miércoles, 23 de septiembre de 2026

 

Ensayo

 

Edadismo o evolución.

                                               “La grandeza de una persona está en ser agradecido”

                                                                                  Fray Ángel Ramón Serrano.

 

Según una definición de la Organización Mundial de la Salud, edadismo es una forma de pensar y actuar discriminatoriamente, con respecto a los demás o a nosotros mismos por razones de la edad.

En el siglo XX una persona de 60 o 70 años era considerada anciana, los noticieros solían usar el término sexagenario o septuagenario para definir a quien, se suponía, ya tenía debilitadas sus habilidades físicas y/o cognitivas para valerse a sí mismo en caso de ser hombre, o sí misma si era mujer, a la que se consideraba más desprotegida aun.

A través del tiempo a la mujer le estuvieron vedados, además, acceso a los claustros universitarios, a las fuerzas armadas, a la investigación científica y, en algunos casos, hasta a las artes. Esto también sucedía con las mal denominadas “minorías”. La historia reciente nos muestra muchos casos que se van develando poco a poco.

A partir del siglo XX se ha dado socialmente mayor importancia a la imagen que a otros aspectos de la persona, quizás influenciados por el desarrollo de los medios audiovisuales de comunicación masiva, que mostraban cuerpos y edades perfectas creando imágenes de estrellas de cine a las que generaciones querían parecerse, sin considerar que para ellas el tiempo no se detenía y, además, sin conocer que muchas de ellas tenían en paralelo otras profesiones, en algunos casos, investigaciones científicas que a la larga tuvieron mayor relevancia que su estrellato en las pantallas. Y las personas comunes adquirimos la costumbre de ocultar o disimular la edad, además de considerar que el modo de ganarnos la vida también era importante para nuestro nivel en la sociedad.

Además, el avance de los derechos de las “minorías”, díganse feminismo, racismo o nacionalismo, e incluso de género, amplió grandemente el hecho de que, sin que se le restara interés a la estética, se abrieran las aulas de las universidades y otros espacios  que antes les estaban vedadas.

Lentamente se ha ido conformando una nueva sociedad. Evolucionamos en los últimos cien años.

Científicos y científicas desarrollan sus investigaciones y trabajos sin estar presionados por la edad. Ahora vemos gente muy joven inventando, creando, descubriendo nuevas ideas, o a gente que ha pasado el siglo de vida entusiasmados en sus pasiones.

Se modifica la sociedad. Cambian las familias, ahora se componen de menos miembros, con mayor participación y colaboración en las tareas. A esto se suma la inclusión de artefactos electrodomésticos robóticos que las simplifican, dejando tiempo libre a todos los miembros del grupo.

Mas esta nueva realidad conlleva a una humanidad con mayor cantidad de personas de edad avanzada, en contraste con la disminución de nacimientos, que en algunos casos vemos el cierre de aulas para las primeras infancias, y a los abuelos con proyectos propios más allá del cuidado de sus nietos.

Se perfeccionan las comunicaciones, permitiendo a los habitantes del planeta comunicarse entre sí instantáneamente, a muy bajo costo, sin importar la distancia a que se encuentren uno de otro.

Esta nueva realidad nos permite elegir salir del pequeño ámbito en que nos encontramos para incluirnos en una sociedad pluralizada, participando en clubes deportivos o sociales, aprendiendo artes o manualidades, mayor acceso a viajes de turismo o de investigación, con el simple fin de adquirir conocimientos o conocer otras realidades. Independientemente de nuestra edad, educación, estrato social o género.

Todo al alcance de nuestros deseos.

Los avances de la ciencia nos han permitido vivir más y mejor, vivir no es durar solamente, es participar de una vida activa plena, autónoma.

Yo, ¿En qué lugar me sitúo? ¿Tomo mis propias decisiones o sigo las creencias, las modas, los mandatos sociales? ¿Administro mi vida y mis bienes sin esperar que la sociedad lo haga? ¿Soy la arquitecta de mi destino?

Podemos ser libres en nuestras elecciones.

