miércoles, 9 de octubre de 2024

 



Y el Alma habló, vaciando esa bolsa de ingratos pensamientos; no sabe cuánto tiempo duró su entrevista. Ni sabe si escuchó todo, sólo recuerda el consejo que Ella le dio: “Haz lo que sientas, no te prendas de ideas ni quejas ajenas; tampoco te opongas, déjalos correr, que ya pasará”


                    Sentires de un Caminante - 2020



martes, 8 de octubre de 2024

 


                    EL HADA Y EL ALERCE

En medio de la soledad de las tierras yermas de la Patagonia, solo habitada por curiosos guanacos, se alza imponente el Alerce.

Sus ramas atraen aves buscando sombra y el Hada de los vientos, ulula a su lado.

Es otoño y sigue verde- dice el Hada en un murmullo -Qué extraño, volveré en otra época del año.

Pasan los meses y regresa a visitarlo ansiosa, sorprendida observa que está igual, ella que vino de tan lejos para ayudarlo a hacer caer sus hojas, se pone triste.

Entonces el Alerce al verla angustiada extiende uno de sus brazos y la levanta hacia su copa, alto, muy alto; porque los alerces son así. Gigantes centinelas de las tierras patagónicas.

-Hadita de los vientos, regálame una sonrisa así me alegras el día- le dice con su voz antigua y cansada -Yo no puedo cambiar mis hojas; porque cuando llega el invierno debo proteger al viajero y a las aves que buscan refugio al amparo de mi follaje para no morir. Debes irte lejos de acá para encontrar árboles que necesiten tu ayuda- Le habló con tanta ternura que el Hada de los Vientos le prometió volver a visitarlo aunque él no la necesite y se despidió con una caricia en su brazo-rama.

                                                               Ana María Muñoz - 2024

lunes, 7 de octubre de 2024

 


Madre Tierra

 

Madre tierra, Pachamama,

tú que me contienes, que me cuidas,

que me acunas en tu regazo,

a quien le debo la vida

que agradezco como humana.

 

En esta nave hermosa,

que nos ampara y protege

eres reina protectora,

sueño en que nunca nos alejes

de tu protección amorosa.

 

Nos demuestras que en tu reino

no somos un privilegio,

más  bien somos indolentes

ante las otras especies

y capaces de desatar un infierno.

 

Y si aun no sucede

ha de ser por tu cuidado

que algunas conciencias despiertan,

cuidando el suelo amado,

aunque otros desesperen.

 

¡Cuidar esta casa grande con respeto al medio ambiente!

 

                                               Marta 2024 



 

viernes, 4 de octubre de 2024

 

Fábula

 

 

El cerezo de Don Cirilo

 

En una lejana aldea de montaña, un solitario anciano llamado Cirilo vivía en su modesta casa de adobe con un terrenito al fondo, colindante con su vecino Jeremías.

Don Cirilo amaba a ese pequeño jardín y especialmente a su único árbol, un importante cerezo que se erguía muy cerca de la medianera.

El hombre, ya bastante entrado en años tenía dificultades para ocuparse de sus plantas, pero al árbol no lo descuidaba nunca. Lo regaba todas las tardes, con especial dedicación, como si fuera su única posición, en este mundo.

El cerezo le retribuía tanto amor, dando una gran cantidad de enormes, rojos y deliciosos frutos, que nunca compartía con nadie. Todos conocían lo mezquino que era.

La pequeña hija de Jeremías, Celeste, era una niña muy alegre, algo traviesa y bastante intrépida. Y se le hacía agua la boca, viendo desde su ventana, las apetitosas cerezas en la copa del árbol. Para ella era imposible resistirse a semejante tentación.

Todas las tardes, mientras Don Cirilo dormía la siesta, se trepaba a la medianera y con solo estirar su bracito lograba arrancar unas cuantas, que comía hasta hartarse y otras más que se echaba al bolsillo.

