jueves, 7 de mayo de 2026

 

Absurdo

 

LA ANTIGUA Y LA NUEVA MÁQUINA

 

Recuerdo la antigua máquina de coser, toda una “máquina” y… a la antigua. Era una famosa “Singer” que mamá usaba hasta altas horas de la noche confeccionando mandiles escolares. Yo, desde la cama, escuchaba el traquetear bien acompasado que siempre me trasladaba a un profundo sueño. Para mí, era relajante y me regalaba la presencia de mi madre. Ya, con el tiempo, participaba de la tarea colocando los cinturones y botones. La Singer me daba mucha confianza y me aventuraba a realizar cualquier prenda que se me ocurría.

Con la modernidad, en un cumpleaños, me regalaron una eléctrica. Abrí la hermosa caja y la vi. Pasaban los días y no me animaba a estrenarla. Nacieron los nietos y me escocían las manos por hacerles baberitos, mamelucos y edredones. Llegó el día, le di una atenta lectura al manual. Me senté y la toqué. Un sentimiento de inseguridad me asaltó de pronto, algo como un mal presentimiento.

Puse la tela y apreté el pie. Avanzó muy rápido y frené. “Esto necesita de práctica” pensé. Manejo de pie, cogida de tela, controlar todo en uno. Cómo extrañaba la vieja máquina.

Cuando ya iba más segura y dominándola, de pronto: ¡Truc! y de sopetón la aguja rota. Al cambiarla, con mucha paciencia, de nuevo: ¡Truc!, la aguja doblada.

¡Desapareció el encanto! Tenía el mismo nombre, pero no era la misma.

Ahí está la bella pieza de costura, me mira desde el mueble preguntándome cuándo me decido a componerla y hacerla mi amiga y compañera.

 

Elisa Alzérreca Solari – 2026

 

 

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