¿Dominar la
mente?
Era la segunda sesión de Marcela con la psicóloga que le
habían recomendado. No era muy afecta a las terapias, pero se vio en una
situación que la había sobrepasado y aceptó recibir ayuda.
Últimamente, por circunstancias de todo tipo, se volvió
extremadamente ansiosa, sentía que estaba perdiendo el control.
En el trabajo, su nueva jefa, una mujer muy autoritaria, la
había tomado entre ojos y le hacía la vida imposible.
La economía no le estaba funcionando muy bien, se atrasó con
el pago de varias cuotas de su tarjeta de crédito. Además el propietario le
aumentó considerablemente el alquiler.
Como si todo esto fuera poco, se enteró que su novio la
engañó, nada menos, con su prima hermana.
Al terminar la jornada, caía exhausta en la cama. En
segundos se entregaba a los brazos de Morfeo. Pero empezó a tener problemas
para quedarse dormida.
A veces se despertaba a las tres de la mañana, se desvelaba
y lograba dormirse media hora antes de que sonara el despertador.
La sicóloga le cayó muy bien. Después del primer encuentro
se sintió confiada. Decidió que era una buena idea, ponerse en sus manos. Después
de una corta charla, la profesional le pidió que cerrara los ojos, relajara los
hombros, dejara caer los brazos a los costados, que hiciera silencio y que no
pensara en nada. Bastó que le dijera eso para que por su cabeza pasaran cientos
de imágenes, pensamientos, y emociones en tropelía. Se le vinieron a la mente
su jefa, su ex novio, sus deudas, las noticias de la TV, los vecinos escandalosos
y algunas cosas más.
-¡Es muy difícil no pensar en nada! En mi cabeza no existe
el silencio- dijo Marcela.
-No se desanime- le aconsejó la terapeuta- Intente de nuevo.
Le voy a enseñar un recurso que es de gran ayuda: la respiración consciente.
Inhale lentamente, contando hasta cuatro, retenga el aire cuatro segundos y
exhale en ocho segundos. Mantenga la atención en ello. Si la asalta algún
pensamiento, vuelva a la respiración todo lo que sea necesario- Agregó con voz
suave.
Para Marcela fue como un milagro. Por unos minutos,
experimentó una paz, casi desconocida. Se había olvidado, por el momento, de
todo lo que la afligía.
Siguió con la terapia, las sesiones y las técnicas de
respiración unos cuantos meses. Todo esto la ayudó a tomar decisiones importantes.
Se buscó otro trabajo, se deshizo de los recuerdos tóxicos,
bloqueó a su prima de las redes. Se volvió más ordenada con sus gastos. Trató
de mejorar la relación con sus vecinos siendo más comunicativa.
Siempre se puede hacer algo para mejorar la vida y tener
presente cuánto nos puede ayudar la respiración consciente.
Nela Bodoc – 2025
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