Dialogo
EL VIAJE
INESPERADO
Desde temprano las cosas se fueron complicando, la verdad es
que en nuestra familia siempre cualquier situación resulta un caos difícil de
resolver.
Cuando empezaron a llegar mis hermanas me di cuenta que en
ésta ocasión todo sería como de costumbre. Susana, bulliciosa y atolondrada
llegó diciendo que tenía apuro y que no se quedaría mucho tiempo, que tenía
cosas que resolver con urgencia.
María Celeste al contrario, silenciosa y amable saludó desde
la puerta con un brazo en alto y una linda sonrisa.
Yo había llegado temprano y estaba con papá esperándolas en
el living de la casa.
Habíamos almorzado juntos, charlamos de cosas sin mayor
importancia. Soy el mayor, me llamo Andrés y lo visito a menudo, pensé que me
adelantaría algo de lo que trataríamos en la reunión familiar, pero no fue así.
-Bueno, a ver, ya que estamos todos intrigados por saber lo
que papá nos quiere comunicar, empecemos de una vez- dijo Susana muy molesta.
-Todo a su tiempo hija- dijo papá tranquilamente.
Justo cuando María Celeste se levantó para decir algo, entró
a la sala la señora Gertrudis trayendo una bandeja con refrescos y otra con
bocaditos dulces.
-¡Hola, hola! ¿cómo están mis queridos chicos? -Saludó
alegremente.
Todos la saludamos con cariño, ella trabajó siempre en
nuestra casa y le tenemos un gran aprecio, ya que cuando mamá se marchó fue la
persona que nos crio con dedicación y esmero.
Una vez terminado el refrigerio nuestro padre se puso de pie
y habló. Preciso y conciso: -Les hice venir porque quiero comunicarles que me
voy a vivir a Europa y Gertrudis irá conmigo. Vendí la casa, también el coche.
Vuestra madre nos espera en la ciudad de Barcelona en España, eso es todo lo
que tenía para decirles- Inspiró tres veces, luego salió dirigiéndose a la puerta
principal.
En la sala todos quedamos en silencio.
Ana María Muñoz – 2025
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