El móvil y el viejo libro
Un glamoroso
celular de última generación hacía alarde de todas las increíbles funciones que
podía realizar.
Estaba destellando
sobre la mesita de luz. Mencionaba jactanciosamente y en vos alta como para que
todo el mundo lo escuchara, todas sus virtudes.
En el estante de
uno de los rincones descansaba un viejo y algo polvoriento libro, ya olvidado
por casi todos los habitantes de la casa. Escuchaba sin entusiasmo, algo
aburrido, al verborrágico dispositivo.
-Yo comunico a las
personas aunque estén distanciados a miles de kilómetros y lo hago en
fracciones de segundos- alardeaba- Mis colores son brillantes y mis imágenes
son excepcionalmente llamativas- decía entornado sus ojos de emojis- en cambio
tú te ves descolorido, ajado, siempre tan callado.
-Nunca he emitido
sonido alguno. No es mi tarea. Pero las palabras que hay escritas en mi
interior lo pueden tener- respondió, imperturbable, el viejo libro.
El móvil siguió
insistiendo con el tema- soy tan útil y necesario que prácticamente nadie puede
vivir sin mí.
-Sí, eso lo he
podido observar. Hace tiempo que he perdido popularidad- manifestó el ejemplar
después con un suspiro- En otros tiempos he sido un buen consejero para
aquellos que no tenían a nadie a quien acudir y aún ahora me hace feliz ayudar
a quienes lo necesiten.
-Yo les doy mucho
más que tú. Les doy entretenimiento, tanto que ya no necesitan de otras
personas para divertirse. Algunos me critican porque me acusan de provocar
adicciones, especialmente entre los más jóvenes. Pero eso no me importa. No es
mi problema- expresó con displicencia el aparato.
-Es fácil darse
cuenta que la sensibilidad y la empatía no forman parte de tu lista de
habilidades. Supongo que es el resultado de la forma en que has sido concebido.
-Sí, soy un
producto de la tecnología que es lo que domina al mundo en el momento presente.
Yo estoy entre los ganadores- respondió con orgullo el teléfono.
- Para mí esto no
es una competencia. Todos podemos co-existir. A mí me han creado con amor. Soy
el fruto de los sentimientos de mi hacedor. Y mi destino es despertar la
imaginación y la sensibilidad en los lectores- agregó el viejo libro desde su
lugar.
Así continuó por un
rato este inusitado diálogo entre estos dos elementos en medio de la noche.
Parecía que nunca iba a acabar hasta que todo quedó a oscuras y el móvil
enmudeció debido a un corte de luz. Fue un apagón. Luego se supo que iba a
durar varias horas.
Alguien entró a la
habitación con una lámpara, sacó el libro del estante, se sentó y comenzó a
leer.
Fin
Moraleja: Es más
virtuoso el que es modesto que el que se jacta frente a los cambios además de
sus aptitudes.
Nela
Bodoc – 2026
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