miércoles, 8 de junio de 2022

 

EL SUEÑO Y EL DUEÑO (EL EGO)

  

El sueño dijo a la niña

que debería ser grande,

pero la niña soñaba

un futuro de princesa

que la vida no le daba…

 

y tomó lo que quedaba.

 

El sueño le dijo al hombre

que debería ser padre,

pero el hombre soñaba

con el hijo más perfecto

que la vida no le daba…

 

y tomó lo que quedaba.

 

El sueño dijo al sacerdote

que debería salvar almas

pero el sacerdote soñaba

con miles de agradecidos

que la vida no le daba…

 

y tomó lo que quedaba.

 

El sueño le dijo al médico

que debería sanar cuerpos

pero el médico soñaba

con toda la admiración

que la vida no le daba…

 

y tomó lo que quedaba.

 

El sueño dijo al poeta

que debería cantar sonetos,

pero el poeta soñaba

con una inmensa fama

que la vida no le daba…

 

y tomó lo que quedaba.

 

La vida le dijo al alma

que sabía lo que buscaba,

aunque no era consciente

sólo renuncia quedaba.

 

               Asunción Ibáñez - 2006

 

 

martes, 7 de junio de 2022

 

UN CUENTO DE LA BUENA PIPA…

 O COMO AVECES SE DICE: CUENTO DE NUNCA ACABAR

 

El día que a ella el ángel le sopló en la oreja, le llegó un mensaje increíble. Pero ella lo desestimó sin más ni más, o sea, no le hizo caso (como se dice vulgarmente). Y siguió tan campante como si nada.

Tres días después iba caminando por la calle, bueno, hablando con propiedad sería por la vereda y de pronto apareció desde una baldosa floja, una baldosa muy rota, que tapaba un agujero. Un agujero muy profundo, húmedo, gelatinoso. Pues apareció un globo rojo, que estaba bastante desinflado, pero que a medida que salía iba creciendo. Y creciendo. Y creciendo hasta hacerse tan grande, pero tan grande, que se le interpuso en el camino.

Prácticamente no le dejaba ver lo que tenía por delante. Ciertamente empezaba a sentirse incómoda. Muy molesta. Pero le ganó la curiosidad y cuando pudo reponerse, primero del asombro y luego de la molestia, lo interpeló: ¡Oye, globo, vete a jugar a otra parte! ¡No me molestes más!

De repente se dio cuenta que estaban completamente solos. El globo rojo gigante y ella. ¿Qué habría pasado? ¿Dónde estaban los demás? Y por más que buscó y miró de acá para allá, no vio a nadie. -¡Globo insolente, sal de mi vista! -pero el globo ni se movió (¿O quedaría mejor decir ni se inmutó?)

Pasaron unos minutos que se le hicieron eternos y el globo finalmente abrió su cuerpo para dejar ver algo asombroso. Un jardín tan maravilloso como nunca visto (por lo menos para ella). Flores de refulgentes colores, lilas, rojas, azules, amarillas, violetas, naranjas y blancas; verdes y más verdes, perfumes exquisitos penetraban por su nariz, que la iban embriagando de a poco, mientras lo recorría.

Mariposas, abejas, bichitos de luz, picaflores la iban acompañando y mostrando toda la belleza del lugar, mientras una leve brisa la invitaba a seguir…

Y ahí fue ella muy decidida, el enojo ya había desaparecido. ¿Había estado molesta?

Encontró una bicicleta, justo a su medida, se subió y dio varias vueltas. Se bañó en una fuente de aguas de colores y perfumadas. ¡Cómo disfrutaba! Y al final se recostó en una hamaca paraguaya y se quedó profundamente dormida.

Y dormida soñó que un día el ángel le sopló en la oreja, le llegó un mensaje increíble. Pero ella lo desestimó sin más ni más, o sea, no le hizo caso (como se dice vulgarmente). Y siguió tan campante como si nada.

 

ADRIANA BRESCIA - 2022

lunes, 6 de junio de 2022

 

BIOGRAFIA DE DOLLY

 

Mi hermosa gata. Mi amada gata. Y yo que la amaba tanto, la tuve que poner a dormir, un 21 de setiembre, no recuerdo el año ni la hora.

