viernes, 11 de septiembre de 2026

 

Cuento fantástico.

 

LA POSIÓN

Tengo gustos no tan comunes, aunque algo vulgares; me tientan las mesas de ofertas de libros usados.

Ayer paseaba por la alameda y me detuve, como siempre hacía, ante una de las mesas de libros “dos por uno” y me tenté de un libro bastante voluminoso, una antología de autores totalmente desconocidos, cuyo ostentoso título era “LEYENDAS TRUCULENTAS”             

Apenas llegué a casa comencé a ojearlo y me pareció completamente aburrido y sin gusto ni técnica, a fuer de mi primer juicio. Frustrada, lo arrojé de bastante mal talante hacia un mueble, y de entre sus hojas amarillentas cayó un papel doblado en dos, aún más amarillento y de bordes oscurecidos por el tiempo. Al desdoblarlo pude ver que se trataba de una vieja factura de compra de una máquina de coser, fechada el 31/11/1917, el día de brujas, pensé, aunque deduje que en ese año de esa fiesta foránea no se tendría ni noticas por estas tierras. 

Al reverso de tal documento vi una receta escrita con una bella caligrafía inglesa, con la descripción de varios ingredientes y sus debidas proporciones. Al margen alguien había escrito un comentario con letra despareja que decía: “De la tía Eduviges, la desaparecida” y al final del listado de ingredientes la misma letra hacía mención: “No sé cuánto pueda durar”. 

La lista de ingredientes no tenía casi nada muy especial, solo dos más o menos llamativos, como “pelos de bigote de gato negro” e  “hilos de telaraña esquinera”, lo demás eran hierbas y yuyos con los que estoy algo familiarizada, endulzado con miel.

Afuera llovía pausadamente y la temperatura descendía, por lo que tuve la idea de hacerme unas tortas fritas para el mate, pero una vez en la cocina, al ver a Paco, el gato de la casa lavándose la cara, es que cambié de idea. Poco entusiasmado el pobre hizo su “donación” así como la araña del cuartito de limpieza adonde fui a repasar el reservorio de hierbas. Conseguí la mayoría y otras las busqué en el jardín y hasta le pedí algunas a la vecina sin darle explicaciones. 

Así logré mi tisana. 

La colé en jarro de cerámica de esos que se usan para servir la cerveza, le agregué una cucharada de miel y tomé un pequeñísimo sorbito ¡Estaba riquísimo! Lo dejé sobre la mesa y retomé el libro ojeando cada uno de los cuentos allí publicados, y, sin darme cuenta, a cada ratito tomaba otro sorbo, hasta que llegué al final del recipiente. Nada llamó mi atención como para embarcarme en la lectura de algún cuento, por lo que me fui a la cama.

Hoy me levanté liviana como una pluma de tan bien que dormí anoche, y marché hacia el cuarto de baño, y como siempre levanté la mirada a la imagen que el espejo normalmente devuelve, y que acostumbro saludar con un “Qué lindo día hoy, qué suerte tienes” o “¿Cómo dormiste anoche? Parece que tienes resaca” o engañándome con “Hoy estás muy bella, fresca como una lechuga”, pero esta vez fue distinto, pues mi imagen no se presentó. No sé por qué miré para atrás esperando que viniera aun de camino, la muy perezosa, y no estaba. Traté entonces de abrir la canilla para lavarme los ojos ¡Y no vi mis manos!

Presa de pánico corrí a ver la nota y, como un letrero luminoso, llamaban mi atención las dos frases de letra despareja: “De la tía Eduviges, la desaparecida” y, la que me parecía muy angustiante “No sé cuánto dura” 

No sé si pasaron minutos u horas, pero me fui calmando y le fui encontrando una veta divertida a la situación, pues como nadie me veía podría introducirme en el lugar que quisiera sin que los demás se percataran, así que comencé a proyectar salidas. Para que no me vieran tendría que salir sin ropas. Me saqué el piyama y salí al jardín y los pájaros que comían semillas ni se percataron de mi presencia por lo que yo tenía que cuidar de no pisarlos.

Volví al interior de la casa y comencé a hacer mi lista de lugares a visitar: el convento de clausura, la cárcel, el burdel, el casino… pero, ¿Qué puede pasar si me hago visible en una de esas visitas, sin ropa encima?

 

                                                             Marta - 2020



 

jueves, 10 de septiembre de 2026

 

 

ETAPAS DE LA ROSA

Acerca del poema LA ROSA MUDABLE de

Federico García Lorca.

 

Atravesando la época de la niñez

nuestra piel es suave,

como un pétalo de rosa.

Delicada y tersa como gota de rocío.

 

Cuando llegamos a la plenitud

en la edad de la belleza, somos como el roble

erguido, fuertes y valientes ante la vida,

somos altivos y disfrutamos la juventud.

