martes, 31 de marzo de 2026


 Narración

 

 

MIS AMIGOS DE LA INFANCIA

Era verano y eso llamaba a estar jugando en la calle, las temperaturas son muy altas.

Nuestros papás nos daban cierto horario para regresar a casa y lo más limpitos posible.

Nos reuníamos cerca de las dieciocho horas y de allí dábamos ideas de a qué jugar y sorteábamos.

Éramos cuatro varones y tres niñas, así es que debíamos acordar algo donde pudiésemos jugar todos.

Elegimos jugar a las escondidas. Los varones siempre más hábiles y ágiles, ellos buscaban buenos lugares para esconderse, en las acequias, bajo o sobre algún auto estacionado cerca, se trepaban a los árboles, es decir nunca los encontrábamos cuando nos tocaba contar a alguna de las niñas. Cuando ellos contaban nos encontraban rápidamente.

Una tardecita-noche, le tocó contar a un varón y, nosotras salimos corriendo a buscar donde escondernos. Yo, siempre le tuve miedo a la oscuridad. Entonces decidí esconderme detrás de un macetón que tenía doña Rita en su jardín.

Fue oscureciendo, a mí no me daba para salir a librarme. Pasaron varios juegos y distintos amiguitos siguieron contando, mientras yo seguía en el mismo lugar. A la larga cuando se dieron cuenta que yo no aparecía comenzaron a buscarme.

Y, salió doña Rosa, la dueña de casa muy asustada porque sentía que me nombraban muy insistentemente. Doña Rosa, parada al lado mío y mirándome, les gritó a los chicos: ¿A quién buscan? ¡Aquí hay alguien –señalándome- que está con los ojos cerrados y los oídos tapados! -Esa era yo.

Los chicos nunca más me invitaron a jugar a las escondidas.

Y, doña Rosa sacó el macetón.

                                                                              Miriam Ortiz – 2026


lunes, 30 de marzo de 2026

 

 

RECUERDO DE LA INFANCIA

 

Busco en mis recuerdos y me transporto al barrio de mi niñez. Era uno de los primeros de la ciudad, casas de próceres de la independencia, museos, colegios tradicionales, la plaza principal muy cerca y el teatro Municipal. Lo tengo en el corazón. Los niños caminábamos sin peligro alguno.

Mamá trabajaba a una cuadra de la plaza, en el Ministerio de Finanzas con horario completo. Yo tenía diez años. Partía muy temprano hacia el colegio, y a la hora del almuerzo salíamos juntas. Éramos unas nueve compañeras que hacíamos el mismo camino. Charlábamos y reíamos por el trayecto. Nos íbamos despidiendo a medida que cada una llegaba a su casa. Al llegar a la mía, calentaba mi comida y hacía mis tareas.

Era la hora de jugar.

Tenía permiso para que Anita viniera a casa. Éramos amigas desde que estuvimos en primero de primaria. Nos veíamos casi todos los días. A veces, bajábamos al parque y leíamos revistas en el puesto de Doña María. Comíamos raspadillos y correteábamos al pesca-pesca. Otras veces jugábamos a las muñecas. Ella tenía todas las barbies y los muebles que su tío le compraba en la pulpería de la mina donde trabajaba.

Había días en que iba yo, con mis dos muñecas y la poca ropa que mi prima Sonia me regalaba. Pasábamos casi toda la tarde armando la casa bajo la mesa del comedor cubierta con una frazada. Cuando ya estaba todo listo para desarrollar la historia que habíamos planeado, sonaba el teléfono y era su mamá o la mía que nos ordenaban volver a casa.

Volvimos una ocasión, ya mayores, a visitar nuestro querido barrio. De lo que más nos acordamos fue el recorrer las tres cuadras que separaban nuestras casas, cargadas de nuestros juguetes. Y, lo más importante, reconocer que nunca habíamos acabado de jugar. Solo arreglábamos la casita, pero la trama nunca la llevamos a cabo.

Nos preguntamos, con mucha nostalgia si, a estas alturas de la vida, podríamos hacerlo. Sería un reto y nadie nos lo creería.

 

Elisa Alzérreca – 2026

 

 

viernes, 27 de marzo de 2026

 

 

 

Por qué quiero escribir

 

Quiero escribir porque en algunas ocasiones tuve ideas muy lindas, eso creo yo, y además, me parece que es una parte fundamental de la investigación, del razonamiento, de la filosofía. Y con todo esto ayudamos.

