jueves, 30 de abril de 2026

 

Mi amiga de la infancia

 

Anoushka

 

Eran los tiempos en que los niños jugaban en calle sin correr peligro, todavía no existían los celulares y la mayoría no tenían un televisor en sus casas.

A pocas cuadras de mi casa, vivía Anoushka, mi mejor amiga en la escuela.

Disfrutábamos de nuestras charlas y juegos en el recreo. Y aunque era muy tímida conmigo se sentía en confianza.

Sus padres eran unos inmigrantes húngaros que llegaron a Buenos Aires escapando de la guerra y la hambruna. Por sus traumas eran cerrados y no socializaban con los vecinos. Eran muy desconfiados. A su hijita no le permitían salir ni jugar con otros niños. Además eran muy austeros, tal vez por las necesidades pasadas. En esa casa los juguetes eran considerados un lujo. Nunca le festejaron un cumpleaños.

Cuando yo le contaba de las reuniones en mi casa, de cómo celebrábamos con mis tíos, primos y amigos, se sorprendía. La he invitado muchas veces pero siempre, la única que no participaba se negaba a aceptar.

A veces la veía mirando por la ventana a sus vecinitos jugando en la vereda. Unos se trepaban a los árboles, otros saltaban, de un lado a otro la zanja que era bastante ancha. Un grupito competía haciendo correr sus autitos de baquelita rellenos con masilla.

Las niñas jugábamos a cara o seca con las figuritas. Algunas eran muy codiciadas porque tenían brillitos.

Anoushka solo miraba con ojitos tristes hasta que un grito de su madre la alejaba de la ventana.

Pasaron los meses, llegó la primavera y con ella la celebración de todos los años en la escuela. Esta vez organizaron un picnic para todo el curso, en un parque cercano. Era muy pintoresco, muy florido, con juegos para niños y un laguito con pececitos y algunos patos. Tenía amplios predios donde se podía reunir mucha gente.

En el curso había un ambiente de entusiasmo. Las charlas eran sobre qué llevar para comer, que ropa ponerse. Si llevar la pelota y la red para jugar al vóley. Todos eran proyectos. Mi amiga era la que estaba escuchando, sentada en su banco, segura que sus padres no la dejarían ir.

Se me hacía difícil aceptar esa situación. No sería un día tan completo si no lo compartía con ella. Y me devanaba pensando en alguna solución.

Se me ocurrió una idea. Hablé con la maestra, que era sensible y jovial y le propuse que fuera a la casa de Anoushka y hablara con sus padres.

Aceptó mi propuesta y lo hizo, pero no tuvo éxito. Pero no nos íbamos a dar por vencidos.

A un compañerito se le ocurrió que podíamos ir todos, junto con la señorita, a conseguir el permiso.

Unos días más tarde y con la autorización de los padres fuimos todos. Llamamos a la puerta pero nadie salió. Estaban en la casa porque notamos el movimiento tras las cortinas. Después de cierta insistencia a mí se me ocurrió una idea loca y la propuse.

Así fue que comenzamos a cantar una canción que habíamos aprendido en la clase de música. Al terminar de cantar abrieron la puerta y se acercaron. Invitaron a la maestra a entrar. Ella les propuso, para convencerlos, que participaran del pic nic ellos también y así podrían “vigilar” a su hija.

Finalmente accedieron y todos nos fuimos contentos y cantando.

El día de la primavera fue un día muy divertido para mis compañeros y para mí. Pero para Anoushka fue el día más feliz de su vida. Ver a sus padres, siempre tan serios, reír, conversar y compartir juegos era un regalo de la vida.

Ver la sonrisa de Anoushka fue inolvidable.

Nela Bodoc - 2026



miércoles, 29 de abril de 2026

 

 

MIS AMIGAS DE LA INFANCIA

Intento ir hacia mi niñez y recordar a mis amigas de la infancia;  llegan a mi mente las acciones de correr y jugar, correr alrededor del edificio jugando al pillarse y jugar a la pelota, al luche, al cordel. Me encantaban estas formas de entretención que me permitían olvidarme de todo, era sólo yo divirtiéndome, relajándome, tomando aire, libre, desahogando mis energías contenidas por lo responsable que era con mis estudios, con mis hermanos y además por vivir en departamento.

