Cuento
La manzana
verde
Esa mañana salió temprano a hacer unas compras. Actividad
que no le agradaba para nada. Le molestaba mucho tener que salir de su casa
pero no tenía a nadie que le trajera las vituallas.
El anciano amaba la soledad, era casi un ermitaño.
Lo puso contento ver las calles vacías ese domingo. No había
clientes en la verdulería.
Al entrar a su casa, que estaba en penumbras porque no le
gustaba dejar entrar la luz natural, vio sobre la mesa del comedor una hermosa
manzana verde.
Se aproximó intrigado. Le llamó la atención que tenía una
hendidura y notó que algo brillaba en ella. Al verla de cerca notó que dentro
había un anillo con un brillante.
Él nunca compraba esa variedad de manzana porque tenía
dificultad para masticar y le producía molestias a las encías.
Su cabeza se llenó de preguntas-¿Se habrá equivocado el
verdulero al colocar su compra en la bolsa? ¿La guardé yo distraídamente? Pero
lo hubiera notado al guardar las frutas.
Estaba completamente seguro que él no la había colocado
allí. Y mientras se debatía por encontrar una respuesta a tanta pregunta, vio
la silueta de un hombre en la puerta de la sala.
-¿Quién es Ud.?¿Cómo entró en mi casa?- preguntó alterado.
El joven se acercó sin responder.-Permiso- dijo tomando la
manzana verde- Disculpe Ud. he cometido un error. Debía entregarla a una vecina
tres casas más allá de la suya.
El anciano volvió a preguntar en tono enérgico -¿Cómo hizo
Ud. para entrar en mi casa?- El intruso salió sin responder llevándose la
manzana verde y el misterio con él.
Ya enajenado por la situación, el dueño de casa salió tras
el joven que había avanzado varios metros, y pudo distinguirlo, tres casas más
allá efectuando la entrega.
La destinataria era una joven muy pálida, toda vestida de
blanco, con una larga cabellera rojiza que le pasaba la cintura. La rodeaba un
halo de luz.
Con el paso que sus cansadas piernas le permitieron, el
anciano llegó al lugar. El joven ya se había ido. Allí no había ninguna casa,
solo un terreno baldío con un cartel sobre un tapial que decía “Se vende”.
La blanca figura fantasmal se acercó al impávido anciano
dejándole ver su rostro. - ¡Angelina!- gritó con voz trémula el pobre hombre
-¿Eres tú?
La joven se diluyó en su propio resplandor que se fue
apagando dejando el lugar en completa oscuridad.
Regresó a su casa arrastrando sus temblorosas piernas en
estado de trance. Al entrar apenas pudo llegar al sillón. Se desplomó bañado en
lágrimas.
Angelina había sido el amor de su vida. El anillo en la
manzana era igual al que él le puso en su boda. Ella murió ahogada en la luna
de miel.
Nela Bodoc – 2026
Versión libre del cuento “LA MANZANA VERDE” de Clara
Gonorowsky
Publicado en “Simientes de Luna” de Editorial Equinoxio en
2019
Consigna: Escuchar un
cuento leído y escribir un cuento propio.