A veces, el viejo gruñón la alcanzaba a ver mientras escapaba. Y furioso le gritaba unos cuantos improperios. La niña, temblando de miedo, se bajaba lo más rápido posible de la medianera, cuidando su tesoro, ganándose unos raspones.

A pesar de los retos de su madre, se daba tremendos atracones que terminaban en tremendo dolor de panza.

Ante estos hechos, Don Cirilo decidió dormir la siesta en una reposera, bajo la sombra de su amado árbol, vigilando para evitar la cosecha clandestina.

Celeste, que no pensaba renunciar a su travesura, cambió de planes. Esperó que cayera la tarde y cuando ya estaba oscureciendo se trepó a la pared comenzó a llenar sus bolsillos ya muy estirados de tanta carga.

Estaba muy oscuro. Sin poder distinguir la saliente, donde siempre apoyaba el pie para poder bajar, resbaló. A caer dio con la nuca contra el borde de una gran maceta que había en su patio, Y allí quedó tendida, inconsciente.

La llevaron al hospital, a terapia intensiva. Estuvo agonizando dos días. Finalmente falleció, a pesar de las oraciones de todos los pobladores y de los ruegos de sus desesperados padres.

Una gran nube obscura cubrió el cielo de la aldea, por varios días.

Nadie reía, nadie cantaba, nadie jugaba. La tristeza se entrometió en todas las casas.

Con dolor y un enorme sentimiento de culpa, Don Cirilo, arrepentido de haber sido tan mezquino con Celeste, su encantadora y traviesa vecinita. Sentado junto al cerezo, se pasaba llorando durante días, semanas, meses, hasta que se le secaron los ojos.

Llegó la primavera al año siguiente. Como siempre el árbol floreció, generosamente. Después de unas semanas, fueran cayendo las pequeñas flores, de color rosa pálido, dejando un aterciopelado tapiz a su alrededor. Pero los frutos no aparecieron.

El cerezo de Don Cirilo, nunca más dio las hermosas frutas tan apetecidas. Todos los vecinos sabían, muy bien, porqué.

Cuando se cumplió el primer aniversario de la muerte de Celeste, apareció una bellísima mariposa, de color celeste, revoloteando entre las ramas del árbol. Y luego se posó sobre el hombro del anciano, quién no dejaba de suspirar junto a la medianera.

Él sabía que era Celeste que venía a consolarlo. Su mensaje era, que ya podría descansar en paz.

Nela Bodoc - 2024



jueves, 3 de octubre de 2024

 

                       

                            Tanka

 

        Tan – corto

        Ka – canción

 

        Es un poema de origen japonés que consta de cinco versos, de:

-cinco sílabas el primer verso

-siete sílabas el segundo verso

-cinco sílabas el tercero verso

-siete sílabas el cuarto verso

-siete sílabas el quinto verso

        O sea, 5 – 7- 5 – 7 – 7

                                               Taller Lápiz Creativo

 

 

miércoles, 2 de octubre de 2024


 Haiku



El zonda:

Viene furioso

y arrasa con todo.

ulula fuerte.

 

Ana María Muñoz - 2024



martes, 1 de octubre de 2024

 


 

LA PANDEMIA 

 

Andrea se quedó mirando distraída el cuaderno de comunicaciones de uno de sus hijos, aunque los tres traían la misma notificación: se suspenden las clases por la amenaza de la gripe A, ese nuevo virus que ha mutado de los cerdos y ahora afecta a los humanos que carecemos de defensas. Pensó en su esposo, muerto meses antes, y en sus tres niños que ahora quedarían a cargo de empleadas y abuelas mientras ella trabajaba. La campana de la antigua capilla llamando a misa la sustrajo de sus pensamientos. Suspiró profundamente, se encaminó hacia la ducha, se dio un baño algo más que tibio, salió en bata con el cabello envuelto recién lavado oliendo a lavanda, y con un gesto de decisión tomó el teléfono y llamó: -Hola, ¿Grace? ¿Aún está libre el lugar para viajar con ustedes? ¡Bien, me alegro!

