viernes, 28 de octubre de 2022

 

DESDE MI VIEJO Y GASTADO

                                             Y hoy mullido y renovado

 

Ni hoy, ni ayer, a decir verdad, creo hace unos cuantos días, que ella no me usa. No entiendo mucho que le pasa, salvo que la veo muy ocupad con la computadora. Esta cerca, me mira, y a veces me emprolija un poco, pero no se desploma como es habitual en ella. También ha estado ocupada en estos días con otros quehaceres más domésticos…preparar comida, unas tartas dulces, creí escuchar, mmm…se me ocurre su próximo cumpleaños. Una vez al año le acontece. pero yo lamentablemente no ligo ni un pedacito de torta, ni de algún desaprensivo que me use…

Cuando está sentada aquí cerca, la veo que escribe…Pero yo la extraño. Me gusta cuando se tira sobre mí, previo acomodar un poco unos almohadones extras que ubica estratégicamente, para estar más cómoda.

Eso sí cuando se acomoda, se acomoda. Y le encanta dormirse aquí, sobre mí. Esto en general ocurre después del mediodía, donde a veces mira un poco de tv, en realidad hace que mira mientras dormita… Viene cansada de la pileta. Todos los días va, yo creo que le hace muy bien y dice es un placer para ella. Claro, entonces después se desploma sobre mí. Otro momento especial para ella es la nochecita, donde se enchufa buscando una buena película, en general en Netflix.

Pero, no deja de ser un enigma para mí, este ser con el que convivo desde hace muchos años. Hace casi treinta años atrás, ella me adoptó, junto a mi hermano gemelo y el otro, el de tres cuerpos (¿generoso el señor?).

Yo venía de largo tiempo transcurrido en la casa de sus padres. Ella me tomó como herencia. Por suerte para nosotros, no sé qué me hubiera deparado el destino, de haber ido con alguno de sus hermanos.

Pues bien, a partir de ahí fui partícipe de sus mudanzas y andares. Si bien es una persona muy activa, me ha mudado en estos casi treinta años, sin contar el primer y gran traslado, solo dos veces más. Parece que los años la han aquietado. Sí, se la ve más tranquila.

Pero volvamos a nuestra historia. Sacando ese tiempo de separación propio de la juventud, de formar pareja y familia propia, antes estuvimos juntos durante toda su niñez y adolescencia. Creo, si mal no recuerdo, que era una niña muy movediza, de jugar mucho con sus hermanos, y desde el lugar de estar en el medio por su llegada al mundo, con algunas asperezas de celos mutuos. La veo corriendo entre nosotros, aunque el lugar del living de la casa, estaba en ese entonces reservado para las visitas.

La recuerdo disfrutando mucho esa amplia casa con un gran patio. Aunque su lugar predilecto de juego era la calle y la vereda. En esa casona fui testigo de su infancia, su escuela primaria (por cierto, muy cerquita de esa residencia), su escuela secundaria y parte de sus estudios universitarios.

Cuando volvimos a reencontrarnos, ella ya era adulta, estaba casada, tenía dos hijos, de diecinueve y once años. A partir de ahí, ella y su familia no me reservaron exclusivo para las visitas, fui muy usado. De todos modos, siempre ella nos dio (a los tres) un lugar especial en su vida, en el de su familia.

El tiempo corre para todos y lo mismo pasó conmigo (mis hermanos compartieron esa misma suerte). Y los signos de esto eran muy evidentes, aunque ella tratara de disimularlos con innumerables telas, muy bonitas ellas, acomodadas sobre mí.

Hace más o menos un año, ya mi vestido (y algo más), a gritos decía: ¡Así ya no puedo! Pero estructuralmente yo estaba muy entero.

Grande fue mi sorpresa cuando, después de mucho tiempo tratando de hacerlo y de algunas cavilaciones, se dispuso a cambiar mis pilchas y recauchutarme. Y ahí nos llevaron con gran dedicación a un taller de reparación, la llaman tapicería. Y el tapicero, un genio, muy cuidadoso se esmeró mucho con nosotros.

