jueves, 31 de marzo de 2022

 

MI OTRO YO

Soy la señora del quinto B, ésa que casi nunca saluda y que todos tildan de “agrandada” sin conocerme y sin saber mi historia.

Me levanto temprano, tomo un poco de yogur y como una fruta para salir hacia el gimnasio.

Camino apurada y no miro a nadie por la calle, en realidad soy muy tímida y tengo mucho miedo, desde que fui agredida a plena luz del día por unos chicos, los que se llevaron mi mochila, es por eso que soy muy poco comunicativa y antipática.

Mis días son aburridos, hago siempre las mismas cosas y tengo pocas personas con quien relacionarme, me encierro y no logro olvidar ése episodio desagradable.

Me gustaría ser como la del quinto A, siempre alegre y con tantas amistades. Ella que va al cine, al teatro, ella que siempre va sonriendo y saludando a todos los vecinos del edificio.

En una sesión con mi psicóloga le comenté esto y ella me dijo que estaba en mí revertir la actitud hacia los demás, y que si ponía una sonrisa en mi rostro seguramente recibiría de los otros un gesto amable. No sé si lograré cambiar.

                                                                              Ana María Muñoz - 2022

miércoles, 30 de marzo de 2022

 

Prosa poética:

 

Sueño sobre patines

 

¡Oh! ¡Anhelo que levanta vuelo y se aleja en el suspiro alado!  Me desliza, ágil y liviana el hada helada del hielo, con la gracia del cisne del lago.

Dibujo círculos, trazo espirales siguiendo las ondas de un mudo vals, que de la mano me lleva a descubrir en el blanco espejo mi silueta fundida en la danza.

Pura magia sobre el hielo en la pista de mi ensueño ¡Algún día se cumplirá mi anhelo!

 

Nela Bodoc - 2021

martes, 29 de marzo de 2022

 

Consejos

 

En lo desconocido está la posibilidad de ampliar tu conciencia, de descubrir tus propias reacciones, conocerte y reconocerte. Y ese es el encanto, la magia de esta vida, aprovéchala.

 

AMI

 

 


                 Ruptura

 

No fueron inocuas sus palabras.

Los misiles de su rencoroso duelo

horadaron el ya contrariado pecho

dejándole un agujero negro de silencio.

 

No dijo adiós. Tuvo miedo.

Se alejó arrastrando los grilletes

de una libertad que nunca fue.

 

El polvo gris del olvido,

cual cenizas de un volcán,

fue cubriendo cada rincón.

Leves telarañas envolvieron,

amorosamente, una a una,

las deslucidas joyas del recuerdo

para preservarlas del desamor.

 

Nela Bodoc - 2021

lunes, 28 de marzo de 2022

 

LA TIA ORFELINA

 

Era tía de mi padre, o sea, era mi tía abuela y era muy viejita y aunque vivía en otra ciudad, siempre nos visitaba. Le gustaba cocinar y mi madre era feliz entregándole sus ollas y así librarse de hacer la comida, tarea que nunca fue de su agrado.

La recuerdo con un cigarrillo siempre en su boca, de vez en cuando lo asía entre sus dedos y aspiraba, luego expulsaba una bocanada de humo que a mí me parecía asqueroso y creo que ella lo disfrutaba. Yo la miraba esperando el momento de ver caer la ceniza sobre las papas que ella pelaba y que más tarde serían el puré que comeríamos; pensaba ¿qué sabor tendría la comida con ceniza? Bien, el asunto es que para ella era de lo más común andar todo el día con un “pucho” en su boca.

Hablaba mucho y contaba historias muy graciosas como cuando viajó en barco en medio de una tormenta y, muy asustada, se encomendó a todos los santos, ella, que no sabía el nombre de ninguno solo repetía: “Santos, santitos, no dejen que naufraguemos en este barquito” lo decía con tanta gracia y con su cigarrillo en la boca que mis hermanos y yo reíamos a carcajadas.

Mi tía abuela estaba siempre contenta y era cariñosa con todos, sus historias eran todas verídicas, según ella, pero nadie le creía. Tenía muy buena salud, era muy flaquita pero fuerte como nadie, viajaba sola y fumó hasta sus últimos días de vida, que fueron muchos.

