Ensayo
Cultivar el futuro
Si supiera que el mundo acaba mañana, aun
así plantaría mi manzano.
Martin
Luther King (1929-1968)
Vivimos
inmersos en mensajes catastróficos, y nos sorprendemos que las generaciones
jóvenes solo quieran vivir el presente, no como un logro sino como un gesto
desesperado de agotar todas las posibilidades “antes que sea demasiado tarde”
Mensajes
colectivos muy bien intencionados, emitidos por ONGs, por filántropos o
científicos nos dicen: “Solo tenemos diez
años para revertir el calentamiento global”. Es probable que sea cierto, que los seres
humanos seamos los responsables del calentamiento global, pero implícitamente
están diciendo que el mundo, en diez años dejará de ser lo que es para ser algo
muy distinto, donde no se sabe quién sobrevivirá si es que alguien sobrevive, y
en qué condiciones. Mientras este “conocimiento” ingresa en las mentes el mundo
sigue girando en el mismo sentido que lo ha hecho en el último siglo, produciendo millares de toneladas anuales
de plásticos que tardarán miles de años
en desaparecer mientras se nos incita a consumir una nueva versión de un
aparato electrónico cada vez más completo;
emitiendo gases a la atmósfera que los vientos no logran purificar; a
consumir perfumes, cambiar el auto y a quemar más combustibles cada año,
contaminando las aguas que no pueden procesar los millones de metros cúbicos de
desechos humanos e industriales que vertemos en ellas, a la vez que la
publicidad y la comodidad nos invitan a usar diariamente jabones y detergentes
cada vez más eficientes, a recurrir a pañuelos, servilletas y pañales
descartarles derivados de la celulosa,
para lo que es necesario sacrificar miles de árboles, contaminar las aguas de
ríos y mares y lanzar al aire toneladas de humo. Tal vez todos estemos intentando “salvar al
mundo” por la misma puerta, donde nos amontonamos tratando de salir pisándonos
unos a otros.
Estamos
muy preocupados por el medio ambiente que dejaremos a las generaciones que nos
suceden sin darnos cuenta que la herencia ya se las hemos trasladado: les
estamos dejando un mundo sin esperanzas. La desolación que puede producirse
exteriormente dentro de diez años ya la tienen en su mundo interno y si bien aun
estamos a tiempo de revertir el proceso físico de nuestro Planeta, ¿qué
herramientas les estamos dando para que puedan hacerse cargo de su falta de
futuro interno?
Nuestra sociedad
actual es el reinado de la confusión, como si estuviéramos cual larvas en
celdillas individuales, donde la sensación de NO SER VISTO por nuestros
congéneres nos motiva a tener actitudes diversas para salir del anonimato,
llegando en algunos casos a lo irracional. Los padres viven las mismas
confusiones y disfunciones que sus hijos. Para lograr modificarlo tendríamos
que saber quiénes somos, qué queremos y enseñarlo con nuestras formas de vivir.
Al igual que
tenemos algo de tiempo para tomar medidas acerca de la ecología lo tenemos para
cambiar el mundo interno, las expectativas de vida interior y la conciencia de
futuro de la Humanidad.
“Volvamos la mirada hacia nuestro
interior. Para poder realizar el cambio que deseamos, es preciso que comencemos
por transformar nuestro medio interior –nuestro mundo- y construir un ambiente
armónico que nos convierta en seres humanos integrales” dice José Luis
Kutscherauer (1) y agrega: “Preguntémonos cuáles son los bienes que
queremos dejar como herencia a la
humanidad; especialmente, recordemos que hay bienes no renovables por
cuyo uso tenemos que responder: el uso del tiempo, las energías vitales, el
potencial mental y afectivo están en nuestras manos, bajo nuestro cuidado para
utilizar y disponer, pensemos en el ecosistema que constituyen nuestros
pensamientos”.
Al igual que en los
aspectos externos, los seres humanos hemos desarrollado técnicas para
desenvolvernos interiormente desde el principio de los tiempos. Pero como si
nuestra conciencia fuese un corazón gigante que palpita, vamos en movimientos
que oscilan entre la materialidad y la espiritualidad sin encontrar el
equilibrio ni utilizar todas las herramientas a nuestro alcance para conocer el
mundo que nos contiene y simultáneamente nuestro universo interior, y la
relación inseparable e interdependiente entre ambos. Para lograrlo debemos
renunciar a nuestros anhelos de
posesión, de sobresalir, de triunfos inmediatos y sueños infantiles de cambios
mágicos y hacernos cargo de nosotros mismos.
Históricamente
estamos en una “bisagra” del pensamiento, donde hemos transferido conocimiento
y poder a las máquinas y creemos que hemos logrado todo. Pero no hay aún
máquina más perfecta que la mente humana. Y es esa máquina mucho más dúctil y
elástica que cualquier modelo creado por el ser humano, ya que no es necesario
crear otro modelo para reemplazarla, cada uno se va creando a sí mismo. Tenemos
necesariamente que recuperar este conocimiento e ir transfiriéndolo a las
generaciones que nos suceden:
desarrollar la conciencia.
Valoremos las
herramientas que tenemos, como la oración, la meditación, la reflexión, el
diálogo y la gratitud.
¿Somos conscientes
que pertenecemos a un universo mucho más grande que nuestra propia comodidad?
¿Nos detenemos a ver cómo pensamos? ¿Nos hacemos cargo de nuestras actitudes?
¿Validamos lo que los otros piensan y tratamos de consensuar con ellos?
¿Agradecemos la comida que llega a nuestra mesa? ¿Respetamos las horas de
descanso y trabajo? ¿Valoramos la
Vida por sobre todas las cosas?
Las preguntas están
dentro de nosotros, por lo tanto las respuestas también, y decidirlo está en
nuestras manos, individualmente, sin esperar que otro lo haga. Salvar el
planeta para el más fuerte, el más resistente, el más poderoso marcará un
futuro, pero hacerlo en concordancia con el Universo dará a la Humanidad un nuevo
amanecer.
(1)
“CUIDEMOS NUESTRA BIOSFERA INTERIOR” José Luis Kutscherauer. Revista Vuelos
de búsqueda interior – Nº 69 – Abril 2008
Asunción Ibáñez - 2019