El sueño de Ciro, el león.
Nació en un circo, en una pequeña jaula
enrejada montada sobre ruedas. Cuando el circo se mudaba de ciudad sólo lo
enganchaban a algún camión o tractor y partían.
Su
padre había sido cazado en la sabana africana siendo muy pequeñito por
traficantes de animales y vendido luego en tierras lejanas a ese circo
itinerante. Desde pequeño le enseñaron un acto, un número con un domador que
daba sus órdenes con gritos guturales y chasquidos de látigo, que su padre
sabía que si se equivocaba ese látigo llegaría hasta su cuerpo. Le contaba que
las únicas veces que caminaba sobre la tierra era cuando se dirigía a la pista
para hacer aquel número, por un pasadizo de rejas que armaban para él los mozos
de pista, y que desembocaba en una pequeña jaula también de rejas móviles. Una
vez concluido el número le hacían volver a su jaula haciendo el recorrido
inverso, y si por alguna razón se detenía, los mozos de pista le pinchaban con unas
lanzas que introducían entre las rejas hasta volver a la pequeña jaula con
ruedas.
El caso de su madre era bastante parecido,
sólo que ella había nacido en el circo y compartía su jaula con otra leona.
Así que Ciro, desde pequeño soñó con una
sabana en África que nunca había conocido, donde su sueño lo llevaba a pensar
en que podría predicarle a los jóvenes leones acerca del horror de la
esclavitud y el encierro, y les enseñaría a usar su filosas garras y a
defenderse de los hombres, que seguramente todos serían malos. Así pasaron
algunos años y a sus padres los donaron al zoológico para que éste se hiciera
cargo de su manutención y cuidado. Y él pasó a reemplazar a su padre en esa
rutina burlesca.
Pero algunos hombres pensaban en esos animales
prisioneros, y lentamente hicieron pensar a más gente en que no era bueno
explotar a los animales en los circos, así que también él fue enviado al
zoológico, y allí se sintió más libre, porque su jaula era algo más grande y
las rejas más alejadas de él, por lo que pensó estar más cerca de cumplir su
sueño. Pero al igual que en circo, cada día recibía su comida sin que él la
hubiera cazado y lo pensaba como muy lógico y natural.
Mas el tiempo siguió su curso y en una nueva
ola de concientización los hombres comenzaron a cerrar los zoológicos, entonces
lo llevaron a un santuario para leones donde ya no había rejas ¡Y por fin se
estaba acercando a su sueño! Y le permitían alejarse del lugar, pero luego
dejaron de darle comida con la misma frecuencia, y Ciro consideraba que era una
falta de respeto esa desconsideración.
Y aunque aun era joven Ciro prefirió no
alejarse demasiado de la asistencia de los humanos, donde había comida fácil, y
culpar a su mala suerte por no haber podido cumplir su sueño.
Asunción
Ibáñez 2022
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