Recuerdo un par de veces agarrándonos del pelo por el enojo de sentir que mi amiga me había hecho trampa al jugar al luche, nos tirábamos del cabello un rato y de allí seguíamos jugando.

Eso era lo más importante.

Recuerdo los momentos de juego que eran como cruzar a otra dimensión y entrar en otro mundo donde quedaban atrás las tareas y solo disfrutaba jugando con mis amigas y mis hermanos. Era un placer, que aún hoy me persigue. Llevo mi frisbee (disco volador) y mis paletas en el auto por si se da la posibilidad de jugar un rato. Es una forma de diversión que busco hasta hoy.

Me gustaba mucho correr, tanto que en la pre-adolescencia fui atleta de un club deportivo, y en el verano llegaba muy temprano para entrenar, que para mí era como jugar, disfrutar del aire y la naturaleza. En ese entonces todavía el estadio municipal era de pasto natural y de tierra, hoy las cosas son diferentes. Y el silencio que se encerraba en esos muros me llenaba de paz considerando que afuera había movilización y ruido, pero no se escuchaba nada. Momentos que me hicieron muy feliz.

Hace unos años, siendo adulta, me encontré con mi entrenador y  después de 40 años pude expresarle que mi paso por el deporte fue una de las experiencias más felices y plenas de mi vida, y que le agradecía mucho su dedicación y entusiasmo con los jóvenes deportistas y conmigo.

Me agradeció muy satisfecho de la labor realizada.

                                                                              Cecilia Delherbe – 2026

 

 

martes, 28 de abril de 2026

 

 

Mis amigos de la infancia

Se agolpan en mi cabeza muchas amistades de la infancia que quieren salir a jugar, golpeando la puerta de casa para ir a andar en bici o jugar a las escondidas, hacer casitas en los árboles o en los baldíos. Ese grupo de vecinos que siempre estaban dispuestos a jugar hasta que las peleas comenzaban y uno terminaba llorando, ahí aprendí que siempre hay dos bandos, yo terminaba defendiendo al más débil.

La vida nos va presentando distintas amistades a lo largo del tiempo, esas amistades del barrio como Germán, su nombre fue mi primera palabra, lo llamaba Maman, él me convenció de que el colegio secundario al que iba era el mejor, por lo que obviamente lo elegí, y aunque íbamos a turnos distintos me prestaba sus libros y era tan lindo encontrarme con él y nuestras charlas sobre el futuro, de la universidad, contarnos en que andábamos cada uno en esos colectivos hacia nuestra casa, que por cierto vivíamos justo al lado. Y así otra vez la vida con sus caminos no nos volvió a encontrar, sólo alguna vez que nos cruzamos y nos presentamos a nuestros hijos en la puerta de la casa de nuestros padres.

Así fuimos creciendo, aprendiendo que aunque vivamos casa por medio la historia no nos vuelven a encontrar, así pasó con Ceci, éramos las únicas dos nenas de la cuadra, con la que jugaba a las muñecas, haciendo casitas que nunca terminábamos, mi amiguita de la infancia que nos acompañábamos y jugábamos a la pelota con todos los varones, ella tiene tres hermanos varones y yo dos, más los otros vecinitos, nos ponían como árbitro o si jugábamos les dábamos patadas y se enojaban por que no sabíamos las reglas.

Qué linda época, jugábamos hasta que se hacía de noche y apenas iluminaban los foquitos de las esquinas, bajo la mirada de nuestros padres que se quedaban todos juntos en las veredas charlando. Toda una evolución fue cuando pusieron la luz en la calle, todo estaba iluminado, no había tantas sombras, recuerdo la expectativa de todos cuando empezaron las obras, nos decíamos: -“Ahora que esté más clarito nos vamos a quedar hasta más tarde…” Sin sospechar que cuando las luces se encendieron y las sombras se fueron nunca más volvimos a jugar a la escondida en esa calle hasta que nos llamaran a cenar.

Nos van enseñando que las personas pasan, algo nos enseñan y desaparecen dejando solo vagos recuerdos de tiempos en los que crecimos juntos.

