Madre
Una
mujer inolvidable.
Te recuerdo siempre, cada mañana, cada día, tú, madre mía.
Permanece en mí haber tu herencia, las bellas manualidades
que hacías para no tirar nada.
De ti aprendí la economía providencial. Donde un mantel
viejo se convertía en pulcras servilletas; con los abrigos de paño que ya no
nos entraban los descosías y superpuestos los trozos aun reconocibles en un
ajustado rompecabezas lograbas un acolchado calentito para las noches de
invierno. Y a los sacos tejidos que eran chicos o rotos por los codos los
destejías, lavabas cuidadosamente la lana y la juntaba con otra y estrenábamos
nueva prenda más a la medida de nuestro crecimiento. Nunca tus manos se quedaban
quietas, siempre creando.
Creando también diariamente recetas deliciosas y nutritivas,
y conservando productos de estación para el invierno y fabricando mermeladas y
dulces para todo el año.
Otra cosa que recuerdo, y que también quedó en la memoria de
quienes te conocieron, es tu permanente estado positivo: nunca te lamentabas,
aun en las situaciones más difíciles, que no fueron pocas. Y tu optimismo,
siempre presente, hasta tu último instante.
Y tu permanente agradecimiento.
Estos valores nos heredaste, no una fortuna monetaria ¿para
qué? Si nos enseñaste respeto respetando a los seres y a las cosas.
Enseñaste amor del mismo modo, considerando a todos los
seres como tus iguales, con sencillez
Y siempre estabas satisfecha, porque, decías, “Lo único que
no tenemos dinero, por lo demás somos ricos”
Gracias mamá por enseñarme durante tus noventa años de vida
sin prédicas ni comparaciones. Solo respirando vida simple y amorosa.
Marta – 2025
No hay comentarios:
Publicar un comentario