miércoles, 30 de noviembre de 2022

         


Es callado, introvertido.

No le gusta hacerse ver,

es casi invisible.

Pero cuando algo lo ofende

hiriendo su autoestima

puede mostrar los dientes

con iracunda respuesta.

                               Nela

martes, 29 de noviembre de 2022

 

LOS RECUERDOS…Y UNA TRAVESURA ALLÁ EN LA INFANCIA

 

Provengo de una familia, hasta donde mi memoria puede llegar, muy numerosa de principios del siglo XX, mis padres y sus hermanos, pero debo remontarme al anterior siglo ya para mis abuelos, que lamentablemente no conocí o compartí solo algunos años de mi primera infancia. Además de numerosa era muy unida, así en general se acostumbraba en esa época. Debo aclarar que estoy contando solo de la línea materna. Familia grande compuesta por matrimonio (mis abuelos) y siete hijos, también situación muy frecuente en esos tiempos. Uno de ellos había fallecido de muy chiquito. Crecieron muy apegados y compañeros los cinco varones y una niña, la menor, mi madre, a quien ellos cuidaban muy especialmente, al estilo guardabosque. A tal punto cuidaban de su hermana que sus padres descansaban tranquilos.

Los recuerdos siempre andan merodeando en nuestra mente esperando encontrar una hendija por donde colarse, algunas veces lo hacen con mayor frecuencia, a veces escasean su aparición, pero lo que es cierto que nunca desaparecen, eso de evaporarse en el aire no es propio de ellos, aunque nosotros no nos demos cuenta que, finalmente, encuentren algún lugar donde esconderse.

Los seis hijos se casaron y agrandaron un poco más la familia, apareciendo cinco nueras y un yerno, pero además todos tuvieron entre dos, tres y cuatro hijos. Así fue como creció aún más y durante veinte años hubo mucha algarabía con esos diez y seis primos que fueron apareciendo año tras año en cada familia. Claro que existía gran diferencia de edad entre los más grandes y los menores. Crecieron compartiendo mucho tiempo, juegos, salidas, cumpleaños y acontecimientos, pero lo más sabroso eran las aventuras y travesuras hechas a espaldas de los adultos.

Recuerdos que irrumpen circunstancialmente tomando relevancia y ganando un lugar en el presente sin pedir permiso alguno, sin nuestro consentimiento o sin nuestro beneplácito. A veces los aplaudimos, nos agradan, los agradecemos, otras veces los repelemos, los rechazamos o los maldecimos, pero ellos no se asustan, permanecen o en el mejor de los casos se van unos minutos o se achican no más.

Uno de los acontecimientos más importantes eran las fiestas de fin de año, para las cuales nos reuníamos todos y convivíamos durante varios días repartidos en las casas de veraneo que tenían dos de los hermanos (mis tíos) en las afueras de la ciudad, donde las aventuras y travesuras estaban a la orden del día mientras los adultos estaban bien ocupados de las cuestiones domésticas y en la preparación de las comidas.

Disfruto hoy recordando esos días completos a pura fiesta, sobre todo para nosotros, los tres más pequeños de esa larga lista correspondiente de tercera generación.

Una de mis primas, seis años mayor que yo, la última de toda la serie, era por demás miedosa. Tan miedosa, que no podía ir de noche al baño sola, que necesitaba dormir con alguna luz tenue o compañía de noche sobretodo. Por este motivo se convertía muy a menudo en nuestro principal objetivo a la hora de planear alguna “salvaje” travesura.

Sabíamos su costumbre de mirar debajo de la cama antes de acostarse porque siempre decía que tenía miedo que algún hombre se hubiera escondido ahí abajo y le agarrara una pierna al sentarse ella. Ella constaba que no hubiera nadie. Nosotros nos reíamos de esas locas ocurrencias…Mirá si un hombre se va a meter en la casa y de ahí meterse abajo de su cama. Siempre nos decíamos unos a otros…

Pero era una situación aprovechable. Pues bien… ¿Qué se nos ocurrió a nosotros, terribles inventores de maldades?

En la memoria las imágenes brotan casi espontáneamente, cuando llegábamos finalmente a las dos casas, separadas o unidas por un extenso jardín lleno de árboles y frutales y el recibimiento especial a mi familia, después de un largo viaje en auto, ya que en ese tiempo éramos casi “extranjeros” por residir a 400 km de ahí, pero que en ese tiempo nos llevaba como ocho interminables horas.

