miércoles, 5 de noviembre de 2025

 

De la imaginación

 

                                               Don Marcelo.

Se jubiló, siempre había trabajado en la cervecería, desde que era soltero. Se casó con una buena mujer y formaron una familia, que con el tiempo creció en tres miembros más.

Adquirieron una casa cómoda en un barrio que construyó el gremio, lindo barrio, todos se conocían en algún modo, y poco a poco se convirtió en una comunidad sencilla y alegre.

Ahora jubilarse no era fácil, todo su mundo conocido se reducía a la mitad ¿Qué haría con el tiempo libre? Le aconsejaron muchas cosas, pero él no tomó ninguna porque las consideraba no un entretenimiento sino una obligación, y eso quedaba en el pasado, así que cada día salía a la puerta de calle, en una posición de brazos cruzados sobre el pecho, a ver quién pasaba, y como todo el mundo lo conocía, encontraba algún interlocutor de vez en cuando o alguien que solamente lo saludaba amablemente.

Cinco años repitió su rutina, pero un día la muerte lo sorprendió mientras dormía, sí, de golpe, solo desapareció del paisaje.

Algunos se enteraron... pocos.

Y pasaron los años, y en un pequeño negocio que estaba en su misma vereda, en el que yo me encontraba, entró una señora y comentó: “Pobre don Marcelo, me da tanta lástima verlo siempre en la puerta, y ya ni siquiera contesta el saludo”

A lo que el comerciante contestó sorprendido: “¡Pero don Marcelo murió hace cinco años!”

La mujer creyó que era una broma, aseguró: “No me asuste, acabo de verlo, como todas la veces que paso por ahí”

                                                                              Asumi- 2023

 

 

 

 

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