La llevé en su porta-casita a la veterinaria, con la esperanza de que la operaran, que se pudiera hacer algo. Nada se podía hacer, salvo evitarle más sufrimiento. La había pisado un vehículo.

Tres días antes, después de haberla buscado infructuosamente, regresó no sé ni cómo, casi arrastrándose hasta donde estaba su mamá humana. Ella, que era la pulcritud total, siempre limpia, brillante, bien peinada, estaba ahí, en un costado de la vereda mirándome, sucia, despeinada. La alcé, la llevé adentro, la coloqué en su camita. Se levantó no sé ni cómo y fue hacia el arenero, ahí se quedó. No podía orinar, ni beber, ni comer. Tal vez esperé demasiado, creyendo que se recuperaría solita.

Creo que han pasado dos años, no puedo recordarlo. Pero está aquí en mi memoria, la sigo extrañando y me sigo sintiendo culpable. Yo la saqué de su hábitat de diez años donde era andariega, libre, hermosa. Lo hice porque no podía seguir viviendo en ese lugar, no quería que ellos se fuesen muriendo y quedar un día sola ¿Me equivoqué? Tal vez, no lo sé, ella pagó mi precio.

Hace algún tiempo, en los años jóvenes, solía salir a caminar temprano por el Acceso Este, con una de mis perras: Duna. Una de las tantas veces, al regresar a casa, pasando por el kiosco de revistas y flores, la vi a ella. Era tan bella, chiquita, negra y blanca. Con la puntita de la nariz negra en su carita casi blanca. Hacía unos movimientos típicos en los gatos, de fregarse en forma cadenciosa, una y otra vez en una de las puertas verdes del kiosco.

Amor a primera vista, aunque soy una enamoradiza. No fue lástima como tantas veces que recogí animales. Fue seducción. Pregunté de quien era, dijeron que de nadie, que había aparecido ahí esa mañana y temían lo que pudiera pasar cuando vinieran los numerosos perros de la zona. Me acerqué para acariciarla y aceptó encantada el contacto de mis manos.

La alcé y no opuso la menor resistencia. Se acurrucó seductora en mi pecho, mientras  Duna observaba. La llevé directo a la Veterinaria. Ese día había dos profesionales, la revisaron y se dejó hacer cualquier cosa, pero en cuanto la soltaban venía hacia mí ¡Cómo no amarla! La desparasitaron, la encontraron perfecta y confirmaron que era hembra. Compré el alimento y partimos las tres. Ningún susto al caminar por las calles ruidosas, transitadas; en mis brazos parecía que yo era suya desde siempre.

Al llegar a casa, salió a recibirnos la muy numerosa familia perruna, nada de gatos pues habían muerto hacía varios años. Los ocho la recibieron como una más, se movió adentro como quien vive en el lugar desde siempre. La llamé Dolly. Siento que ellos traen el nombre y de algún modo me lo dan a conocer. Se acostó conmigo, por supuesto, y se encargó de peinarme y lamerme la cabeza. Me caminó entera, hizo sus arrumacos y nos dormimos.

A los quince días los perros y yo estábamos contagiados de tiña. Ella era portadora asintomática, los demás nos llenamos de ronchas, ampollas. Todos, incluida Dolly hicimos tratamiento y nos curamos.

Fue tremenda de traviesa y al mismo tiempo era un deleite mirarla. Además bravísima en las peleas de gatos, a veces volvía con la oreja cortada, pero no escarmentaba. Cazadora como ella sola, mil veces le pude sacar los gorriones de la boca.

 Un día se cayó de la medianera sobre una tuna, intentando escapar del perro del vecino. ¡Pobrecita, tenía espinas hasta en los costados de la carita! Se las dejó sacar sin intentar escapar. Otro día desapareció y escuché ladrar al perro de ese vecino. Le toqué el timbre y le pedí ver si mi gata estaba ahí, la había perdido. Me respondió que si hubiera entrado a su casa, el perro ya la habría triturado. Insistí y ahí estaba: el perro la había acorralado en una esquina, pero no la tocó ¡Dolly! ¡Dolly! Son tantas las anécdotas de ella y de todos, que podría escribir varios libros bellos.

