domingo, 31 de octubre de 2021

 

                


                       Ella le dio el Sol y la Luna, pero la niña tomó sólo una luciérnaga.

                                                                                              AMI

sábado, 30 de octubre de 2021

 

En abiertos corazones

Puede ingresar el amor,

Y en mentes sanas que esperan

La temprana bendición.

Alberto Coronel -2021

viernes, 29 de octubre de 2021

 

        Calma

Verano. Contingente de turismo guiado. Me sentía saturada de información. Estábamos en Córdoba, precisamente en Río Tercero, y la guía nos había llevado por la zona agreste de la sierra.

En un pequeño arroyo se lucían los más bellos flamencos rosados que yo había visto, aunque, a decir verdad, no he visto tantos flamencos en mi vida, sólo los había visto una vez antes pero de plumaje blanco.

Siguiendo el arroyito vimos unos juncos que en sus tallos lucían unos hermosos botones de color rosado, intenso y llamativo, que inmediatamente asociamos con las aves, pero la guía dio por tierra nuestra ilusión con una simple frase: “Son huevos de sapo”.

Y así siguió el paseo, descubriendo variedades de plantas propias de la sierra, observando sus propiedades medicinales, o sus flores y sus perfumes, que la guía describía al pasar.

El cansancio me iba invadiendo poco a poco, transformándose lentamente en aburrimiento. Llegamos a un punto en el que el cauce de agua se estrechaba, precipitándose en cascada hacia una parte más baja, siguiendo su curso hacia el río.

Atardecía. El sol iluminaba la escena, y como si un mandato oculto hubiera sido dado, todo el grupo hizo silencio. Busqué una piedra donde sentarme, igual otras personas, las más jóvenes permanecieron de pie como en éxtasis, contemplando ese tiempo-espacio presente, sagrado, en comunión con el grupo y el entorno.

Cuando la luz del sol se extinguía partimos hacia el vehículo que nos llevaría de vuelta, en silencio, en la armonía que nos brindó esa experiencia casi mística, compartida, guardada en nuestros corazones.

Dejé de ser observadora para ser parte del grupo, y el grupo ya era parte de mí.

                                                                              Asunción - 2020

jueves, 28 de octubre de 2021

 


Arturo y Manuel


Arturo era un hombre tranquilo, le gustaba caminar por el vecindario y desde que falleció su esposa lo hacía en solitario, ahora se había ido de viaje al norte del país a visitar a su hermana, y Manolito, su nieto, que era un niño muy cariñoso, lo extrañaba y cada día le preguntaba por teléfono cuándo regresaría.

-¡Dale abu! volvé pronto que te extraño- Por eso apenas regresó lo llamó para hacerle la invitación.

Arturo se sentía preocupado, porque desde que volvió de su viaje, su canario amarillo estaba muy desanimado, ya no cantaba alegre como solía hacerlo cada mañana: -¿Será que echa en falta a la patrona? Tal vez le pasa como a mí-  pensó.

A la hora convenida salió de su casa, muy bien arreglado y con un regalo para Manuel; apenas se vieron, se abrazaron y se fueron caminando hacia el café Los Amigos, que estaba en el barrio. ¡Qué feliz estaban el niño y su abuelo!, entraron y se acomodaron en una mesa junto a una ventana.

-¡Quiero una chocolatada con medias lunas! -dijo el pequeño entusiasmado.

-Si mi niño, pida lo que quiera- De pronto Arturo se acordó del regalo y lo entregó a Manolito.

-Gracias abu, qué lindo, me encantan las travesuras de Mafalda.

Pasaron una hermosa mañana charlando y riendo, comentando cosas de viajes y escuela.

Había mucho para decir, había mucho amor entre ellos.


        Ana María Muñoz - 2020

miércoles, 27 de octubre de 2021

 



Madre, arrópame,

que quiero dormir,

acurrúcame en tu regazo,

para un sueño feliz.

 Iris Nely

martes, 26 de octubre de 2021

 

El caso:

Un accidente singular

 

Ocurrió una noche, cerca de fines de diciembre. Una septuagenaria bajó del colectivo, a las 21.45 horas, cargando varias bolsas de compras de fin de año en sendas manos. Recorrió tres cuadras hasta llegar a su barrio, que se caracteriza por tener grandes árboles muy frondosos, que ocultan las luminarias tornándose bastante oscuro.

Cercana a su domicilio, tropezó con un perro negro, que dormía en el medio de la vereda, a la sombra de un paraíso, por lo que era casi imposible distinguirlo. La mujer cayó de cúbito dorsal, sin soltar los paquetes, quedando totalmente tendida en el piso. Se supo qué cosa se había llevado por delante por los gemidos del animal, que salió corriendo.

