta
dormirnos.
Allí ambas, muy juntas, nos
miramos y parece
que tú sabes, mi querida Valeria,
que al apagar la luz
nos queda la esperanza de un
nuevo amanecer.
El placer
en mis manos.
Mis manos.
Blancas banderas de
paz
que se tienden
livianas y suaves,
hojas de papel
luminoso al atardecer
cuando descansar
urge y llega el solaz.
Manos curtidas de
amor y desdicha
que confortan, que
acarician y sueñan.
Que vuelan tejiendo
historias al aire,
que saben de luchas
cuidando el linaje.
Que envuelven las
ansias de vidas felices,
que enfrentan
batallas cuidando el ropaje
como alas abiertas
ante la adversidad.
Curando pacientes
las cicatrices.
Extiendo las
sábanas sobre las camas,
preparo la mesa con
prisa y voluntad.
Pensando en mis
manos y siento el placer
de verlas libres y
lejos de toda maldad.
Ana María Muñoz – 2026
Bendito sea el que da sin importarle a quién, en su alma está el amor, y en su camino, el bien. Alberto coronel – 2026