En perfecto secreto y combinados los unos con los otros fuimos buscando los elementos necesarios para el gran susto. Estos eran: una escoba, ropa vieja, un sombrero o algo por el estilo, unos zapatos viejos y algo que sirviera de relleno, como los más importantes. Mientras algunos hacíamos esto, otros se ocupaban de tener al “objetivo” ocupado y lejos de lo que sería la “escena del crimen”. Manos a la obra fuimos vistiendo a la escoba como si fuera una persona, un hombre más precisamente, pobre y vagabundo, aunque debajo de la cama mucho no se advertiría. Igual era importante hacer las cosas bien. Una camisa vieja, un pantalón de trabajo de alguno de mis tíos y de relleno para brazos y piernas sirvieron unos trapos viejos y por supuesto lo zapatos. El hombre estaba ya listo para ser metido con cuidado debajo de su cama, el hombre agarra piernas, llamábamos nosotros con picardía. Ahora llegaba un momento más que crucial, que era alejar y distraer muy bien a la candidata para que no descubriera nuestro plan, pero también había que distraer a los adultos o por lo menos cuidar que ellos no advirtieran nuestra idea, había a tal fin, algunos responsables de vigilar.

Recuerdo el verlos hablando y hablando casi sin parar, las mujeres, por un lado, los hombres con sus temas seguramente, pero que a mí no me interesaban, en cambio estaba más atenta a que hacían mi madre y mis tías, que por cierto me apañaban todo lo que podían.

El plan funcionó a las maravillas, y el hombre puesto en su lugar, con las cobijas de la cama que lo tapaban un poco. Llegó la noche y los nervios nuestros estaban a flor de piel, algunas miradas y sonrisitas cómplices, pero todo se mantuvo con la normalidad de un día cualquiera. Faltaba solamente que ella se fuera acostar y mirara debajo de la cama, nada más, y nada menos…

El dormitorio era en común para cuatro de nosotros, por lo que tres estábamos en nuestras respectivas camas disimulando expectantes del gran momento. Los demás estaban afuera, atrás de la puerta esperando. Esa noche “la miedosa” se entretuvo más de la cuenta con la limpieza de dientes, y del cabello, que como ya lo tenía muy frágil, se cepillaba cuidadosamente todas las noches. Al final, ya casi estaba por empezar su ritual de agacharse cuando le sobrevino, para nuestra desazón un estornudo y tuvo que ir al baño a buscar papel higiénico, y nuestra desesperación que descubriera al montón de sujetos al abrir la puerta. Pero ellos que estaban muy atentos se dieron cuenta y se evaporaron volviendo una vez que ella retornó a la pieza.

Y entonces sí, se agachó y miro debajo de la cama. El grito que pegó creo que llegó a varias casas vecinas que, por cierto estaban bastante lejos. Los adultos llegaron muy rápido al escucharla, mientras nosotros estábamos muertos de risa tirados en nuestras respectivas camas y los otros entraron también como disimulando a ver qué pasaba. Mientras mi prima lloraba desconsoladamente no recuerdo bien quien, sacó “al hombre” de debajo de la cama y se lo mostró para que viera que era una broma.

“¡Era una broma! ¡Era una broma!” sumábamos al griterío nosotras, como atajándonos el castigo y minimizando tremenda y programada aventura de salvajes que éramos.

Por supuesto esto no evitó que nosotras las tres instigadoras principales, y todos los implicados recibiéramos una terrible reprimenda, y aunque no recuerdo bien que castigo, seguro tuvimos alguno, mientras quizá el padre de la “candidata” que era terriblemente jodón, aun de grande, seguramente ayudó a suavizarlo.

“Sentí que la noche se partía en mil pedazos…el frío me congeló la panza y un dolor agudo se apoderó de mí”, me confesó mi prima bastante años más tarde, a propósito de un encuentro telefónico. A los ojos ya de adultos el incidente seguro cambió totalmente el significado, pero lo sentido permanecía aún en ella en ese entonces.

Hoy es difícil pensar que “la miedosa” hubiera olvidado semejante historia vivida, alguna vez le preguntaré si fue así…ahora transcurrida gran parte de nuestras vidas y ya todos entre los setenta y pico y los noventa y pico de años…porque la diferencia etaria siempre sobrevivieron en el tiempo.

