lunes, 18 de mayo de 2026

 

Rezongona

Así la bautizamos. Era una fotocopiadora grande, muy resistente, que encendíamos al abrir el negocio apagábamos al cerrar. Mientras no sacaba copias emitía un suave ronroneo por lo cual la llamábamos así.

Era máquina para grandes trabajos. Había otra más pequeña que se utilizaba como refuerzo cuando Rezongona hacía gran cantidad de copias iguales; era pequeña, y la llamamos Coqueta, ella sí me quería, nunca me dio un disgusto, pero Rezongona ¡Uf! Funcionaba perfecto con cualquiera de los operadores ¡Menos conmigo!

¡Las veces que no funcionaba bien! ¡Incontables! Pero solo conmigo. Entonces yo pedía el servicio técnico, quienes me recomendaban que para que no hubiera un daño mayor la apagara. Pero cuando llegaban los técnicos todo marchaba perfecto. Creo que llegué a soñar que la ranura de su salida hojas, en ciertos momentos, lucía una mueca sonriente.

Algunas veces yo esperaba a mi asistente para que realizara lo trabajos más grande, pues con ella no tenía problema alguno.

Era sabido que Rezongona no me quería. Por eso, cuando el trabajo era más urgente o delicado, recurría a la pequeña Coqueta, aunque fuese más lenta y yo debiera quedarme después de hora.

Rezongona y yo nunca nos llevamos bien.

                                                                              Asunción Ibáñez – 2026.



 

Consigna: ¿Alguna vez sentiste que un ser inanimado tiene vida y sentimientos?

 

 

 

viernes, 15 de mayo de 2026

 

 

CONECTAR CON MI CUERPO… Y YO

 

Una voz serena y pausada me pide acomodar mi cuerpo. El peso de muchos kilos me aprieta contra la silla. Mis pies no llegan a posarse sobre la madera, pienso. La voz dulce me sugiere respirar. Con los ejercicios de Tai chi, lo logro. Pero esta respiración de llevar el aire a determinado lugar no se me hace sencilla. Escucho mi corazón, compás viene, compás va, olvido el inhalar y exhalar. Vuelvo a la voz y, poco a poco la relajación me abraza, me aleja del ir y venir de la cotidianidad acelerada que siempre me marcó el paso. Me siento más liviana. Es un momento acogedor, que me atrae y me apacigua. Siento que así debe ser, e intento aprender de estos momentos, los cuales debo acoplar a mi forma de vida. Disfruto, cada vez más, de mis actividades pausadas, pero falta todavía controlar ese frenesí por hacerlo todo. Hacer menos y al ritmo que mi cuerpo pida; no exigirle tanto; mimarlo más para un mejor futuro, más sano y feliz. Esa voz me guía, me enseña y me aconseja. Gracias por ello.

 

Elisa Alzérrreca Solari – 2026

 

Consigna: atender lo que percibo durante un ejercicio de relajación, dejándome llevar sin juzgar.

 

 

jueves, 14 de mayo de 2026

 



Agradecer la vida,

agradecer los sueños.

Agradecer el agua

y el calor de los leños.

Alberto Coronel



 

martes, 12 de mayo de 2026

lunes, 11 de mayo de 2026

 

Resumen

 

CONTRATAPA DE LA NOVELA

ELISA, LA ROSA INESPERADA

de LILIANA BODOC

 

Esta novela juvenil narra la historia de una adolescente (Elisa Viltes) que queda al cuidado de su abuela, cuando sus padres, que son cumbieros, se van de gira por el país. Los hechos comienzan en la Provincia de Santa Fe, Argentina.

Elisa viaja al norte del país al poco tiempo que sus padres se marchan. Ella ha recibido una falsa promesa de trabajo y nada es lo que esperaba.

Allí empieza un proceso de autodescubrimiento y conocimiento de la vida real.

Conoce el amor y el dolor, y vive una cruel lucha ante el peligro de la trata de personas. Se enfrenta a la realidad de sobrevivir cada día a una nueva y durísima forma de vida en un barrio urbano-marginal.