Hoy la recuerdo con mucho cariño.

 

Ana María Muñoz – 2022

 

Consigna: “Sacudiendo el árbol genealógico”  

 

domingo, 27 de marzo de 2022

 

                                         

                                           Dónde están


Dónde están los pájaros

Ya no vuelan, ni cantan, ni anidan

Dónde es que se han ido.

Ya no se escucha la algarabía de los niños,

Dónde están los niños,

Dónde están.

Han cambiado risa por llanto sufrido,

Sus caritas tristes, muy tristes de niños…

La congoja aprieta la garganta,

Caminan, caminan,

Desolados, resignados, tan sólo algunos

No entienden lo que pasa, pero sienten que todo es muy malo.

Arrastran con ellos su corto pasado…

Quedaron atrás sus casas, sus juegos,

Ya no habrá más rondas, ni olores, ni fotos, ni sueños.

Todo es polvo, ventanas quebradas,

No hay puertas ni techos, ni flores, ni abuelos,

Ellos se han quedado a cuidar su tierra.

No miran atrás, siguen caminando, quien sabe hacia dónde.

Un futuro incierto sólo los aguarda,

Son niños marcados, niños de la guerra.

La vida ha cambiado,

Crecerán de golpe aun siendo tan niños…

Dónde están los niños,

Dónde están los pájaros,

Dónde están ahora

¿Qué será de ellos?

Quisiera abrazarlos, mirarlos a los ojos

Y en nombre de todos los seres humanos

Tan solo decirles:

¡Les pido perdón!

               

                                                               Alicia Rita García – Marzo 2022

 

sábado, 26 de marzo de 2022

 

Descripción

 

EL NACAR DE MI CORAZÒN.

 

Rodete blanco, cuya cabellera nacarina perdura en el recuerdo de mis mejores momentos de la infancia. Postura de matrona, con su delantal blanco (que se lo cambiaba todos los días) abría mis mañanas con el barullo en su gallinero.

Mi bisabuela, “La Eusebia”, así le decían los nietos. Decía que ella dejaría su impronta en mí (la primer bisnieta) ¿será?, por allí me veo reflejada en algún hábito medio ancestral.

Cada gallina tenía un nombre: la Colorada, la Prolífera, etc… me daba su bolsita con maíz y me levantaba en sus largos y fuertes brazos e inclinándome con cierto temor, desparramaba el alimento ante un cacareo infernal, ella me susurraba –“Dale mijita, dale que vos sos de las mías” -yo no entendía nada en ese momento.

Al desplazarse me parecía un monumento, su altura y firmeza despertaba en mí seguridad y admiración. Su placer era amasar en esas bateas grandes de madera, donde con sus manos dibujaba mi silueta en una masa dulce, luego me sentaba en sus firmes rodillas a saborear la leche con su muñequita amasada.

Algunas tardes se sentaba en la vereda alta, en su sillón preferido y, yo arrastrando mi pequeña silla acompasaba el vaivén de su sillón con el canto “Arroz con leche”. Pasaban vecinos, la saludaban y ella respondía con una sonrisa jocosa y luego me decía: “¿Decime mijita, quién es esa señora?”

Recuerdo que todas las tardes venían a visitarla distintos familiares, y eso me inquietaba, pero ella respondía: “Mijita, como soy la más antigua de la familia todos vienen a consultarme sus cosas”.

¡Un personaje “La Eusebia”! Cierto día tomé su escoba, la levanté como apuntándole y ella con su rostro benévolo, pero con mirada que denotaba autoridad, me dijo: “Mijita bajá eso que el diablo nunca duerme” La recuerdo y me florece y refresca el alma.

Con los años se acompañó de un bastón, y decía: “Mirá, me parece que este va a ser mi compañero inseparable”.

Cuando miro las Santa Rita florecidas la veo a ella; recogía sus flores, me sentaba en una silla y enredaba mis rulos con ellas.

El olor a pan horneado, los árboles frondosos, los geraneos, el delantal blanco, andar cansino pero firme, es “La Eusebia”.

Partió a los 104 años, pero permanece en la mejor estrella del cielo de mi corazón.

 

Cristina Maidana – 2022

 

Consigna: Sacudiendo el árbol genealógico.

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