jueves, 9 de abril de 2026

 

¿Qué siento en mis manos cuando tallo la piedra?

 

Tallar la piedra no es cualquier cosa,

Debes tener arte y fuerte tu alma.

Porque la piedra es dura y por cierto…muy pura.

Tómalo con calma, ella llegará a amarte,

Pásale la mano, te dirá la suerte

¡Ella habla! Si sabes escucharla.

No preguntes con tu mente

Sólo roza con el cincel la roca,

Ella canta y adelanta las cosas que debes hacer.

No te preocupes por lo que ves de frente

Porque la mente ya enfoca lo suficiente.

Pasa tu mano, retira lo que sobra,

Ella te muestra sus vetas rosas…

Calla, escucha…ella te habla.

 

Cristian Arnulphi – 2026

 

 

Consigna: Las emociones a través de las manos


 

 

miércoles, 8 de abril de 2026

 

 

SENTIMIENTOS DE INFANCIA

Cuando María comenzó a asistir a la escuela su mundo se transformó. ¡Todo era tan nuevo!

El primer día estaba asustada, había tanta gente en ése lugar. Ella que siempre estuvo con su madre y sus hermanos recluidos en su casa, se sentía incómoda.

Al pasar los días todo fue mejorando, poco a poco fue aprendiendo el nombre de sus compañeros y también haciendo amistad con las niñas.

La escuela era grande y muy vistosa, había murales en el patio y las aulas eran cálidas y luminosas. Las clases le parecían aburridas, pero cuando sonaba el timbre anunciando el recreo su corazón daba un vuelco de alegría.

Rosita, Elena, Analía y Elcira, se convirtieron en sus amigas más cercanas y juntas pasaban el recreo jugando en el patio, disfrutaban esos momentos entre risas y juegos.

En cambio con los varones el trato era muy diferente, solo compartía con ellos el saludo y algún comentario sobre lo que la maestra estaba enseñando.

Analía y Elena, sus queridas amigas vivían cerca de su casa, a unas pocas cuadras por lo que a veces pasaban las tardes jugando en casa de ella. La excusa era hacer las tareas, pero en realidad solo pasaban el tiempo jugando con las muchísimas muñecas que María tenía en su habitación, eran tan hermosas que parecían niñas, algunas morenas, otras eran rubias y hasta tenía una pelirroja. Ellas las peinaban y les cambiaban las ropitas como si fueran sus hijas, y entretenidas, no se daban cuenta que el tiempo pasaba hasta que la mamá de María, una señora cariñosa y amable, además divertida, las llamaba a tomar la merienda, y que algunas veces se ponía a jugar con ellas como si fuera una igual.

Eran tiempos hermosos de aprendizajes y juegos, eran niñas felices y estudiosas.

Cuando María festejó su cumpleaños en el mes de abril, ya los días otoñales eran frescos y lloviznaba suavemente por lo que “todo sería dentro de casa” eso dijo la mamá, quien había invitado a todos los compañeros de la clase.

Ese día jugaron todos juntos, estaban tan contentos y todo les parecía maravilloso.

Después de tomar el chocolate y devorar todo lo que había sobre la mesa quisieron salir a jugar al jardín, había cesado la tenue lluvia así que, la mamá de María estuvo de acuerdo, eso sí, recomendándoles que tengan cuidado de no caer.

Niñas y niños corrían entre rosales y jazmines para no ser manchados, es que ¿quién no jugó alguna vez a la mancha? todo era alegría en la fiesta de María. Hasta que se fueron a jugar a la galería embaldosada y un niño llamado Alberto resbaló y cayó pesadamente al suelo golpeándose la cabeza, todos se asustaron mucho; el muchachito estaba tendido en el piso, pálido llorando. Vino el médico y lo revisó de forma cautelosa, al cabo de algunos minutos Alberto se incorporó y el galeno dijo que estaba bien y que podían seguir jugando, pero dentro de la casa. “Nada de correr afuera” dijo.

