De la imaginación
Don
Marcelo.
Se jubiló, siempre había trabajado en la cervecería, desde
que era soltero. Se casó con una buena mujer y formaron una familia, que con el
tiempo creció en tres miembros más.
Adquirieron una casa cómoda en un barrio que construyó el
gremio, lindo barrio, todos se conocían en algún modo, y poco a poco se
convirtió en una comunidad sencilla y alegre.
Ahora jubilarse no era fácil, todo su mundo conocido se
reducía a la mitad ¿Qué haría con el tiempo libre? Le aconsejaron muchas cosas,
pero él no tomó ninguna porque las consideraba no un entretenimiento sino una
obligación, y eso quedaba en el pasado, así que cada día salía a la puerta de
calle, en una posición de brazos cruzados sobre el pecho, a ver quién pasaba, y
como todo el mundo lo conocía, encontraba algún interlocutor de vez en cuando o
alguien que solamente lo saludaba amablemente.
Cinco años repitió su rutina, pero un día la muerte lo
sorprendió mientras dormía, sí, de golpe, solo desapareció del paisaje.
Algunos se enteraron... pocos.
Y pasaron los años, y en un pequeño negocio que estaba en su
misma vereda, en el que yo me encontraba, entró una señora y comentó: “Pobre
don Marcelo, me da tanta lástima verlo siempre en la puerta, y ya ni siquiera
contesta el saludo”
A lo que el comerciante contestó sorprendido: “¡Pero don
Marcelo murió hace cinco años!”
La mujer creyó que era una broma, aseguró: “No me asuste,
acabo de verlo, como todas la veces que paso por ahí”
Asumi- 2023
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