Personaje
Jaime, mi
consejero
Jaime es uno de mis mejores amigos a pesar de nuestra
diferencia de edad. Tiene muchos años. No sé cuántos porque nunca confesó su
edad. Siempre decía que era eterno, atemporal.
Es un anciano dueño de una gran cultura y lucidez. Durante
su larga vida ha acumulado infinidad de experiencias como si hubiera vivido más
de una existencia. Habla varios idiomas, algunos con gran dominio.
Vive solo en un departamento en el centro sin mucho lujo y
aunque está pasando por algunas dificultades económicas siempre tiene caviar y
un champán en la heladera para las visitas. Tal vez para no renunciar del todo
a los lujos del pasado.
Le gusta contar sobre los viajes, los países que ha conocido
y compartir anécdotas muy divertidas. Además escribe muy bien, preferentemente
poesías. Ya ha publicado un libro del cuál tengo una copia en mi poder.
Me gusta visitarlo con frecuencia y tener largas charlas,
especialmente cuando necesito un consejo. Cuando tengo algún conflicto o que
tomar una decisión difícil, atascada, confundida acudo a él.
Tiene una forma de ver las cosas que por lo general me sirve
para aclarar mi cabeza. Me escucha con mucha paciencia aunque le esté dando mil
vueltas al asunto que me preocupa, y con su voz de patriarca bíblico me regala
una frase concisa y sabia.
Cuando llego a su puerta, ya abierta por haberme anunciado
por el portero eléctrico, está parado esperando con su blanca barba y una
cálida sonrisa.
Es una enciclopedia humana. Sabe de todo. Nunca me deja con
dudas sobre cualquier tema. Lo puedo escuchar hablar durante horas. Tiene un
estilo, una forma de decir que no aburre. Siempre le digo que es un seductor de
la palabra. Quienes lo conocen opinan lo mismo.
Como si fuera poco goza de un gran sentido del humor y un talento
para las bromas que termino llorando de risa. Más de una vez en que he estado
afectada por algún problema me ha ayudado a sobreponerme con sus ocurrencias. Inteligentemente,
me deja expresarme y cuando recupero mi compostura me da su consejo si se lo
pido.
Jaime nunca se queja de nada, como si su vida fuera
perfecta. Aunque no lo menciona tiene serios problemas de salud. También de
relación con su única hija, que hace mucho, no lo visita. Solo comparte sus
momentos felices.
Una vez, como excepción, me comentó que se tenía que operar
por sus cataratas. Era algo que lo preocupaba un poco. A la siguiente vez que
fui a verlo lo encontré exultante y lo primero que dijo después de operarse fue
–Amiga, no sabes, he recuperado los colores de las cosas. Es maravilloso-.
Nunca lo había visto tan feliz.
Por supuesto, lo celebramos con una copa de champán.
Nela Bodoc – 2026
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