jueves, 3 de septiembre de 2026

 

Ensayo

          

 

                                              Cultivar el futuro

 

                        Si supiera que el mundo acaba mañana, aun así plantaría mi manzano.

                                               Martin Luther King (1929-1968)

 

            Vivimos inmersos en mensajes catastróficos, y nos sorprendemos que las generaciones jóvenes solo quieran vivir el presente, no como un logro sino como un gesto desesperado de agotar todas las posibilidades “antes que sea demasiado tarde”

            Mensajes colectivos muy bien intencionados, emitidos por ONGs, por filántropos o científicos nos dicen: “Solo tenemos diez años para revertir el calentamiento global”.  Es probable que sea cierto, que los seres humanos seamos los responsables del calentamiento global, pero implícitamente están diciendo que el mundo, en diez años dejará de ser lo que es para ser algo muy distinto, donde no se sabe quién sobrevivirá si es que alguien sobrevive, y en qué condiciones. Mientras este “conocimiento” ingresa en las mentes el mundo sigue girando en el mismo sentido que lo ha hecho en el último siglo,  produciendo millares de toneladas anuales de  plásticos que tardarán miles de años en desaparecer mientras se nos incita a consumir una nueva versión de un aparato electrónico cada vez más completo;  emitiendo gases a la atmósfera que los vientos no logran purificar; a consumir perfumes, cambiar el auto y a quemar más combustibles cada año, contaminando las aguas que no pueden procesar los millones de metros cúbicos de desechos humanos e industriales que vertemos en ellas, a la vez que la publicidad y la comodidad nos invitan a usar diariamente jabones y detergentes cada vez más eficientes, a recurrir a pañuelos, servilletas y pañales descartarles derivados de la  celulosa, para lo que es necesario sacrificar miles de árboles, contaminar las aguas de ríos y mares y lanzar al aire toneladas de humo.  Tal vez todos estemos intentando “salvar al mundo” por la misma puerta, donde nos amontonamos tratando de salir pisándonos unos a otros.

            Estamos muy preocupados por el medio ambiente que dejaremos a las generaciones que nos suceden sin darnos cuenta que la herencia ya se las hemos trasladado: les estamos dejando un mundo sin esperanzas. La desolación que puede producirse exteriormente dentro de diez años ya la tienen en su mundo interno y si bien aun estamos a tiempo de revertir el proceso físico de nuestro Planeta, ¿qué herramientas les estamos dando para que puedan hacerse cargo de su falta de futuro interno?

Nuestra sociedad actual es el reinado de la confusión, como si estuviéramos cual larvas en celdillas individuales, donde la sensación de NO SER VISTO por nuestros congéneres nos motiva a tener actitudes diversas para salir del anonimato, llegando en algunos casos a lo irracional. Los padres viven las mismas confusiones y disfunciones que sus hijos. Para lograr modificarlo tendríamos que saber quiénes somos, qué queremos y enseñarlo con nuestras formas de vivir. 

Al igual que tenemos algo de tiempo para tomar medidas acerca de la ecología lo tenemos para cambiar el mundo interno, las expectativas de vida interior y la conciencia de futuro de la Humanidad. “Volvamos la mirada hacia nuestro interior. Para poder realizar el cambio que deseamos, es preciso que comencemos por transformar nuestro medio interior –nuestro mundo- y construir un ambiente armónico que nos convierta en seres humanos integrales” dice José Luis Kutscherauer (1)  y agrega: “Preguntémonos cuáles son los bienes que queremos dejar como herencia a la  humanidad; especialmente, recordemos que hay bienes no renovables por cuyo uso tenemos que responder: el uso del tiempo, las energías vitales, el potencial mental y afectivo están en nuestras manos, bajo nuestro cuidado para utilizar y disponer, pensemos en el ecosistema que constituyen nuestros pensamientos”. 

Al igual que en los aspectos externos, los seres humanos hemos desarrollado técnicas para desenvolvernos interiormente desde el principio de los tiempos. Pero como si nuestra conciencia fuese un corazón gigante que palpita, vamos en movimientos que oscilan entre la materialidad y la espiritualidad sin encontrar el equilibrio ni utilizar todas las herramientas a nuestro alcance para conocer el mundo que nos contiene y simultáneamente nuestro universo interior, y la relación inseparable e interdependiente entre ambos. Para lograrlo debemos renunciar a  nuestros anhelos de posesión, de sobresalir, de triunfos inmediatos y sueños infantiles de cambios mágicos y hacernos cargo de nosotros mismos. 

