lunes, 8 de junio de 2026

 

Relato

 

La máquina de coser y yo

 

Mi madre y yo compartíamos una antigua máquina de coser Singer. Tenía entendido, en aquel entonces, que era una de las mejores ya que era una marca muy reconocida.

Ya había practicado bastante en la academia de corte y confección. Tenía un muy buen dominio de la misma.

La máquina funcionaba a pedal con el movimiento de los pies. Si no se hacía correctamente surgían las dificultades. Se cortaba el hilo y se interrumpía la costura. Pero mi progenitora hacía magia con ella. Se sentaba a coser y la costura se deslizaba sobre la tela como el esquiador sobre la nieve. Había un idilio entre la máquina y ella. El resultado era impecable.

En cambio cuando me tocaba usarla se iniciaba una batalla personal. Primero ubicaba el hilo cuidadosamente, lo pasaba por los discos tensadores, seguía correctamente las guías y por último lo enhebraba a través de la aguja de derecha a izquierda, como corresponde. Iniciaba el movimiento girando manualmente la rueda del cabezal y luego con los pies sobre el pedal de la rueda inferior. Y ¡zas! Se cortaba el hilo con la primera puntada.

Después de lanzar varios improperios revisaba todos los pasos para intentarlo de nuevo. Era una dificultad tras otra. A veces fallaba la tensión de la bobina interior, otras se salía la correa de la rueda mayor. Y así podría mencionar una larga lista de inconvenientes. No me quedaba más remedio que recurrir al auxilio de mi madre. Le cedía el lugar gustosamente. Ubicaba la tela con facilidad, bajaba el pie que la prensaba y comenzaba a coser con toda fluidez.

No puede ser!- me decía.- ¡A ella la ama y a mí me odia! ¡¿Por qué no me deja hacer mi trabajo y pone tantas piedras en mi camino?! Para colmo tenía que escuchar las interminables críticas de mi experta ascendiente.

-¿Te fijaste si hay pelusa acumulada en la bobina interior?¿ Le echaste aceite en los puntos de fricción? Seguramente no controlaste la tensión y no pusiste el hilo correctamente- me recriminaba haciéndome sentir como una boba.

Además me echaba en cara que tenía una actitud negativa.- Te sentás a coser con mala onda y eso la máquina lo percibe, por eso a vos no te funciona. Yo la trato con amor y gratitud por todas las cosas que me permite hacer-

-¡Bah! ¡Lo único que me faltaba! ¡Ni que estuviera viva la cosa ésta!- contesté frustrada. -¿Será que tendré que hacer terapia para poder usarla correctamente? Me pregunté - ¿ O acudir a una de esas personas que liberan de las energías negativas a los objetos con sahumos, sahumerios y otros misteriosos procedimientos?

                                                                                              Nela Bodoc – 2026

 

 Consigna: ¿Alguna vez sentiste que elementos inanimados tenían intenciones?



viernes, 5 de junio de 2026

 

Cuento

 

 

Pasó en el Bosque de Arrayanes

 

Había una vez hace mucho tiempo, tanto que ya casi nadie se acuerda, un ratón que era muy talentoso tocando el violín. Lo hacía desde que pequeño y se pasaba el día entero practicando.

No tenía un hogar ni una familia. Iba por todos los lugares, especialmente los bosques, llevando su música y gracias a eso conseguía que la gente lo invitara a comer y a dormir en sus casas.

Una noche llegó a un hermoso bosque de arrayanes y se quedó fascinado con la belleza de esos árboles de troncos rojizos. Había escuchado comentarios pero no los había conocido y decidió quedarse varios días por allí.

Mientras se acomodaba el instrumento para comenzar, un búho de enormes ojos amarillos lo observaba con mirada inquietante. Posado sobre una rama de un árbol, Pepe Aladino que así se llamaba, estaba ansioso por escuchar al ratón violinista.

Al notar la cara de susto del roedor le dijo – No tengas miedo. No tengo intensiones de hacerte daño. Solo quiero oírte tocar el violín. Es algo que he deseado hacer toda mi vida pero no pude- comentó con un dejo de tristeza.

El ratón respiró aliviado y comenzó a interpretar su música. Había elegido la más bella canción de su repertorio. Esta se expandió rápidamente por todo el bosque. Atraídos por ella comenzaron a aparecer varios habitantes que se fueron acomodando alrededor del músico formando una gran ronda.

Éste, animado por semejante audiencia, siguió tocando durante varias horas.

Subyugada, una enorme luna llena asomó para escuchar mejor y ver quién era el que tañía con tanta excelencia el violín.

Pasaron las horas. Comenzaba a clarear pero la luna no se quería ir porque se había enamorado del ratón y de su talento.