Por lo tanto, puedo ser consciente de que el modo en que estoy viviendo es el resultado de mis decisiones, no de las decisiones de alguien externo, pues las condiciones pueden ser muy difíciles, pero soy yo quien decide cómo vivirlas.

Puedo disfrutar cada día agradeciendo los dones que recibo, las enseñanzas que mi entorno me brinda y ser una persona feliz, con esta edad que se renueva permanentemente, con este cuerpo que me contiene, con esta imagen que me devuelve el espejo, y, especialmente con el respeto y cariño que recibo de mi entorno.

 

                                               Asunción Ibáñez – 2026.


 

 

martes, 22 de septiembre de 2026

 

Poema

 

En secreto

 

Allí los dos,

en tranquila espera

Aquí los dos,

tarde que resuena.

 

Atardecer, que es nostalgia.

Atardecer, que es mi alma.

 

Aquí los dos

y la visita del picaflor.

Aquí en mi corazón

un secreto que late con furor.

 

Las tardes son como esa.

Un jardín como el de aquí

el silencio reviviendo en mí.

 

Yo la vi

Yo la sentí

Cuando el picaflor

estuvo aquí.

 

Volátil, etérea,

transparente, pura,

cruzó la entrada

y se perdió en luz.

 

Sin más y con mucho menos

quedó allí mi dolor.

Lo supe, la vi

ese día estuvo aquí.

 

Un ave en vuelo suave

así era su alma.

Nosotros llorando allí

ella es libre más allá.

 

Sentirla viva entre tanto dolor

es caricia cargada de amor.

Vivir del alma del cuerpo muerto

eternidad hecha secreto.

 

Aquí nosotros

Allí , vos

Será el secreto

en tu jardín

y mi yo.


Aquí nosotros.

Como aquel día

te vuelvo a ver.

Vida en la partida

 

Aquí nosotros

Allí la puerta

Jardín iluminado

y un colibrí dorado.

 

Estela Iris - 2026 



 

 

  

lunes, 21 de septiembre de 2026

 Cuento fantástico.

 

                                               Isidris

“Atrapados en el auto descubrieron el portal” – Lorena Manzini Marchesi -2022

 

El día de la cita fue programada con anticipación. Lorena y Andrés estaban muy entusiasmados con ir hasta el Cerro Arco donde los entusiastas de los fenómenos OVNI, o como se llama ahora, FANI (Fenómeno Anómalo No Identificado), dicen que en ciertas noches, hacia el Oeste, detrás del cerro, suelen aparecer esos objetos voladores, que no se sabe de dónde vienen, o adónde van.

Quedaron en unirse a otras personas, todos conocidos, que en una tarde de invierno, con el mate de por medio en un día lluvioso, alguien comentó ese tema. Y otro de los presentes agregó que sabía, de buena fuente que había allí una ciudad, invisible para la mayoría, que se llama Isidris. Es una ciudad intraterrena, ubicada en la zona de El Challao.

Dijo esto con tanta seriedad y seguridad, que los presentes no pudieron menos que reírse, algunos con fuertes carcajadas.

Todo eso les llevó varias horas de conversaciones, teorizando y suponiendo, sin llegar a nada en concreto, por lo que plantearon la propuesta de ir hasta el lugar al tercer jueves del mes de setiembre. Se encontrarían en la base del cerro a las nueve de la noche y ascenderían el cerro en caravana, y esperarían a que pasara la medianoche para descender u compartir las observaciones de la experiencia.

Lorena y Andrés, los más reticentes en creer algo así, tomaron su poderoso Fitito de dos puertas y se fueron al encuentro acordado.

Una vez que todos estaban presentes, cada quien en su vehículo y comenzaron a rodear el Cerro Arco, que se ve a simple vista ya que en él están instaladas las antenas de comunicaciones de la ciudad de Mendoza.

Unos minutos después, inmersos en la expectativa con la seguridad de que era una aventura sin sentido, según comentaron entre sí, perdieron de vista a los demás coches y un tramo más adelante el motor de su auto dejó de funcionar.

