martes, 30 de septiembre de 2025

 


                Salgo al balcón de mis sueños

                Por su inmenso ventanal

                Y dejo abierto el portal

                Para que ingrese la vida,

                Que su aguas cristalinas

                Calmen la sed de mi huerto.

    Las amarras de mi puerto

    Sujetan mis esperanzas,

    Los vientos de la templanza

    Inflan mis velas de amor,

    Y pongo mi cara al sol

    En busca de sus secretos.

    Eres mi fe, mi Señor,

    Y tus legiones del cielo,

    Salgo al ruedo en este suelo,

    Donde hay tanto dolor.

    El surco germinador

    Dará el fruto de la tierra

    Donde su única guerra

    Es producir con fervor

    Acentuando el tesón

   Que toda su ciencia encierra.

   El trigo dará su pan

   Para que el hombre en su afán

   Reponga fuerzas del día,

   Y le abastezca a su cría

   Con su ejemplo de sudor.

   No hay lugar para el lamento,

   Y cada uno en su tiempo

   Sembrará sobre su era,

   Como amor de primavera,

   Las semillas que creyera

   Oportuno cultivar,

   Para luego retirar,

   Ese fruto que va dando;

   Y si es magra la cosecha

   Siempre hay que seguir sembrando.

   Cada uno habrá de ver

   La senda que ha de seguir,

   Y yo quiero elegir

   Un camino de esperanza

   Donde germinen las ansias

   En un cercano horizonte,

   Y ver bien de cerca el brote

   Como fruto del mañana

   En donde cada semana

   Empuje a seguir creciendo.

   En el amor voy creyendo

   Y esa fuerza me engalana.

                Alberto Coronel - 2025



 

lunes, 29 de septiembre de 2025

 

                             

                                                       El otro.

                    ¿Quién es el otro? ¿Alguien muy diferente a mí?

                    ¿Tan diferente como una flor y un cangrejo?

                    No, también tiene ojos

                    y puede ver, y verme,

                    ojos que expresan sus sentimientos…

                    sentimientos que impactan en mí

                    como saetas de energía.

                    Y ese otro tiene un corazón

                    que anida esos sentires que vibran cuál

                    brisa suave

                    o vendaval.

 

                    El otro

                    ¿Es un amigo?

                    o un hermano con otros padres,

                    con otros genes y aprendizajes;

                    otro yo,

                    imagen espejada en amor

                    o desamor.

 

                    El otro, la otra, es otro yo con su aura rosa.

                    El otro, la otra, es otro yo de piel oscura y suave.

                    El otro, la otra, es otra yo con cabello perfumado a lilas.

                    El otro, la otra, es una nota de si bemol en el aire.

                    El otro, la otra, tiene gusto a mí misma.

 

                    Y en mi día, en mi entorno, en mi memoria, en mi historia,

                    hay tantos otros igual que yo,

                    a quienes respetar como me respeto a mí,

                    a quienes amar como me amo a mí,

                    a quienes escuchar como me escucho a mí.

 

                    ¿Y yo? ¿Soy el otro, la otra?

                    ¿Me amo, me respeto, me escucho, me cuido

                    como lo hago con los otros?

                    El otro, los otros, yo, somos el jardín donde

                    podemos cultivar la paz.

 

                                               Asumi – 2025



 

 

viernes, 26 de septiembre de 2025

 

 

POR LA PAZ

La luna saltó en el cielo

como un cervatillo herido

tenía en sus recovecos

las caricias de su madre.

 

Su luz me hizo pensar en Dios,

en la paz de los templos

que no hieren la carne,

que no salpican con sangre,

que no retuercen el alma,

sino alimentan la brasa del gran amor

que fulge de los corazones

que allí oran por la paz

 

Hoy llegó hasta mí

este sentido tan suave

como perfume de flores,

como alas que arremolina el aire.

 

Soy un ser, pasajero misterioso,

que quiere irradiar ternura

en lo que le queda de vida

y cantarle al mundo con áspera lisura.

 

Que la paz es posible

y es posible en la vida,

en la copa vacía

beber con esperanza.

Allí abajo en el árbol

las raíces descansan

todo puede ser paz en el alma,

todo es paz mirando al fuego,

cuando en silencio las llamas

dibujan las salamandras.

Clara Molina- 2025

 

CONSIGNA: con metáforas y comparaciones hacer un trabajo sobre “la paz”

 

 

 

jueves, 25 de septiembre de 2025

 

Reflexión

 

 Ser oyente

 

En los tiempos actuales se puede percibir la falta de amor en todos los ámbitos donde interactuamos los seres humanos. Si esto lo puedo observar fácilmente en los demás me pregunto si también lo veo en mí.

Me detengo para reflexionar y auto-observarme ¿Qué tanto amor soy capaz de dar?

Ser totalmente honesta en el auto conocimiento y no engañarme a mí misma al analizar mi comportamiento no es una tarea fácil, pero sí imprescindible.

Cada uno tiene una opinión personal sobre el amor, palabra que es compleja y difícil de definir. Incluye muchas cosas y una de ellas, que es a la que quiero apuntar es el respeto. Respetar es una forma de amar.

Hay muchas maneras de respetar. Una de ellas, que considero muy importante, escuchar a quién nos habla, con toda nuestra atención. Lo que algunos llaman la escucha activa. Y sobre esto quiero apuntar mi reflexión.

La mayoría de nosotros, inmersos en nuestros pensamientos no estamos verdaderamente presentes en una conversación. El móvil nos distrae constantemente. Es un ladrón de atención en las charlas, en los diálogos, en los encuentros.

He sido y soy víctima de esta situación y me impacta emocionalmente. Me siento dolida cuando necesito comunicar una idea, un sentimiento o expresarme y me doy cuenta que mi oyente solo simula escucharme. Me siento desvalorizada.

