martes, 29 de septiembre de 2026

 



El sueño de Ciro, el león.

Nació en un circo, en una pequeña jaula enrejada montada sobre ruedas. Cuando el circo se mudaba de ciudad sólo lo enganchaban a algún camión o tractor y partían.

 Su padre había sido cazado en la sabana africana siendo muy pequeñito por traficantes de animales y vendido luego en tierras lejanas a ese circo itinerante. Desde pequeño le enseñaron un acto, un número con un domador que daba sus órdenes con gritos guturales y chasquidos de látigo, que su padre sabía que si se equivocaba ese látigo llegaría hasta su cuerpo. Le contaba que las únicas veces que caminaba sobre la tierra era cuando se dirigía a la pista para hacer aquel número, por un pasadizo de rejas que armaban para él los mozos de pista, y que desembocaba en una pequeña jaula también de rejas móviles. Una vez concluido el número le hacían volver a su jaula haciendo el recorrido inverso, y si por alguna razón se detenía, los mozos de pista le pinchaban con unas lanzas que introducían entre las rejas hasta volver a la pequeña jaula con ruedas.

El caso de su madre era bastante parecido, sólo que ella había nacido en el circo y compartía su jaula con otra leona.

Así que Ciro, desde pequeño soñó con una sabana en África que nunca había conocido, donde su sueño lo llevaba a pensar en que podría predicarle a los jóvenes leones acerca del horror de la esclavitud y el encierro, y les enseñaría a usar su filosas garras y a defenderse de los hombres, que seguramente todos serían malos. Así pasaron algunos años y a sus padres los donaron al zoológico para que éste se hiciera cargo de su manutención y cuidado. Y él pasó a reemplazar a su padre en esa rutina burlesca.

Pero algunos hombres pensaban en esos animales prisioneros, y lentamente hicieron pensar a más gente en que no era bueno explotar a los animales en los circos, así que también él fue enviado al zoológico, y allí se sintió más libre, porque su jaula era algo más grande y las rejas más alejadas de él, por lo que pensó estar más cerca de cumplir su sueño. Pero al igual que en circo, cada día recibía su comida sin que él la hubiera cazado y lo pensaba como muy lógico y natural.

Mas el tiempo siguió su curso y en una nueva ola de concientización los hombres comenzaron a cerrar los zoológicos, entonces lo llevaron a un santuario para leones donde ya no había rejas ¡Y por fin se estaba acercando a su sueño! Y le permitían alejarse del lugar, pero luego dejaron de darle comida con la misma frecuencia, y Ciro consideraba que era una falta de respeto esa desconsideración.

Y aunque aun era joven Ciro prefirió no alejarse demasiado de la asistencia de los humanos, donde había comida fácil, y culpar a su mala suerte por no haber podido cumplir su sueño.

                                                                              Asunción Ibáñez  2022



 

 

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