Relato
La Buni y el
Scrabble
Sus nietos la llamaban Buni, abreviando “bunica” que
significa abuela en su lengua, era originaria de un país del este de Europa.
Llegó, como inmigrante a Buenos Aires en los cincuenta, escapando de la hambruna
de postguerra. Solo tenía veinte años. Una juventud truncada por los horrores
de la guerra.
Debido a esto, solo había transitado la escuela primaria.
A pesar de las dificultades que le ocasionaba no saber una
sola palabra del español, se las fue arreglando de a poco. Nada le parecía un
obstáculo insalvable en comparación de lo que había sufrido durante la guerra.
En los primeros tiempos en Argentina le parecía increíble
que no hubiera escasez de alimentos, que no se tenía que cuidar de los extraños,
que se pudiera dormir sin miedo en las noches.
La necesidad de conectarse con otras personas, puesto que no
tenía a nadie que lo hiciera por ella, la obligó a aprender rápidamente las
palabras esenciales para abastecerse. La mayoría de sus proveedores tuvieron
paciencia y fueron sus improvisados maestros.
En el transcurso de un año hablaba mejor que aquellos
connacionales que llegaron sabiendo el español.
Desde que partió de su tierra no tuvo más noticias de sus
familiares, ni de su patria. A causa de las prohibiciones establecidas en los
países, que estaban tras la cortina de hierro no se enviaban las cartas. Esto
la tenía angustiada. Pero un día, una vecina le trajo un recorte de diario con
algunas noticias. Se lo leyó. Ella no sabía leer aún. En ese momento decidió
aprender a leer en esta lengua.
Comenzó a hacerlo, tal como lo hacen los pequeños, con los
carteles de la calle, los letreros, los titulares de los diarios en los
quioscos.
Con el tiempo, de los diarios y las revistas de chimentos,
pasó a los libros. Su situación no le permitía comprarlos. Pero no le faltaba
quién le prestara uno que otro. Hasta que, un día, se enteró que podía asociarse
a la biblioteca General San Martín y retirar libros en préstamo de forma
gratuita.
Así fue que se transformó en una lectora consuetudinaria. Le
encantaba jugar con las palabras. Se entretenía con todo tipo de crucigramas,
adivinanzas y otros desafíos.
Sus huesos, su cuerpo cansado no le permitía estar tan
activa, como en otros tiempos. Las palabras le hacían olvidar sus dolores.
Sus nietos la visitaban con frecuencia. Disfrutaban de su
compañía. Siempre los recibía cariñosamente. Era una abuela seductora. Los
divertía con los juegos de todo tipo. Pero su favorito era el Scrabble. Nadie
le podía ganar. Era imbatible.
No se explicaba cómo ella, siendo extranjera, que a pesar de
los años no se le fue el acento, sin estudios, poseía un vocabulario tan
cuantioso. Y nunca le faltó su libro favorito: un buen diccionario.
La Buni fue, entre otras cosas extraordinarias, la campeona
del Scrabble en la familia.
Nela Bodoc – 2025