miércoles, 24 de septiembre de 2025

 

REFLEXIÓN

 

 FALTA DE AMOR COTIDIANO

Tuve la suerte de vivir en los años dorados, como muchos le llaman. Soy de la clase de mil novecientos sesenta y uno, y siento que la sociedad ha cambiado tanto... ¡No para mejor!

Fue la época en la que no teníamos tanta tecnología. Todo se creaba, y para los niños jugar era lo más importante. Mamá estaba en casa y elaboraba las comidas. La hora del almuerzo era el momento para la colaboración, el diálogo, el respeto, dar las gracias... ¡Buen provecho! se decía al retirarse de la mesa, y las discordias se armaban por quién levantaba la loza.

Hoy siento que la sociedad, o mejor expresado, nosotros, miramos hacia el costado. Nadie quiere involucrarse, y vale el ¡sálvese quien pueda! El disfrute y los excesos subieron de categoría. Envejecer es una tragedia del universo, y no se lo interpreta como el ciclo de la vida. Ni qué decir de la discriminación: si sos bajo, obeso, extra delgado, de nariz grande o si tenemos algún defecto físico... Siempre viene a mi mente el ejemplo de la cantante Barbra Streisand: su voz inigualable, ella nunca pasó por una cirugía y brilló con luz propia. Imagino y más en ese ámbito, donde además fue actriz, debe haber recibido propuestas para una cirugía de nariz.

Vivimos en el mundo de la perfección, de lo inmediato, hacer lo que sientas, sin importar cuál es el costo o si perjudica a alguien. Además, envidiamos las vidas ajenas que los medios de comunicación y las redes nos muestran. No atendemos ni valoramos los lazos que hemos construido en casa. Quizás no son las relaciones más perfectas, pero son las que pudimos crear a base de esfuerzos, valores, colaboración y errores, pero con mucho amor. Y tiene un nombre: se llama FAMILIA.

Siento que tengo el compromiso de trabajar por la paz, con lo que tengo en mis manos ¡A mi alcance!

Los adverbios interrogativos giran por mi cabeza: ¿cómo?, ¿dónde?, ¿cuándo?, ¿por qué? Invaden mi cerebro al pensar en colaborar en esta sociedad.

¿Cómo? Amando, con pequeños gestos cotidianos, a mi familia y a los demás.

¿Dónde? En la calle, en la verdulería, en el negocio, el colectivo, cediendo el paso, un llamado telefónico... Un gesto de agradecimiento.

¿Por qué? Una sonrisa puede ser el resultado positivo para muchos males de otros. Quizás ese gesto mínimo para nosotros puede hacer que cambie la historia a alguien.

¿Cuándo? Quedarme en mi comodidad y no salir de mi zona de confort atenta contra mi salud. La televisión, cada vez más grande y seductora, los podcasts, los streamings y las series son una tentación, más si sumo las horas de sillón, además de mirarme el ombligo sin abrir la ventana...

Con esta sumatoria, No haré un aporte altruista y solo seré... ¡UN VIVIENTE MÁS!

                                                               Ana Lucila Osorio - 2025



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