Y los recuerdos tienen esa magia de poder ir y volver del pasado, como una forma de recobrar las experiencias vividas, de reconstruir la vida desde esos momentos guardados…reconstruirla desde las subjetividades de cada uno y a través justamente de cada memoria individual y de la inequívoca memoria colectiva que cada familia va “fabricando”, que se va transmitiendo en forma directa desde sus protagonistas y luego desde sus descendientes que van contando y pasando esas historias, como una manera de hacer la tradición familiar.

 

                                                                                Adriana Brescia 2022



lunes, 28 de noviembre de 2022

 

 

                                                   EL     DIÁLOGO

 

            Es una conversación entre dos o más personas que alternativamente manifiestan sus ideas y afectos.

            El diálogo, que generalmente forma parte del cuento o la novela, y especialmente del teatro, es una de las formas narrativas más interesantes y creíbles para el lector. Despierta su interés porque es como si asistiera a un encuentro privado sin que los personajes adviertan que los están escuchando.

            Los personajes se van caracterizando a través del diálogo, mediante su forma de expresarse. A su vez los interlocutores principales dan a conocer a los personajes secundarios ausentes, mediante lo que ellos dicen y opinan sobre los mismos.

                

                                    Taller  LÁPIZ CREATIVO

 

domingo, 27 de noviembre de 2022

 

            Saltó brioso con la agilidad del águila levantando vuelo.

                                               Nela

 

viernes, 25 de noviembre de 2022

 

Fábula

EL PERMISO DE LOS DIOSES

A la puerta del mundo superior de los dioses llamó la Maldad, que había sido expulsada hacía muchos siglos, y pidió que le permitieran ingresar porque tenía un pedido muy especial que hacer, un pedido, uno solo.

La Prudencia la dejó entrar, aun cuando la Intuición dijo tener un mal presentimiento.

Escachémosla –dijo el Amor -y luego lo evaluaremos entre todos y veremos si merece que se lo concedamos.

Se reunieron todos los dioses y todas las virtudes a escuchar a Maldad que, con humildad fingida, dijo: Sé que cada uno de los presentes en este concejo derraman ideas de paz y amor sobre la Humanidad, por eso son amados y respetados, pero yo, que una vez fui habitante de este hermoso mundo del cual fui expulsada por mis faltas, cuando era muy joven e inexperta, y cometí actos por divertirme, inconcientemente, de lo cual estoy muy arrepentida, ya que los años me han hecho un poco más sabia. Por todo eso, pido mil disculpas. Ahora quiero pedirles, mejor dicho, ofrecerles un proyecto que, de ser posible, creará un nuevo dios, al cual la humanidad amará más que a todos nosotros juntos.

Al escuchar lo que Maldad dijo, luego de pensar cada uno, Amparo habló: Puedes decir cuál es tu proyecto. Espero que no sea como lo que aprobamos la última vez, el proyecto de Pobreza que creó el dinero.

¡No! ¡Es mucho mejor! –dijo  con entusiasmo la recién llegada- Todo el mundo tendrá una parte, hasta los niños. Los líderes del mundo y los científicos y lo podrán acumular para luego compartirlo, habrá para pobres y ricos, para hombres y mujeres sin importar su edad, su raza, su color o su religión, todos podrán acceder a ello. Les dará autovaloración, los hará felices.

Bondad dudó, pues ¿algo que amarán más que a los dioses? ¡De no creer!

Pobreza pensó que quizás ampliaría la población a su cargo y que ya tenía suficientes problemas con ellos.

Dolor estuvo de acuerdo con Pobreza, nada nuevo modificaría lo ya establecido dejando conforme a la mayoría.

Conciliación comentó que a ella le parecía muy bueno si todos iban a poder tener aunque fuese un poco y sentirse más seguros. Con esta idea Compasión estuvo totalmente de acuerdo.

Amparo y Lealtad dieron su aprobación, pensando que al fin encontrarían igualdad para todas las personas.

Con el voto unánime del Gran Concejo autorizaron a Maldad a darle vida a su proyecto. Así ella creó el Poder, del que todos atesoramos aunque sea una partecita, y amamos más que a todos los dioses juntos.

                                                                                              Ami Ocho - 2022

jueves, 24 de noviembre de 2022

 

CON EL SUDOR DE LA FRENTE

 

Marta no se sentía bien, posiblemente la pizza del mediodía le había caído pesada, estaba recostada mientras esperaba que su marido regresara del trabajo.

