Absurdo
LA ANTIGUA Y
LA NUEVA MÁQUINA
Recuerdo la antigua máquina de coser, toda una “máquina” y…
a la antigua. Era una famosa “Singer” que mamá usaba hasta altas horas de la
noche confeccionando mandiles escolares. Yo, desde la cama, escuchaba el
traquetear bien acompasado que siempre me trasladaba a un profundo sueño. Para
mí, era relajante y me regalaba la presencia de mi madre. Ya, con el tiempo,
participaba de la tarea colocando los cinturones y botones. La Singer me daba
mucha confianza y me aventuraba a realizar cualquier prenda que se me ocurría.
Con la modernidad, en un cumpleaños, me regalaron una
eléctrica. Abrí la hermosa caja y la vi. Pasaban los días y no me animaba a
estrenarla. Nacieron los nietos y me escocían las manos por hacerles baberitos,
mamelucos y edredones. Llegó el día, le di una atenta lectura al manual. Me
senté y la toqué. Un sentimiento de inseguridad me asaltó de pronto, algo como
un mal presentimiento.
Puse la tela y apreté el pie. Avanzó muy rápido y frené.
“Esto necesita de práctica” pensé. Manejo de pie, cogida de tela, controlar
todo en uno. Cómo extrañaba la vieja máquina.
Cuando ya iba más segura y dominándola, de pronto: ¡Truc! y
de sopetón la aguja rota. Al cambiarla, con mucha paciencia, de nuevo: ¡Truc!,
la aguja doblada.
¡Desapareció el encanto! Tenía el mismo nombre, pero no era
la misma.
Ahí está la bella pieza de costura, me mira desde el mueble
preguntándome cuándo me decido a componerla y hacerla mi amiga y compañera.
Elisa Alzérreca Solari – 2026
No hay comentarios:
Publicar un comentario