Relato
El bien
siempre vuelve
Hace unos días fui a una maderera cercana de casa, a la que
voy de vez en cuando para hacer recortar una tabla de madera.
El dueño, al que le dicen el misionero, es una persona
acomedida porque me corta las piezas de madera que necesito, con la sierra
eléctrica. Estas piezas las uso para hacer pequeños cuadros pintados con
acrílico o con óleo.
Es un hobby que me resulta terapéutico, me ocupa la mente y
me hace feliz. Modestas obras que comparto con mi familia, mis amigos y algunas
las vendo.
El misionero nunca quiere cobrarme aunque yo le insista por
el tiempo que le dedica. Argumenta que le viene bien mi pedido porque tiene muy
poco trabajo y no le gusta estar inactivo.
Mientras tanto me cuenta, con cierta nostalgia de su
provincia, Misiones, desde donde se vino hacen varios años dejando parientes,
amigos y parte de su historia.
Parece que disfruta de nuestras charlas mientras prepara las
herramientas y pone en funcionamiento la sierra que es bastante grande.
Antes de cortar mide y marca con un lápiz especial por donde
tiene que hacer los cortes según las indicaciones que le di.
Cuando llegué estaba atendiendo a un cliente que le había
comprado dos placas grandes de madera terciada.
Se las estaba cortando a pedido sin utilizar la totalidad
por lo que quedaron retazos utilizables que me ofreció. Acepté con la condición
de que mes los cobrara pero fue inútil.
En cambio me propuso que alguna vez le llevara uno de mis
trabajos, pero justo ese día le había llevado una de mis pinturas de regalo en
compensación por sus favores. Como era un motivo floral le sugerí que se lo
llevara a la esposa. Aceptó con entusiasmo.
Además le prometí que iba a pintar a su mascota, que es un
lindo gallito al que llama Julio. Es un ave con mucha prestancia, de plumas
blancas y copete rojo que se mueve con garbo, digno de ser retratado.
Especialmente por el amor que le tiene el misionero.
Le agradecí los retazos que me obsequió y me fui contenta
porque tenía bastante material para mis artesanías. Esta tarde empecé
entusiasta a dar las primeras pinceladas del retrato del gallito Julio.
Nela Bodoc – 2026
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