Quedamos hermosos, como nuevos. Creo tener vida para rato.

No sé qué hará ella, sigue siendo un enigma para mí, pero el cuidado y desvelo puesto en mí y mis hermanos, me indica un buen porvenir. Y ella seguramente seguirá con sus actividades y sus proyectos siempre actualizados y participando activamente.

 

Adriana Brescia - 2022

jueves, 27 de octubre de 2022

 

Consejo a mi hijo.

 

Puedes ser el dueño absoluto de tu vida ¿De qué puede servir una vida si no es para vivirla? ¿Acaso tendrías un auto nuevo en tu cochera para admirarlo y no sacarlo nunca a rodar por las calles? Se deterioraría mucho más que si cumpliera acabadamente con el destino para el que fue creado.

 

Es un buen momento para reflexionar sobre ello.

 

Asunción - 2010

miércoles, 26 de octubre de 2022

 

Canción infantil

 

Pececitos

 

Pececitos rojos

nadan sin parar.

Buscan a mamita

detrás del coral

 

Pececitos rojos

suaves en su andar

mueven las colitas

de aquí para allá

 

Pececitos rojos

¡Viene el tiburón!

¡Corran a esconderse!

Llamen a papá

 

Pececitos rojos

Jueguen sin parar

que llega la noche

y hay que descansar

 

Clara Molina - 2022

martes, 25 de octubre de 2022

 

Cuento

 

La rebelión impensada

 

Pasan los años y sin querer voy acumulando muchas cosas de las cuales no tengo idea de su existencia. No es porque yo sea acumulativa, tampoco porque me apegue mucho a ellas. Es simplemente por pereza. Por no tomarme el trabajo de revisar, de vez en cuando, cuál objeto ya no me sirve o ya no lo necesito.

Felizmente no me sucede lo mismo con la ropa, puesto que voy separando las prendas de toda la familia que ya no se usan para donarlas a una institución. A veces, buscar algo que preciso en el momento se vuelve complicado porque ninguno es muy ordenado en mi casa.

Pero un día pasó algo impensado, algo que nunca pensé que iba a suceder. ¡Todos los muebles de mi propiedad cobraron vida! ¡Y prepararon una rebelión, un motín contra mí!

Me manifestaron que estaban hartos de mis malos hábitos y de la poca consideración y cuidado que les tenía. Hechos de los cuales yo no tenía registro.

Primero me rodearon el ropero, el botiquín del baño, el chifonier y la alacena de la cocina; me enfrentaron, decididos a ponerme límites. Me asusté mucho pues no entendía qué estaba pasando y qué esperaban de mí.

Les pregunté por qué estaban tan enojados si yo no les había hecho nada.

-¡No te hagas la inocente!- me dijo la alacena mientras abrió sus puertas con violencia.- ¿Qué hace este paquete de harina de arroz, llena de gorgojos, arrinconada desde hace dos años? ¿Y la salsa de soja ya vencida? ¡Tantas otras cosas! Es intolerable, ¡No lo voy a permitir más!

Quedé estupefacta. No tenía idea de la existencia de lo mencionado.

El ropero irrumpió con un improperio, que no voy a repetir y luego exclamó -¿Cómo puedes guardar tantas cosas inútiles?-

- ¿Qué cosas inútiles?- pregunté dándole pie a la retahíla.

 Las medias sin pareja, los calzones con el elástico estirado, el paraguas roto, la apolillada estola de nutria de tu abuela que nunca usaste, las viejas pantuflas de tu marido ya fallecido. Etcétera, etcétera- me respondió. - ¡Estoy harto! ¡No puedo más!- Agregó.

El botiquín se sumó a los reclamos pero algo más tranquilo- MI lista es demasiado larga. No terminaría más. Pero al menos deshazte de los seis cepillos de dientes sin cerdas, de los estuches de pintalabios vacíos y de ese perfume que usaste en tu luna de miel, hace un siglo, que está rancio- me dijo despectivamente.