                                                               Laura Mondati – 2026

 

lunes, 27 de abril de 2026

 

Personaje

 

EL CONSEJERO IDEAL

 

¿Cómo imagino a ese personaje que es mi consejero? Pues sí, lo tengo grabado en mi mente. Es un personaje entrañable que vi en una película de niña. Siempre será PEPE.

Es pequeño, elegante y persistente, se quedó a lo largo de mi vida y lo hará hasta que yo marche de este mundo. Aparece cuando lo necesito y aligera mi tarea a cualquier hora del día.

A veces, colabora con una decisión; me calla cuando quiero decir algo que podría lastimar a alguien, me hace reflexionar cuando tengo pensamientos negativos que opacan mi alegría, me ayuda a no pensar sólo en mí, me guía en no apresurarme y tomar el camino fácil y abre mis pensamientos cuando me encierro en mis ideas.

En fin, es quien me hace crecer día a día. Es invasivo y un poco estricto, pero lo valoro, porque contribuye en mi objetivo de ser una persona correcta, positiva y en lo posible muy feliz.

 

Elisa Alzérreca – 2026

 

 

 

domingo, 26 de abril de 2026

 


   

Divina Madre:             

            Cuando Tu Luz me ilumina percibo la belleza que me rodea, pero cuando la oscuridad me abraza solo puedo buscarla dentro de mi.



viernes, 24 de abril de 2026

 

Personaje

 

 

            El Consejero

Mi próximo consejero será real dentro de mi fantasía. ¡Mi consejero sabrá más de mí que yo mismo!

Él podrá decirme y hablarme tan francamente como mi amigo fiel, será pausado, atento y muy dedicado a atender las necesidades que se me presenten, en fin, será como mi esclavo virtual con súper poderes ¡Mi avatar!

Conectado a la irrealidad de las redes estará atento a noticias tecnológicas, a mis gustos y preferencias; estará atento a las indicaciones de mi médico, los compromisos y sitas acordadas.

Mi consejero tendrá la figura de un Maestro para mí, será mi confidente del corazón, él sabrá donde quiero ir y a donde llegar.

Él me cuidará y por todo ello yo lo llamaré mi “Pepe Grillo”.

                                                                    Cristian Arnulphi - 2026




miércoles, 22 de abril de 2026

 



Bendito sea el que da

sin importarle a quién,

en su alma está el amor,

y en su camino, el bien.

Alberto coronel – 2026



martes, 21 de abril de 2026

 

Cuento infantil

 

 

LOS HABITANTES DEL BOSQUE

En medio del bosque de arrayanes los turistas charlaban y reían, mientras con sus teléfonos fotografiaban todo lo que les llamaba la atención.

Los más pequeños se divertían tratando de alcanzar al ruiseñor azul que se escondía tras las ramas de los árboles y entonaba sus canciones acompañado de su fiel amigo, el Ratoncillo violinista. Iban tras el sonido del violín pensando que por fin atraparían al ruiseñor, pero cuando por fin llegaban al ramaje desde donde venía la música, nada encontraban. Cansados y tristes los pequeños se sentaron en el suelo húmedo a orillas del lago a pensar cómo descubrir al pícaro ruiseñor.

Ahí estaban cuando apareció frente a ellos una mujer muy grande, despeinada y de muy malos modales con cara de pocos amigos -¿Qué hacen ustedes en mi bosque?- preguntó furiosa, a lo que los chicos respondieron lo de siempre –NADA. Uno de ellos le preguntó -Y… ¿usted quién es?

-Yo soy la Horrible durmiente, la dueña de éste lugar, así que fuera de aquí, quiero verlos lejos de mi cabaña, vamos, ¡Rápido que no tengo paciencia! -contestó

No señora -dijo uno- mamá nos dijo que podíamos recorrer todo éste lugar ya que pagamos nuestra entrada, solo tenemos que irnos antes que anochezca-

¡Ja ja ja! -se oyó una risa burlándose de la Horrible durmiente- así se habla. Yo les voy ayudar a encontrar lo que están buscando -dijo saliendo de detrás de un árbol.

