Narración
MIS AMIGOS DE
LA INFANCIA
Era verano y eso llamaba a estar jugando en la calle, las
temperaturas son muy altas.
Nuestros papás nos daban cierto horario para regresar a casa
y lo más limpitos posible.
Nos reuníamos cerca de las dieciocho horas y de allí dábamos
ideas de a qué jugar y sorteábamos.
Éramos cuatro varones y tres niñas, así es que debíamos
acordar algo donde pudiésemos jugar todos.
Elegimos jugar a las escondidas. Los varones siempre más
hábiles y ágiles, ellos buscaban buenos lugares para esconderse, en las
acequias, bajo o sobre algún auto estacionado cerca, se trepaban a los árboles,
es decir nunca los encontrábamos cuando nos tocaba contar a alguna de las
niñas. Cuando ellos contaban nos encontraban rápidamente.
Una tardecita-noche, le tocó contar a un varón y, nosotras
salimos corriendo a buscar donde escondernos. Yo, siempre le tuve miedo a la
oscuridad. Entonces decidí esconderme detrás de un macetón que tenía doña Rita
en su jardín.
Fue oscureciendo, a mí no me daba para salir a librarme.
Pasaron varios juegos y distintos amiguitos siguieron contando, mientras yo
seguía en el mismo lugar. A la larga cuando se dieron cuenta que yo no aparecía
comenzaron a buscarme.
Y, salió doña Rosa, la dueña de casa muy asustada porque
sentía que me nombraban muy insistentemente. Doña Rosa, parada al lado mío y
mirándome, les gritó a los chicos: ¿A quién buscan? ¡Aquí hay alguien
–señalándome- que está con los ojos cerrados y los oídos tapados! -Esa era yo.
Los chicos nunca más me invitaron a jugar a las escondidas.
Y, doña Rosa sacó el macetón.
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