Reflexión
La Egoencia
En el pasado cada alma que buscaba a Dios se aislaba del
mundo, yéndose a un claustro como monje, o al desierto a vivir en una pequeña
ermita como anacoreta.
Posteriormente se seguía a un maestro. Todo aspirante a
encontrar a Dios buscaba un camino, que era guiado por un Maestro. Este Maestro
era seguidor de una corriente religiosa, confucionismo, budismo, judaísmo,
cristianismo, islamismo, etc. Se crearon barreras de separatividad, invisibles
a simple vista, pero más duras que si fueran de acero, afectando a países y
comunidades.
Mas en todas las corrientes espirituales ha habido y hay
quienes se desenvuelven espiritualmente. Quienes ayudan, curan, cuidan, enseñan
y bendicen. Y quienes renuncian a sí mismos en bien de la Humanidad.
Almas santas, definitivamente.
Ahora, en este cambio de era, de paradigma ¿Cómo vivimos
la Egoencia?
Con tan grande fuente de amor, con todo el corazón, vivir
en paz, ayudar al de al lado, trabajar en equipo sin competir, bendecir a
quienes nos rodean.
Amar sin barreras.
¿Por qué ahora?
Porque ahora es el momento. Hemos dado saltos en el juego
de la rayuela, estamos a un salto de alcanzar el último estadio, que no
es rectangular sino un semicírculo, “el cielo” le llamamos, que ciertamente es
un salto al vacío desconocido, que no es doloroso sino un cielo de nubes
blandas, fluidas, amorosas…
Y de allí podemos regresar a compartir lo experimentado:
convivir en paz, con otros, y uniendo mi pensamientos con mi sentir y mi hacer.
Asunción - 03/12/25
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