¿Y usted quién es? -preguntó una niña.

Yo soy Pepe Aladino y soy tu buen vecino- respondió él.

¡Bravo, bravo! -aplaudían los niños -vamos en busca del violinista y el Ruiseñor. Así que fueron todos tras Pepe Aladino, corrían para poder seguirlo porque él daba largos pasos y no era fácil alcanzarlo, en eso el sol fue desapareciendo entre los frondosos árboles y el bosque empezó a oscurecer. Los chicos estaban un poco asustados.

Mejor sigamos buscando mañana, yo quiero volver con mamá -dijo una niña sollozando- Sí, sí -dijeron todos y regresaron adonde sus madres les estaban esperando.

El bosque quedó solo, siguió con su vida y su rutina, pero los chicos no volvieron jamás. Pepe los esperaba todos los días para buscar al Ruiseñor.

Es que los duendes jamás se marchan. Los turistas sí.

 

                                               Ana María Muñoz – 2026



lunes, 20 de abril de 2026

 

Recuerdos

 

                               Mis amigas de la infancia.

¿Dónde estarán mis amigas de la infancia? ¿Vivirán aun?

El final de mi primaria coincidió con el cambio de trabajo de mi padre, que fue trasladado, por lo que nos mudamos a una zona alejada, y así fue que me desvinculé de mis amigas y compañeras de la infancia, y no recuerdo haberlas visto después.

Amigas vecinas, con las que no compartía la asistencia a la escuela, eran dos hermanas. La mayor, Cristina, dulce y silenciosa, la mayor de todos sus hermanos  y la menor, Chicha, que al ser menor que nosotras nos seguía en las decisiones que tomábamos. Ellas perdieron repentinamente su niñez porque su madre falleció repentinamente y, entre los seis hermanos que quedaron huérfanos había un bebé de escasos meses. Siempre las recuerdo y me pregunto ¿Habrán sido felices en sus vidas?

En la escuela tenía amigas y amigos. Los varones no eran muy suaves en sus juegos pero, la mayoría requería de nuestra compasión para comprender lo que el maestro proponía para las tareas.

Pero a las compañeras las recuerdo, después de tantos años por sus modos de ser. Por ejemplo Natividad, que compartíamos el aula aunque ella era algo mayor que yo, y que no completó sus estudios primarios, y que al dejar el cursado me regaló un prendedor con forma de pingüinito con sombrero que aún conservo.

Susana, hermosa rubia de ojos azules, de comportamiento impecable, que despertaba mi envidia. Y Elsa, buena compañera, que se prendía en los juegos más arriesgados del patio de recreos.

Las hermanas Berardi, que participaban en todos los actos escolares y eran un desafío para mí el competir con ellas.

Y la más difícil y la única que seguí y sigo viendo: mi prima Ana. Vivíamos en la misma finca a unos doscientos metros de distancia, y me torturaba cuando podía, pero tenía un punto de débil, les tenía miedo a los sapos. Por eso yo, la niña buena, llevaba o simulaba llevar un pobre sapito en el bolsillo de mi jardinero para que se mantuviera lejos de mí. Ahora nos reímos, pero en nuestra infancia fue una relación muy competitiva y conflictiva.

Cuando recuerdo a mis amigas de aquel tiempo, después de setenta años, deseo que sean y hayan sido muy felices.

                                                               Marta – 2026

 

 

 

viernes, 17 de abril de 2026

 

Poesía

 

 

Sopa de vida

Llego a la casa de mi mamá, a quien amo profundamente.

Una casita de color lila, con un hermoso antejardín,

flores que adornan y dan alegría

Y disfrutando de toda esa armonía.

Está la Pelu, la gata regalona, eterna compañera de mi mamá.

Mi hermana duerme la siesta, también mi mamá.

Pero me escucha, y nos saludamos con un beso amoroso,

con profunda ternura.

Voy a la cocina y reviso las ollas y me quedo suspendida en el tiempo…

En silencio, una olla me habla ¿Qué había dentro?

Un trozo de pollo, arroz y una sopa casi blanca.

