La flojera de la paloma.
Una pareja de horneros busca el mejor lugar
para hacer su nido. El macho, desde una rama muy alta, le dice a su esposa que
lo ha encontrado. Juntos vuelan hasta el pimiento más próximo y se posan en una
gruesa rama. Luego comienzan la búsqueda de los materiales de construcción.
Felices toman con sus picos el barro y ramitas.
Una paloma los observa desde una de las ramas
del pimiento. Esta recostada sobre un precario nido, el cual perteneció a otra
ave. Ella lo encontró abandonado y se mudó allí. La
paloma se ríe por lo bajo mientras los ve trabajar. Los horneros van y vienen.
Uno recibe del otro el barro y las ramitas y luego los coloca concienzudamente.
De a poco su nueva casa va tomando forma.
Pasaron
cinco días en los cuales la pareja no dejo de trabajar, su nido ha tomado la
apariencia de un pequeño horno de barro. En todo el tiempo, la floja paloma
apenas levanto vuelo para ir a buscar su alimento y posarse en otras ramas para
ver como la pareja construía. Para ella
era un nido ridículo, hecho por un par
de pájaros bobos.
En su vuelo acelerado pasa la hornera cerca de
la paloma. La parda la llama y le dice en un tono sarcástico:
-Ustedes trabajan tanto. ¡Es admirable!
-Muchas gracias, paloma. - Respondió la pajarilla trabajadora a punto de
emprender vuelo, pero la burlona la retuvo.
-No entiendo por qué lo hacen. Yo tengo mi
hogar, es aquel que se encuentra en esa rama del pimiento. ¿Lo ves? Y no me
hizo falta gastar los hermosos días de primavera como a ustedes que se pasan
volando con ese asqueroso barro en sus picos. Lo encontré allí, esperándome. Y
te aseguro que el pájaro que lo había construido no habrá gastado más de un día
en hacerlo-
La hornera la escucha sin darle importancia a
lo que le dice. La parda agrega entre risas:
-Son dos tontos, solo a ustedes se les ocurre
gastar tanto tiempo en esa construcción ridícula.
La hornera nada le contesta y sigue vuelo hacia
su nido casi terminado. Esa misma tarde la pareja termina su obra. Ambos cantan
el resto de la tarde para festejar su logro. Están muy cansados pero felices,
ahora pueden tomar un merecido descanso en su nuevo hogar.
Pasan los días y la pareja comenzó la labor de
empollar sus huevos. Poco se cruzaron en ese tiempo con su vecina, la cual tuvo
tres pichones junto a su palomo. Se pasan los días buscando alimento para sus
pequeños glotones.
Una mañana comienza a correr brisas de aire
cálido. La paloma no les presta atención y sale a buscar el alimento mientras
el papá de los pichones se queda a cuidarlos en el nido. El zonda la sorprende
a mitad de su vuelo.
Una vez que las ráfagas menguan, la exhausta
paloma decide volver a su nido a descansar un poco. En el camino se cruza con
el hornero macho y lo saluda. Hablan un poco sobre lo exhaustos que están por
haber tenido que sostener su vuelo mientras el zonda corría y ambos están
contentos de que todo haya terminado.
Llegan
al pimiento y el hornero encuentra a su esposa parada frente a su nido
llamándolo con dulces gorjeos. En cambio la paloma no encuentra nada. En la
rama donde debería estar su nido no se ve ni una sola de las ramitas. El zonda
había borrado todo vestigio del mismo. La hornera vuela a su encuentro y le
cuenta que gracias a que el palomo los cubrió entre sus alas sus pichones
estaban salvos. Sin agregar más retorna a su nido. La parda busca a su familia
y la encuentra al pie del árbol. Junto a su compañero comienza la construcción
de un nuevo nido.
Lidia - 2013