Históricamente estamos en una “bisagra” del pensamiento, donde hemos transferido conocimiento y poder a las máquinas y creemos que hemos logrado todo. Pero no hay aún máquina más perfecta que la mente humana. Y es esa máquina mucho más dúctil y elástica que cualquier modelo creado por el ser humano, ya que no es necesario crear otro modelo para reemplazarla, cada uno se va creando a sí mismo. Tenemos necesariamente que recuperar este conocimiento e ir transfiriéndolo a las generaciones que nos suceden: desarrollar la conciencia. 

Valoremos las herramientas que tenemos, como la oración, la meditación, la reflexión, el diálogo y la gratitud.

¿Somos conscientes que pertenecemos a un universo mucho más grande que nuestra propia comodidad? ¿Nos detenemos a ver cómo pensamos? ¿Nos hacemos cargo de nuestras actitudes? ¿Validamos lo que los otros piensan y tratamos de consensuar con ellos? ¿Agradecemos la comida que llega a nuestra mesa? ¿Respetamos las horas de descanso y trabajo? ¿Valoramos la Vida por sobre todas las cosas? 

Las preguntas están dentro de nosotros, por lo tanto las respuestas también, y decidirlo está en nuestras manos, individualmente, sin esperar que otro lo haga. Salvar el planeta para el más fuerte, el más resistente, el más poderoso marcará un futuro, pero hacerlo en concordancia con el Universo dará a la Humanidad un nuevo amanecer.

 

 

(1)      “CUIDEMOS NUESTRA BIOSFERA INTERIOR” José Luis Kutscherauer. Revista Vuelos de búsqueda interior – Nº 69 – Abril 2008

 

 

                Asunción Ibáñez - 2019

 

miércoles, 2 de septiembre de 2026

 


               Despierto

Como la cigarra

mudando,

van quedando mis ropas,

cada mañana…

Mi bata de cama

sobre una silla,

mi bata de baño

sobre otra silla,

yaciendo…

como cuerpos vacíos,

como mis yo

que van despertando,

dejando mis sueños

escurrir

hacia el nuevo día.

               Iris Neli – 2026

 

martes, 1 de septiembre de 2026

 

Fabula

 

                                               EL PERMISO DE LOS DIOSES

A la puerta del mundo superior de los dioses llamó la Maldad, que había sido expulsada hacía muchos siglos, y pidió que le permitieran ingresar porque tenía un pedido muy especial que hacer, un pedido, uno solo.

La Prudencia la dejó entrar, aun cuando la Intuición dijo tener un mal presentimiento.

Escuchémosla –dijo el Amor -y luego lo evaluaremos entre todos y veremos si merece que se lo concedamos.

Se reunieron todos los dioses y todas las virtudes a escuchar a Maldad que, con humildad fingida, dijo: Sé que cada uno de los presentes en este concejo derraman ideas de paz y amor sobre la Humanidad, por eso son amados y respetados, pero yo, que una vez fui habitante de este hermoso mundo del cual fui expulsada por mis faltas, cuando era muy joven e inexperta, y cometí actos por divertirme, inconcientemente, de lo cual estoy muy arrepentida, ya que los años me han hecho un poco más sabia. Por todo eso, pido mil disculpas. Ahora quiero pedirles, mejor dicho, ofrecerles un proyecto que, de ser posible, creará un nuevo dios, al cual la humanidad amará más que a todos nosotros juntos.

Después de escuchar lo que Maldad tenía para decir, y Amparo habló: Puedes decir cuál es tu proyecto. Espero que no sea como lo que aprobamos la última vez, el proyecto de Pobreza que creó el dinero.

¡No! ¡Es mucho mejor! –dijo  con entusiasmo la recién llegada- Todo el mundo tendrá una parte, hasta los niños, los líderes del mundo y los científicos y lo podrán acumular, habrá para pobres y ricos, para hombres y mujeres sin importar su edad, su raza, su color o su religión, todos podrán acceder a ello. Les dará autovaloración, los hará felices.

Bondad dudó, pues ¿algo que amarán más que a los dioses? ¡De no creer!

Pobreza pensó que quizás ampliaría la población a su cargo y que ya tenía suficientes problemas con ellos.

