LA BOTELLA Y
EL MENSAJE
Transcurría el día, el calor había pasado, se atenuaba la
luz del sol y comenzaba una brisa fresca que venía del mar. Caminaba por la
playa con los pies descalzos, apretaba la arena y se marcaban sus huellas
cansadas. No solía pasear a esa hora, es más, no lo hacía nunca. Prefería estar
en su cabaña a la que se confinó luego de su terrible pérdida. No quería ver a
nadie, lidiaba con su soledad y permanecía encerrado.
De pronto, vio la silueta de un niño que se le acercaba. Un
poco pálido pero simpático… pensó. Trató de evitar esa presencia, pero vino
hacia él con las manos extendidas y le entregó una botella de esas con un
mensaje dentro. Él la cogió y le preguntó de dónde venía. El pequeño lo miró,
volvió sobre sus pasos y desapareció.
¡Qué curioso encuentro! No había nadie más alrededor ¿Tal
vez una alucinación? Pero quedaba ese objeto en sus manos, era real. Volvió a
su cabaña, ya las sombras envolvían su entorno. Tenía que leer el mensaje de la
extraña botella. Al sentarse en el sofá, de pronto miró el retrato sobre la
pequeña mesita. El corazón le dio un salto, la fotografía que permaneció
durante años como uno de sus más valiosos recuerdos, era el de su madre con él.
Observó, con incredulidad, el precioso pantalón corto y los botines negros de
media caña. Era lo mismo que llevaba puesto el niño de la playa.
¿Cómo era posible? ¿Se había encontrado con él mismo? Miró
la botella, observó la cinta que tenía atada. Le vino a la mente lo que, en el
pasado, cuando era aún un mozalbete, había preparado. Era la misma botella.
Sacó el papel y lo leyó: “No te quedes solo, busca siempre la felicidad,
comparte con tus seres queridos y vive el significado pleno del amor”. Los ojos
se le llenaron de lágrimas, buscó la libretita de teléfonos y se dispuso a
llamar a sus hijos.
Elisa R. Alzérreca Solari – 2026