Luego se fueron agregando a los sublevados la mesita de luz, el antiguo baúl del cuarto de huéspedes, un viejo aparador con sus cajoneras repletas de variopintos objetos agregando más reclamos subidos de tono.

Todos juntos, amotinados, me fueron rodeando de forma amenazadora y mirándome fijo. ¡Qué miedo me dio!

Aterrorizada, alcancé la puerta y salí a la calle pidiendo auxilio. Por supuesto que nadie me creyó.

MI angustia crecía. Ya casi no podía respirar, hasta que desperté con mi rostro contra la almohada. ¡Qué alivio sentí! Era solo una pesadilla.

AL día siguiente emprendí la ardua, pero impostergable tarea de revisar y poner orden en todos los muebles de mi casa. Desde ese día los miro con cierta gratitud.

 

Nela Bodoc - 2022

lunes, 24 de octubre de 2022

 

      LAS LETRAS

 

Las letras que escribo

son parte de mí,

¿Las he elegido

o ellas a mí?

No logro expresarme

de otra manera,

me resulta imposible,

aunque yo quisiera…

 

Iris Nelly - 2020

 

domingo, 23 de octubre de 2022

 

Microcuento

 

¿DONDE ESTÁS?

Cris buscaba a su sapo. El compañero desde sus siete años. Todos los días lo mismo, el pícaro se escondía.

¿Dónde estaba?

 

Adriana Brescia - 2022

 

sábado, 22 de octubre de 2022

 

Teatro                                    

 

EL MANDATO

 

Por Marta Ibáñez - 2011

 

Personajes:

 

SILVIA  GONZÁLEZ: comisaria, 45 años, linda.

AGENTE DE POLICÍA: edad indefinida, desprolijo en el vestir.

RICARDO PEREYRA: 80 años, detective jubilado.

GENEROSO PIOTTI: 30 años, gerente del banco y novio de Amable

AMABLE LÓPEZ: 25 años, tesorera del banco, hija de la comisada y novia de Generoso

PACÍFICO OTERO: 40 años, sereno del banco.

 

La acción transcurre en una desordenada oficina, con armarios atiborrados de expedientes y un escritorio con montañas de carpetas y papeles, un termo, un mate, una bandeja de cartón con algunas masitas, más un espejo y un frasquito de esmalte. SILVIA GONZÁLEZ una mujer de 45 años, linda y bien arreglada a pesar de vestir uniforme con rango de comisario, habla fuerte mientras se pinta una uña que mira sin atenderla demasiado, mordisquea una masita, camina unos pasos, se sirve un mate que lleva en su mano, camina de un lado a otro en su monólogo, mientras un AGENTE DE POLICÍA la escucha.

 

 SILVIA GONZÁLEZ: (enarbolando una media luna en su mano derecha mientras da vueltas por el escenario) A ver, revisemos nuevamente: ¿Qué se nos está escapando? A ver, agente, escúcheme y dígame si algo no encaja. A las tres de la madrugada el agente de guardia, en ese caso usted, recibe el llamado desesperado del sereno del Banco Nuevo diciendo que lo han asaltado. ¿Voy bien?

 

AGENTE DE POLICÍA: (asiente sin decir nada)

 

SILVIA GONZÁLEZ: (se mira al espejo de ambos lados de la cara y apoyándolo bruscamente sobre el escritorio vuelve a pasearse por el escenario) Usted envía inmediatamente un patrullero al Banco y me informa por teléfono, y manda otro móvil a buscarme. Yo me visto, le dejo una nota en la mesita de luz a mi hija y me voy en el auto policial que me lleva derecho al Banco. Allí todo el mundo habla al mismo tiempo: no han forzado nada, pero sí han maniatado al sereno, y en vez de robarse algo han dejado dentro de la bóveda una  bolsa con doscientos cincuenta mil dólares. ¿Los hechos sucedieron como lo estoy diciendo?

 

AGENTE DE POLICÍA: (Asiente sin decir nada.)

