Pensar, razonar, deducir…
De los cincuenta y dos domingos que tiene un año
calendario, nos reunimos el pequeño grupo de familia que vivimos en esta ciudad
no menos de cincuenta.
Ayer no fue una excepción. Tomando un café a la sombra
del parral con la idea de sentir menos
calor, y como siempre tratando de que todos participemos con el espíritu de
estar juntos, ya que nuestras etapas de vida son: dos tercera edad (una soy
yo), tres entre 50 y 60, y tres jóvenes menores de 25; una de ellas es quien
siempre propone algún juego para divertirnos.
Primero jugamos al “Impostor”, y con dos rondas caímos en
el desinterés. Entonces propuso “¿Quién soy?”, ese juego que cada uno escribe
el nombre de un personaje y lo pasa al que está a su izquierda, que lo pega en su
frente sin haberlo leído y haciendo preguntas trata de llegar a adivinar quién
es su personaje. Pues yo no llegué nunca.
Pensé que mi personaje era algún actor o político, ya que
supe que era hombre. Pero hasta ahí llegó mi deducción. Grande fue mi desilusión
cuando despegué mi rótulo y leí: PAPÁ NOEL.
De regreso a casa, repasando la hermosa experiencia del
día, me di cuenta que yo me aferré a una idea: que me había tocado un personaje
histórico y conflictivo ¿Por qué pensé eso? ¿Por qué no me detuve a pensar que
quien lo había propuesto era una jovencita enamorada de la música que practica
danza y comedia musical? Eso habría simplificado la imagen de mi personaje, en
lugar de devanarme los sesos en buscar uno que se ajustara a mi idea.
Ahora debo concentrarme en mi modo de ver las cosas, que
en lugar de imaginar una situación como única posibilidad, dejar un espacio
abierto a la realidad, no tratar de ajustar la realidad a lo imaginado.
O sea: Detenerme, pensar, razonar, deducir…
Marta – 2025
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