lunes, 11 de agosto de 2025

 

                                    


                      Suelto una frase hacia el cielo,

                    es que quiero ser mejor,

                    navegar siempre en amor,

                    escribir uno y mil versos,

                    y le pido al universo

                    que me guíe por favor.

                                    Alberto Coronel - 2025





viernes, 8 de agosto de 2025


 Recuerdos

 

                                               Había una vez un circo.

Viví mi infancia en un medio rural, entre viñedos y cauces de aguas cantarinas, con noches de estrellas brillantes y luciérnagas luminosas, inviernos fríos en extremo, primaveras floridas y perfumadas, veranos tórridos con agresivas tormentas y otoños dorados y rojizos, con olor a mosto de uvas camino a las bodegas, que año a año repetían sus puestas en escena.

Pero cada tanto, alguna vez, se anunciaba la llegada de un circo, que encendía en las cabecitas de los niños y niñas una gran ilusión, especialmente en la mía. ¿Cómo será un circo? ¿Qué podría yo descubrir en él? Imaginaba cosas grandiosas, la explicación que daban mis padres no era suficiente, ni era posible compararlo con algún circo que hubiera visto en alguna película. Ese circo, al que yo asistiría sería único. Y lo fue.

Según recuerdo, el primer circo al que asistí era muy pequeño, pero muy pequeño.

Era un rectángulo bordeado de lonas desgastadas y descoloridas, que impedía que el espectáculo se viera desde afuera, sin techo. Adentro en filas de unas seis sillas plegables, de metal, que lucían el desgaste de su pintura y las magulladuras de los malos tratos, frente a un escenario como de teatro, que a mí me pareció algo magnífico, y, en mi mente era único.

Actuaron dos payasos que se daban guantazos muy sonoros, a lo que siguió una “domadora de perros” con un solo perro, el que a una indicación saltaba por un aro que la mujer sostenía.

Le siguió un número en que actuaban un niño y una niña que hacían equilibrio sobre una tabla que se apoyaba sobre un cilindro de madera. Luego un mago, que no recuerdo qué hizo pero que identifiqué como al presentador del inicio y como a uno de los payasos. Luego una cantante, interpretando una copla de moda acompañada con música que partía de una vitrola de cuerda, y algunos otros actos en los que se repetían los artistas, que en total eran seis personas.

Salí feliz, como si hubiese visto el mejor espectáculo del mundo.

Al día siguiente mi hermano y yo tratamos de imitar los números que habíamos visto en el circo pero, el perro no quiso saltar, no pudimos mantener el equilibrio en la tabla sobre el tronco que rodaba, cantar o hacer magia tampoco, pero fue muy divertido.

Además nos dio tema de conversación para una semana de recreos.

Mi padre validaba a los artistas, por su valentía y su seriedad, por su esfuerzo, por lo que yo también sentí admiración por ellos, además la ilusión de que algún día yo podría ser también una artista de circo.

                                                               Marta - 2025


jueves, 7 de agosto de 2025

 

Microcuento



                        Entré a lo profundo de la excavación y las imágenes de aquella otra vida me hicieron huir de allí.

                                                           AMI - 2023



miércoles, 6 de agosto de 2025

 HAIKUS

                         


                                                        Puse semilla

                                                        tierra y sol ayudando

                                                        germina pronto




                                        Río abajo van

                                        cantarinas las aguas 

                                        oigo sus voces



                                                        Susurra el aire

                                                        melodías hermosas

                                                        trayendo quietud



                                      Crepita el fuego

                                     calienta la cabaña

                                      feliz velada





                   

                                                         Ana María Muñoz - 2025


        Trabajamos los cuatro elementos.




martes, 5 de agosto de 2025

 

Recuerdos

 

MI PAPÁ

El azar tejió y destejió vidas, destinos, amores y corazones, y allí quedamos en la trama de este tiempo, tú mi padre, yo tu hija ¡Qué alegría, qué orgullo verte padre allí en mi vida!

Admiré tu fortaleza y la llama que encendías en las almas de los jóvenes que adoptabas día a día.

