Personaje
Rosalinda
Mi tía Rosalinda,
en realidad era mi tía segunda, o sea prima hermana de mi madre, y tampoco su
nombre era Rosalinda, ese era el nombre que ella eligió porque no le gustaba el
que le pusieron sus padres: Polonia.
Alta, nariz
aguileña, ojos, cejas y cabello oscuro, porte elegante, aun lucía hermosa como
una estatua griega cuando araba la chacra conduciendo un tractor, lo que le
gustaba mucho.
Tenía también muy
buen gusto para su ropa fina y elegante, la que guardaba “para salir”, como se
decía en los años sesenta. Cuando salía en su reluciente Ford Falcon parecía
una mujer de la realeza.
Vestía modelos
Dior que le confeccionaba su modista copiando de los figurines y revistas de la
época, y los acompañaba con accesorios delicados para cada ocasión.
Para los días de
otoño solía salir con un hermoso paraguas aunque no hubiera amenaza de lluvia,
que le daba un aire de majestuosidad; y lo acompañaba con unos guantes de
gamuza de color marfil y zapatos de taco aguja al tono.
Si iba de compra
llevaba una carterita roja, con zapatos del mismo color, y en su cabeza una
boina del tono de su traje sastre.
Para ir a misa
cubría su elegante cabeza con un casquito con algo de tul oscuro que lucía una
flor de tela a un costado, la que hacía juego con el color de sus guantes
largos hasta el codo, y, por supuesto, combinaban con sus zapatos de taco alto
y fino, mientras adornaba su cuello un delicado collar de tres vueltas de
perlas.
Más para los tés
y los bingos solía ser más informal: una cartera de cuero marrón, zapatos
bajos, guantes que no se colocaba sino que servían como elemento de lujo.
Blusas y pullovers de tonos claros y una cadenita en su cuello con una medalla
con la imagen del Sagrado Corazón, que tenía siete diamantes incrustados
alrededor.
Esa era mi tía
Polonia, o sea: Rosalinda por elección.
Marta Ibáñez – 2025
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