jueves, 23 de octubre de 2025

 

Reflexión

 

 

                                                               ¿Qué es el amor?

Es empatía. Es amistad. Es cercanía. Es familia. Es respeto.

En un mundo de redes de comunicación exageradas, donde cualquier persona puede, escudada en el anonimato, emitir juicios sobre alguien, persona o cosa, como si supiera todo al respecto de lo que está opinando. Donde quien tiene a mano un instrumento así puede carecer de respeto por los demás, y por sí mismo, porque quien se viste de irrespeto se carga de negatividad, “cosecha lo que siembra”, dice el antiguo refrán.

Pero yo ¿Qué tengo en mi mente? ¿Qué tengo en mi corazón?

Como dice la fábula de los dos lobos, el lobo bueno y el lobo malo, ¿a cuál alimento?

¿Cuáles son las herramientas que he adquirido a lo largo de mi vida? ¿Las utilizo?

El perdón es una de ellas, y la que más me cuesta aplicar, ya que mi suceptibilidad es enorme. Solo revisando mis sentimientos y verme frente a frente con esa situación puedo tratar de no cargar con eso en mi mochila por mucho tiempo o dejar mi existencia anclada en ese resentimiento.

Otra herramienta que me resulta es la oración. Orar por mí, para que pueda perdonar, por las personas, por los animales, por las plantas, por el Planeta.

El respeto. Este es un ejercicio olvidado por el que tengo que esforzarme en practicarlo, porque la sociedad ha debido crear leyes y normas para la convivencia, pues somos la única especie que es cruel con sus iguales. Es la práctica más huidiza, porque salvo excepciones, me es difícil cuando nadie me observa.

El campo de cultivo de los rayos del amor es inmenso: todo el planeta, todo el universo, toda la humanidad, todos los seres vivos.

En esta vida recibí tanto amor que no debo acumularlo, sino sembrarlo, regarlo, cultivarlo.

Donarlo, regalarlo.

Debo empezar por amarme, pues no mantener agua limpia en un recipiente sucio. Y para eso es la reflexión, lo que puedo hacer cada día, vaciando mi cuenco cada noche, agradeciendo mi despertar cada mañana disponiéndome a vivir: a convivir.

                                                                              Asunción Ibáñez – 2025

 

 

 

 

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