El ejercicio de la escritura ayuda a ordenar ideas, plantear otras formas de ver las cosas desde mi universo.

El plantearse Escribir sobre un tema es, me parece como abrir una puerta hacia algo desconocido o no tan conocido (para mí), desde ahí me impulsa a investigar, profundizar, analizar, buscar ejemplos, bases teóricas y excepciones.

Me parece que Escribir es darse la posibilidad de ser romántico para poder enamorarse de la vida, de nuestros sueños, de las ideas de muchos y de pocos, soñar despierto y dejar que esas ideas sean leídas por almas diferentes.

También quiero escribir porque me gusta leer y quizá eso me plantó la semilla para hacerlo.

Quiero hacer algo diferente de lo habitual, algo que, como el arte, toque algo más que ganar y perder, me lo debo, y quizás sea un gran regalo para algunos, sobre todo para mí.

Quiero escribir porque creo que tengo cosas buenas por contar, historias, vivencias, reflexiones, y más.

Quizá algún día alguien goce de una escritura mía que lo llene, le ayude o alimente, como yo fui beneficiado por esas personas que se animaron a escribir.

Quiero escribir porque quiero decir cosas que duren más que el tiempo de la palabra hablada.

Quiero escribir porque quiero ayudar y quiero que me ayude.

                                               Cristian Arnulfi - 2026

 


jueves, 26 de marzo de 2026

 

CASO

Conductor que manejaba a alta velocidad, impactó contra el frente de un comercio en la ciudad de Santiago. Personal policial constató que dicho conductor dio positivo en el test de alcoholemia.

 

ANÉCDOTA

Caminaba hacia mi trabajo en forma apresurada y un tanto distraído, cuando de pronto un auto a gran velocidad se subió a la vereda, impactando fuertemente en un local comercial.

Debido al impacto, saltaron los vidrios del frente del salón, que era una panadería, y yo que estaba a tres pasos del vehículo en cuestión, me salvé de casualidad de no ser atropellado.De todas maneras, los trozos de vidrio impactaron en mis manos y rostro por lo cual, estaba lastimado y manchado de sangre.

Todo mi cuerpo temblaba del susto, hasta tuve ganas de llorar e insultar al irresponsable que provocó tal desastre.

De enfrente vino una señora que estaba limpiando su vereda a ofrecerme ayuda, me limpió con gasas húmedas las manos y la cara, mientras lo hacía me contó que esto pasa a menudo acá, ya que no hay semáforo y además hay un boliche a pocas cuadras.

No pude ir a mi trabajo, avisé que estaba mal herido por un inconsciente que se llevó mi cuerpo por delante, creo que exageré un poco, me dije mientras caminaba hacia mi casa comiendo una medialuna que logré rescatar de la destruida panadería.

Ana María Muñoz – 2026

 

 

miércoles, 25 de marzo de 2026

 

¿Por qué escribir y para quién?

Escribir es una necesidad de expresar lo que hay en mi interior y en mi sentir.

Es un espacio mío, escribo para mí, para sacar cosas que han quedado en la bodega de mi interior y ya no he vuelto a tocarlas más.

Escribo cuando algo que me sucede me sobrepasa, es una forma de desahogar y aliviar esa pesadez emocional que se me produce: me calma. Puedo centrarme de nuevo y alivianarme. Mi mente se aquieta, mi corazón se armoniza.

También escribo cuando se me cruza una idea inspiradora, un pensamiento fugaz que aparece de repente y que puedo volcar en el papel, profundizar y hurgar más y más, intentando llegar a las causas, a los por qué, es como ponerme en contacto con la fuente. Me sirve para tomar conciencia, darme cuenta de algo.

Escribo para ponerme en contacto con mi ser interno, para detenerme y observar qué me está pasando, qué estoy sintiendo en realidad. Es una detención muy valiosa para mí, pues me permite concretar y llevar al papel mis reflexiones y ponerle nombre a lo que verdaderamente siento.

Cecilia Delherbe Maldonado – 2026

 



martes, 24 de marzo de 2026

 

 

                                               Despedida

El anciano agonizaba. Abrió su puño derecho y cayeron miles de recuerdos, mientras, suavemente, su mano izquierda derramaba un rimero de bendiciones.

