jueves, 16 de julio de 2026

 

Relato

 

El bien siempre vuelve

 

Hace unos días fui a una maderera cercana de casa, a la que voy de vez en cuando para hacer recortar una tabla de madera.

El dueño, al que le dicen el misionero, es una persona acomedida porque me corta las piezas de madera que necesito, con la sierra eléctrica. Estas piezas las uso para hacer pequeños cuadros pintados con acrílico o con óleo.

Es un hobby que me resulta terapéutico, me ocupa la mente y me hace feliz. Modestas obras que comparto con mi familia, mis amigos y algunas las vendo.

El misionero nunca quiere cobrarme aunque yo le insista por el tiempo que le dedica. Argumenta que le viene bien mi pedido porque tiene muy poco trabajo y no le gusta estar inactivo.

Mientras tanto me cuenta, con cierta nostalgia de su provincia, Misiones, desde donde se vino hacen varios años dejando parientes, amigos y parte de su historia.

Parece que disfruta de nuestras charlas mientras prepara las herramientas y pone en funcionamiento la sierra que es bastante grande.

Antes de cortar mide y marca con un lápiz especial por donde tiene que hacer los cortes según las indicaciones que le di.

Cuando llegué estaba atendiendo a un cliente que le había comprado dos placas grandes de madera terciada.

Se las estaba cortando a pedido sin utilizar la totalidad por lo que quedaron retazos utilizables que me ofreció. Acepté con la condición de que mes los cobrara pero fue inútil.

En cambio me propuso que alguna vez le llevara uno de mis trabajos, pero justo ese día le había llevado una de mis pinturas de regalo en compensación por sus favores. Como era un motivo floral le sugerí que se lo llevara a la esposa. Aceptó con entusiasmo.

Además le prometí que iba a pintar a su mascota, que es un lindo gallito al que llama Julio. Es un ave con mucha prestancia, de plumas blancas y copete rojo que se mueve con garbo, digno de ser retratado. Especialmente por el amor que le tiene el misionero.

Le agradecí los retazos que me obsequió y me fui contenta porque tenía bastante material para mis artesanías. Esta tarde empecé entusiasta a dar las primeras pinceladas del retrato del gallito Julio.

 

                                                               Nela Bodoc – 2026

 

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