 

SILVIA GONZÁLEZ: (Deteniéndose bruscamente y señalando al agente con dedo acusador) ¿Y que he tenido que hacer? Recurrir a la experiencia de mi viejo maestro Ricardo Pereyra, quien me hizo enamorar de esta profesión, para que me ayude en el esclarecimiento de este misterio, porque yo me siento impotente, y todos mis subalternos son incapaces de encontrar un elefante en una bañadera, así que veremos que tiene para decirme mi padrino, que ya debe estar por llegar. Vaya no más, agente, y avíseme cuando llegue mi querido Ricardo.

Sale el agente del escenario por una puerta del decorado y la comisaria queda sola, se pinta las uñas, se mira al espejo y vuelve a pasearse impaciente hasta que la puerta se abre y el agente se asoma.

 

AGENTE DE POLICÍA: (abriendo la puerta desde afuera y con tono marcial anuncia) ¡Llegó el detective Pereyra, mi comisaria!

 

SILVIA GONZÁLEZ: (Moviéndose diligente hacia la puerta)  ¡Que pase! ¡Que pase! ¡Adelante, padrino! (Y al agente) Vaya no más, agente. Lo llamo si lo necesito. (Besa al  recién llegado a modo de saludo y con impaciencia pregunta) ¿Descubrió algo? ¡Por favor, dígame que sí!

 

RICARDO PAREYRA: (sentándose con dificultad en una silla) Bueno, m´ija, lo primero que hice fue entrevistar a todo el mundo que tuvo algo que ver esa noche, comenzando por Pacífico Otero, el sereno, que me dio la pista de lo sucedido pero no el motivo de tan extraño suceso. Me contó que al dar las dos se sirvió un café como acostumbra hacer para no quedarse dormido, y en ese momento sintió que lo amenazaban con un arma en la nuca y una voz visiblemente deformada le ordenaba que se sentara y el otro malhechor lo maniató en silencio y lo dejaron encerrado. Una hora después logró soltarse y salir pero ya no había nadie.

 

SILVIA GONZÁLEZ: (con tono y gestos impacientes) ¿Pero quién fue, padrino? ¿Lo descubrió?  ¡Por favor, dígame! ¡No me deje con esta incertidumbre!

 

RICARDO PAREYRA: (Con gesto conciliador) ¡Cálmese, pues m´ijita, que todo se va a saber a su tiempo!  Haga venir a todos los que estuvieron involucrados esa noche, al sereno, al gerente del banco y a la tesorera. Cuando estemos todos se lo voy a decir.

 

SILVIA GONZÁLEZ: (abriendo la puerta del decorado) Agente, llame a mi hija, a Piotti y a Otero, los necesito a todos aquí en menos de 20 minutos.

 

AGENTE DE POLICÍA: (desde afuera) ¡Sí mi comisaria, a la orden!  (Se lo escucha tomar el teléfono y citar a las tres personas para que se presenten en forma inmediata)  Hola, ¿con el Banco Nuevo? De la comisaría, Señorita, dígales al sereno, al gerente y a la tesorera que se presenten a la mayor brevedad posible en la comisaría que la comisaria los está esperando

 

SILVIA GONZÁLEZ: (nerviosa y algo histérica) ¡Ay, padrino, de veras que estoy muy intrigada con todo, por favor, dígame si lo descubrió!

 

RICARDO PAREYRA: (Con una risita sarcástica) Ya le dije que se calme, que todo se va a aclarar a su tiempo.

 

Se abre la puerta y el agente hace pasar a las tres personas citadas.

 

AMABLE  LÓPEZ: (con gesto de desconfianza) ¡Hola tío! ¡Hola mamá! ¿De qué se trata todo esto?

 

GENEROSO PIOTTI: (algo intranquilo) Buenas tardes ¿Hay buenas noticias?

 

PACÍFICO OTERO (indiferente) Buenas tardes.

:          

SILVIA GONZÁLEZ: Pasen y siéntense,  que  el detective Pereyra nos tiene noticias y quiere que todos las oigamos. (Y dirigiéndose al anciano) ¡Por favor, díganos!