Seguramente he actuado de esta manera muchas veces, sin ser consciente de ello. Intento cambiar este mal hábito. Quiero respetar a la persona que necesita decir algo brindándole mi atención, aun cuando no lo haga con palabras.

Para practicar la escucha empática ponemos a trabajar todos los sentidos. Hay que estar allí. Y para ello hace falta algo más: ver a nuestro interlocutor, hacerlo visible. Hubieron demasiados invisibles en mi vida. El chofer que maneja el taxi que tomé, la cajera que me cobró en el supermercado, el indigente que tocó a mi puerta, todos ellos son seres humanos, son valiosos, merecen ser vistos y escuchados. Respetar, visibilizar, prestar atención, empatizar son todos distintas aspectos del amor.

Me pregunto ¿Si todos fuéramos buenos oyentes? ¿Si nos prestáramos toda la atención unos a otros? ¿Si nos respetáramos? ¿Si nos amáramos más?

¿Qué transformaciones veríamos en esta familia que es la humanidad?

Nela Bodoc – 2025



miércoles, 24 de septiembre de 2025

 

REFLEXIÓN

 

 FALTA DE AMOR COTIDIANO

Tuve la suerte de vivir en los años dorados, como muchos le llaman. Soy de la clase de mil novecientos sesenta y uno, y siento que la sociedad ha cambiado tanto... ¡No para mejor!

Fue la época en la que no teníamos tanta tecnología. Todo se creaba, y para los niños jugar era lo más importante. Mamá estaba en casa y elaboraba las comidas. La hora del almuerzo era el momento para la colaboración, el diálogo, el respeto, dar las gracias... ¡Buen provecho! se decía al retirarse de la mesa, y las discordias se armaban por quién levantaba la loza.

Hoy siento que la sociedad, o mejor expresado, nosotros, miramos hacia el costado. Nadie quiere involucrarse, y vale el ¡sálvese quien pueda! El disfrute y los excesos subieron de categoría. Envejecer es una tragedia del universo, y no se lo interpreta como el ciclo de la vida. Ni qué decir de la discriminación: si sos bajo, obeso, extra delgado, de nariz grande o si tenemos algún defecto físico... Siempre viene a mi mente el ejemplo de la cantante Barbra Streisand: su voz inigualable, ella nunca pasó por una cirugía y brilló con luz propia. Imagino y más en ese ámbito, donde además fue actriz, debe haber recibido propuestas para una cirugía de nariz.

Vivimos en el mundo de la perfección, de lo inmediato, hacer lo que sientas, sin importar cuál es el costo o si perjudica a alguien. Además, envidiamos las vidas ajenas que los medios de comunicación y las redes nos muestran. No atendemos ni valoramos los lazos que hemos construido en casa. Quizás no son las relaciones más perfectas, pero son las que pudimos crear a base de esfuerzos, valores, colaboración y errores, pero con mucho amor. Y tiene un nombre: se llama FAMILIA.

Siento que tengo el compromiso de trabajar por la paz, con lo que tengo en mis manos ¡A mi alcance!

Los adverbios interrogativos giran por mi cabeza: ¿cómo?, ¿dónde?, ¿cuándo?, ¿por qué? Invaden mi cerebro al pensar en colaborar en esta sociedad.

¿Cómo? Amando, con pequeños gestos cotidianos, a mi familia y a los demás.

¿Dónde? En la calle, en la verdulería, en el negocio, el colectivo, cediendo el paso, un llamado telefónico... Un gesto de agradecimiento.

¿Por qué? Una sonrisa puede ser el resultado positivo para muchos males de otros. Quizás ese gesto mínimo para nosotros puede hacer que cambie la historia a alguien.

¿Cuándo? Quedarme en mi comodidad y no salir de mi zona de confort atenta contra mi salud. La televisión, cada vez más grande y seductora, los podcasts, los streamings y las series son una tentación, más si sumo las horas de sillón, además de mirarme el ombligo sin abrir la ventana...

Con esta sumatoria, No haré un aporte altruista y solo seré... ¡UN VIVIENTE MÁS!

                                                               Ana Lucila Osorio - 2025



martes, 23 de septiembre de 2025

 


Solo paz, pide mi alma

Para poder percibir

Qué camino han de seguir

Los pasos que aún me quedan

Y resguardarme a la sombra

Del árbol del buen sentir

Donde pueda percibir

Que lo andado no fue en vano

Y decirle al ser humano

Que cambie amor, por sufrir.

 

                Alberto Coronel - 2025



lunes, 22 de septiembre de 2025

 

Memorias

 

Lo que mis padres nunca dijeron.

Viví con mi padre 54 años y con mi madre 64, ambos fallecieron a los 89 años y nunca oí que se definieran como pobres. Vivían con alegría y agradecimiento el tiempo presente, y lo transmitían sin emitir palabras.

Jamás les escuché hacer una promesa, nunca prometieron nada. Esa era su manera de vivir.

Cuando yo tenía unos cuatro años más o menos les dije que los Reyes Magos eran una mentira, me dijeron que no, y me volvieron a contar la conocida historia para niños, entonces yo les desafié diciendo: “Creeré en ellos si me traen una bicicleta”. No me la trajeron, y tampoco pedí explicaciones ni se me rompió la ilusión, continué mi vida agradeciendo los regalos de reyes sin problemas.

Lo otro que nunca escuché fue alguna queja, nunca un “¿Por qué nos pasa esto a nosotros?” y no se trata de que tuviésemos una existencia carente de inconvenientes, sino que siempre las enfrentaron con naturalidad y agradecimiento, como si la consigna fuese “esta es la vida”.

 

                                                                              Iris Nely – 2022

 

 

 

 

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