                                                           AMI - 2022



 

lunes, 23 de marzo de 2026

 

CASO Y ANÉCDOTA

 

Caso: Vivir sin teléfono celular

El noticiero del mediodía anunció que a partir de la medianoche del día de la fecha internet dejará de estar activo por algunas horas, que podrían ser muchas.

Esto, debido a un hackeo a nivel mundial, el cual nos dejará desconectados. Es un suceso nunca antes visto ya que afectará a toda la población del planeta y que además, pese a todos los esfuerzos por evitar que ocurra, no podrá ser evitado.

 

Anécdota:

Mi vecina, que el lunes salió de su casa temprano para hacer varias gestiones, fue víctima de un robo a la salida de un comercio de la ciudad; cuenta ella que cuando se dirigía a su auto estacionado dentro del predio de dicho comercio, fue abordada por dos jóvenes que fingían vender diversos artículos. En un descuido se apropiaron de su cartera, dejándola desesperada pidiendo auxilio. Quiso llamar por teléfono a algún familiar y en ese momento se dio cuenta de la magnitud de lo que le había ocurrido.

Todo estaba en su cartera, documentos, anteojos, teléfono celular, dinero. Dice que fue cuestión de segundos, no tenía cómo llamar pese a que personas solidarias le ofrecieron teléfonos para hacerlo. No sabía los números, ni siquiera de sus hijos, ni una agenda, ni un papel. Los bancos ya habían cerrado, las billeteras virtuales tenían dinero; pero sin teléfono nada podía hacer. Tampoco pudo hacer la denuncia policial, ahora se hace virtual, imagino la desesperación que sentiría yo, sin celular no sé qué hacer.

La situación le produjo un ataque de ansiedad y lloró amargamente en la calle, fue un día para el olvido, me dijo.

Hoy es viernes y me comentó que está tranquila tratando de solucionar los muchos problemas que esto del robo le ha ocasionado, lo peor de todo es la falta de sus anteojos.

-Me robaron la vida llevándose mi celular- me dijo.

 

                                                               Ana María Muñoz – 2026



 

sábado, 21 de marzo de 2026

 

Microrrelato




 

          CALOR

Un verano luminoso una lagartija se doraba la piel recostada en la arena de los medanos.

Tuve que pedirle ayuda porque perdí mis zapatillas en el ascenso.

                                                                       AMI – 2004

 



viernes, 20 de marzo de 2026

 

POR QUÉ ESCRIBO

Porque desde el momento en que aprendí a hacerlo me apasionó, jamás dejé la costumbre de juntar letras, sílabas y palabras en un papel.

Me ayuda a conectar con mi ser íntimo y también con otros seres. Además, a expresar mis ideas, propósitos y sentimientos. También puedo desnudar injusticias y sufrimientos que aquejan a la humanidad.

Escribo porque puedo exaltar el amor en tiempos de odio.

 

PARA QUÉ ESCRIBO

Para recordar momentos, para agradecer, para viajar con los sueños. Escribo también para consolar y consolarme en momentos de tristeza.

Escribo para creer que existe un mundo mejor con personas solidarias que aman la vida y la naturaleza.

Siento que es una necesidad y lo hago casi a diario; porque es como beber si tengo sed o comer si tengo hambre.

No sé si lo hago bien; pero ahí están mis viejos cuadernos llenos de frases que me vienen a la mente y mis cuadernos nuevos que se nutren de ellas.

Escribir me alivia tensiones, es como un refugio de paz y felicidad.

 

Ana María Muñoz – 2026

 

 

 

jueves, 19 de marzo de 2026

 

Justo ayer fue que te posaste

Con tu trino en mi ventana,

Despertando la mañana,

Endulzando con tu son.

Al descubrir el amor

En tu canto bien salvaje,

Me muestras tu mejor traje

Con tu emplumado mayor

Y aquí esto,

A tu silueta admirando,

Y en ello vas contagiando

A que perfume la flor.

El brillo del girasol,

La rana de la laguna…

Veo el coctel en la espuma,

Del arroyo cantador.

Y en todo atiza el color,

La madre naturaleza

Nos invita a su fiesta

Que existe algo mejor.