Logré comprender como se sentía mi mamá: pena, decaimiento, soledad…

quizás el duelo de mi otro hermano la había dejado sin fuerzas, sin ánimo.

Estaba deprimida.

A pesar que estaba con mi hermana sentía soledad y tristeza.

Me acerco a ella para preguntarle qué había pasado, por qué esa sopa.

Me hizo un gesto de resignación y me dijo con dulzura, prepárame una tú,

“Por supuesto que sí, mamita”- le dije.

Fui a comprar verduras variadas, zanahorias, cebolla, apio,

cilantro, pimentón, papas, zapallo y otras

para prepararle una sopa colorida y que le subiera el ánimo.

Y así fue, comió y disfrutó mi sopa, se levantó

y salimos al jardín a disfrutar el paisaje, nos sentamos

unidas por el brazo y su cabeza sobre mi hombro,

permanecimos así por largo rato.

 

Cecilia Delherbe M. - 2026

 

Consigna: Cómo las manos expresan emociones.



 

jueves, 16 de abril de 2026


 Poesía

 

SENSACIÓN – LAS MANOS

 

Ahí estás, como siempre,

acurrucada a mis pies.

Pareces un cojín multicolor,

y a mí me gusta y me das calor.

 

A media noche trepas hasta la almohada, y

con mis dedos alcanzo a enredarlos en tu panza.

Me miras y sé que te gusta mi mano sobre ti.

Eres amorosamente arisca, por eso te quedas

y, me regalas un ronroneo hasta dormirnos.

 

Allí ambas, muy juntas, nos miramos y parece

que tú sabes, mi querida Valeria, que al apagar la luz

nos queda la esperanza de un nuevo amanecer.

 

                               Miriam Ortiz – 2026



miércoles, 15 de abril de 2026

 

El placer en mis manos.    

 

 

Mis manos.

 

Blancas banderas de paz

que se tienden livianas y suaves,

hojas de papel luminoso al atardecer

cuando descansar urge y llega el solaz.

 

Manos curtidas de amor y desdicha

que confortan, que acarician y sueñan.

Que vuelan tejiendo historias al aire,

que saben de luchas cuidando el linaje.

 

Que envuelven las ansias de vidas felices,

que enfrentan batallas cuidando el ropaje

como alas abiertas ante la adversidad.

Curando pacientes las cicatrices.

 

Extiendo las sábanas sobre las camas,

preparo la mesa con prisa y voluntad.

Pensando en mis manos y siento el placer

de verlas libres y lejos de toda maldad.

 

                       Ana María Muñoz – 2026

 

 

 

                              

 

 

martes, 14 de abril de 2026

 

Microcuento

 

Ex compañera

Íbamos caminando, mi sombra y yo, cuando ella se me adelantó para encontrarse con la sombra de él.

Las sombras se fundieron en una sola. Y yo las perdí.

Nela Bodoc – 2021

 

lunes, 13 de abril de 2026

 

Cuento infantil

 

 

EL DUENDE MÁGICO DEL BOSQUE

 

Ahí va Martín, el ruiseñor. Vuela de rama en rama anunciando la llegada de la primavera. Revolotea entre los arrayanes a punto de florecer y mostrar sus hermosas florecillas blancas que impregnan el bosque con su característico aroma. Se acerca al borde del lago, levanta el pico para sentir el aire fresco. Posa sus ojos en el agua que, cual espejo, le refleja su pequeña figura. Revolotea hacia atrás asombrado. El plumaje de sus alas y de su cresta se han pintado de un maravilloso azul tornasol -¿Cómo puede ser? se pregunta intrigado. Con el pecho blanco es un contraste elegante y nada común a su especie. Vuela apresurado a la cabaña cercana buscando a Don Ratón. Al llegar, lo encuentra sentado en un pequeño tronco probando tocar su violín.

¡Mírame amigo! -le dice alborozado- ¡Observa el color de mis plumas! No sé cómo pasó. Pero me siento único en el mundo.

Es extraño -le contesta Don Ratón -Yo también tengo algo que contarte. Esta mañana, cogí mi violín y al querer tocar mis habituales canciones, empecé a tocar insólitas sinfonías. Me convertí en un mago de mi instrumento. Vamos a contarle a María, se encuentra adentro durmiendo. Tal vez, con mi maravillosa música y tus resplandecientes colores logremos despertarla. Así será un día especial para los tres.