Preocupados al no lograr encender el motor ni las luces, trataron de bajar para empujarlo hacia abajo, lo que no sería tan difícil, pero descubrieron que las puertas no se abrían. Estaban atrapados.

Se abrazaron llenos de miedo, solos en un pequeño automóvil, encerrados con más preguntas que respuestas, muy cerca del terror.

Trataron de consolarse, rezando en silencio, vieron como lo que parecía  una ladera maciza del cerro, se descorría hacia un costado, dejando un camino abierto hacia una ciudad dorada, muy iluminada, por donde salieron cinco platillos voladores hacia la noche que los hizo invisibles, tras lo cual el portal volvió a cerrarse.

Horas después el auto arrancó, cuando el sol comenzaba a iluminar tímidamente el Este, más allá de la ciudad.

Antes de iniciar su regreso se prometieron no contar esa experiencia jamás.

                                               Asumi – 2026

 

Consigna: desarrollar un cuento fantástico partiendo de un micro cuento.



viernes, 18 de septiembre de 2026

 

Recuerdos del ayer

 

La niña rica.

Mis primeros recuerdos están un tanto difusos. Hay pocas fotos ya que no teníamos cámara  fotográfica propia, pero en todas estoy muy seria.

Cuando tenía menos de tres años mi padre tomó un contrato de viña en Rama Caída, San Rafael, y de allí son mis primeros recuerdos.

El lugar era hermoso. Cuando nos mudamos la vivienda contaba con una cocina y una habitación, pero la ampliaron con dos habitaciones más y un cuarto de baño, que, dicho sea de paso, se encontraba afuera, y aunque estaba bien instalado no tenía agua caliente. Después de la construcción estas dos habitaciones formaban un ángulo recto con las anteriores, por lo que para pasar de la cocina al comedor había que caminar unos pasos por el exterior, algo no muy agradable en invierno si llovía o nevaba, y en verano durante las tormentas.

En el patio chico, que estaba formado por el espacio demarcado por ambas construcciones había un pequeño parral que daba sombra en verano y dulces uvas en otoño.

Ese lugar era una maravilla, su jardín delantero era, si mal no recuerdo, de al menos doce hectáreas, donde se cultivaban ciruelas y vides. En la viña que comenzaba al terminar el cuadro de ciruelos había al menos una o dos hileras con variedades diferentes para  consumo de los frutos, que cortábamos en el momento para consumirlos y que ni siquiera lavábamos, y el resto se comercializaba para la industria vitivinícola.

También había, junto a una acequia de riego, separando los ciruelos del espacio de la huerta, dos enormes higueras y varias plantas de membrillos, más una planta de deliciosos damascos y algo más alejado, junto a la tranquera de salida, un enorme árbol de aromo, que llegado fines de agosto florecía cubierto de amarillo, perfumando el aire  y arrullado por cientos de abejas.

Todo permitía que en mi casa hubiese mermeladas caseras de todos los frutos disponibles, más duraznos en almíbar, dulce de membrillo y ciruelas e higos secos para todo el año.

En la huerta, la que estaba cercada con cañas para protegerla del tránsito de personas y animales, mis padres cultivaban las verduras y hortalizas que consumíamos.

Además de una importante cantidad de aves de corral y conejos, más dos cerdos criados para ser sacrificados cada año, hizo de mi infancia una paraíso de abundancia.

Se realizaban  pocas compras de alimentos por la misma razón. No sobraba dinero, no había regalos, no celebrábamos los cumpleaños, pero nada nos faltaba.

Hermoso recuerdo del ayer.

                                                                              Asumi - 2022

 

jueves, 17 de septiembre de 2026

 

Cuento fantástico

 

 

LA MUJER FANTASMA

 

Era muy vieja, imposible calcular su edad. Algunos días cambiaba de aspecto y se la veía joven y dinámica, otras veces era la anciana encorvada de cabello gris que caminaba lento. Los días domingos era una niña de diez años que corría tras su gato. Los vecinos la llamaban la Mujer Fantasma y le temían.