Y con una nueva sonrisa y un brillo  en sus ojos de intenso verde cedrón, llamó a sus tres pequeños, y les dijo: -Chicos, nos vamos con los Martínez a Bariloche.

Los tres niños aplaudieron y vivaron la idea, pues no habían ido antes en invierno, siempre iban en verano pues a su padre le gustaba enormemente la pesca.

-¿Y mi cumpleaños? – preguntó el mayor de los niños.

-Lo celebraremos allí, será estupendo ¿no crees?- respondió Andrea.

-¡Sí! ¡Sí! ¡Sí! –gritaron los tres chicos al unísono.

Tras dejar atrás dos días de intensos preparativos cargaron su vehículo con los esquíes y los bastones sobre la parrilla, las bolsas de dormir, la ropa de abrigo para la nieve, y los alimentos para cocinar, más una bondiola entera y una horma de queso, pan galletas y agua para el camino, sin olvidar una buena provisión de discos con música variada y partieron cuando aún no amanecía, mientras sobre la pampa una estela lila y otra azafrán anunciaban el alba, cantando viejas canciones y recordando viajes anteriores junto a su padre y esposo.

Paraban en las estaciones de servicio, dialogaban con los Martínez, sus dos niñas y el bebé, comían, bebían jugo de naranjas y pomelos que llevaban en una botella que según dicen provee vitamina C para prevenir la gripe, pero en realidad la tomaban por lo exquisito de su sabor.

Entrada la noche llegaron a Cinco Saltos y se dirigieron al Lago Pellegrini donde un amigo les había alquilado una casa de fin de semana con comodidades como para pasar la noche, y al entrar allí sintieron el inconfundible perfume de las milanesas crocantes de pescado fresco  frito que, acompañado de pan tostado con ajo y aceite de oliva les supo a manjar y brindó las calorías necesarias para pasar la noche con temperaturas muy bajas, además del placer de degustar tan deliciosa comida.

Temprano reanudaron su viaje. Apostaban quien recordaba donde se habían detenido en viajes anteriores, en qué bosque, a la margen de qué río o qué lago, e incluso qué habían comido y revivían las hazañas que hacía su padre, en circunstancias difíciles o graciosas, mientras sus ojos se deleitaban con la vista de los cerros cubiertos por la nieve de julio, aunque solo en la parte más alta era propicio para la práctica del esquí, pues este año no ha sido de nevadas abundantes. 

Una vez ubicados en la cálida cabaña de troncos en la ladera del Cerro Otto, se dedicaron a visitar lugares hermosos y cargados de recuerdos.

Junto al río Manso se ocuparon de romper el hielo con las botas, mientras las águilas moras, atraídas por la risa de los niños chapoteando en el agua,  miraban extrañadas ese cuadro inusual. El más pequeño, por seguir a los grandes, se enterró en el barro de la orilla hasta más allá del límite de sus botas, así que se las sacó, junto a sus medias y sumergió los pies en el agua fresca del arroyo. Su madre lo tomó en brazos, le sacó el pantalón y lo llevó al cálido encierro del coche calefaccionado, que olía como talco sobre la piel de un bebé.

Regresaron a la cabaña donde el perfume a laurel inundaba la cocina, del estofado de pollo que Grace preparaba con el que festejarían el cumpleaños del niño mayor. Y éste contó: - Soñé con papá, venía a desearme feliz cumpleaños, sentí apenas el roce de sus labios. Tenía el sabor a la menta del caramelo.

Y tras un momento de expectante silencio, volvió la algarabía in crescendo como el silbido del tren que se aproxima a la estación.

 Andrea pensó: ¡Gracias Dios! ¡Estamos completando nuestro duelo con amor!

 

AMI - 2009


 

 

  Cuento fantástico     El monstruo del cerro Atraídos por su fama de ser un lugar con extrañas experiencias, un grupo de amigos dec...