Se acercan a la cama y se forma un aura reluciente color mar que gira como un vals con las notas que mágicamente salen del violín. María abre poco a poco los ojos y se levanta transformada en una bella bailarina que rompía con el hechizo de haber sido llamada “la horrible durmiente”.

De pronto, todo queda en silencio, los tres se miran asustados; por la puerta entra un pequeño duende -Soy Pepe Aladino- dice -y se me pidió conceder tres dones a tres seres de esta arboleda. Los veo dichosos, pero todo tiene un precio. Deberán juntarse cada inicio de primavera, para cantar, tocar y bailar para alegrar a todos los animales del bosque, hasta el fin de sus días.

Analizaron la propuesta y aceptaron. No hay nada más agradable que hacer lo que a uno le gusta, con el esfuerzo de no faltar a la cita y hacer felices a los demás.

No hace falta decir que vivieron así por siempre.

 

Elisa Alzérreca – 2026

 

viernes, 10 de abril de 2026

 

                                    

                                                    Recuerdo de mi infancia.

Recuerdo a una vecina y compañera de escuela. Era un año mayor que yo. Como vivía cerca de casa a veces nos encontrábamos camino a la escuela. Sofía era muy buena alumna y me ayudaba cuando no entendía algo en clase. Además sus padres eran docentes y tenían una amplia biblioteca.

Sus padres y los míos acostumbraban a dormir siesta. Después del almuerzo, cuando ellos se retiraban a sus dormitorios, Sofía y yo nos encontrábamos en el patio y nos íbamos a un canal poco profundo, donde jugábamos con el barro. Había gusarapos, sapos y grillos.

Trepábamos a una higuera para cortar brevas e higos, y este hecho nos complicaba un poco porque en nuestras piernas y brazos, el roce de las hojas nos producía picazón e irritación en la piel, pero eso no evitaba que al día siguiente volviéramos a la aventura de jugar en el barro y trepar a la higuera.

Momentos hermosos que en mi memoria guardo con mucho amor.

                                                                          Estela Puebla - 2026



                                                                                        

jueves, 9 de abril de 2026

 

¿Qué siento en mis manos cuando tallo la piedra?

 

Tallar la piedra no es cualquier cosa,

Debes tener arte y fuerte tu alma.

Porque la piedra es dura y por cierto…muy pura.

Tómalo con calma, ella llegará a amarte,

Pásale la mano, te dirá la suerte

¡Ella habla! Si sabes escucharla.

No preguntes con tu mente

Sólo roza con el cincel la roca,

Ella canta y adelanta las cosas que debes hacer.

No te preocupes por lo que ves de frente

Porque la mente ya enfoca lo suficiente.

Pasa tu mano, retira lo que sobra,

Ella te muestra sus vetas rosas…

Calla, escucha…ella te habla.

 

Cristian Arnulphi – 2026

 

 

Consigna: Las emociones a través de las manos


 

 

miércoles, 8 de abril de 2026

 

 

SENTIMIENTOS DE INFANCIA

Cuando María comenzó a asistir a la escuela su mundo se transformó. ¡Todo era tan nuevo!

El primer día estaba asustada, había tanta gente en ése lugar. Ella que siempre estuvo con su madre y sus hermanos recluidos en su casa, se sentía incómoda.

Al pasar los días todo fue mejorando, poco a poco fue aprendiendo el nombre de sus compañeros y también haciendo amistad con las niñas.

La escuela era grande y muy vistosa, había murales en el patio y las aulas eran cálidas y luminosas. Las clases le parecían aburridas, pero cuando sonaba el timbre anunciando el recreo su corazón daba un vuelco de alegría.

Rosita, Elena, Analía y Elcira, se convirtieron en sus amigas más cercanas y juntas pasaban el recreo jugando en el patio, disfrutaban esos momentos entre risas y juegos.

En cambio con los varones el trato era muy diferente, solo compartía con ellos el saludo y algún comentario sobre lo que la maestra estaba enseñando.