El hecho no tuvo graves consecuencias. La señora sufrió algunos raspones en las rodillas, codos, manos y mentón. Sus anteojos cayeron unos metros más adelante sin romperse. Una pareja vecina corrió a auxiliarla, ayudandole a incorporarse, mientras el perro se alejaba velozmente, ladrando lastimeramente.

La septuagenaria, una vez recuperada del shock, siguió camino a su casa.

 

Nela Bodoc 2021

lunes, 25 de octubre de 2021

 

El espíritu de la naturaleza

Era el primer domingo de la primavera y ese día amaneció rutilante de sol y perfume de flores. Los padres de mi amiga Susana vendrían a buscarme para ir a pasar el día a su casa de Aregua, éramos amigas inseparables y como su mamá cocinaba muy bien prometía ser un día exquisito.

Llegamos rápidamente en su auto y como habíamos desayunado nos dejaron salir a recorrer.

Era hermoso ver las irregularidades del terreno con piedras de todos tamaños, la hojarasca de distinta tonalidad que iban del rosado al amarillo, acompañado todo por el canto de los pájaros que interrumpía el especial silencio del lugar; lo máximo fue llegar al arroyo, y el agua fresca me invitaba a bañarme en ese mismo instante.

 Pregunté- ¿De dónde viene esta agua? ¡No puedo creer semejante delicia! ¿Podemos ir hasta la naciente?

Está cerca de aquí por eso es fresca y limpia –dijo Susana– fuimos con papá, mamá y Jorge el casero el mes pasado, llevaron picos y machetes, pues tuvieron que abrir un pequeño sendero para llegar.

-Y ¿llegaron verdad? –pregunté ansiosa -por favor, quiero llegar a ese lugar -comencé a repetir mientras una fuerza interna me estimulaba a caminar hacia allí.

-Sí claro, pero te cuento que el bosque se va cerrando de a poco y se hace oscuro, parece de noche andar por ahí  –respondió -voy a acompañarte un rato, luego irás sola, a mí no me gusta, y tienes que saber que hay víboras.

-Guauuu -exclamé. Y sin pensar me dispuse a seguirla.

Susana iba delante de mí con paso firme y todo lo rápido que permitía el terreno, pensando que tal vez pronto yo cambiaria de idea, al poco tiempo los rayitos de sol que se filtraban por entre las hojas comenzaron a escasear y todo se tornaba más y más oscuro. Era como un túnel verde y achaparrado

 - Aquí me quedo -se plantó Susana- tendrás que seguir sola, faltan unos metros y cuidado con las víboras. -dentro de mi surgió la seguridad de que nada malo me sucedería, así que continué el sendero sin titubear, sintiendo una sensación de que una gran boca verde me tragaba lentamente.

Llegué… allí estaba yo sola con el fuerte ruido del agua que caía entre las piedras. Lo primero que hice fue agradecer la oportunidad de vivir ese momento en ese magnífico lugar que se parecía a un pequeño santuario.

-Hola -dijo una vocecita suave y melódica- yo soy Luz.

-Hola Luz ¿dónde estás? - contesté mientras buscaba por todos lados la dueña de esa voz.

-Aquí estoy en esta enredadera que cae del lapacho-  ahí estaba, un hada diminuta, de vestido verde con pequeños brillantes multicolores.

 Me animé a preguntar- ¿Vives aquí?

-¡Claro! Formo parte de la hueste de honor que cuida la naturaleza.

Asombrada respondí: -Así como los gnomos.

 Si… ¡No me hables de ellos! Siempre hacen bromas, sobre todo a los hombres, desorientan a los visitantes y no pueden encontrar el camino, así que no pueden volver al lugar de donde vienen. Somos muchos, estamos en el agua, el aire, la tierra y los árboles y ayudamos a todos los seres vivos que nos necesitan para la conservación del bosque.

 De pronto la voz de Susana llamándome me hizo volver de la magia -¡Mirta! ¿Estás bien? - me gritaba desde lejos.

-¡Sí, ya voy!- respondí. Quería quedarme mucho tiempo, pero comprendí que el momento había pasado. Agradecí con todo mi corazón este encuentro con el espíritu de la naturaleza. Dije una oración y me fui cantando bajito a reunirme con mi querida amiga, pensando que tal vez algún un día le contaré lo que sucedió.

Mirta Fernández – 2021

 


  Cuento fantástico     El monstruo del cerro Atraídos por su fama de ser un lugar con extrañas experiencias, un grupo de amigos dec...