El gato de la niña era pelirrojo y sus ojos ardían como fuego de dragón cuando se cruzaba con alguien, entre semana cuando la niña desaparecía, por las calles se veía caminar un gato negro con los ojos rojos como el fuego.

La mujer joven era hermosa, con su larga cabellera negra trenzada que arrastraba por las veredas. Cuando llovía y las calles eran un lodazal, su trenza se veía de color marrón que iba dejando una huella que duraba unos cuantos días.

La gente del lugar juraba que por las noches caminaban juntas las tres y sus gatos iban tras ellas. La verdad es que muchas veces salí en medio de la oscuridad para verlas, pero nunca sucedió tal cosa. Creo que solo eran fantasías y rumores que inventaban para asustarnos.

Lo cierto es que la Mujer Fantasma era prolija, cada vez que entraba a su casa dejaba sus zapatos afuera para no ensuciar sus pisos. Además cuidaba mucho su cabello gris cepillándolo largas horas, dicen que cuando se miraba al espejo veía sus tres versiones en él, lo cual no le agradaba, pero no podía evitarlo.

Cuentan los vecinos que por las noches del día lunes se escuchaban llantos y lamentos que provenían de esa casa, no era un llanto común, eran tres personas diferentes que lo hacían y que también oían gritos de la niña reprendiendo su gato.

Años y años fue así, todos envejecían, muchos habían fallecido, pero ella seguía allí, siempre igual. La joven que salía por el barro arrastrando su trenza, la niña que nunca dejó de tener diez años y de correr tras su gato.

Un fin de semana que había fiesta en el poblado, desde el bosque cercano se oían llantos, risas y gritos de niña, asombrados los vecinos vieron venir desde el bosque a tres gatos con ojos de fuego que caminaban lentamente por la calle principal.

A la Mujer Fantasma nunca la volvieron a ver.

 

Ana María Muñoz – 2026

 

 

Inspirado por el microcuento de Nela Bodoc (2024) “Dejó los zapatos en la entrada, llenos de barro. Sacudió su cabeza decorando con gotitas de lluvia el espejo cercano. No le gustó lo que vio en él. Hizo una mueca y se enjugó las lágrimas.”

 

 

miércoles, 16 de septiembre de 2026

 



Amanezco y estoy vivo,

parece muy natural…

Y respiro, y siento el aire,

y hasta puedo caminar…

Nunca me puse a pensar

el valor del día a día,

hoy lo siento y agradezco,

son los dones de la vida.

Alberto Coronel



 

martes, 15 de septiembre de 2026

 

Cuento fantástico


NOCHE SIN FIN

 

Era noche cerrada, aligeraba los pasos en el estrecho camino que la conducía a casa.

Cada ráfaga de viento y lluvia le empapaba la ropa y parecía que la jalaba hacia atrás.

Con cada relámpago se iluminaban los árboles que se le hacían monstruosos.

Escuchaba el pum-pum de su corazón que le llegaba a la garganta hasta el momento del cercano trueno que retumbaba en sus oídos. Sentía esa presencia tan cerca… ya la tocaba.

Abrió la puerta, entró y la cerró con frenesí. Respiró profundamente, se miró en el gran espejo, observó las gotas de agua que decoraban su semblante. Sacudió la cabeza. No le gustó el reflejo que el espejo le devolvió. Hizo una mueca de terror. Las lágrimas asomaron, se limpió los ojos y, al abrirlos, vio aquella temida silueta oscura.

Era la locura que se apoderó de ella.

 

Elisa Rita Alzérreca Solari - 2026

 

# Basado en el microcuento escrito por NELA  BODOC en 2024.

“Dejó los zapatos en la entrada, llenos de barro. Sacudió su cabeza decorando con gotitas de lluvia el espejo cercano. No le gustó lo que vio en él. Hizo una mueca y se enjugó las lágrimas.”

 

  Mi bien más preciado.     L A    V I D A   Vida, que me permites simplemente mirar, observar cada luz y oscuridad de este mund...