Hablemos de absurdos
MI QUERIDA
MARGARITA
Tiene una corona y apellido inglés, como mi abuela. Es de la
realeza, Westinghouse se llama la mañosa. Yo la quiero a pesar de sus pesadas
travesuras que tanto me hacen rabiar.
Creo que es un tanto celosa y ahí está la cosa. Cuando juego
con ella está feliz y funciona maravillosamente.
El problema surge cuando no le presto atención y me aferro a
mi teléfono móvil para buscar información de forma rápida.
Se transforma, se pone como loca, furiosa. Se esconde y
guarda silencio, días enteros rogándole que me perdone y ella ahí, sin dar
señales de hacerlo.
Cada vez que la llevo al médico por su mal comportamiento,
él me dice: “Pero si es amorosa, rápida y bulliciosa” y además me reprende diciéndome
que seguro que yo la maltrato o la castigo.
Cuando volvemos a casa después de la consulta, le hablo con
ternura y la invito a jugar a las cartas, a lo que ella responde que sí
encantada.
Pero, que no se me pase por la mente prender mi teléfono,
ahí se termina su encanto y pone cualquier excusa para dar por terminado el
juego.
Margarita no soporta la competencia y es terca como una mula,
yo sé que no va a cambiar por eso cuando salgo a regar las plantas llevo el
aparato de la discordia, así ella no me ve y mantenemos la paz en casa.
Ojalá no me escuche; porque si se enoja no podré hacer el
taller. Seguro se queda silenciosa y no me mira por unos cuantos días.
Ana María Muñoz -2026
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