 Varios años antes que ella estuvieron Gatito y Gatina, Serafín y Perlita.

Simultaneo a ella, Gama y Beta. Cuando traje a estos hermanitos, Dolly se enojó de tal modo conmigo que se fue por tres meses. Desesperada la busqué por todo el barrio y no dí con ella. La señora que me ayudaba en esa época me dijo un día: “En cuánto usted se fue, Dolly apareció. Comió, tomó agua, se acostó y cuando se dio cuenta que usted venia, se fue.” Ahí recobré la paz. Era cuestión de dejarle comida, leche, agua y ella lo consumiría cuando yo me fuese a dormir. Un día, no sé por qué, me perdonó y volvió como si nada, se acostó conmigo y todo siguió como siempre, solo que ahora habían dos gatos más. Pero ella era mi favorita y la pícara lo sabía.

A veces me dolían mucho las piernas y al acostarme era muy molesto e intenso el dolor, sobre todo la pierna izquierda. Ella aparecía, saltaba a la cama y se ponía a amasar mi pierna, justo en ese lugar que me dolía.

Sea éste mi homenaje para ti, mi gata hermosa y para toda esa multitud de animales que me acompañaron y partieron con muerte natural o tuve que ponerlos a dormir. ¡Espantosa experiencia!

Ellos me acompañaron y acompañan en mi larga vida. Siempre fieles, leales absolutos, agradecidos, amorosos, comprensivos.

Cuánto tenemos los humanos que aprender de ellos.

Gracias mis hermanos animales, por hacerme más dulce, más cálida la vida. Y perdón por todos los errores que por ignorancia cometí. Gracias mis amigos.

 

                                                        Teresa Columna - 2020

domingo, 5 de junio de 2022

 

Metáfora

 

Se revuelcan en el piso,

enroscados de furia,

luchando como dos lagartos en el desierto.

                                                                              Nela

viernes, 3 de junio de 2022

 

Encuentro de verano

 

Volvió

Regresó, y si bien no había pasado tanto tiempo, nada era igual ¿O sí? ¿Sería su memoria esquiva?

Y con una sonrisa (se reía para adentro, con un sonido inaudible de jijiji) pensó que era un lugar totalmente nuevo, desconocido. Que tener pérdida de memoria le hacía vivir un viaje interminable hacia lo desconocido, y lo agradeció.

 

                                                                                              Marta - 2022

jueves, 2 de junio de 2022

 

EL RÍO

El río avanza, corre, se desliza entre rocas, plantas y arenas.

A veces se detiene cansado, pero sus propias células empiezan a inquietarse y le piden, “Vamos, vamos, sigue, ¡Adelante!” y de a poquito empieza a fluir montaña abajo, zigzagueando ondulante, coqueteando entre las flores. Ríe, canta, llora.

Va recordando todo lo que vio en su recorrido: paisajes, nubes, gente, lluvia, más agua que cae y llena su cauce. Tropiezos, vueltas, sinsabores y alegrías.

El río sigue incansable, se expande, cada vez más lento, tiene miedo de llegar al mar, es el fin, desaparecer en el todo, perder su identidad. No ser.

Al fin se entrega, ya no es, pero es el mar, está en el todo. Todo es uno.

Sonríe.

                                                               Clara Molina - 2022

miércoles, 1 de junio de 2022

 

MADRESELVA

 

Por la ventana de mi habitación abierta de par en par en primavera,

entraba el exquisito perfume de las flores de la madreselva,

esa que un día mi madre plantó mientras cantaba un bolero

en nuestra nueva casa y que cuidó con tanto esmero.

 

La belleza y simpleza de esas pequeñas flores blancas,

quedaron grabadas en mi memoria por siempre,

como testigos de mi niñez acompañando mis sueños,

cuando los versos quemaban como ardientes leños.

 

Madreselva, compañera de mis primeras lágrimas

de muchacha enamorada y solitaria.

 

Ana María Muñoz - 2021

  Canción de cuna                                          Canción para Francisco   Descansa mi niño, navega en tus sueños, aq...