 

RICARDO PAREYRA: (se pone de pie con dificultad  y comienza a hablar con solemnidad) Ustedes saben que en estos cuarenta y cinco días me he dedicado a investigar, los he interrogado varias veces, he leído los libros contables del banco desde que se fundó y he revisado todas las noticias importantes del diario local desde que se creó hasta la fecha. (Hace una larga pausa mientras se pasea de un lado a otro, incómodo por lo que tiene que decir)

 

 SILVIA GONZÁLEZ: (Al borde de la histeria) ¡Por favor, señor! ¡No nos haga esperar más!

 

RICARDO PAREYRA: (Muy serio) Los agentes comprobaron que nada había sido violentado y que todo se cerró normalmente. El Intendente del Banco asegura que nadie puede ingresar sin dos juegos de llaves, que están en manos de distintas personas. La tesorera dice que el tesoro no puede abrirse en siete minutos porque la acción de retardo está programada en quince, lo que indica que cuando atacaron al sereno el mecanismo ya se había puesto en marcha. Por lo tanto, aquí estamos todos los que de alguna manera somos responsables de lo sucedido, sólo falta uno, el verdadero culpable, porque está muerto.

 

 AMABLE  LÓPEZ: (con voz aflautada por la emoción) ¿Qué? ¡Pero si nadie murió en el asalto!

 

RICARDO PAREYRA: (con tono imperativo) Por favor, les ruego que no me interrumpan. Cuando el banco se cerró, dos personas simularon salir pero se quedaron adentro, esperaron hasta que faltaran ocho minutos para las dos de la madrugada y accionaron la apertura del tesoro, y a las dos en punto redujeron y encerraron al sereno, atándolo de modo que pudiera soltarse al poco tiempo.

 

SILVIA GONZÁLEZ: Entonces los atracadores son del personal del Banco.

 

RICARDO PAREYRA: Así es, m´ijita, y una de ellas es Amable, tu hija, y el otro es Generoso, su novio. (Se desata una gran confusión donde todos hablan al mismo tiempo, se levantan de sus sillas y tarda en volver el orden) Pero ellos lo hicieron por mandato.

 

SILVIA GONZÁLEZ: (extremadamente angustiada) ¡No puede ser, mi hija dormía profundamente cuando la policía me llamó!

 

RICARDO PAREYRA: (mirando fijamente a la contadora)  Esa era su coartada, en realidad recién se acostaba.

 

SILVIA GONZÁLEZ: (a punto de desmayarse, se apoya sobre el escritorio) ¿Cómo es eso? ¡Acláremelo, por favor, padrino!

 

RICARDO PAREYRA: (con parsimonia como quien cuenta un cuento) Hace muchos años, este Banco sufrió un atraco que nadie pudo aclarar, faltaron 90.000 dólares que se habían recibido para construir un hospital en Llanos Verdes y que, a causa de esto, nunca se pudo hacer. En un pueblo chico como éste algo se ponía en evidencia, alguien cambiaría su modo de vida o se iría a vivir a otro lugar, pero nada de eso sucedió. Entonces el doctor Luis Piotti, promotor del proyecto del hospital viajó a la Capital y trató infructuosamente de conseguir otra partida para hacer el hospital, pero volvió con las manos vacías. Hace un mes que Don Luis murió, y todo el pueblo lo honró. He aquí la clave del asunto: le dio a su nieto el mandato de devolver el dinero que en 1929 él depositara en un banco de la Capital, y que se han convertido con el tiempo en los 250.000 que Generoso, con la complicidad necesaria de Amable, ya que cada uno poseía una de las dos llaves para abrir el tesoro, han introducido  en el Banco de un modo poco ortodoxo.

 

SILVIA GONZÁLEZ: (desplomándose en una silla con un suspiro) ¡Dios mío, quien lo hubiera imaginado!

 

Silencio en todos los presentes durante varios segundos.

 

RICARDO PAREYRA: (con una sonrisa y tono de alegría) ¡Podemos decir que llegó el tiempo de construir el hospital!

 

Cae el telón.

 

 

 

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