El ruiseñor azul, el cantante oficial del bosque, desde la copa del árbol le hizo un enérgico reclamo a ella.-¡Te tienes que ir. Está por asomar el sol y si no escondes pronto no podré comenzar a cantar! – dijo en un tono poco amistoso.

El astro hizo caso omiso y no se movió del bosque. El ruiseñor azul siguió farfullando y agregó – Estoy aburrido de escuchar a este ratón que se cree Paganini.

El violinista dejó de tocar para que no siguieran peleando, y la luna se alejó llorando de tristeza, dejando sus enormes lágrimas titilando sobre el lago. Parecían enormes piedras preciosas flotando sobre el agua.

- ¡Ah, yo quiero esos brillantes para mí! ¡Que nadie los toque! – exclamó la Horrible Durmiente que había salido como disparada de su cabaña. La música la había despertado de su largo letargo.

Todos se quedaron pasmados. Nadie la conocía porque llevaba decenas de años durmiendo en su cabaña cerca del lago. Le temían aunque no se sabía si era peligrosa, esperando que nunca despertara.

Ella se metió de un salto al lago y recogió todas las lágrimas de la luna. Se las puso sobre sus enmarañados cabellos de bruja - ¿Me veo más bella así?- preguntó a su espantado público.

Todos contestaron al unísono que sí. Para que la iban a contradecir. Satisfecha por la aprobación se quedó mirando a Pepe Aladino. Le pareció que era un búho muy apuesto y le pidió que se bajara de la rama. Lo invitó a bailar con el son de unos grillos y el canto del ruiseñor azul. Pero él no quiso nada y se alejó raudamente.

Pepe Aladino, que era el chozno de Aladino el de la lámpara mágica, que no había heredado las aptitudes de su ancestro hubiera querido escapar a la invitación pero no tuvo el valor.

La Horrible Durmiente despertó al ratón que, agotado, descansaba al pie de un arrayán y le ordenó que tocara. Lo tomó de un ala al búho y lo obligó a bailar con ella. Pero sucedió algo extraordinario porque cayó al suelo profundamente dormida.

Entre todos y con esfuerzo porque pesaba como una roca la llevaron a su cabaña. Después de dejarla sobre la cama por gentileza cerraron y sellaron la puerta para siempre.

El ruiseñor azul volvió para celebrar con Pepe Aladino, con el ratón violinista y todos los amigos, la paz que volvió al bosque de arrayanes.

 

Nela Bodoc – 2026

 

 

jueves, 4 de junio de 2026

 

EN UN CONCIERTO DE CUERDAS

(Me falta el sentido de la audición)

Llegué al auditorio y me impresionó ver a la orquesta instalada, lista para empezar el concierto. Los instrumentos lucían relucientes y a punto de ser usados para deleitar a los allí presentes, que a decir verdad, colmaban la capacidad del lugar.

Imagino cuántas horas pasaron los músicos ensayando el repertorio, pienso en el violonchelo que tanto me gustaba escuchar, en los violines llorando melodías melancólicas y también en el contrabajo con su ronquido perturbador. Pienso también en la viola con sus sonidos graves que se asemejan a lamentos lejanos.

El tiempo avanza, el público ahora está aplaudiendo frenéticamente, yo observo desde el palco más alto pensando en lo maravilloso de la música, que aún sin oírla puedo sentirla, ella puede atravesar mi cuerpo y mi alma.

Imagino una guitarra y pienso ¿Hay algo más bello que una guitarra? Con sus curvas perfectas y sus cuerdas alineadas puede ser el mejor adorno en la sala de una vivienda familiar, aun cuando nadie la toque.

El Concierto ha finalizado y la gente va saliendo sonriente, lo cual me da a entender que los músicos se lucieron y que todo salió perfecto. Se percibe felicidad en los asistentes a éste gran espectáculo. También salí de ahí con el alma llena de gozo.

Ana María Muñoz – 2026

 

martes, 2 de junio de 2026

 

    

 

Hoy y solo por hoy

Trataré de estar más calmo

Y aprovechar cada palmo

De lo bueno de este día.

Desearé buena jornada

A todos los conocidos,

Y a cada uno en su nido

Enviaré buen pensamiento,

Disfrutaré el momento

Cual si no hubiera mañana.

Y dedicaré una salva

Entregada al universo,

Escribiré breve, un verso,

Con la más bella intención.

El mundo precisa un mimo

Y mucha dedicación

Al bendecir sol y aguas

Que van a todo rincón.

Por favor, abre tus alas,

Ensaya un vuelo mejor,

Y en el nombre del amor.

Suéltalo a los cuatro vientos

Y espera su regreso

Como el más dulce sustento.

Por hoy ya estoy ocupado,

El tiempo disfrutaré.

Solo por hoy quiero esto,

¡Mañana, repetiré!