 

Pero al caer la tarde de nuestro andar

por los caminos sinuosos del destino

y nuestra piel pierde su brillo, la rosa

se torna mustia como un amor en el olvido.

 

Y cuando llega la oscuridad del final

del camino y todos los sueños tienen prisa,

ya no hay fuerza ni altivez, solo espera.

Que terminen de caer los últimos pétalos del rosal

antes de la partida.

Ana María Muñoz - 2026



miércoles, 9 de septiembre de 2026

 

 

IMÁGENES DE UNA POESÍA

 

Cuantas imágenes contrapuestas se desencadenan en la mente al ver una mujer desnuda. Primero, la tierra cual paisaje, tranquilo, libre del tropel de los caballos; sagrada fuente de vida siempre receptiva para dar vida después de una estampida de pasión.

Al verla se agitan el ansia suave como la lluvia y la pronta tormenta que se avecina.

Surge el arrebato de la sangre que en viril arroyo cubre todo el espacio donde yace ella tendida. Se da rienda suelta al amor carnal que se disuelve en la delicadeza que alcanza la belleza de una flor.

La lucha de raíces en su vientre y unos labios sin contorno hacen soñar con la muerte y la vida que se entrelazan como sucede en la lisa tierra.

                        Elisa R. Alzérreca S. - 2026

 

# Trabajo realizado en base a la poesía: “Casida de la mujer desnuda” de Federico García Lorca.




martes, 8 de septiembre de 2026

 

Reflexión del poema

“El que no sabe morir” de José María Peman

 

Me gusta este poema porque me muestra una manera de vivir la vida con sabiduría y profundidad. Así me gustaría vivir la vida: la vivo, la disfruto, aprendo lo que tengo que aprender y la suelto. Lo que significa morir en cada instante vaciándome y abriéndome a lo que la vida me trae a continuación. Es simplificarse viviendo a la par con la vida.

Es vivir el desapego segundo a segundo, sin miedo, sin temor, sin acumular, sin afán, sin controlar. Esta forma de vivir le da mucha paz a mi alma, quietud a mi mente y puedo respirar tranquilidad.

 

Cecilia Delherbe – 2026

 

 

lunes, 7 de septiembre de 2026

 

 

Estratega

 

Tú táctica hizo que mis barreras cayeran,

quedé a tu merced confiando.

Despacito hiciste nido en mi vida.

Despacito abrí un tiempo para nosotros.

Ambos cuidamos ese puente

construido con escuchas sinceras,

con recuerdos de sensaciones únicas.

Tu estrategia funcionó a la perfección,

no sé en qué momento

ni sé con qué pretexto.

Hoy te necesito.

 

Respondiendo a "Táctica y Estrategia" de Mario Benedetti.

Laura Mondati - 2026



 

 

viernes, 4 de septiembre de 2026

 

 

Aprendizaje

 

Aprendí con el paso de los años, que no puedo controlar todo.

Aprendí a consolar, a ser más solidaria.

Aprendí que perdonar es liberador y da paz.

Aprendí que de la adversidad puedo salir fortalecida si confío en Dios o puedo salir destruida si solo confío en mí.

La vida es una enciclopedia que agrega una página cada nuevo día.

 

                 Ana María Muñoz – 2026

 

 

jueves, 3 de septiembre de 2026

 

Ensayo

          

 

                                              Cultivar el futuro

 

                        Si supiera que el mundo acaba mañana, aun así plantaría mi manzano.

                                               Martin Luther King (1929-1968)

 

            Vivimos inmersos en mensajes catastróficos, y nos sorprendemos que las generaciones jóvenes solo quieran vivir el presente, no como un logro sino como un gesto desesperado de agotar todas las posibilidades “antes que sea demasiado tarde”

            Mensajes colectivos muy bien intencionados, emitidos por ONGs, por filántropos o científicos nos dicen: “Solo tenemos diez años para revertir el calentamiento global”.  Es probable que sea cierto, que los seres humanos seamos los responsables del calentamiento global, pero implícitamente están diciendo que el mundo, en diez años dejará de ser lo que es para ser algo muy distinto, donde no se sabe quién sobrevivirá si es que alguien sobrevive, y en qué condiciones. Mientras este “conocimiento” ingresa en las mentes el mundo sigue girando en el mismo sentido que lo ha hecho en el último siglo,  produciendo millares de toneladas anuales de  plásticos que tardarán miles de años en desaparecer mientras se nos incita a consumir una nueva versión de un aparato electrónico cada vez más completo;  emitiendo gases a la atmósfera que los vientos no logran purificar; a consumir perfumes, cambiar el auto y a quemar más combustibles cada año, contaminando las aguas que no pueden procesar los millones de metros cúbicos de desechos humanos e industriales que vertemos en ellas, a la vez que la publicidad y la comodidad nos invitan a usar diariamente jabones y detergentes cada vez más eficientes, a recurrir a pañuelos, servilletas y pañales descartarles derivados de la  celulosa, para lo que es necesario sacrificar miles de árboles, contaminar las aguas de ríos y mares y lanzar al aire toneladas de humo.  Tal vez todos estemos intentando “salvar al mundo” por la misma puerta, donde nos amontonamos tratando de salir pisándonos unos a otros.