Por un momento, varón,

Olvida tu maquinaria,

Que la faz extraordinaria

Está llamado al amor,

Reclamando va tu sal,

El idioma universal

Con su néctar elocuente,

Está pidiendo a tu mente:

“Humanízate, señor”

Por un segundo el dolor

No mostrará su gemido,

Para sentir el latido

Que grita tu corazón

Vuelve pronto ruiseñor,

Benteveo, pito juan,

Trae a tu amigo el zorzal,

La calandria y el jilguero,

Vuelen por el mundo entero

Cantándole al amor…

Te esperaré con el sol

Cada día que amanezca

Y será la brisa fresca

Llena de vida y color.

        Alberto Coronel – 2026


miércoles, 18 de marzo de 2026

 


La vida espiritual puede verse a simple vista como un cactus cubierto de espinas, pero, al igual que esa planta, está llena de nutrientes y florece bellamente. 

                                           AMI - 2018



 

martes, 17 de marzo de 2026

 

Reflexión

 

Ámate a ti mismo como amas a tu prójimo

 

¿Tanto como quiero al prójimo? Este fue el planteo que se nos propuso. Y voy a exponer mi opinión sobre esto.

El amor propio llega por lo general con la madurez si es que no fue inculcado en la infancia, que sería lo deseable.

Se logra con la experiencia de vida, especialmente con los sufrimientos que ciertas situaciones nos generaron. Pero el mejor maestro es el autoconocimiento. Algo fundamental en este proceso de querernos, de respetarnos fue aprender a decir que no.

En el pasado, cuando tomé conciencia que estaba permitiendo comportamientos cuasi abusivos de algunas personas cercanas a mí reaccioné poniendo límites. Me hice la promesa de que nadie iba a disponer de mi persona o de mi tiempo, pasando por encima de mis necesidades.

No fue fácil llegar a este punto de real amor por mí misma. Cuando me entraba la duda si no estaba siendo algo egoísta con esta actitud, encontré la respuesta en qué le aconsejaría a mi hija si se encontrara en mi lugar. En una etapa lejana de la vida, decir que no me hubiera parecido falta de empatía. Pero me abrió los ojos mi hermano menor, que aquel momento era un adolescente. Su ejemplo de total seguridad en sí mismo y esa capacidad de poner el límite sin miramientos.

A veces me parecía un poco rudo pero después comprendí que se trataba de su auto estima. Cuando deja de importar lo que los demás opinan sobre uno la negativa fluye naturalmente. Deja de ser una carga estéril.

¿Me quiero? Sí. Me acepto tal cual soy, con alguna autocrítica cuando es necesario y también algunas auto-exigencias.

Me cuido cada vez más. Me ocupo de mi salud física y mental. Trato de estar informada para estar al tanto de todo aquello que puede ser útil en mi actualidad.

Me considero valiosa, aunque no más que los demás y de todo ser vivo. Así como me hago respetar también respeto. Acepto el no del otro sin que me afecte y que me pongan límites.

 

Nela Bodoc – 2025

 

lunes, 16 de marzo de 2026

 


La música es el arte

De combinar los sonidos,

Lo culinario es el gusto

De interactuar los sabores,

La poesía el lenguaje

De estrofas y sensaciones,

Y la pintura reúne

Mil paisajes y colores;

Todas estas creaciones

Y un solo convocador

Común denominador,

El don que mueve la vida

Cuenta el calor en sus filas

Atrapa con su emoción,

Su fuerza, magia divina,

El encanto de una flor.

Universal su mensaje

Y su nombre es amor.

 

        Alberto Coronel – 2025



viernes, 13 de marzo de 2026

 

EL CASO

 

A horas 4:30 de la mañana, se registró un accidente en el centro de la Zona Sur de nuestra ciudad. Una vagoneta negra, cuyo conductor se encontraba en estado de ebriedad, chocó un local comercial. Dada la hora del suceso no se registraron daños personales. La policía se apersonó inmediatamente y apresó al conductor. Se hará la reconstrucción del echo y se aplicarán las sanciones correspondientes.

 

Elisa Alzérreca - 2026

 

LA ANÉCDOTA

 

Eran las diez de la noche y me apresuraba a cerrar el restaurante. Me atrasé pues quería dejar terminado el balance mensual. Ya me acercaba a la puerta para salir, cuando escuché un ruido fuerte de motor y unas luces que me encandilaban. Me dio un salto el corazón e instintivamente corrí a la parte trasera del mostrador. ¡No lo podía creer!, una vagoneta enorme y negra venía directamente hacia mi ventanal y, con gran estruendo, lo atravesaba arrastrando mesas y sillas hasta quedar en medio de mi local. Aun temblando, cogí el celular y marqué el 110.

