viernes, 21 de agosto de 2026

 

Ensayo

 

Edadismo o evolución.

                                               “La grandeza de una persona está en ser agradecido”

                                                                                  Fray Ángel Ramón Serrano.

 

Según una definición de la Organización Mundial de la Salud, edadismo es una forma de pensar y actuar discriminatoriamente, con respecto a los demás o a nosotros mismos por razones de la edad.

En el siglo XX una persona de 60 o 70 años era considerada anciana, los noticieros solían usar el término sexagenario o septuagenario para definir a quien, se suponía, ya tenía debilitadas sus habilidades físicas y/o cognitivas para valerse a sí mismo en caso de ser hombre, o sí misma si era mujer, a la que se consideraba más desprotegida aun.

A través del tiempo a la mujer le estuvieron vedados, además, acceso a los claustros universitarios, a las fuerzas armadas, a la investigación científica y, en algunos casos, hasta a las artes. Esto también sucedía con las mal denominadas “minorías”. La historia reciente nos muestra muchos casos que se van develando poco a poco.

A partir del siglo XX se ha dado socialmente mayor importancia a la imagen que a otros aspectos de la persona, quizás influenciados por el desarrollo de los medios audiovisuales de comunicación masiva, que mostraban cuerpos y edades perfectas creando imágenes de estrellas de cine a las que generaciones querían parecerse, sin considerar que para ellas el tiempo no se detenía y, además, sin conocer que muchas de ellas tenían en paralelo otras profesiones, en algunos casos, investigaciones científicas que a la larga tuvieron mayor relevancia que su estrellato en las pantallas. Y las personas comunes adquirimos la costumbre de ocultar o disimular la edad, además de considerar que el modo de ganarnos la vida también era importante para nuestro nivel en la sociedad.

Además, el avance de los derechos de las “minorías”, díganse feminismo, racismo o nacionalismo, e incluso de género, amplió grandemente el hecho de que, sin que se le restara interés a la estética, se abrieran las aulas de las universidades y otros espacios  que antes les estaban vedadas.

Lentamente se ha ido conformando una nueva sociedad. Evolucionamos en los últimos cien años.

Científicos y científicas desarrollan sus investigaciones y trabajos sin estar presionados por la edad. Ahora vemos gente muy joven inventando, creando, descubriendo nuevas ideas, o a gente que ha pasado el siglo de vida entusiasmados en sus pasiones.

Se modifica la sociedad. Cambian las familias, ahora se componen de menos miembros, con mayor participación y colaboración en las tareas. A esto se suma la inclusión de artefactos electrodomésticos robóticos que las simplifican, dejando tiempo libre a todos los miembros del grupo.

Mas esta nueva realidad conlleva a una humanidad con mayor cantidad de personas de edad avanzada, en contraste con la disminución de nacimientos, que en algunos casos vemos el cierre de aulas para las primeras infancias, y a los abuelos con proyectos propios más allá del cuidado de sus nietos.

Se perfeccionan las comunicaciones, permitiendo a los habitantes del planeta comunicarse entre sí instantáneamente, a muy bajo costo, sin importar la distancia a que se encuentren uno de otro.

Esta nueva realidad nos permite elegir salir del pequeño ámbito en que nos encontramos para incluirnos en una sociedad pluralizada, participando en clubes deportivos o sociales, aprendiendo artes o manualidades, mayor acceso a viajes de turismo o de investigación, con el simple fin de adquirir conocimientos o conocer otras realidades. Independientemente de nuestra edad, educación, estrato social o género.

Todo al alcance de nuestros deseos.

Los avances de la ciencia nos han permitido vivir más y mejor, vivir no es durar solamente, es participar de una vida activa plena, autónoma.

Yo, ¿En qué lugar me sitúo? ¿Tomo mis propias decisiones o sigo las creencias, las modas, los mandatos sociales? ¿Administro mi vida y mis bienes sin esperar que la sociedad lo haga? ¿Soy la arquitecta de mi destino?

Podemos ser libres en nuestras elecciones.

Por lo tanto, puedo ser consciente de que el modo en que estoy viviendo es el resultado de mis decisiones, no de las decisiones de alguien externo, pues las condiciones pueden ser muy difíciles, pero soy yo quien decide cómo vivirlas.

Puedo disfrutar cada día agradeciendo los dones que recibo, las enseñanzas que mi entorno me brinda y ser una persona feliz, con esta edad que se renueva permanentemente, con este cuerpo que me contiene, con esta imagen que me devuelve el espejo, y, especialmente con el respeto y cariño que recibo de mi entorno.

 

                                               Asunción Ibáñez – 2026.

 

 

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