Cuento
Pasó en el
Bosque de Arrayanes
Había una vez hace mucho tiempo, tanto que ya casi nadie se
acuerda, un ratón que era muy talentoso tocando el violín. Lo hacía desde
pequeño y se pasaba el día entero practicando. No tenía un hogar ni una
familia. Iba por todos los lugares, especialmente los bosques, llevando su
música y gracias a eso conseguía que la gente lo invitara a comer y dormir en
sus casas.
Una noche llegó a un hermoso bosque de arrayanes y se quedó
fascinado con la belleza de esos árboles de troncos rojizos. Había escuchado
comentarios pero no los había conocido y decidió quedarse varios días por allí.
Mientras se acomodaba el instrumento para comenzar, un búho
de enormes ojos amarillos lo observaba con mirada inquieta, posado sobre la rama
de un árbol. Pepe Aladino, que así se llamaba, estaba ansioso por escuchar al
ratón violinista.
Al notar la cara de susto del roedor le dijo – No tengas
miedo. No tengo intensiones de hacerte daño. Solo quiero oírte tocar el violín.
Es algo que he deseado hacer toda mi vida pero no pude- comentó con un dejo de
tristeza.
El ratón respiró aliviado y comenzó a interpretar su música.
Había elegido la más bella canción de su repertorio, que se expandió
rápidamente por todo el bosque. Atraídos por la hermosa melodía comenzaron a
aparecer varios habitantes del bosque que se fueron acomodando alrededor del músico
formando una gran ronda. Este, animado por semejante audiencia siguió tocando
durante varias horas.
Subyugada, una enorme luna llena asomó para escuchar mejor y
ver quién era el que tañía con tanta excelencia el violín.
Pasaron las horas. Comenzaba a clarear pero la luna no se
quería ir porque se había enamorado del ratón y de su talento.
El ruiseñor azul, el cantante oficial del bosque, desde la
copa del árbol le hizo un enérgico reclamo a ella -¡Te tienes que ir. Está por
asomar el sol y si no te escondes pronto no podré comenzar a cantar! – dijo en
un tono poco amistoso.
El astro hizo caso omiso y no se movió del bosque. El
ruiseñor azul siguió farfullando y agregó – Estoy aburrido de escuchar a este
ratón que se cree Paganini – El violinista dejó de tocar para que no siguieran
peleando. La luna se alejó llorando de tristeza, dejando sus enormes lágrimas
titilando sobre el lago, que parecían piedras preciosas flotando sobre el agua.
- ¡Ah, yo quiero esos brillantes para mí! ¡Que nadie los
toque! – exclamó la Horrible Durmiente que había salido como disparada de su
cabaña. La música la había despertado de su largo letargo.
Todos se quedaron pasmados. Nadie la conocía porque llevaba
decenas de años durmiendo en su cabaña cerca del lago. Le temían aunque no
sabían si era peligrosa, esperando que nunca despertara.
Ella se metió de un salto al lago y recogió todas las
lágrimas de la luna. Se las puso sobre sus enmarañados cabellos de bruja -¿Me
veo más bella así?- preguntó a su espantado público. Todos contestaron al
unísono que sí ¡Para qué la iban a contradecir! Satisfecha por la aprobación se
quedó mirando a Pepe Aladino. Le pareció que era un búho muy apuesto y le pidió
que se bajara de la rama. Lo invitó a bailar con el son de unos grillos y el
canto del ruiseñor azul. Pepe Aladino, era el chozno de Aladino, el de la
lámpara mágica, que no había heredado las aptitudes de su ancestro, hubiera
querido escapar a la invitación pero no tuvo el valor.
La Horrible Durmiente despertó al ratón que, agotado,
descansaba al pie de un arrayán y le ordenó que tocara. Tomó de un ala al búho
y lo obligó a bailar con ella, pero sucedió algo extraordinario porque cayó al
suelo profundamente dormida.
Entre todos y con esfuerzo, porque pesaba como una roca, la
llevaron a su cabaña. Después de dejarla sobre la cama, por gentileza, cerraron
y sellaron la puerta para siempre.
El ruiseñor azul volvió para celebrar con Pepe Aladino, con
el ratón violinista y todos los amigos.
Y la paz que volvió al bosque de arrayanes.
Nela Bodoc - 2026
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