- ¡Que llegue pronto la policía, por favor! -pensé.

Se abrió la puerta del carro y salió un hombre con la cabeza sangrando y tambaleándose me dijo: - Lo siento señora, creo que me dormí.

Miró todo a su alrededor y empezó a repetir - ¡Pagaré todo! ¡Pagaré todo!

 

Elisa Alzérreca – 2026

 

 

 

 

jueves, 12 de marzo de 2026

 


        ¿Por qué escribo?

Esta pregunta me la hice muchas veces. No tengo una respuesta que sea precisa, exacta, o que defina una acción.

Escribo desde que comenzó la aventura de descubrir que unos grafismos representaban mi nombre y así descubrí un mundo.

Escribo como un juego que me acercaba a mi mamá, garabateando cerca de ella, cuando hacía sus tareas de maestra.

Escribo en casi todas las variantes y variaciones, con muchas y pocas palabras.

Escribo, sobre todo, porque me gusta volar con la imaginación y aterrizar con el lápiz apoyado en el papel, encontrando desafíos, misterios, canciones, aventuras que sacuden la comodidad que me habita.

Así, la pluma y la palabra reconstruyen mundos y expanden sentires, observando como un ajeno, el inconexo tejido mental que toma forma en la breve creación que sale de mí.

Escribo entendiendo que hoy es un desafío para mi calma y el intelecto que se escapa.

Escribo porque algo que empezó como un juego hoy quiere seguir siéndolo, donde corro sin agitarme, juego a la mancha y no me mancho, descubro el amor y elijo el final, con libertad y seguridad.

Estela Iris – marzo 2026



 

martes, 10 de marzo de 2026

 

Reflexiones

 

¿PORQUÉ Y PARA QUIÉN ESCRIBO?

 

Nunca me lo pregunté. Lo hice y lo hago desde la escuela primaria. Siempre me gustó. Hacer una redacción era mi tarea favorita cuando la maestra lo solicitaba.

Durante mi adolescencia he escrito varios diarios íntimos. No sé cuántos. He perdido la cuenta. Fueron mis confidentes y la mejor forma de expresar lo que sentía.

Mientras tanto comencé una intensa actividad epistolar más que nada por necesidad ya que todos mis parientes vivían y viven en otro continente. Enviar y sobre todo recibir cartas era un placer enorme, que las nuevas generaciones desconocen.

Ahora lo hago por el puro placer de dejar libre la imaginación, de jugar con las palabras por permitir que surjan ideas nuevas que desconocía y desempolvar el altillo y abrir el baúl de mi subconsciente.

No tengo un objetivo claro. Nunca se me cruzó la idea de transformarme en una escritora ni de escribir un libro, aunque es lo único que me faltaría después de tener un hijo y plantar un árbol.

Compartir esta tarea con amigos, como los hacemos semanalmente en el Taller de Escritura le agrega disfrute y me motiva aún más a hacerlo. Es una experiencia difícil de describir pero es sumamente motivadora.

Tampoco me he preguntado para quién escribo. Al hacerlo no pienso si alguien lo va a leer ni si le va a parecer que es correcto. En realidad me hablo a mí misma, a esa parte que está oculta. A mi sombra, a mi otro yo, a mi lado ignoto.

Tanka:

 

La escritura

Una mariposa

De mis letras surgida

Volando vino

Y en la hoja se posó

Rozando mi corazón.

 

NELA


 



Hay cosas que duelen mucho

De pueblos que lento aprenden,

No es preciso ser rebelde

Solo saber escuchar.

Y no quiero navegar

En aguas que no son claras,

La vela de botavara

Me indica donde rumbear.

Si me enfoco en bogar

En mares desconocidos

Debo andar advertido,

Lo mismo es cabalgar

Cada cual habrá de dar

En la ciencia que domine,

Y por más que peregrine

Estar atento, observar.

Tarda tanto en superar

El hombre, sus apetencias,

Sufre sus propias dolencias

Una vez y otra vez más,

Y con él se ha de enojar.

Buscan sus ojos el cielo

Como buscando el consuelo

Que Tata Dios le ha de dar.

Y allá va su confianza

Cruzando su propia pampa

A veces sin regresar.

