viernes, 1 de mayo de 2026

 

Cuento

 

 

Pasó en el Bosque de Arrayanes

 

Había una vez hace mucho tiempo, tanto que ya casi nadie se acuerda, un ratón que era muy talentoso tocando el violín. Lo hacía desde pequeño y se pasaba el día entero practicando. No tenía un hogar ni una familia. Iba por todos los lugares, especialmente los bosques, llevando su música y gracias a eso conseguía que la gente lo invitara a comer y dormir en sus casas.

Una noche llegó a un hermoso bosque de arrayanes y se quedó fascinado con la belleza de esos árboles de troncos rojizos. Había escuchado comentarios pero no los había conocido y decidió quedarse varios días por allí.

Mientras se acomodaba el instrumento para comenzar, un búho de enormes ojos amarillos lo observaba con mirada inquieta, posado sobre la rama de un árbol. Pepe Aladino, que así se llamaba, estaba ansioso por escuchar al ratón violinista.

Al notar la cara de susto del roedor le dijo – No tengas miedo. No tengo intensiones de hacerte daño. Solo quiero oírte tocar el violín. Es algo que he deseado hacer toda mi vida pero no pude- comentó con un dejo de tristeza.

El ratón respiró aliviado y comenzó a interpretar su música. Había elegido la más bella canción de su repertorio, que se expandió rápidamente por todo el bosque. Atraídos por la hermosa melodía comenzaron a aparecer varios habitantes del bosque que se fueron acomodando alrededor del músico formando una gran ronda. Este, animado por semejante audiencia siguió tocando durante varias horas.

Subyugada, una enorme luna llena asomó para escuchar mejor y ver quién era el que tañía con tanta excelencia el violín.

Pasaron las horas. Comenzaba a clarear pero la luna no se quería ir porque se había enamorado del ratón y de su talento.

El ruiseñor azul, el cantante oficial del bosque, desde la copa del árbol le hizo un enérgico reclamo a ella -¡Te tienes que ir. Está por asomar el sol y si no te escondes pronto no podré comenzar a cantar! – dijo en un tono poco amistoso.

El astro hizo caso omiso y no se movió del bosque. El ruiseñor azul siguió farfullando y agregó – Estoy aburrido de escuchar a este ratón que se cree Paganini – El violinista dejó de tocar para que no siguieran peleando. La luna se alejó llorando de tristeza, dejando sus enormes lágrimas titilando sobre el lago, que parecían piedras preciosas flotando sobre el agua.

- ¡Ah, yo quiero esos brillantes para mí! ¡Que nadie los toque! – exclamó la Horrible Durmiente que había salido como disparada de su cabaña. La música la había despertado de su largo letargo.

Todos se quedaron pasmados. Nadie la conocía porque llevaba decenas de años durmiendo en su cabaña cerca del lago. Le temían aunque no sabían si era peligrosa, esperando que nunca despertara.

Ella se metió de un salto al lago y recogió todas las lágrimas de la luna. Se las puso sobre sus enmarañados cabellos de bruja -¿Me veo más bella así?- preguntó a su espantado público. Todos contestaron al unísono que sí ¡Para qué la iban a contradecir! Satisfecha por la aprobación se quedó mirando a Pepe Aladino. Le pareció que era un búho muy apuesto y le pidió que se bajara de la rama. Lo invitó a bailar con el son de unos grillos y el canto del ruiseñor azul. Pepe Aladino, era el chozno de Aladino, el de la lámpara mágica, que no había heredado las aptitudes de su ancestro, hubiera querido escapar a la invitación pero no tuvo el valor.

La Horrible Durmiente despertó al ratón que, agotado, descansaba al pie de un arrayán y le ordenó que tocara. Tomó de un ala al búho y lo obligó a bailar con ella, pero sucedió algo extraordinario porque cayó al suelo profundamente dormida.

Entre todos y con esfuerzo, porque pesaba como una roca, la llevaron a su cabaña. Después de dejarla sobre la cama, por gentileza, cerraron y sellaron la puerta para siempre.

El ruiseñor azul volvió para celebrar con Pepe Aladino, con el ratón violinista y todos los amigos.

Y la paz que volvió al bosque de arrayanes.

 

Nela Bodoc - 2026



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