Cuento infantil
EL SUEÑO DE PEPITO
Pepe Lima es un niño kolla que vive
en un hermoso valle escondido entre las altas cumbres de Los Andes, llamado
Cueva de los Quirquinchos.
Su abuelito Atahualpa es un gran
narrador de historias y le ha contado que hace muchísimo tiempo los antiguos
habitantes de las tierras bajas llevaron hasta
ese lugar parte del gran tesoro de los incas para protegerlo de los
invasores blancos que llegaron en barcos hasta la costa. Dice don Atahualpa que
en algún lugar estará oculto, y que sería un honor muy grande para quien lo
encontrara.
Por eso Pepe soñaba con ser el gran
descubridor de ese tesoro, él lo entregaría todo a un museo, o mejor, haría un
museo en Cueva de los Quirquinchos para que estudiosos y turistas de todo el
mundo vinieran a verlo.
A veces se desanimaba porque es solo
un niño que llevaba sus cinco llamas y sus siete ovejas a pastar por el valle,
pero otras veces se entusiasmaba dando rienda suelta a su imaginación y cuando
regresaba de sus tareas le pedía a su abuelo una y otra vez que le cuente la
misma historia, y en la escuela le pedía a su maestra que le hablara sobre los
antiguos habitantes.
Por eso sabe que los antiguos kollas
que llevaron el tesoro lo habían dejado custodiado por un demonio del fuego,
que según algunas pinturas que encuentran en las paredes de una cueva que hay
junto al arroyo sería un dragón que no dejaba a nadie acercarse al lugar. De
eso había pasado tanto tiempo que solo a Pepe le interesaba.
Don José Lima, el papá de Pepito, es
el único restaurador de muebles de todo el valle. Hace poco le llevaron un
antiguo escaparate, muy pero muy pesado, para que lo restaurara, y como no
cabía en el taller hizo que lo dejaran debajo del alero y lo cubrió con un
plástico negro. Hace unos días Pepe volvió de la escuela y antes de ir a buscar
a sus animalitos se puso a jugar un ratito a la pelota; imaginó el mejor tiro y
lo hizo con todas sus fuerzas, con tanta suerte que la pelota fue a dar ni más
ni menos que al plástico que cubría el pesado mueble. Se escuchó un ruido tan
fuerte que Pepe quedó paralizado del susto y la preocupación, y no reaccionó
hasta que oyó la voz de su mamá que preguntaba: -¿Qué fue eso?
- Nada, nada- se apresuró a decir
Pepito, pensando que lo averiguaría cuando regresara con los animales y los
hubiera encerrado.
Cuando hubo terminado sus tareas
salió a jugar un rato y levantó
suavemente el plástico, con lo que una de las puertas del mueble cayó al suelo
en dos pedazos. Pasado el susto y comprobando que sólo se había despegado y que
su papá lo arreglaría, vio entre las láminas de madera, muy disimulado, un fino
trozo de cuero. Tiró suavemente hasta tenerlo en sus manos, lo extendió y deseó
con todas sus fuerzas que fuera un mapa, el mapa del tesoro inca. Pero al
abrirlo vio sólo unas figuras semejantes a las de la cueva. Puso la puerta y el
plástico en su lugar, tomó el trozo de cuero y se fue a dormir deseando que
pronto amaneciera.
Al día siguiente, cuando llevó a su
ganado a pastar, corrió hasta la cueva para comparar el contenido del cuero
ilustrado con las figuras de las paredes, y en esto estaba cuando una voz
desconocida preguntó: -¿Qué hacés aquí, niño? ¿Cómo te llamás? ¿Qué tenés ahí?
-Soy Pepe Lima, vine a ver las
figuras de la pared de la cueva y tengo un cuero con dibujos muy parecidos a
éstos. ¿Y vos quien sos? –preguntó extrañado Pepito al ver que quien le hablaba
era un búho color castaño de grandes ojos verdes.
-Todos me llaman Don Búho, el sabio
de la Cueva. Estoy
aquí desde que nací y mis antepasados me heredaron la custodia del lugar, hasta
que se consiguiera la otra mitad de la palabra mágica.
-¿La palabra mágica? –preguntó
sorprendido Pepito.
-Sí, la palabra que abra la puerta
hacia el mundo desconocido donde los Incas guardaron su tesoro.
El búho se posó sobre el hombro de Pepe para ver mejor, y entre ambos
fueron estudiando y comparando los dibujos hasta que lograron descifrar la
palabra mágica.
Con gran seriedad el niño tendió su
mano y el búho su garra, y dijeron a un mismo tiempo la palabra que habían
descubierto, y una de las paredes del fondo de la cueva comenzó a moverse hasta
dejar descubierto el interior de una cámara secreta.
-No hay nada – dijo Pepito al ver su
interior.
-No hay oro ni plata –dijo el ave-
pero hay sabiduría, un valor mucho mayor que el material.
-¿Cómo es eso?- Preguntó el niño.
-Ahora ve a tu casa –contestó el búho
– mañana veremos.
Desde entonces, cada día después de
hacer sus tareas escolares y antes de traer de regreso sus ovejas y llamas,
Pepito y Don Búho van descubriendo el
tesoro de los incas: su organización social perfecta, donde nadie quedaba
desamparado. Sus formas de regadío, con el que lograron abastecer de agua su
gran imperio, el modo en que llevaban a cabo sus cultivos en terrazas, sus conocimientos de matemática y astronomía
y su reverencia por la Naturaleza.
Pepe Lima se ha convertido en un muy
buen alumno, especialmente sabe mucho de Historia, y tiene la llave del tesoro que le permitirá,
cuando sea grande, ser un hombre de bien.
FIN
Asunción Ibáñez -
2009