Analía y Elena, sus queridas amigas vivían cerca de su casa, a unas pocas cuadras por lo que a veces pasaban las tardes jugando en casa de ella. La excusa era hacer las tareas, pero en realidad solo pasaban el tiempo jugando con las muchísimas muñecas que María tenía en su habitación, eran tan hermosas que parecían niñas, algunas morenas, otras eran rubias y hasta tenía una pelirroja. Ellas las peinaban y les cambiaban las ropitas como si fueran sus hijas, y entretenidas, no se daban cuenta que el tiempo pasaba hasta que la mamá de María, una señora cariñosa y amable, además divertida, las llamaba a tomar la merienda, y que algunas veces se ponía a jugar con ellas como si fuera una igual.

Eran tiempos hermosos de aprendizajes y juegos, eran niñas felices y estudiosas.

Cuando María festejó su cumpleaños en el mes de abril, ya los días otoñales eran frescos y lloviznaba suavemente por lo que “todo sería dentro de casa” eso dijo la mamá, quien había invitado a todos los compañeros de la clase.

Ese día jugaron todos juntos, estaban tan contentos y todo les parecía maravilloso.

Después de tomar el chocolate y devorar todo lo que había sobre la mesa quisieron salir a jugar al jardín, había cesado la tenue lluvia así que, la mamá de María estuvo de acuerdo, eso sí, recomendándoles que tengan cuidado de no caer.

Niñas y niños corrían entre rosales y jazmines para no ser manchados, es que ¿quién no jugó alguna vez a la mancha? todo era alegría en la fiesta de María. Hasta que se fueron a jugar a la galería embaldosada y un niño llamado Alberto resbaló y cayó pesadamente al suelo golpeándose la cabeza, todos se asustaron mucho; el muchachito estaba tendido en el piso, pálido llorando. Vino el médico y lo revisó de forma cautelosa, al cabo de algunos minutos Alberto se incorporó y el galeno dijo que estaba bien y que podían seguir jugando, pero dentro de la casa. “Nada de correr afuera” dijo.

Fue un tiempo precioso para esos niños que hoy son adultos y siguen conservando estos recuerdos y su bella amistad.

                                                               Ana María Muñoz – 2026



martes, 7 de abril de 2026

 

 

En la calle

Una señora mayor cruzaba la calle correctamente, cuando el semáforo se lo permitió y a un auto que dobló la esquina y su conductor, impaciente, asomando su cabeza le dijo: -Apurate, vieja-

La señora, sin perder la compostura, bajando su barbijo para mostrar todo su sereno rostro, le contestó: -Gracias joven, pido a Dios le dé a usted larga vida, así podrá recibir un bello saludo como el que hoy me brinda.

Asumi- 2021

 

lunes, 6 de abril de 2026

 

 

MANOS TRÉMULAS

 

Manos blancas e inquietas,

se apoyan, cual pájaros,

en los brazos del asiento,

pasivas pero alertas acompañan,

a su dueño en su tormento.

 

Comienza la ruidosa labor,

que las crispa a cada momento,

los dedos finos se entrelazan,

en señal de súplica por aliento.

 

Se aprietan, se enfrían,

se tornan puño de nuevo.

Añoran que pase el tiempo,

que vuelvan a soltarse

con gran alivio y volar al viento.

 

Elisa Alzérreca – 2026

 


 

viernes, 3 de abril de 2026

 


El mar devuelve a la playa

lo que un día se llevó,

y con caricias de amor

la baña todos los día.

Mi alma es también bendecida,

día a día mi Señor,

y devuelvo en mis versos

lo que recibo, mi Dios.

Alberto Coronel.



jueves, 2 de abril de 2026

 

Reflexión

 

 

Cada día, cada paso es una decisión propia, íntima.

 

Cada ser es artífice de su destino.

 

Puedo dormir toda mi vida culpando a los demás de mi suerte o puedo hacerme cargo de los resultados.

 

Asumi- 2002



 

 

    CONECTAR CON MI CUERPO… Y YO   Una voz serena y pausada me pide acomodar mi cuerpo. El peso de muchos kilos me aprieta contra la s...