Mira atrás al extrañar

Al rincón de sus afectos

El olfato es su intelecto

Poco conoce, además.

 

        Alberto Coronel – 2025



lunes, 9 de marzo de 2026

 

                        ¿Por qué escribir?

            ¿Por qué escribo?

            Yo escribo porque…

            Me anima y da vida día a día,

            me enseña a imaginar y visualizar trabajos lindos de Diseño,

            para darme a conocer con mis compañeros de Hogar y mi familia,

            también como forma de meditar,

            de escribirle a la Divina Madre lo que anhelo.

 

            ¿Y para quién?

            Para la Divina Madre,

            para mi corazón y desenvolvimiento espiritual,

            para Ema, mi madre, que tanto hace por mí,

            para mis amigos a quienes quiero mucho,

            y para mi familia.

                             Gabriela Medawar – 2026



 

 

 

sábado, 7 de marzo de 2026

 




                                    Ruego que nunca me aleje de tu protección amorosa. 





viernes, 6 de marzo de 2026

 

Cuento fantástico

 

 

¿QUÉ HABRÁ SIDO?

 

Jamás pensé que pudiera vivir una experiencia semejante, justo aquella noche en que tomando una cervecita con los muchachos, comenzamos a hablar de una película que habíamos visto sobre zombis, y que algunos aseguraban que sí existen, mientras otros lo considerábamos fantasías. Después de despedirme de ellos salí del bar y me crucé con ella  frente al viejo Hotel Royal.

¡Laura! ¿Qué hacés aquí a esta hora? –pregunté incrédulo.

Laura Alonso, mi compañera y compinche en la primaria y la secundaria, con la que planeábamos la mayoría de las diabluras de la infancia y la adolescencia, a quien no veía desde nuestra graduación, pues ella siguió estudiando y yo comencé a trabajar, convirtiendo mi vida en sedentaria y monótona.

Esperarte –contestó con ese brillo que aparecía en sus ojos cada vez que urdía alguna travesura- necesito tu ayuda esta noche.

¿Para qué? –pregunté mientras ella me arrastraba de un brazo hasta su auto, en tanto que miraba hacia todos lados buscando no sé qué o a quién. Subimos a su auto y nos alejamos dejando atrás el centro de la ciudad rumbo al Oeste.

¿Adónde me llevás? –pregunté temeroso, conociendo sus arrebatos.

Al cementerio de la Villa –contestó como si dijera que íbamos a la verdulería.

¡¿Qué?! ¡¿Estás loca?! ¿A esta hora? ¡Son casi las once de la noche!

¡Por eso necesito tu compañía, tarado! –dijo con tono descortés, como si yo hubiera preguntado la mayor obviedad.

¡Basta! – dije comenzando a enojarme – ¡Quiero  que me digás todo ya mismo!

Frenó de repente y casi me golpee la cabeza contra el parabrisas.

Resulta –dijo – que esta tarde se produjo  una discusión en la Facultad porque los varones decían que las mujeres hablamos de igualdad de sexos pero que somos débiles y miedosas por lo que nunca les igualaremos. A tanto llegó la discusión que me desafiaron a entrar al cementerio a media noche y recoger un pañuelo que todos firmaron y que dejaron colgado esta tarde en el paredón del fondo pero en realidad me muero de miedo así que te busqué para que entrés sin que te vean y me esperés adentro.

¡Estás más que loca –me defendí aunque sabía que ella siempre ganaba- no entro ahí ni borracho!

¡Cobarde! -exclamó despectiva y a sabiendas de que con eso yo cedería- Viste que tengo razón, los hombres son más miedosos que nosotras.

Dicho esto puso en marcha su autito y partimos hacia el antiguo cementerio de la Villa, que no tenía sereno ni iluminación y el portón estaba tan oxidado que no se  podía cerrar, y como ella lo había previsto, me quedé escondido adentro invadido por mis temores más oscuros. Al poco rato llegaron dos autos con varios chicos y chicas y esperaron a Laura haciendo conjeturas acerca de si ella sería capaz de ir o no a la “cita”, y sin imaginar que alguien los escuchaba, las chicas del grupo pedían a los varones que desistieran porque podía caerse y lastimarse, a lo que ellos dijeron que no, que le darían una lección. La dejarían que cumpliera su parte, que atravesara el cementerio y trajera un pañuelo, pero, a lo que le habían agregado el condimento de poner un grabador y una luz mortecina dentro de un destartalado mausoleo, conectado a un reloj que lo pondría en funcionamiento tres minutos pasadas las doce de la noche.

