Cuento fantástico
LA MUJER FANTASMA
Era muy
vieja, imposible calcular su edad. Algunos días cambiaba de aspecto y se la
veía joven y dinámica, otras veces era la anciana encorvada de cabello gris que
caminaba lento. Los días domingos era una niña de diez años que corría tras su gato.
Los vecinos la llamaban la Mujer Fantasma y le temían.
El gato de
la niña era pelirrojo y sus ojos ardían como fuego de dragón cuando se cruzaba
con alguien, entre semana cuando la niña desaparecía, por las calles se veía
caminar un gato negro con los ojos rojos como el fuego.
La mujer
joven era hermosa, con su larga cabellera negra trenzada que arrastraba por las
veredas. Cuando llovía y las calles eran un lodazal, su trenza se veía de color
marrón que iba dejando una huella que duraba unos cuantos días.
La gente del
lugar juraba que por las noches caminaban juntas las tres y sus gatos iban tras
ellas. La verdad es que muchas veces salí en medio de la oscuridad para verlas,
pero nunca sucedió tal cosa. Creo que solo eran fantasías y rumores que inventaban
para asustarnos.
Lo cierto es
que la Mujer Fantasma era prolija, cada vez que entraba a su casa dejaba sus
zapatos afuera para no ensuciar sus pisos. Además cuidaba mucho su cabello gris
cepillándolo largas horas, dicen que cuando se miraba al espejo veía sus tres
versiones en él, lo cual no le agradaba, pero no podía evitarlo.
Cuentan los
vecinos que por las noches del día lunes se escuchaban llantos y lamentos que
provenían de esa casa, no era un llanto común, eran tres personas diferentes
que lo hacían y que también oían gritos de la niña reprendiendo su gato.
Años y años
fue así, todos envejecían, muchos habían fallecido, pero ella seguía allí,
siempre igual. La joven que salía por el barro arrastrando su trenza, la niña
que nunca dejó de tener diez años y de correr tras su gato.
Un fin de
semana que había fiesta en el poblado, desde el bosque cercano se oían llantos,
risas y gritos de niña, asombrados los vecinos vieron venir desde el bosque a
tres gatos con ojos de fuego que caminaban lentamente por la calle principal.
A la Mujer
Fantasma nunca la volvieron a ver.
Ana María Muñoz – 2026
Inspirado
por el microcuento de Nela Bodoc (2024) “Dejó
los zapatos en la entrada, llenos de barro. Sacudió su cabeza decorando con
gotitas de lluvia el espejo cercano. No le gustó lo que vio en él. Hizo una
mueca y se enjugó las lágrimas.”
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