Fue un tiempo precioso para esos niños que hoy son adultos y siguen conservando estos recuerdos y su bella amistad.

                                                               Ana María Muñoz – 2026



martes, 7 de abril de 2026

 

 

En la calle

Una señora mayor cruzaba la calle correctamente, cuando el semáforo se lo permitió y a un auto que dobló la esquina y su conductor, impaciente, asomando su cabeza le dijo: -Apurate, vieja-

La señora, sin perder la compostura, bajando su barbijo para mostrar todo su sereno rostro, le contestó: -Gracias joven, pido a Dios le dé a usted larga vida, así podrá recibir un bello saludo como el que hoy me brinda.

Asumi- 2021

 

lunes, 6 de abril de 2026

 

 

MANOS TRÉMULAS

 

Manos blancas e inquietas,

se apoyan, cual pájaros,

en los brazos del asiento,

pasivas pero alertas acompañan,

a su dueño en su tormento.

 

Comienza la ruidosa labor,

que las crispa a cada momento,

los dedos finos se entrelazan,

en señal de súplica por aliento.

 

Se aprietan, se enfrían,

se tornan puño de nuevo.

Añoran que pase el tiempo,

que vuelvan a soltarse

con gran alivio y volar al viento.

 

Elisa Alzérreca – 2026

 


 

viernes, 3 de abril de 2026

 


El mar devuelve a la playa

lo que un día se llevó,

y con caricias de amor

la baña todos los día.

Mi alma es también bendecida,

día a día mi Señor,

y devuelvo en mis versos

lo que recibo, mi Dios.

Alberto Coronel.



jueves, 2 de abril de 2026

 

Reflexión

 

 

Cada día, cada paso es una decisión propia, íntima.

 

Cada ser es artífice de su destino.

 

Puedo dormir toda mi vida culpando a los demás de mi suerte o puedo hacerme cargo de los resultados.

 

Asumi- 2002



 

 

martes, 31 de marzo de 2026


 Narración

 

 

MIS AMIGOS DE LA INFANCIA

Era verano y eso llamaba a estar jugando en la calle, las temperaturas son muy altas.

Nuestros papás nos daban cierto horario para regresar a casa y lo más limpitos posible.

Nos reuníamos cerca de las dieciocho horas y de allí dábamos ideas de a qué jugar y sorteábamos.

Éramos cuatro varones y tres niñas, así es que debíamos acordar algo donde pudiésemos jugar todos.

Elegimos jugar a las escondidas. Los varones siempre más hábiles y ágiles, ellos buscaban buenos lugares para esconderse, en las acequias, bajo o sobre algún auto estacionado cerca, se trepaban a los árboles, es decir nunca los encontrábamos cuando nos tocaba contar a alguna de las niñas. Cuando ellos contaban nos encontraban rápidamente.

Una tardecita-noche, le tocó contar a un varón y, nosotras salimos corriendo a buscar donde escondernos. Yo, siempre le tuve miedo a la oscuridad. Entonces decidí esconderme detrás de un macetón que tenía doña Rita en su jardín.

Fue oscureciendo, a mí no me daba para salir a librarme. Pasaron varios juegos y distintos amiguitos siguieron contando, mientras yo seguía en el mismo lugar. A la larga cuando se dieron cuenta que yo no aparecía comenzaron a buscarme.

Y, salió doña Rosa, la dueña de casa muy asustada porque sentía que me nombraban muy insistentemente. Doña Rosa, parada al lado mío y mirándome, les gritó a los chicos: ¿A quién buscan? ¡Aquí hay alguien –señalándome- que está con los ojos cerrados y los oídos tapados! -Esa era yo.

Los chicos nunca más me invitaron a jugar a las escondidas.

Y, doña Rosa sacó el macetón.

                                                                              Miriam Ortiz – 2026


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