martes, 14 de abril de 2026

 

Microcuento

 

Ex compañera

Íbamos caminando, mi sombra y yo, cuando ella se me adelantó para encontrarse con la sombra de él.

Las sombras se fundieron en una sola. Y yo las perdí.

Nela Bodoc – 2021

 

lunes, 13 de abril de 2026

 

Cuento infantil

 

 

EL DUENDE MÁGICO DEL BOSQUE

 

Ahí va Martín, el ruiseñor. Vuela de rama en rama anunciando la llegada de la primavera. Revolotea entre los arrayanes a punto de florecer y mostrar sus hermosas florecillas blancas que impregnan el bosque con su característico aroma. Se acerca al borde del lago, levanta el pico para sentir el aire fresco. Posa sus ojos en el agua que, cual espejo, le refleja su pequeña figura. Revolotea hacia atrás asombrado. El plumaje de sus alas y de su cresta se han pintado de un maravilloso azul tornasol -¿Cómo puede ser? se pregunta intrigado. Con el pecho blanco es un contraste elegante y nada común a su especie. Vuela apresurado a la cabaña cercana buscando a Don Ratón. Al llegar, lo encuentra sentado en un pequeño tronco probando tocar su violín.

¡Mírame amigo! -le dice alborozado- ¡Observa el color de mis plumas! No sé cómo pasó. Pero me siento único en el mundo.

Es extraño -le contesta Don Ratón -Yo también tengo algo que contarte. Esta mañana, cogí mi violín y al querer tocar mis habituales canciones, empecé a tocar insólitas sinfonías. Me convertí en un mago de mi instrumento. Vamos a contarle a María, se encuentra adentro durmiendo. Tal vez, con mi maravillosa música y tus resplandecientes colores logremos despertarla. Así será un día especial para los tres.

Se acercan a la cama y se forma un aura reluciente color mar que gira como un vals con las notas que mágicamente salen del violín. María abre poco a poco los ojos y se levanta transformada en una bella bailarina que rompía con el hechizo de haber sido llamada “la horrible durmiente”.

De pronto, todo queda en silencio, los tres se miran asustados; por la puerta entra un pequeño duende -Soy Pepe Aladino- dice -y se me pidió conceder tres dones a tres seres de esta arboleda. Los veo dichosos, pero todo tiene un precio. Deberán juntarse cada inicio de primavera, para cantar, tocar y bailar para alegrar a todos los animales del bosque, hasta el fin de sus días.

Analizaron la propuesta y aceptaron. No hay nada más agradable que hacer lo que a uno le gusta, con el esfuerzo de no faltar a la cita y hacer felices a los demás.

No hace falta decir que vivieron así por siempre.

 

Elisa Alzérreca – 2026

 

viernes, 10 de abril de 2026

 

                                    

                                                    Recuerdo de mi infancia.

Recuerdo a una vecina y compañera de escuela. Era un año mayor que yo. Como vivía cerca de casa a veces nos encontrábamos camino a la escuela. Sofía era muy buena alumna y me ayudaba cuando no entendía algo en clase. Además sus padres eran docentes y tenían una amplia biblioteca.

Sus padres y los míos acostumbraban a dormir siesta. Después del almuerzo, cuando ellos se retiraban a sus dormitorios, Sofía y yo nos encontrábamos en el patio y nos íbamos a un canal poco profundo, donde jugábamos con el barro. Había gusarapos, sapos y grillos.

Trepábamos a una higuera para cortar brevas e higos, y este hecho nos complicaba un poco porque en nuestras piernas y brazos, el roce de las hojas nos producía picazón e irritación en la piel, pero eso no evitaba que al día siguiente volviéramos a la aventura de jugar en el barro y trepar a la higuera.

Momentos hermosos que en mi memoria guardo con mucho amor.

                                                                          Estela Puebla - 2026



                                                                                        

jueves, 9 de abril de 2026

 

¿Qué siento en mis manos cuando tallo la piedra?

 

Tallar la piedra no es cualquier cosa,

Debes tener arte y fuerte tu alma.

Porque la piedra es dura y por cierto…muy pura.

Tómalo con calma, ella llegará a amarte,

Pásale la mano, te dirá la suerte

¡Ella habla! Si sabes escucharla.

No preguntes con tu mente

Sólo roza con el cincel la roca,

Ella canta y adelanta las cosas que debes hacer.

No te preocupes por lo que ves de frente

Porque la mente ya enfoca lo suficiente.

Pasa tu mano, retira lo que sobra,

Ella te muestra sus vetas rosas…

Calla, escucha…ella te habla.