            Estamos muy preocupados por el medio ambiente que dejaremos a las generaciones que nos suceden sin darnos cuenta que la herencia ya se las hemos trasladado: les estamos dejando un mundo sin esperanzas. La desolación que puede producirse exteriormente dentro de diez años ya la tienen en su mundo interno y si bien aun estamos a tiempo de revertir el proceso físico de nuestro Planeta, ¿qué herramientas les estamos dando para que puedan hacerse cargo de su falta de futuro interno?

Nuestra sociedad actual es el reinado de la confusión, como si estuviéramos cual larvas en celdillas individuales, donde la sensación de NO SER VISTO por nuestros congéneres nos motiva a tener actitudes diversas para salir del anonimato, llegando en algunos casos a lo irracional. Los padres viven las mismas confusiones y disfunciones que sus hijos. Para lograr modificarlo tendríamos que saber quiénes somos, qué queremos y enseñarlo con nuestras formas de vivir. 

Al igual que tenemos algo de tiempo para tomar medidas acerca de la ecología lo tenemos para cambiar el mundo interno, las expectativas de vida interior y la conciencia de futuro de la Humanidad. “Volvamos la mirada hacia nuestro interior. Para poder realizar el cambio que deseamos, es preciso que comencemos por transformar nuestro medio interior –nuestro mundo- y construir un ambiente armónico que nos convierta en seres humanos integrales” dice José Luis Kutscherauer (1)  y agrega: “Preguntémonos cuáles son los bienes que queremos dejar como herencia a la  humanidad; especialmente, recordemos que hay bienes no renovables por cuyo uso tenemos que responder: el uso del tiempo, las energías vitales, el potencial mental y afectivo están en nuestras manos, bajo nuestro cuidado para utilizar y disponer, pensemos en el ecosistema que constituyen nuestros pensamientos”. 

Al igual que en los aspectos externos, los seres humanos hemos desarrollado técnicas para desenvolvernos interiormente desde el principio de los tiempos. Pero como si nuestra conciencia fuese un corazón gigante que palpita, vamos en movimientos que oscilan entre la materialidad y la espiritualidad sin encontrar el equilibrio ni utilizar todas las herramientas a nuestro alcance para conocer el mundo que nos contiene y simultáneamente nuestro universo interior, y la relación inseparable e interdependiente entre ambos. Para lograrlo debemos renunciar a  nuestros anhelos de posesión, de sobresalir, de triunfos inmediatos y sueños infantiles de cambios mágicos y hacernos cargo de nosotros mismos. 

Históricamente estamos en una “bisagra” del pensamiento, donde hemos transferido conocimiento y poder a las máquinas y creemos que hemos logrado todo. Pero no hay aún máquina más perfecta que la mente humana. Y es esa máquina mucho más dúctil y elástica que cualquier modelo creado por el ser humano, ya que no es necesario crear otro modelo para reemplazarla, cada uno se va creando a sí mismo. Tenemos necesariamente que recuperar este conocimiento e ir transfiriéndolo a las generaciones que nos suceden: desarrollar la conciencia. 

Valoremos las herramientas que tenemos, como la oración, la meditación, la reflexión, el diálogo y la gratitud.

¿Somos conscientes que pertenecemos a un universo mucho más grande que nuestra propia comodidad? ¿Nos detenemos a ver cómo pensamos? ¿Nos hacemos cargo de nuestras actitudes? ¿Validamos lo que los otros piensan y tratamos de consensuar con ellos? ¿Agradecemos la comida que llega a nuestra mesa? ¿Respetamos las horas de descanso y trabajo? ¿Valoramos la Vida por sobre todas las cosas? 

Las preguntas están dentro de nosotros, por lo tanto las respuestas también, y decidirlo está en nuestras manos, individualmente, sin esperar que otro lo haga. Salvar el planeta para el más fuerte, el más resistente, el más poderoso marcará un futuro, pero hacerlo en concordancia con el Universo dará a la Humanidad un nuevo amanecer.

 

 

(1)      “CUIDEMOS NUESTRA BIOSFERA INTERIOR” José Luis Kutscherauer. Revista Vuelos de búsqueda interior – Nº 69 – Abril 2008

 

 

                Asunción Ibáñez - 2019

 

  Cuento fantástico.   LA POSIÓN Tengo gustos no tan comunes, aunque algo vulgares; me tientan las mesas de ofertas de libros usados. ...