Dolor estuvo de acuerdo con Pobreza, nada nuevo modificaría lo ya establecido dejando conforme a la mayoría.

Conciliación comentó que a ella le parecía muy bueno si todos iban a poder tener aunque fuese un poco y sentirse más seguros. Con esta idea Compasión estuvo totalmente de acuerdo.

Amparo y Lealtad dieron su aprobación, pensando que al fin encontrarían igualdad para todas las personas.

Con el voto unánime autorizaron a Maldad a darle vida a su proyecto. Así ella creó el Poder, del que todos atesoramos aunque sea una partecita, y amamos más que a todos los dioses juntos.

                                                                              Asunción - 2022

 

 

 

lunes, 31 de agosto de 2026

 

Ensayo

 

LA MUJER MAYOR Y SU TIEMPO

 

Ya muchos escribieron sobre este tema, parece ser que el sentimiento de cambio cuando se llega a la edad madura es similar en todos los seres humanos. Simone de Beauvoir dice:

“El cuerpo se aprovechó de mi distracción… No sé cuándo decidió envejecer…

El cuerpo fue cambiando mientras la mente seguía intacta, llena de planes, curiosidades y deseos…”

 

Esta etapa de vida fue dividida en cuatro:

La pre vejez (55-65): en la cual comienzan los primeros cambios en lo físico y en la vida social. Llega la jubilación y los hijos, en general, toman su propio camino quedando el “nido vacío”.

La etapa de independencia (65-75) donde se mantienen los niveles óptimos de autonomía física y mental. La persona es capaz de valerse por sí misma.

La etapa de interdependencia (70/75-85) ya con algunas dificultades o limitaciones y, por lo tanto, se requiere de algún apoyo.

La etapa de dependencia completa (+ de 85) la persona es vulnerable física o cognitivamente. Requiere de asistencia.

 

Volvamos a la segunda etapa, la de “independencia”. La persona se siente plena. Ya dejó de trabajar, está sola o con su pareja. El mundo y la existencia parecen transcurrir con demasiada rapidez.

Irónicamente, el adulto mayor cree que el tiempo que pasó en tareas de trabajo, ahora es libre y pleno para dedicarse a otras actividades más relajadas.

En el caso de la mujer, reservó libros nuevos para poder leerlos; fue comprando y guardando proyectos diferentes, ya sean de tejido o bordado, o de nuevos trabajos; alistó un sofá reclinable y la coqueta lámpara para hacer de ese lugar su paraíso de lectura, relajamiento o estudio.

Sin embargo, en este actual estatus, se encuentra ante una realidad en la que desapareció el trabajo remunerado y todo su tiempo es devorado por otros deberes y actividades.

Al pasar el tiempo, surge en el contexto de su cotidianidad, una pregunta: ¿Por qué cuando la mujer se jubila y cree, con tanta ilusión, que tendrá más horas libres, se da cuenta que no le alcanzan?

Un pensamiento anónimo dice:

“La percepción de que el tiempo se acorta en la edad adulta no es sólo una ilusión cronológica, sino la consecuencia directa de una sociedad que prioriza la hiperproductividad y la rutina, despojando al individuo de la capacidad de vivir el presente.”

Es posible que nos hayamos criado para realizar y tener todo perfecto, una rutina perfecta. Curiosamente, lejos de estar más descansada y tranquila, esas doce horas productivas son insuficientes para abarcar lo que antes se hacía. Parecería que el universo conspirara contra ese pequeño mundo. El sentir y los pensamientos siguen aún jóvenes, pero el cuerpo se revela, está más lento. Entonces se requiere un balance equitativo para comprenderse y permitirse ir más despacio.

Es un proceso de aprendizaje que a veces cuesta demasiado. Debemos crear otro vivir el presente pleno: realizar actividades con nuevos espacios; actividades sociales que mantengan a la persona vinculada a la enriquecedora amistad; hacer ejercicios que, sin fatigas, eviten la pérdida del tono muscular y alimentar el alma con esos hobbies sin prisa y sin presión alguna.

Entonces, adaptarse al cuerpo con mucha paciencia y motivación, permanecer activa y reconocer que todo se vivirá en otra revolución, procurando la salud mental y la tan deseada paz.

 

                                                                Elisa R. Alzérreca S.



domingo, 30 de agosto de 2026

 





                                        Cada atardecer me recuerda que todo tiene un fin.

