Cuento infantil
EL DUENDE
MÁGICO DEL BOSQUE
Ahí va Martín, el ruiseñor. Vuela de rama en rama anunciando
la llegada de la primavera. Revolotea entre los arrayanes a punto de florecer y
mostrar sus hermosas florecillas blancas que impregnan el bosque con su característico
aroma. Se acerca al borde del lago, levanta el pico para sentir el aire fresco.
Posa sus ojos en el agua que, cual espejo, le refleja su pequeña figura.
Revolotea hacia atrás asombrado. El plumaje de sus alas y de su cresta se han
pintado de un maravilloso azul tornasol -¿Cómo puede ser? se pregunta
intrigado. Con el pecho blanco es un contraste elegante y nada común a su
especie. Vuela apresurado a la cabaña cercana buscando a Don Ratón. Al llegar,
lo encuentra sentado en un pequeño tronco probando tocar su violín.
¡Mírame amigo! -le dice alborozado- ¡Observa el color de mis
plumas! No sé cómo pasó. Pero me siento único en el mundo.
Es extraño -le contesta Don Ratón -Yo también tengo algo que
contarte. Esta mañana, cogí mi violín y al querer tocar mis habituales
canciones, empecé a tocar insólitas sinfonías. Me convertí en un mago de mi
instrumento. Vamos a contarle a María, se encuentra adentro durmiendo. Tal vez,
con mi maravillosa música y tus resplandecientes colores logremos despertarla. Así
será un día especial para los tres.
Se acercan a la cama y se forma un aura reluciente color mar
que gira como un vals con las notas que mágicamente salen del violín. María
abre poco a poco los ojos y se levanta transformada en una bella bailarina que rompía
con el hechizo de haber sido llamada “la horrible durmiente”.
De pronto, todo queda en silencio, los tres se miran
asustados; por la puerta entra un pequeño duende -Soy Pepe Aladino- dice -y se
me pidió conceder tres dones a tres seres de esta arboleda. Los veo dichosos, pero
todo tiene un precio. Deberán juntarse cada inicio de primavera, para cantar,
tocar y bailar para alegrar a todos los animales del bosque, hasta el fin de
sus días.
Analizaron la propuesta y aceptaron. No hay nada más agradable
que hacer lo que a uno le gusta, con el esfuerzo de no faltar a la cita y hacer
felices a los demás.
No hace falta decir que vivieron así por siempre.
Elisa Alzérreca
– 2026
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