CULTIVAR LA
PAZ EN MI BARRIO
Desde lo profundo del
sentimiento, busco la sonrisa
en el rostro de mis vecinos, sus
miradas hoscas
me producen pavor, es como si
quisieran
traspasar mi mente, hurgar en mi
ser.
Los saludo queriendo romper el
hielo
de sus corazones atormentados,
tantos años
viéndonos en la vereda sin cruzar
palabras
como si fuésemos extraños.
He intentado algunas veces llegar
a ellos,
preguntarles el por qué de su
apatía.
Les hablé de mis plantas
reverdeciendo en la
tibia primavera que se asoma
sigilosa entre nostálgicos
amaneceres retrasados, después de
haber soportado
las heladas del rudo invierno que
las lastimó.
La frialdad de sus saludos de
cortesía es similar
al saludo riguroso que nos dan
las oficinas
del espacio Municipal.
Como si saludar fuese una
molestia y no una acción
fraternal de paz y alegría para
el alma.
¿Será que la vida les apagó la
felicidad de sentir empatía?
Tal vez sus sueños no cumplidos
les impiden comunicar
afecto a las personas que les
rodean.
Yo seguiré deseando a mis vecinos
paz y prosperidad,
buena salud, buena vida.
Ana María Muñoz – 2025
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