lunes, 2 de mayo de 2022

 

PARADOJAS DE LA VIDA:

LA TERRIBLE SOLEDAD DE DOS EN COMPAÑÍA

 

No puedo entenderte  -dijo él ofuscado -si vengo temprano te molesta y si vengo tarde también.

No me molesta eso -refutó ella, no enojada pero sí muy seria.

Entonces ¿Qué te pasa conmigo? -preguntó él.

¿Ves? No puedes ni siquiera darte cuenta que mis sentimientos ¡Bah! mis tiempos -se corrigió ella -no son los tuyos.

Él se rascó la cabeza, realmente no entendía este diálogo ¿De qué tiempos hablaba? Pero no le hizo esa pregunta.

Necesitaban dialogar pero no hablaron más. Ella dio media vuelta, se encerró en el baño y limpió todo con furia ¿Por qué limpiaba cuando estaba enojada? Tampoco supo la respuesta.

Él se quedó parado en medio de la habitación, las manos en los bolsillos, mirando hacia la cocina ¿Habría algo preparado? Sin mirar y sin saber qué hacer, se tiró en un sillón y prendió la televisión.

Justo alguien estaba cantando:

¿Qué nos sucede, vida mía,

que últimamente, ya nos tratamos

indiferentes…?

Cambió de canal. Buscó un partido de algo.

Más tarde ella se fue a dormir a la habitación y él se quedó dormido en el sillón.

En la televisión se escuchaba una voz que repetía:

¿Qué nos sucede, vida mía…?

Ellos no tenían respuesta.

¡Qué paradoja es la pareja!, pensaba él.

¡Qué paradoja es mi pareja! -pensó ella- y ¡Qué triste!

 

Clara Molina - 2022

domingo, 1 de mayo de 2022

viernes, 29 de abril de 2022

 

EL SEÑOR DEL DESTINO

 

Ser un Señor del Destino no es fácil, y sobre todo cuando se es tan anciano como yo, aunque  tiene la ventaja de acumular muchos recuerdos y de conocer todas las mañas que los hombres imaginan. Cada ser humano nace con un sinnúmero de posibilidades y debe forjarse su destino, y para ayudarles estamos los Señores del Destino.

Recuerdo allá por 1960 me tocó trabajar con un tal Torres, un pobre personaje que tenía sobrados motivos para estar muy agradecido por todos los favores que el Destino le había otorgado, pues era un tipo feo, de mal carácter y medio retraído y a pesar de todo se había forjado una carrera de contable y se había casado con una linda chica que además era hija del dueño del supermercado donde consiguió un buen puesto, el de tesorero de una de las sucursales que abrieron a 300 kilómetros de la capital.

Este señor creyó que podía torcerme el brazo, ignorando que a un Señor del Destino nadie puede torcerle ni siquiera un dedo sin sufrir las consecuencias, aunque en apariencia haya ganado, y este pobre, ni siquiera ganó.

El pobre infeliz, que no debía serlo porque tenía todo para ser feliz, ideó una forma de hacerse de dinero que dependía nada menos que del azar, como si alguien se hubiera hecho rico con eso.

Cada fin de semana sacaba de la caja fuerte fondos que llevaba al casino y apostaba, y a veces ganó unas pequeñas sumas, pero la mayoría de las veces perdía, entonces, cuando regresaba sacaba de las cajas de las pobres cajeras pequeños valores con los que cubría sus propias pérdidas, por lo que debí ingeniarme en buscar en aquellas chicas alguna que no estuviera tan asustada ni creyera en supersticiones, y le induje que tomara precauciones tomando nota de la numeración y cantidad de billetes en su caja, y lo dejara todo adentro de la misma, y cuando ella descubrió el resultado lo comunicó a sus amigas y todo volvió a la normalidad para ellas, no así para el ingenioso estafador que perdió su puesto, su familia y su dignidad.

           

                                                                                  Ama Riba  - 2003

           

 

jueves, 28 de abril de 2022

 

                        


                            Fui

 

        Yo fui sus piernas vigorosas que corrían,

        el aliento entrecortado de la boca,

        también la multitud que lo rodeaba.

        Su impetuosa juventud con ideales,

        el entusiasmo de la causa, sin juzgarlo.

        Yo corrí con él un destino ya marcado

        y sentí el cimbronazo del impacto,

        el grito de dolor que oprimía su garganta,

        el suelo sucio de otras sangres ya vertidas.

