martes, 31 de marzo de 2026


 Narración

 

 

MIS AMIGOS DE LA INFANCIA

Era verano y eso llamaba a estar jugando en la calle, las temperaturas son muy altas.

Nuestros papás nos daban cierto horario para regresar a casa y lo más limpitos posible.

Nos reuníamos cerca de las dieciocho horas y de allí dábamos ideas de a qué jugar y sorteábamos.

Éramos cuatro varones y tres niñas, así es que debíamos acordar algo donde pudiésemos jugar todos.

Elegimos jugar a las escondidas. Los varones siempre más hábiles y ágiles, ellos buscaban buenos lugares para esconderse, en las acequias, bajo o sobre algún auto estacionado cerca, se trepaban a los árboles, es decir nunca los encontrábamos cuando nos tocaba contar a alguna de las niñas. Cuando ellos contaban nos encontraban rápidamente.

Una tardecita-noche, le tocó contar a un varón y, nosotras salimos corriendo a buscar donde escondernos. Yo, siempre le tuve miedo a la oscuridad. Entonces decidí esconderme detrás de un macetón que tenía doña Rita en su jardín.

Fue oscureciendo, a mí no me daba para salir a librarme. Pasaron varios juegos y distintos amiguitos siguieron contando, mientras yo seguía en el mismo lugar. A la larga cuando se dieron cuenta que yo no aparecía comenzaron a buscarme.

Y, salió doña Rosa, la dueña de casa muy asustada porque sentía que me nombraban muy insistentemente. Doña Rosa, parada al lado mío y mirándome, les gritó a los chicos: ¿A quién buscan? ¡Aquí hay alguien –señalándome- que está con los ojos cerrados y los oídos tapados! -Esa era yo.

Los chicos nunca más me invitaron a jugar a las escondidas.

Y, doña Rosa sacó el macetón.

                                                                              Miriam Ortiz – 2026


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