Salgo al balcón de mis sueños
Por su
inmenso ventanal
Y dejo
abierto el portal
Para
que ingrese la vida,
Que su
aguas cristalinas
Calmen
la sed de mi huerto.
Las amarras de mi puerto
Sujetan mis esperanzas,
Los vientos de la templanza
Inflan mis velas de amor,
Y pongo mi cara al sol
En busca de sus secretos.
Eres mi fe, mi Señor,
Y tus legiones del cielo,
Salgo al ruedo en este suelo,
Donde hay tanto dolor.
El surco germinador
Dará el fruto de la tierra
Donde su única guerra
Es producir con fervor
Acentuando el tesón
Que toda su ciencia encierra.
El trigo dará su pan
Para que el hombre en su afán
Reponga fuerzas del día,
Y le abastezca a su cría
Con su ejemplo de sudor.
No hay lugar para el lamento,
Y cada uno en su tiempo
Sembrará sobre su era,
Como amor de primavera,
Las semillas que creyera
Oportuno cultivar,
Para luego retirar,
Ese fruto que va dando;
Y si es magra la cosecha
Siempre hay que seguir sembrando.
Cada uno habrá de ver
La senda que ha de seguir,
Y yo quiero elegir
Un camino de esperanza
Donde germinen las ansias
En un cercano horizonte,
Y ver bien de cerca el brote
Como fruto del mañana
En donde cada semana
Empuje a seguir creciendo.
En el amor voy creyendo
Y esa fuerza me engalana.
Alberto Coronel - 2025
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