Laura llegó cuando faltaban cinco minutos para la hora acordada. Sus amigas trataban de hacer que ella cambiara de idea, pero ella, sintiéndose el centro de atención y sobre todo sabiendo que no estaría sola en la aventura, se vanagloriaba de un coraje que estaba lejos de sentir. Haciendo gala de su simulado valor entró por la oscura boca del cementerio, y sin que los de afuera se percataran siquiera, nos encontramos y le conté lo que había oído. 

Nos disponíamos a ir a buscar el pañuelo cuando una nube cómplice oscureció repentinamente la escasa luz de la Luna en cuarto menguante. La mano de Laura oprimió la mía casi con desesperación, y no es que yo tuviera menos miedo que ella, pues me sentía cerca del pánico. No sé qué le sucedería a ella, pero yo tenía la garganta apretada y todos mis sentidos alertas esperando la orden de huida. La voz temblorosa de Laura me llegó como un susurro. 

Bien podría aparecer algún residente para ayudarnos – dijo tratando de ser graciosa para darnos ánimos – pero parece que están ocupados en alguna otra cosa y no tienen tiempo para ser corteses con las visitas. 

Nos quedamos largo rato en silencio tomados fuertemente de las manos, mientras a lo lejos se dejaban oír los quejumbrosos sonidos y se veía la luz de aquella coreografía preparada por sus amigos, pues ya había pasado la medianoche. Me rindo –dijo Laura con voz temblorosa – prefiero perder la apuesta aunque se burlen de mi por el resto de mi vida.

Asentí con un gruñido, y al ponernos de pie para volver sobre nuestros pasos percibimos que alguien se nos aproximaba, casi no veíamos pero sentíamos un hedor muy fuerte y una respiración dificultosa como la de alguien con problemas bronquiales. Una mano huesuda y pringosa se posó sobre las nuestras que permanecían estrechamente apretadas, y nos dejó el famoso pañuelo autografiado, prueba irrefutable del cumplimiento de la hazaña. Sentí como Laura se desmayaba junto a mí y no tardé en seguirla. Cuando desperté la luz de la luna iluminaba débilmente y los amigos que la esperarían afuera caminaban de a dos entre las tumbas llamándola a gritos, preocupados por su tardanza. 

Recuperando su compostura habitual mi amiga me hizo señas de que estaba bien así que ocultándome llegué hasta su auto y allí la esperé mientras ella se reunía con los otros y recogía todos los créditos de su excursión. Volvimos sin hablar de lo sucedido, sumergidos ambos en nuestros pensamientos. ¿Qué podíamos decir? ¿Había explicación posible o era una alucinación? 

Buscamos algún café que permaneciera abierto, nos lavamos las manos desesperadamente porque todavía nos parecía sentir el desagradable contacto de aquel espectro, alucinación o lo que fuera sobre nuestra piel. Después desayunamos en silencio y del mismo modo nos despedimos. Me senté en un banco de la plaza, sin saber qué hacer, hasta que las primeras luces de la mañana empezaron a despejar mi melancolía.

 

                                               Asunción Ibáñez – 2003

 

jueves, 5 de marzo de 2026

 

        

Suelen decir todo aquello

Que ha comenzado lloviendo

Sabe traer buenos tiempos,

Transmitir su fuerza viva

Nada falta en esta vida

Solo es preciso encontrarlo,

Y al momento de tomarlo

Darle el valor merecido,

Por algo a ti ha venido

¿Viene a cubrir un vacío?

¡Solo él puede llenarlo!

Y quizás pueda ayudarlo

A lograr su prometido.

Analiza tu motivo,

Esa pregunta inconclusa,

Y para nada convulsa,

Está esperando atención

De donde viene el amor,

Y hacia dónde se dirige.

Lo que toca, lo corrige,

O mejora su intención,

Secretos de un corazón,

Que por amor es que existe.

                               Alberto Coronel – 2025

 

 

miércoles, 4 de marzo de 2026

 

 

Prejuicios

 

Eran los 90. Estaba yo esperando que me atendieran en la verdulería de mi barrio; el verdulero y su esposa atareados en esa hora de la mañana en que todas las amas de casa hacen sus compras.

