Ensayo
Edadismo o evolución.
“La grandeza de una persona está en ser
agradecido”
Fray
Ángel Ramón Serrano.
Según una definición de la Organización Mundial de la
Salud, edadismo es una forma de pensar y actuar discriminatoriamente, con
respecto a los demás o a nosotros mismos por razones de la edad.
En el siglo XX una persona de 60 o 70 años era
considerada anciana, los noticieros solían usar el término sexagenario o
septuagenario para definir a quien, se suponía, ya tenía debilitadas sus
habilidades físicas y/o cognitivas para valerse a sí mismo en caso de ser
hombre, o sí misma si era mujer, a la que se consideraba más desprotegida aun.
A través del tiempo a la mujer le estuvieron vedados,
además, acceso a los claustros universitarios, a las fuerzas armadas, a la
investigación científica y, en algunos casos, hasta a las artes. Esto también
sucedía con las mal denominadas “minorías”. La historia reciente nos muestra
muchos casos que se van develando poco a poco.
A partir del siglo XX se ha dado socialmente mayor
importancia a la imagen que a otros aspectos de la persona, quizás
influenciados por el desarrollo de los medios audiovisuales de comunicación
masiva, que mostraban cuerpos y edades perfectas creando imágenes de estrellas
de cine a las que generaciones querían parecerse, sin considerar que para ellas
el tiempo no se detenía y, además, sin conocer que muchas de ellas tenían en
paralelo otras profesiones, en algunos casos, investigaciones científicas que a
la larga tuvieron mayor relevancia que su estrellato en las pantallas. Y las
personas comunes adquirimos la costumbre de ocultar o disimular la edad, además
de considerar que el modo de ganarnos la vida también era importante para
nuestro nivel en la sociedad.
Además, el avance de los derechos de las “minorías”,
díganse feminismo, racismo o nacionalismo, e incluso de género, amplió
grandemente el hecho de que, sin que se le restara interés a la estética, se
abrieran las aulas de las universidades y otros espacios que antes les estaban vedadas.
Lentamente se ha ido conformando una nueva sociedad.
Evolucionamos en los últimos cien años.
Científicos y científicas desarrollan sus investigaciones
y trabajos sin estar presionados por la edad. Ahora vemos gente muy joven inventando,
creando, descubriendo nuevas ideas, o a gente que ha pasado el siglo de vida
entusiasmados en sus pasiones.
Se modifica la sociedad. Cambian las familias, ahora se componen
de menos miembros, con mayor participación y colaboración en las tareas. A esto
se suma la inclusión de artefactos electrodomésticos robóticos que las
simplifican, dejando tiempo libre a todos los miembros del grupo.
Mas esta nueva realidad conlleva a una humanidad con
mayor cantidad de personas de edad avanzada, en contraste con la disminución de
nacimientos, que en algunos casos vemos el cierre de aulas para las primeras
infancias, y a los abuelos con proyectos propios más allá del cuidado de sus
nietos.
Se perfeccionan las comunicaciones, permitiendo a los
habitantes del planeta comunicarse entre sí instantáneamente, a muy bajo costo,
sin importar la distancia a que se encuentren uno de otro.
Esta nueva realidad nos permite elegir salir del pequeño
ámbito en que nos encontramos para incluirnos en una sociedad pluralizada,
participando en clubes deportivos o sociales, aprendiendo artes o manualidades,
mayor acceso a viajes de turismo o de investigación, con el simple fin de
adquirir conocimientos o conocer otras realidades. Independientemente de
nuestra edad, educación, estrato social o género.
Todo al alcance de nuestros deseos.
Los avances de la ciencia nos han permitido vivir más y
mejor, vivir no es durar solamente, es participar de una vida activa plena,
autónoma.
Yo, ¿En qué lugar me sitúo? ¿Tomo mis propias decisiones
o sigo las creencias, las modas, los mandatos sociales? ¿Administro mi vida y
mis bienes sin esperar que la sociedad lo haga? ¿Soy la arquitecta de mi
destino?
Podemos ser libres en nuestras elecciones.
Por lo tanto, puedo ser consciente de que el modo en que
estoy viviendo es el resultado de mis decisiones, no de las decisiones de
alguien externo, pues las condiciones pueden ser muy difíciles, pero soy yo
quien decide cómo vivirlas.
Puedo disfrutar cada día agradeciendo los dones que
recibo, las enseñanzas que mi entorno me brinda y ser una persona feliz, con
esta edad que se renueva permanentemente, con este cuerpo que me contiene, con
esta imagen que me devuelve el espejo, y, especialmente con el respeto y cariño
que recibo de mi entorno.
Asunción Ibáñez – 2026.