 

Cristian Arnulphi – 2026

 

 

Consigna: Las emociones a través de las manos


 

 

miércoles, 8 de abril de 2026

 

 

SENTIMIENTOS DE INFANCIA

Cuando María comenzó a asistir a la escuela su mundo se transformó. ¡Todo era tan nuevo!

El primer día estaba asustada, había tanta gente en ése lugar. Ella que siempre estuvo con su madre y sus hermanos recluidos en su casa, se sentía incómoda.

Al pasar los días todo fue mejorando, poco a poco fue aprendiendo el nombre de sus compañeros y también haciendo amistad con las niñas.

La escuela era grande y muy vistosa, había murales en el patio y las aulas eran cálidas y luminosas. Las clases le parecían aburridas, pero cuando sonaba el timbre anunciando el recreo su corazón daba un vuelco de alegría.

Rosita, Elena, Analía y Elcira, se convirtieron en sus amigas más cercanas y juntas pasaban el recreo jugando en el patio, disfrutaban esos momentos entre risas y juegos.

En cambio con los varones el trato era muy diferente, solo compartía con ellos el saludo y algún comentario sobre lo que la maestra estaba enseñando.

Analía y Elena, sus queridas amigas vivían cerca de su casa, a unas pocas cuadras por lo que a veces pasaban las tardes jugando en casa de ella. La excusa era hacer las tareas, pero en realidad solo pasaban el tiempo jugando con las muchísimas muñecas que María tenía en su habitación, eran tan hermosas que parecían niñas, algunas morenas, otras eran rubias y hasta tenía una pelirroja. Ellas las peinaban y les cambiaban las ropitas como si fueran sus hijas, y entretenidas, no se daban cuenta que el tiempo pasaba hasta que la mamá de María, una señora cariñosa y amable, además divertida, las llamaba a tomar la merienda, y que algunas veces se ponía a jugar con ellas como si fuera una igual.

Eran tiempos hermosos de aprendizajes y juegos, eran niñas felices y estudiosas.

Cuando María festejó su cumpleaños en el mes de abril, ya los días otoñales eran frescos y lloviznaba suavemente por lo que “todo sería dentro de casa” eso dijo la mamá, quien había invitado a todos los compañeros de la clase.

Ese día jugaron todos juntos, estaban tan contentos y todo les parecía maravilloso.

Después de tomar el chocolate y devorar todo lo que había sobre la mesa quisieron salir a jugar al jardín, había cesado la tenue lluvia así que, la mamá de María estuvo de acuerdo, eso sí, recomendándoles que tengan cuidado de no caer.

Niñas y niños corrían entre rosales y jazmines para no ser manchados, es que ¿quién no jugó alguna vez a la mancha? todo era alegría en la fiesta de María. Hasta que se fueron a jugar a la galería embaldosada y un niño llamado Alberto resbaló y cayó pesadamente al suelo golpeándose la cabeza, todos se asustaron mucho; el muchachito estaba tendido en el piso, pálido llorando. Vino el médico y lo revisó de forma cautelosa, al cabo de algunos minutos Alberto se incorporó y el galeno dijo que estaba bien y que podían seguir jugando, pero dentro de la casa. “Nada de correr afuera” dijo.

Fue un tiempo precioso para esos niños que hoy son adultos y siguen conservando estos recuerdos y su bella amistad.

                                                               Ana María Muñoz – 2026



martes, 7 de abril de 2026

 

 

En la calle

Una señora mayor cruzaba la calle correctamente, cuando el semáforo se lo permitió y a un auto que dobló la esquina y su conductor, impaciente, asomando su cabeza le dijo: -Apurate, vieja-

La señora, sin perder la compostura, bajando su barbijo para mostrar todo su sereno rostro, le contestó: -Gracias joven, pido a Dios le dé a usted larga vida, así podrá recibir un bello saludo como el que hoy me brinda.

Asumi- 2021

 

lunes, 6 de abril de 2026

 

 

MANOS TRÉMULAS

 

Manos blancas e inquietas,

se apoyan, cual pájaros,

en los brazos del asiento,

pasivas pero alertas acompañan,

a su dueño en su tormento.

 

Comienza la ruidosa labor,

que las crispa a cada momento,

los dedos finos se entrelazan,

en señal de súplica por aliento.

 

Se aprietan, se enfrían,

se tornan puño de nuevo.

Añoran que pase el tiempo,

que vuelvan a soltarse

con gran alivio y volar al viento.

 

Elisa Alzérreca – 2026

 


 

  Microcuento   Ex compañera Íbamos caminando, mi sombra y yo, cuando ella se me adelantó para encontrarse con la sombra de él. Las ...