 

ÉSTA HERMOSA NOVELA FUE LA ÚLTIMA QUE ESCRIBIÓ LA AUTORA ANTES

DE SU FALLECIMIENTO OCURRIDO EL 6 DE FEBRERO DE 2018, A LOS 59 AÑOS.

Ana María Muñoz – 2026



 

 

viernes, 8 de mayo de 2026

 

Cuento infantil

 

La Horrible Durmiente.

Había cuatro personajes muy especiales: el Ratón Violinista, Pepe Aladino, El ruiseñor Azul y la horrible durmiente. Ésta estaba en una cabaña del bosque durmiendo desde hacía mucho tiempo.

El bosque era de Arrayanes. Los tres amigos,  el Ratón Violinista, Pepe Aladino, y el ruiseñor Azul se fueron al bosque a pasear y buscar flores y frutas silvestres. Cuando llegaron frente a la cabaña, el ratón violinista preguntó: ¿Quién es el dueño de este lugar? ¿Está habitado o deshabitado?

Aquí vive, según los rumores, una horrible durmiente, que hace años no despierta –le respondieron Ruiseñor Azul  y Pepe Aladino.

El ratón habló y dijo: este personaje, amigos, hace mucho que no come ni tiene visitas. Les  propongo compartir con ella las frutas y flores que recolectemos en el bosque, y esto le alegrará. Pero para que no se sobresalte yo toco el violín y cantamos. Pero también, Pepe, frota tu lámpara mágica así se produce una bella escena, si logramos despertar a la Horrible Durmiente que se alegrará y dejará de ser horrible por el cariño y amistad que le regalaremos.

 Y así fue. Ella despertó y se alegró por los regalos y la visita de los tres amigos. La horrible Durmiente dejó de ser malévola, era así porque a la habían abandonado y el hambre y el cansancio la hicieron dormir.

Y así terminó está historia  con un final feliz.

                                                                              Estela Puebla – 2026

 

Consigna: escribir un cuento infantil a partir de personajes y lugares propuestos.

 

 

jueves, 7 de mayo de 2026

 

Absurdo

 

LA ANTIGUA Y LA NUEVA MÁQUINA

 

Recuerdo la antigua máquina de coser, toda una “máquina” y… a la antigua. Era una famosa “Singer” que mamá usaba hasta altas horas de la noche confeccionando mandiles escolares. Yo, desde la cama, escuchaba el traquetear bien acompasado que siempre me trasladaba a un profundo sueño. Para mí, era relajante y me regalaba la presencia de mi madre. Ya, con el tiempo, participaba de la tarea colocando los cinturones y botones. La Singer me daba mucha confianza y me aventuraba a realizar cualquier prenda que se me ocurría.

Con la modernidad, en un cumpleaños, me regalaron una eléctrica. Abrí la hermosa caja y la vi. Pasaban los días y no me animaba a estrenarla. Nacieron los nietos y me escocían las manos por hacerles baberitos, mamelucos y edredones. Llegó el día, le di una atenta lectura al manual. Me senté y la toqué. Un sentimiento de inseguridad me asaltó de pronto, algo como un mal presentimiento.

Puse la tela y apreté el pie. Avanzó muy rápido y frené. “Esto necesita de práctica” pensé. Manejo de pie, cogida de tela, controlar todo en uno. Cómo extrañaba la vieja máquina.

Cuando ya iba más segura y dominándola, de pronto: ¡Truc! y de sopetón la aguja rota. Al cambiarla, con mucha paciencia, de nuevo: ¡Truc!, la aguja doblada.

¡Desapareció el encanto! Tenía el mismo nombre, pero no era la misma.

Ahí está la bella pieza de costura, me mira desde el mueble preguntándome cuándo me decido a componerla y hacerla mi amiga y compañera.

 

Elisa Alzérreca Solari – 2026

 

 

  Rezongona Así la bautizamos. Era una fotocopiadora grande, muy resistente, que encendíamos al abrir el negocio apagábamos al cerrar. Mie...