Entraron dos señoras jóvenes, una de ellas con expresión de felicidad, después de saludar amablemente, dijo: “Don Francisco, esta es mi prima, que vive en Estados Unidos y ha venido a ver posibilidades porque piensan regresar”

¿Y por qué se vuelven? –contestó el verdulero con gesto agrio.

-Porque sus hijos entran en la adolescencia y es una sociedad violenta para esa edad- respondió la aludida.

¡Ah! Seguro que se cansaron de limpiar baños ajenos y servir café en algún bar- dijo el comerciante con soberbia y preguntó: ¿Porque… en qué trabaja su marido?

Y la señora, con humildad contestó –Es diseñador en la Nasa…

                                                                              Iris Neli – 2023

 

 

 

 

martes, 3 de marzo de 2026

 


POESÍA

Es un canto de rebeldía

un grito de esperanza,

el clamor del que no tiene voz,

el alivio de almas dolientes.

 

La poesía es caricia enamorada,

ella vive, siente, ríe, llora.

Las letras unidas en armonía

crean mundos intangibles

donde el amor es fuerza

contra toda adversidad.

Es suave brisa de otoño

que roza los sentimientos.

Es viento, huracán temible

cuando desnuda injusticias.

 

Alzo mi voz en defensa

de las palabras certeras

y entrego mi poesía

a quien quisiera leerla.

                Ana María Muñoz – 2019

 

 

lunes, 2 de marzo de 2026

 

De la biografía

 

                                                               Amistad y amor filial.

Nos mudamos a un barrio nuevo a principio de los setenta. Aún faltaba la construcción de muchas manzanas, así que formábamos una comunidad pequeña que fue creciendo con los nuevos vecinos que se mudaban a sus nuevas casas cuando la empresa constructora las terminaba.

Mis padres habían trabajado siempre, y les parecía lo más lógico era seguir trabajando. Mi papá comenzó con un pequeño negocio de golosinas y útiles escolares, que funcionó muy bien pues cubría necesidades de las escuelas cercanas. Papá tenía un gran respeto afectuoso por los niños, así que rápidamente trabó amistad y familiaridad con el entorno.

Mi madre había sido modista, profesión que practicó muchos años, así que también allí encontró clientes. Pero poco a poco fue dejando esa práctica y comenzó a realizar pequeños arreglos como cambiar cierres, forrar botones, modificar prendas y más. Como la gran mayoría de los vecinos eran familias jóvenes, mis padres solían ser personas a la que recurrían a pedir algún consejo acerca de cosas cotidianas; como mi padre había sido agricultor le preguntaban cómo cultivar tal o cual planta, o como tratarla ante una plaga o cosas así. Y él feliz de ese lugar que la comunidad le otorgaba.

Y mi madre tenía otra manera de relacionarse: era un poco la mamá de todos. Cuando alguien le llevaba una prenda para arreglar ella solía regañarles “Con esas manos tan lindas que tiene y se considera incapaz de hacerlo usted” y cosas por estilo. A veces algunas jóvenes preferían dejar el pedido en una bolsita con un detalle de lo que querían que se les arreglara, y cuando le decíamos “La llamo y le explicás” solían contestar: “No, porque me reta, para eso tengo a mi mamá”. Aunque siempre tenía alguien que era más hija que otras. Una de ellas era nuestra vecina de enfrente, Mary; una joven madre de seis hijos, que pertenecía a una iglesia evangélica, que me decía a veces “Esa persona cree que la vecina es su madre” y yo le contestaba “No importa, yo no soy celosa”, y ella agregaba “Pero yo sí”.

Un 20 de Junio mi madre murió súbitamente. Y Mary no encontraba consuelo.

También a mí me costó vivir mi duelo, pero poco a poco fui sanando y agradeciendo y honrando su vida. Pero a Mary no le sucedía lo mismo, no podía verme sin ponerse a llorar. Así que un día le pregunté por qué tanto dolor de su parte y ella, entre lágrimas me confesó: “Lo que pasa es que no logré que ella aceptara a Jesús, y no podrá entrar al cielo”.

Le pedí que pensara en Jesús como un Ser de Luz, como el Redentor, quien ve a las almas por lo que son, no por lo que dicen. Y poco a poco pudo ir haciendo su duelo sin culpa.

                                                                                              Asunción Ibáñez – 2023.

 

 

 

 

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