martes, 18 de noviembre de 2025



Cuento infantil

 

 

EL SUEÑO DE PEPITO                         

            Pepe Lima es un niño kolla que vive en un hermoso valle escondido entre las altas cumbres de Los Andes, llamado Cueva de los Quirquinchos.

            Su abuelito Atahualpa es un gran narrador de historias y le ha contado que hace muchísimo tiempo los antiguos habitantes de las tierras bajas llevaron hasta  ese lugar parte del gran tesoro de los incas para protegerlo de los invasores blancos que llegaron en barcos hasta la costa. Dice don Atahualpa que en algún lugar estará oculto, y que sería un honor muy grande para quien lo encontrara.

            Por eso Pepe soñaba con ser el gran descubridor de ese tesoro, él lo entregaría todo a un museo, o mejor, haría un museo en Cueva de los Quirquinchos para que estudiosos y turistas de todo el mundo vinieran a verlo.

            A veces se desanimaba porque es solo un niño que llevaba sus cinco llamas y sus siete ovejas a pastar por el valle, pero otras veces se entusiasmaba dando rienda suelta a su imaginación y cuando regresaba de sus tareas le pedía a su abuelo una y otra vez que le cuente la misma historia, y en la escuela le pedía a su maestra que le hablara sobre los antiguos habitantes.

            Por eso sabe que los antiguos kollas que llevaron el tesoro lo habían dejado custodiado por un demonio del fuego, que según algunas pinturas que encuentran en las paredes de una cueva que hay junto al arroyo sería un dragón que no dejaba a nadie acercarse al lugar. De eso había pasado tanto tiempo que solo a Pepe le interesaba.

            Don José Lima, el papá de Pepito, es el único restaurador de muebles de todo el valle. Hace poco le llevaron un antiguo escaparate, muy pero muy pesado, para que lo restaurara, y como no cabía en el taller hizo que lo dejaran debajo del alero y lo cubrió con un plástico negro. Hace unos días Pepe volvió de la escuela y antes de ir a buscar a sus animalitos se puso a jugar un ratito a la pelota; imaginó el mejor tiro y lo hizo con todas sus fuerzas, con tanta suerte que la pelota fue a dar ni más ni menos que al plástico que cubría el pesado mueble. Se escuchó un ruido tan fuerte que Pepe quedó paralizado del susto y la preocupación, y no reaccionó hasta que oyó la voz de su mamá que preguntaba: -¿Qué fue eso?

            - Nada, nada- se apresuró a decir Pepito, pensando que lo averiguaría cuando regresara con los animales y los hubiera encerrado.

            Cuando hubo terminado sus tareas salió a jugar un rato y  levantó suavemente el plástico, con lo que una de las puertas del mueble cayó al suelo en dos pedazos. Pasado el susto y comprobando que sólo se había despegado y que su papá lo arreglaría, vio entre las láminas de madera, muy disimulado, un fino trozo de cuero. Tiró suavemente hasta tenerlo en sus manos, lo extendió y deseó con todas sus fuerzas que fuera un mapa, el mapa del tesoro inca. Pero al abrirlo vio sólo unas figuras semejantes a las de la cueva. Puso la puerta y el plástico en su lugar, tomó el trozo de cuero y se fue a dormir deseando que pronto amaneciera.

            Al día siguiente, cuando llevó a su ganado a pastar, corrió hasta la cueva para comparar el contenido del cuero ilustrado con las figuras de las paredes, y en esto estaba cuando una voz desconocida preguntó: -¿Qué hacés aquí, niño? ¿Cómo te llamás? ¿Qué tenés ahí?

            -Soy Pepe Lima, vine a ver las figuras de la pared de la cueva y tengo un cuero con dibujos muy parecidos a éstos. ¿Y vos quien sos? –preguntó extrañado Pepito al ver que quien le hablaba era un búho color castaño de grandes ojos verdes.

            -Todos me llaman Don Búho, el sabio de la Cueva. Estoy aquí desde que nací y mis antepasados me heredaron la custodia del lugar, hasta que se consiguiera la otra mitad de la palabra mágica.

            -¿La palabra mágica? –preguntó sorprendido Pepito.

            -Sí, la palabra que abra la puerta hacia el mundo desconocido donde los Incas guardaron su tesoro.

            El búho se posó sobre el hombro de Pepe para ver mejor, y entre ambos fueron estudiando y comparando los dibujos hasta que lograron descifrar la palabra mágica.

            Con gran seriedad el niño tendió su mano y el búho su garra, y dijeron a un mismo tiempo la palabra que habían descubierto, y una de las paredes del fondo de la cueva comenzó a moverse hasta dejar descubierto el interior de una cámara secreta.

            -No hay nada – dijo Pepito al ver su interior.

            -No hay oro ni plata –dijo el ave- pero hay sabiduría, un valor mucho mayor que el material.

            -¿Cómo es eso?- Preguntó el niño.

            -Ahora ve a tu casa –contestó el búho – mañana veremos.

            Desde entonces, cada día después de hacer sus tareas escolares y antes de traer de regreso sus ovejas y llamas, Pepito y Don Búho van  descubriendo el tesoro de los incas: su organización social perfecta, donde nadie quedaba desamparado. Sus formas de regadío, con el que lograron abastecer de agua su gran imperio, el modo en que llevaban a cabo sus cultivos en terrazas,  sus conocimientos de matemática y astronomía y su reverencia por la Naturaleza.

            Pepe Lima se ha convertido en un muy buen alumno, especialmente sabe mucho de Historia, y  tiene la llave del tesoro que le permitirá, cuando sea grande, ser un hombre de bien.

 

                                                                                                                      FIN

 

Asunción Ibáñez - 2009

 


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