Cuento infantil
Monstruoso
En las vacaciones decidimos ir al cerro Uritorco con un
grupo de amigos. Al comenzar la excursión nos indicaron mantenernos junto al
grupo, pero pasaron cosas, como se dice ahora, y en un momento nos encontramos
muy alejados del contingente. Nos rodeaba un nuevo paisaje, como si fuera otra
dimensión.
Repentinamente un artefacto desconocido descendió de algún
lugar y abrió sus puertas, apareciendo algo así como una revelación cual
película de Spilbierg (Literalmente). Yo tuve que parpadear varias veces y
hasta me restregué los ojos para ver si así hacía foco en esta “cosa” y lograba
entender “algo”.
Primero la vi luminosa, con brillitos, después no. Tenía
muchas patas, después no. Creí que los ojos eran como cien y después no. Los
brazos parecían tentáculos salidos de la cabeza, después no. A veces parecía
emitir un sonido agudo y profundo, después no. El color era como el sol, pero
después no.
Fue en ese momento que decidí que era hora de buscar los
lentes, porque así no se podía racionalizar nada ni algo.
Encontré en la mochila que llevaba sobre la espalda los
lentes trizados, pero lo mismo serviría porque peor es nada.
Para asombro del grupo, según vi yo, era la única que no
tenía miedo. Bueno, tenía pero soy más curiosa que miedosa.
Mientras el resto del grupo se agachaba y escondía como
podía entre los arbustos cercanos, inicié la travesía de acercarme al “coso
este”, tal cual lo denominé para matar el cuiqui.
Con la mochila en una mano y en la otra un palo, me orienté
por el reflejo que pasaba por los cristales rojos rotos, dirigiéndome hacia
este molino de viento quijotesco.
Calculando que estaría cerca, el olor me invadió y no era
feo ni tampoco agradable. Califica de desconocido y parecía provenir del
interior de la nave. Logré identificar la figura del "coso" y efectivamente era
una masa gaseosa porque parecía flotar con forma de nube y como las nubes, a
medida que la luz, el viento, el paisaje o el entorno la afectan, cambiaba la
forma.
Asumí que entonces podría tomar mi forma y en medio de esa
astucia que surge cuando el miedo invade, sin escuchar a mis amigos, me decidí
a pedirle que se pareciera a mí.
Reconozco que no me detuve a pensar si era un ET o un
experimento argento para atraer turismo.
La curiosidad mata al gato y en este caso a mis dudas
existenciales. Absorta pude ver que esa cosa emitía un sonido más dulce y
tomaba forma de algo parecido a un, espejo que se posicionaba frente a mí. Al
mismo tiempo se movía con ondas sugestivas, como diciendo mírate aquí, y así lo
hice. Luego se disolvió y volvió a armarse como una gran semiesfera que nos
reflejaba a todos y todo.
Durante un largo rato nos mostró un desfile de formas que
podía adoptar, como una iguana, un yuyo e inclusive a mis compañeros. Cuando
volví a pedirle que se pareciera a mí me mostró al espejo.
El atardecer se avecinaba con velocidad sobre el cerro. No calculamos el tiempo que estuvimos, no discutimos sobre lo que pasó.
Nos
anotamos para una próxima excursión con la creencia de que podría volver a
repetirse un instante mágico con esa “cosa”, a la que le decimos desde hoy "El
misterioso algo", que nos agradó... pero no.
Estelin
Estela Iris Gonzalez -2026