miércoles, 8 de abril de 2026

 

 

SENTIMIENTOS DE INFANCIA

Cuando María comenzó a asistir a la escuela su mundo se transformó. ¡Todo era tan nuevo!

El primer día estaba asustada, había tanta gente en ése lugar. Ella que siempre estuvo con su madre y sus hermanos recluidos en su casa, se sentía incómoda.

Al pasar los días todo fue mejorando, poco a poco fue aprendiendo el nombre de sus compañeros y también haciendo amistad con las niñas.

La escuela era grande y muy vistosa, había murales en el patio y las aulas eran cálidas y luminosas. Las clases le parecían aburridas, pero cuando sonaba el timbre anunciando el recreo su corazón daba un vuelco de alegría.

Rosita, Elena, Analía y Elcira, se convirtieron en sus amigas más cercanas y juntas pasaban el recreo jugando en el patio, disfrutaban esos momentos entre risas y juegos.

En cambio con los varones el trato era muy diferente, solo compartía con ellos el saludo y algún comentario sobre lo que la maestra estaba enseñando.

Analía y Elena, sus queridas amigas vivían cerca de su casa, a unas pocas cuadras por lo que a veces pasaban las tardes jugando en casa de ella. La excusa era hacer las tareas, pero en realidad solo pasaban el tiempo jugando con las muchísimas muñecas que María tenía en su habitación, eran tan hermosas que parecían niñas, algunas morenas, otras eran rubias y hasta tenía una pelirroja. Ellas las peinaban y les cambiaban las ropitas como si fueran sus hijas, y entretenidas, no se daban cuenta que el tiempo pasaba hasta que la mamá de María, una señora cariñosa y amable, además divertida, las llamaba a tomar la merienda, y que algunas veces se ponía a jugar con ellas como si fuera una igual.

Eran tiempos hermosos de aprendizajes y juegos, eran niñas felices y estudiosas.

Cuando María festejó su cumpleaños en el mes de abril, ya los días otoñales eran frescos y lloviznaba suavemente por lo que “todo sería dentro de casa” eso dijo la mamá, quien había invitado a todos los compañeros de la clase.

Ese día jugaron todos juntos, estaban tan contentos y todo les parecía maravilloso.

Después de tomar el chocolate y devorar todo lo que había sobre la mesa quisieron salir a jugar al jardín, había cesado la tenue lluvia así que, la mamá de María estuvo de acuerdo, eso sí, recomendándoles que tengan cuidado de no caer.

Niñas y niños corrían entre rosales y jazmines para no ser manchados, es que ¿quién no jugó alguna vez a la mancha? todo era alegría en la fiesta de María. Hasta que se fueron a jugar a la galería embaldosada y un niño llamado Alberto resbaló y cayó pesadamente al suelo golpeándose la cabeza, todos se asustaron mucho; el muchachito estaba tendido en el piso, pálido llorando. Vino el médico y lo revisó de forma cautelosa, al cabo de algunos minutos Alberto se incorporó y el galeno dijo que estaba bien y que podían seguir jugando, pero dentro de la casa. “Nada de correr afuera” dijo.

Fue un tiempo precioso para esos niños que hoy son adultos y siguen conservando estos recuerdos y su bella amistad.

                                                               Ana María Muñoz – 2026



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