Cuento
LA MARIPOSA GRANDE QUE HIZO
TEMBLAR AL CACTUS INHÓSPITO
Hay un centinela junto al muro, que protege la vivienda de
los maleantes que deambulan en busca de lo ajeno. Nadie osa acercarse donde él
permanece inmutable.
No se mueve jamás, pero cuando alguien intenta llegar a su
lado, él con mucha calma y parsimonia saca a relucir sus largas y temerarias
espinas, que de solo verlas, los intrusos huyen despavoridos.
No hay abejas, ni mosquitos, ni chinches del arce, ni moscas
que lograran posarse en él ni siquiera un instante, porque saben que de hacerlo
tendrían una muerte dolorosa e instantánea.
Una mañana agradable de otoño me senté en el jardín a leer,
arropado por el tibio sol de mayo. De repente se posó en la página diecinueve
de mi libro, una bellísima mariposa multicolor; me impresionó su tamaño fuera
de lo común. Era grande, muy grande.
Se quedó quieta y en silencio, solo me observaba, yo hice lo
mismo.
La miraba embelesado sin moverme para que no se fuera, pero
ella al cabo de unos segundos levantó el vuelo. La seguí con la mirada y… ¡Oh
sorpresa! se posó en la frente del cactus inhóspito, éste se quedó quieto,
temblando ante tanta belleza y yo, que miraba incrédulo al centinela guardián
espinudo, me sentí feliz por haber ido a leer al jardín.
Any Muñoz – 2025
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