Jorge entró apurado y casi sin reparar en ella, le pidió que se pusiera lo mejor que tuviese y se arreglara con rapidez, pues deberían asistir a una reunión que ofrecían los Nelton dos horas más tarde, y que por supuesto había olvidado avisarle con tiempo suficiente. Marta se negó en forma rotunda, alegando que su marido siempre hacía lo mismo.

-Nunca avisás con tiempo preciso, las reuniones de los Nelton son muy aburridas y además me duele la panza.

-¡No se te ocurra!- replicó él- ¡No se te ocurra hacerme esto hoy! Hoy justo que se juega mi ascenso.- Llegó Da Silva de Lisboa, vino para elegir al nuevo asistente del subgerente comercial entre otras cosa. ¡Y yo soy uno de sus postulantes!- expresó Jorge en tono enfático.

-¿Asistente comercial? ¿tu ascenso?- repitió Marta, mirando a su marido.

- Sí, esta mañana me avisó Nelton, él también está en la lista Por eso es que organizó esta recepción de corte formal para darle la mejor de las impresiones. Así que hacé algo rápido, no sé, tomá un té, o no, mejor esas pastillas que tan bien te hicieron la otra vez.

- Sí, pero me dan sueño- dijo ella echando mano a su último recurso.

-¿Estás empeñada en poner trabas a todo? -casi le gritó, mientras elegía una camisa.

-No, es que no tengo ganas de ir a ningún lado y mucho menos a lo de los Nelton –dijo Marta en un intento más de conmover a su esposo.

Jorge, al borde ya de su paciencia, insistió: -Mi amor, haceme el favor, sabés que esto representa mucho para mí. También sabés lo timoratos que son en la empresa. Si voy solo tejerían historias increíbles acerca de nosotros. Vamos, tomá la pastilla- le dijo en tanto traía del baño un vaso con agua.

Marta refunfuñando y sabiendo que había perdido la partida, lo tomó para darle el gusto a su marido.

Evidentemente el medicamento había hecho su doble efecto, calmar el malestar y producir una somnolencia no deseada.

Todos en la reunión charlaban en tono moderado de los mismos temas de siempre intrascendentes y aburridos. Ella que había instalado una sonrisa automática desde que llegara, trataba de disimular los bostezos que la abordaban despiadadamente.

Un vaso con whisky se calentaba entre sus manos y fue por eso que pensó en ponerle hielo, Jorge se hallaba alejado y ella no estaba dispuesta a abandonar el cómodo y apartado sillón donde se había apoltronado. Buscó con la mirada una hielera cercana y cuando volvió la cabeza vio una que un señor, que no conocía, había depositado amablemente en la mesa pegada a su sillón, buscó la pinza y no la encontró, así fue como metió sus dedos y se sirvió dos cubitos. Se reacomodó sin dejar de sonreír y en ese momento se dio cuenta de que gran parte del grupo presente la estaba observando, incluyendo al señor de la hielera, quien se mostraba muy sorprendido, mientras Jorge se aproximaba pálido y tratando de guardar la compostura, le susurraba al oído:

-¿Cómo has podido hacerme esto? ¿Cómo has podido? ¿Te propusiste acaso destruirme?

Ella lo miró sin entender y con un hilo de voz, pero sin perder la sonrisa le preguntó - ¿Por qué estás tan enojado? ¿Qué es lo que te hice?

Su marido, tratando de disimular la situación y con el mismo tono susurrante, insistió: -¿Cómo qué me hiciste? ¿No te das cuenta que me hundiste, que perdí mi oportunidad? ¿Qué explicación voy a dar ahora para justificar ante todos, el hecho bochornoso de que mi mujer se atreviese a meter sus dedos en el vaso del Gerente General?-

Ella lo miró y sintió entonces como un frío, mucho más frío que los cubitos que flotaban en el vaso, corría por su espalda. Y no pudo evitar la sonora carcajada, al ver las caras de los pacatos asistentes que seguían observándola mientras Jorge se secaba el sudor de la frente.

 

GARCIA, Alicia Rita 

miércoles, 23 de noviembre de 2022

 

Los tiempos duros enseñan

que somos nada, en la nada.

Que posesiones ganadas

solo sirven de confort,

que el alimento es amor,

y confiar en lo aprendido,

que estoy solo conmigo,

arriba Dios y aquí yo.

               Alberto Coronel

  Cuento fantástico     El monstruo del cerro Atraídos por su fama de ser un lugar con extrañas experiencias, un grupo de amigos dec...