Cuento
El
reloj chino.
El reloj rosado
murmuraba desde la pared, no con ritmo, como los relojes antiguos que decían
tic tac, ni como los que siguieron después que avanzaban con quejas haciendo un
esfuerzo, éste rezonga, murmura con un murmullo como si lo hiciera entre
dientes, no tiene dientes, más bien parece que mascullara palabras duras sobre
alguien que está presente pero que no se ve en la escena.
Él rompe la
pálida monotonía de la vieja pared, que se esmera en parecer recién pintada
aunque no logra disimular su vejez.
Pero tiene un
problema, bueno, no un problema, más bien un inconveniente. Nadie lo acaricia
dándole cuerda cada mañana para que funcione, sólo le colocan una fría batería
y no recibe más atención, solo alguna mirada fugaz de alguien apurado.
Y otro
inconveniente, al que sí podríamos ver como problema, es la gata de la casa,
que está empeñada en llegar hasta él, quizás para averiguar por qué murmura, o
tal vez para hacerlo callar para siempre.
¿Qué pensará el
reloj? ¿Pensará?
Marta
Ibáñez - 2025
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