        Su sorpresa ante la realidad que no esperaba,

        y fui sus ojos inocentes entreabiertos,

        sus preguntas sin respuestas a esa hora…

        Fui todo eso y pude ser más

                                       Pero él, solo,

                                       hoy yace muy quieto…

 

                                                       Alicia Rita García

miércoles, 27 de abril de 2022

 


CLEUSSA

 

Mi perrita y yo hoy charlamos muy seriamente. Hace casi 10 años que estamos juntas.

 Nació el 25 de diciembre de 2010, fui a conocerla cuando tenía una semana de haber llegado a este mundo, era tan pequeña que cabía en la palma de mi mano. Llegó a mi hogar el 30 de enero de 2011 y desde ese momento la amé. Hemos pasado juntas muchísimos momentos bellos y de los otros también.

 Es mi compañera y mi confidente, ahora hasta dormimos en la misma cama, que quedó demasiado grande cuando mi compañero de vida se marchó para siempre. Por eso, hoy le expliqué esto del virus. Le dije cuánto la quiero y lo importante que es ella para mí. Le dije que quiero seguir a su lado, pero que no sé si eso será posible.

 Hoy me sentía angustiada por primera vez en este aislamiento que lleva ya muchísimos días. Me escuchó en silencio, hasta que de pronto me sonrió y me acarició con sus patitas blancas y peludas.

 Tranquila -me dijo -Estaremos juntas por mucho tiempo más.

 ¿Te parece?- le respondí.

 Sí, ya verás cómo salimos de esta- dijo convencida de que así sería. La abracé y así nos quedamos dormidas en el sillón. Cuando desperté, el nudo en mi garganta había desaparecido y sentí paz y alivio en mi alma. Cleussa dormía y roncaba feliz sobre mi pecho.

 

 Ana María Muñoz - 2020

 

martes, 26 de abril de 2022

 


¿Qué será de mí cuando prepare mi partida?

¿Dejaré que se marchen mis fantasmas?

¿O les pediré que sigan siendo mis compañeros de camino?



 

El caminante del cielo

 

El caminante del cielo vive aquí, pero no es de la tierra, vino para aprender los puntos de referencia en este momento y enseñarlos a los demás.  Cambia con las épocas, aunque sabemos que hay cosas internas del ser que no cambian, pero a veces se olvidan.

Caminaba yo por el parque lleno de plantas y árboles hermosos cuando de pronto un claro… cosa rara allí, pero había un niño jugando, tratando de embocar la pelota en un aro de básquet.

-¿Un partidito, señor? Me preguntó

-¡Dale! -Y me fui yendo por su camino de luz, dejando de lado a la cuenta del banco, lo que hay que pagar para sostener el estatus y todo el trabajo que hay que hacer y bueno… ¡Menos mal que los niños no se ocupan de eso! Sólo juegan y son felices, ni siquiera me preguntó quién era y si tenía dinero.

-Todo está en aprender a volar –me dijo.

-¿Perdón? – respondí.

-Si toma la pelota con las manos así, se impulsa con el cuerpo y deja que su alma vuele, es decir la pelota, luego fácilmente emboca ¿Ve?

No lo pude ver tan pronto pero como me ganaba mucho decidí intentarlo. Su risa franca llenaba el viento como una campanita y festejaba cada ¡Goooool  como un fanático de fútbol.

-Solo hay que dejar de ser, para ser –dijo entre risas.

-¿Cómo? ¿Qué? – dije perplejo.

De pronto me vi jugando como un experto, cada vez que tiraba y me dejaba soltar y fluir me sentía dueño del todo. No había nada que me faltara. Tuve la sensación de presentir toda la realidad, la que se ve y la que no, de la que soy consciente y la que intuyo de otros planos, otras vidas, no sé, mi inconsciente humano.

Vi la totalidad que hasta el momento era escueta, ahí nomás delante de los ojos.

Reí también y festejé en lo alto del cielo sin límites.

Nunca había sentido el amor tan cerca, tan supremo, tan todo y tan pequeño y cotidiano.

Nos despedimos y continué mi caminata feliz con algo nuevo en mi corazón y en mi mente.

¿Será que estamos atados a valores de un materialismo indómito que nos produce ansiedad y nos afecta negativamente marcándonos un estilo de vida que seguramente no condice con nuestra necesidad de sentido?

Pensando y pensando, después de un rato volví a pasar por el mismo lugar y no estaba ni siquiera el aro, solo había un pequeñito espacio de tierra pelado, sin forma, con algunas plantas que estaban colocando.

-Eres artífice de tu destino vuela alto. En ver más allá está el equilibrio. -Escuché su campanita de risa surcando el aire.

 

 

Mirta Fernández - 2022

 

  Canción de cuna                                          Canción para Francisco   Descansa mi niño, navega en tus sueños, aq...