¿Por qué
escribo?
Esta pregunta me la hice muchas veces. No tengo una
respuesta que sea precisa, exacta, o que defina una acción.
Escribo desde que comenzó la aventura de descubrir que unos
grafismos representaban mi nombre y así descubrí un mundo.
Escribo como un juego que me acercaba a mi mamá,
garabateando cerca de ella, cuando hacía sus tareas de maestra.
Escribo en casi todas las variantes y variaciones, con
muchas y pocas palabras.
Escribo, sobre todo, porque me gusta volar con la
imaginación y aterrizar con el lápiz apoyado en el papel, encontrando desafíos,
misterios, canciones, aventuras que sacuden la comodidad que me habita.
Así, la pluma y la palabra reconstruyen mundos y expanden
sentires, observando como un ajeno, el inconexo tejido mental que toma forma en
la breve creación que sale de mí.
Escribo entendiendo que hoy es un desafío para mi calma y el
intelecto que se escapa.
Escribo porque algo que empezó como un juego hoy quiere
seguir siéndolo, donde corro sin agitarme, juego a la mancha y no me mancho,
descubro el amor y elijo el final, con libertad y seguridad.
Estela Iris – marzo 2026
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