Admiré tu corazón que padeció tantas llagas, tantas horas de dolor.

Admiré siempre que amaras a mamá y a tus hijos y estuvieras orgulloso de vernos grandes y estudiosos. Fuimos, somos y seremos tu sangre, tu herencia, tu eco.

Valentía para vivir. Alegría para soñar; reflejamos tu entereza para afrontar los imprevistos.

Aquí estoy en el silencio, donde sólo transcurre el presente. Yo sólo tejo este punto en la trama del tiempo, este instante y este rumbo se marcó allá en cielo y sobrevivió en esta tierra para que fueras mi papá. Amigo, amor, amistad, vida y sueño.

Pensando y recordando vino a mi mente una poesía de Miguel Hernández.

Temprano levantó la muerte el velo

temprano madrugó la madrugada

temprano estás rodando por el suelo

 

Clara Molina - 2025



lunes, 4 de agosto de 2025

 


            Haiku





                                                                          Aire que me das

                                                               vida en el planeta

                                                               y que comparto.


                                                                            AMI  2025



viernes, 1 de agosto de 2025

 

Relato

 

 

La Buni y el Scrabble

 

Sus nietos la llamaban Buni, abreviando “bunica” que significa abuela en su lengua, era originaria de un país del este de Europa. Llegó, como inmigrante a Buenos Aires en los cincuenta, escapando de la hambruna de postguerra. Solo tenía veinte años. Una juventud truncada por los horrores de la guerra.

Debido a esto, solo había transitado la escuela primaria.

A pesar de las dificultades que le ocasionaba no saber una sola palabra del español, se las fue arreglando de a poco. Nada le parecía un obstáculo insalvable en comparación de lo que había sufrido durante la guerra.

En los primeros tiempos en Argentina le parecía increíble que no hubiera escasez de alimentos, que no se tenía que cuidar de los extraños, que se pudiera dormir sin miedo en las noches.

La necesidad de conectarse con otras personas, puesto que no tenía a nadie que lo hiciera por ella, la obligó a aprender rápidamente las palabras esenciales para abastecerse. La mayoría de sus proveedores tuvieron paciencia y fueron sus improvisados maestros.

En el transcurso de un año hablaba mejor que aquellos connacionales que llegaron sabiendo el español.

Desde que partió de su tierra no tuvo más noticias de sus familiares, ni de su patria. A causa de las prohibiciones establecidas en los países, que estaban tras la cortina de hierro no se enviaban las cartas. Esto la tenía angustiada. Pero un día, una vecina le trajo un recorte de diario con algunas noticias. Se lo leyó. Ella no sabía leer aún. En ese momento decidió aprender a leer en esta lengua.

Comenzó a hacerlo, tal como lo hacen los pequeños, con los carteles de la calle, los letreros, los titulares de los diarios en los quioscos.

Con el tiempo, de los diarios y las revistas de chimentos, pasó a los libros. Su situación no le permitía comprarlos. Pero no le faltaba quién le prestara uno que otro. Hasta que, un día, se enteró que podía asociarse a la biblioteca General San Martín y retirar libros en préstamo de forma gratuita.

Así fue que se transformó en una lectora consuetudinaria. Le encantaba jugar con las palabras. Se entretenía con todo tipo de crucigramas, adivinanzas y otros desafíos.

Sus huesos, su cuerpo cansado no le permitía estar tan activa, como en otros tiempos. Las palabras le hacían olvidar sus dolores.

Sus nietos la visitaban con frecuencia. Disfrutaban de su compañía. Siempre los recibía cariñosamente. Era una abuela seductora. Los divertía con los juegos de todo tipo. Pero su favorito era el Scrabble. Nadie le podía ganar. Era imbatible.

No se explicaba cómo ella, siendo extranjera, que a pesar de los años no se le fue el acento, sin estudios, poseía un vocabulario tan cuantioso. Y nunca le faltó su libro favorito: un buen diccionario.

La Buni fue, entre otras cosas extraordinarias, la campeona del Scrabble en la familia.

 

Nela Bodoc – 2025

 

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