                                        Y cada amanecer me dice que todo es oportunidad.


viernes, 28 de agosto de 2026

 

Poesía

 

Tiempo

¿Qué es el tiempo?

¡Otra vez viernes!

Despertar con el canto del zorzal

descubrir mis olvidos,

retomar mis recuerdos,

recoger los pétalos,

saludar a un amigo.

 

Observar a un colibrí,

escuchar una nota lejana,

gozar un atardecer,

volver a escribir.

 

No sé si es hoy o es ayer

buscando fronteras

para trascender

siempre tratando de entregar

de mi cosecha…

¿Qué? ¡Si no he sembrado!

¿Qué puedo ofrecer

si mi desván está vacío?

Tal vez está repleto

de trastos sin valor…

 

               Ami – 2022

 

 

 

jueves, 27 de agosto de 2026

 

Cuento infantil

 

 

Monstruoso

En las vacaciones decidimos ir al cerro Uritorco con un grupo de amigos. Al comenzar la excursión nos indicaron mantenernos junto al grupo, pero pasaron cosas, como se dice ahora, y en un momento nos encontramos muy alejados del contingente. Nos rodeaba un nuevo paisaje, como si fuera otra dimensión.

Repentinamente un artefacto desconocido descendió de algún lugar y abrió sus puertas, apareciendo algo así como una revelación cual película de Spilbierg (Literalmente). Yo tuve que parpadear varias veces y hasta me restregué los ojos para ver si así hacía foco en esta “cosa” y lograba entender “algo”.

Primero la vi luminosa, con brillitos, después no. Tenía muchas patas, después no. Creí que los ojos eran como cien y después no. Los brazos parecían tentáculos salidos de la cabeza, después no. A veces parecía emitir un sonido agudo y profundo, después no. El color era como el sol, pero después no.

Fue en ese momento que decidí que era hora de buscar los lentes, porque así no se podía racionalizar nada ni algo.

Encontré en la mochila que llevaba sobre la espalda los lentes trizados, pero lo mismo serviría porque peor es nada.

Para asombro del grupo, según vi yo, era la única que no tenía miedo. Bueno, tenía pero soy más curiosa que miedosa.

Mientras el resto del grupo se agachaba y escondía como podía entre los arbustos cercanos, inicié la travesía de acercarme al “coso este”, tal cual lo denominé para matar el cuiqui.

Con la mochila en una mano y en la otra un palo, me orienté por el reflejo que pasaba por los cristales rojos rotos, dirigiéndome hacia este molino de viento quijotesco.

Calculando que estaría cerca, el olor me invadió y no era feo ni tampoco agradable. Califica de desconocido y parecía provenir del interior de la nave. Logré identificar la figura del "coso" y efectivamente era una masa gaseosa porque parecía flotar con forma de nube y como las nubes, a medida que la luz, el viento, el paisaje o el entorno la afectan, cambiaba la forma.

Asumí que entonces podría tomar mi forma y en medio de esa astucia que surge cuando el miedo invade, sin escuchar a mis amigos, me decidí a pedirle que se pareciera a mí.

Reconozco que no me detuve a pensar si era un ET o un experimento argento para atraer turismo.

La curiosidad mata al gato y en este caso a mis dudas existenciales. Absorta pude ver que esa cosa emitía un sonido más dulce y tomaba forma de algo parecido a un, espejo que se posicionaba frente a mí. Al mismo tiempo se movía con ondas sugestivas, como diciendo mírate aquí, y así lo hice. Luego se disolvió y volvió a armarse como una gran semiesfera que nos reflejaba a todos y todo.

Durante un largo rato nos mostró un desfile de formas que podía adoptar, como una iguana, un yuyo e inclusive a mis compañeros. Cuando volví a pedirle que se pareciera a mí me mostró al espejo.

El atardecer se avecinaba con velocidad sobre el cerro. No calculamos el tiempo que estuvimos, no discutimos sobre lo que pasó. 

Nos anotamos para una próxima excursión con la creencia de que podría volver a repetirse un instante mágico con esa “cosa”, a la que le decimos desde hoy "El misterioso algo", que nos agradó... pero no.

Estelin

 

Estela Iris Gonzalez -2026



 Consigna: Rompiendo moldes mentales.



  Cuento fantástico NOCHE SIN FIN   Era noche cerrada, aligeraba los pasos en el estrecho camino que la conducía a casa. Cada ráfaga d...