                Alberto Coronel – 2026.



 

lunes, 1 de junio de 2026

 

 

El carácter de las letras

Está la a, una letra realmente osada, ya que es la primera de las vocales pero también encabeza el abecedario, y a pesar de ser tan valiente es muy simple, tanto que hasta los bebés la pronuncian.

Inicia con énfasis palabras bellas, como alegría, amistad y amor, expresa nuestra sorpresa, es suave o tímida, y casi desaparece, avergonzada, cuando nombra a la guerra.

                                                                              MI - 2013



jueves, 28 de mayo de 2026

 


                                MEDITACIÓN SOBRE NUESTRO CUERPO

(Relajamos)

 

Una de las coordinadoras nos invitó a pensar en nuestro cuerpo de una forma diferente, con detenimiento, como haciendo un autoexamen de lo que nuestro cuerpo nos dice.

Éste cuerpo que llevo a cuestas hace casi 73 años me pide reiteradamente que pare; pero hago como que no lo escucho y así voy cada día con mi ansiedad haciendo mil cosas a la vez, desde la mañana temprano hasta las 23 horas en que caigo rendida a la cama.

Cierro los ojos y hago una oración que creo que jamás logro terminar; porque a la mitad pierdo la conciencia y entro en la dimensión del sueño.

Relajar y conectar con mi cuerpo le dio sentido a todo lo que está bien en mí, y a permitirme descansar y desconectar para vivir con calma y disfrutar más el momento en que estoy ahora.

Me desconcertó la situación planteada de tocarnos la ropa y sentir en nuestra piel la textura de ella, era algo para mí inusual. En verdad fue un descubrimiento, podría decirse banal, pero en el contexto en que estábamos, me pareció casi como estar acariciando una piel, la piel de otro ser. Fue un instante fugaz y muy intenso.

Una experiencia interesante que me invitó a poner un freno a mi cotidianidad.

                                                                              Ana María Muñoz – 2026

 

 

martes, 26 de mayo de 2026

 

Personaje

 

Jaime, mi consejero

Jaime es uno de mis mejores amigos a pesar de nuestra diferencia de edad. Tiene muchos años. No sé cuántos porque nunca confesó su edad. Siempre decía que era eterno, atemporal.

Es un anciano dueño de una gran cultura y lucidez. Durante su larga vida ha acumulado infinidad de experiencias como si hubiera vivido más de una existencia. Habla varios idiomas, algunos con gran dominio.

Vive solo en un departamento en el centro sin mucho lujo y aunque está pasando por algunas dificultades económicas siempre tiene caviar y un champán en la heladera para las visitas. Tal vez para no renunciar del todo a los lujos del pasado.

Le gusta contar sobre los viajes, los países que ha conocido y compartir anécdotas muy divertidas. Además escribe muy bien, preferentemente poesías. Ya ha publicado un libro del cuál tengo una copia en mi poder.

Me gusta visitarlo con frecuencia y tener largas charlas, especialmente cuando necesito un consejo. Cuando tengo algún conflicto o que tomar una decisión difícil, atascada, confundida acudo a él.

Tiene una forma de ver las cosas que por lo general me sirve para aclarar mi cabeza. Me escucha con mucha paciencia aunque le esté dando mil vueltas al asunto que me preocupa, y con su voz de patriarca bíblico me regala una frase concisa y sabia.

Cuando llego a su puerta, ya abierta por haberme anunciado por el portero eléctrico, está parado esperando con su blanca barba y una cálida sonrisa.

Es una enciclopedia humana. Sabe de todo. Nunca me deja con dudas sobre cualquier tema. Lo puedo escuchar hablar durante horas. Tiene un estilo, una forma de decir que no aburre. Siempre le digo que es un seductor de la palabra. Quienes lo conocen opinan lo mismo.

Como si fuera poco goza de un gran sentido del humor y un talento para las bromas que termino llorando de risa. Más de una vez en que he estado afectada por algún problema me ha ayudado a sobreponerme con sus ocurrencias. Inteligentemente, me deja expresarme y cuando recupero mi compostura me da su consejo si se lo pido.

Jaime nunca se queja de nada, como si su vida fuera perfecta. Aunque no lo menciona tiene serios problemas de salud. También de relación con su única hija, que hace mucho, no lo visita. Solo comparte sus momentos felices.

Una vez, como excepción, me comentó que se tenía que operar por sus cataratas. Era algo que lo preocupaba un poco. A la siguiente vez que fui a verlo lo encontré exultante y lo primero que dijo después de operarse fue –Amiga, no sabes, he recuperado los colores de las cosas. Es maravilloso-. Nunca lo había visto tan feliz.

Por supuesto, lo celebramos con una copa de champán.

 

Nela Bodoc – 2026



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