Cuento
Viaje en el
tiempo.
Me llamo Mariana. Escribo esto que estoy transitando que más
parece un sueño, una pesadilla. Y si es eso, es una pesadilla por más extraña,
porque ha sido liberadora.
Mejor comienzo viéndome en el depósito de la memoria, que
tampoco sé qué fue real y qué fue elaborado por mis fantasías.
Solo sé que nací en una pequeña familia, un papá, una mamá y
un hermanito un año mayor que yo. Y eso no me hizo feliz, no sé por qué. Yo
estaba enojada, sí, enojada por estar en esta vida, una sensación de ser una
adulta en un cuerpo de niña. Y tenía una fantasía, que no era imaginar que yo
era una princesa y que en el hospital en que nací alguien me entregó
equivocadamente a esta familia, no. Esa fantasía era que yo era una niña
verdugo, y que castigaba a las personas malas con un látigo que tenía varias
tiras de cuero en lugar de una. Y a veces eran tantos los latigazos que
prodigaba que me sentía exhausta.
Ese cansancio me fue
invitando a dejar esas creaciones imaginarias y fueron apareciendo los síntomas
de enfermedades respiratorias.
Pasé de ser una niña enojona a ser una niña débil y quejosa.
Poco a poco las alergias comenzaron a ocupar todo mis días, y mis noches. De
ser una niña peleona a ser una niña frágil. De ser una mocosa insufrible e
independiente a ser una no menos insufrible que requería toda la atención de mi
familia, de que no me importaran los cambios de temperatura a los cuidados
extremos.
Y así pasé a la adolescencia, limitando mis actividades. No
aceptaba hacer gimnasia, me agitaba. Salía con mi familia de picnic y en mis
bolsillos iba mi inhalador al que recurría con más frecuencia de lo necesario,
o íbamos en grupo a la nieve y yo, envuelta en abrigos, esperaba verlos
descender haciendo piruetas sobre los esquíes mientras reían y se divertían.
Tampoco iba a fiestas, por el humo de los cigarrillos en el ambiente, que en
ese entonces se permitía fumar y era una moda muy aceptada.
De adulta comencé a hacerme responsable de mis malestares.
Busqué los mejores especialistas en la materia y seguir al pie de la letra sus
indicaciones, a hacer yoga y tai chi, a tratamientos alternativos, a meditar
cada mañana y asistir a retiros, y cada uno de este nuevo orden me permitía sentirme
mejor, más libre, más normal. Aunque seguí con mis alergias, mis problemas
respiratorios con el polen o el polvo, e incluso los estados de ánimo me
afectaban.
En una meditación que hacíamos al final de la clase de yoga,
la profesora nos invitó a que soltáramos el control de lo que pensábamos, que
dejáramos espacio, y en mi imaginario apareció una idea, que en otro tiempo y
espacio, en otra vida, mi alma sufrió una traición muy dolorosa. Esto me golpeó
fuerte aunque yo “sabía” que era un juego de mi imaginación.
Un día una amiga me aconsejó que hiciera una constelación
familiar. Pero dije que lo pensaría, y por más que lo pensé no me sentía
atraída por ponerlo en práctica.
Después recurrí a la medicina china. Busqué alguien
capacitado en el tema y comencé con un tratamiento de acupuntura en un lugar
muy calificado. Inicialmente tres veces a la semana, luego dos, posteriormente
una y llegamos a una sesión por mes. Me sentía muy bien, aunque los cambios de
estación me seguían afectando, a pesar que ya hacía una vida bastante normal.
Diciembre. La instructora de yoga nos invitó a hacer un
listado de propósitos para el año siguiente. Mi propósito seguía siendo
perdonar a quien me hubiera traicionado en aquella otra imaginaria existencia,
imagen que permaneció mucho tiempo en mi memoria, hasta ese día.
Escribí mi pedido de perdón, y entonces lo vi, clarísimo.
Nadie me traicionó, yo fui quien cometió ese deleznable delito. Quedé inmóvil,
incapaz de reaccionar, de pensar. La imagen de aquella escena que debió suceder
varios siglos atrás revivía en mi cerebro como si fuese el presente.
No sé cuánto tiempo estuve paralizada, sostenida en un
espacio entre dos eras de tiempo muy lejanas entre sí.
La escena se diluyó. Me vi con el lápiz en una mano y mi
lista de propósitos sobre la mesa. Me observé, me sentía liviana, con una paz
desconocida.
Han pasado unos meses, pues ya estamos en septiembre, y no
he vuelto a experimentar mis problemas de alergia y asma.
Creo que he perdonado
aquel hecho del pasado, en otro cuerpo, en otra vida, en un viaje al pasado a
través del tiempo.
Asunción Ibáñez – 2025
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