sábado, 30 de septiembre de 2023

 



Oraré en silencio, continuo dialogo contigo, Misterio Divino.

BENDICIÓN.

                                           

                                       Teresa



viernes, 29 de septiembre de 2023

 

 

Cuestión de malentendidos

 

Marcelo tenía 13 años y había ingresado a la secundaria.

Fue un gran cambio para él, en la primaria jugaba y tenía sus amigos desde primer grado, en cambio ahora debía dedicarse más a estudiar y a seguir las normas del colegio.

Si bien estudiaba mucho se mantenía callado en clase y no sentía la alegría de sus compañeros.

Llegó la época de exámenes y le tocó dar su primera lección oral de Química. La profesora le hizo muchas preguntas que él trataba de responder cuidadosamente, hasta que le preguntó:

-¿Por qué el Helio no reacciona?

-¡Elio sí reacciona!, ayer no me prestó sus apuntes- contestó, refiriéndose a su compañero que también se llamaba así.

-¡Cómo que reacciona! -reprochó la profesora -Si dice que es inerte- refiriéndose al apunte -¡Es un gas noble!

-Profesora, yo le tengo respeto…- respondió Marcelo confundido.

-Siéntese, está aplazado.

Marcelo estaba ofendido y decepcionado, tendría que rendir la materia si no lograba recuperarse. Al volver a casa comentó lo ocurrido a sus padres, y el padre, dándole una palmada le dijo:

-Hijo, en la secundaria debes madurar. Pregunta las dudas que tengas a tus profesores y siempre ten buen trato con tus compañeros, aunque sean de mal genio. Lo importante es que tengas un gran corazón y dejes tu timidez de lado. Habla con la profesora sobre lo que no entiendes, para eso está ella, la Química es difícil y tiene que sacarte las dudas; enséñale que puedes mejorar.

Así lo hizo, pidió hablar con la profesora y ella comprendió que había un compañero llamado Elio, que al jovencito le costaba insertarse en la clase y que a la vez el Helio era un gas tan noble como inerte.

            A partir de entonces, Marcelo estudió con más ahínco, preguntaba oportunamente, ayudaba a sus compañeros y además de ver que a ellos también les costaba, descubrió que haciendo las cosas claramente, todo esfuerzo valía la pena.

María Gabriela Medawar –2014.

 

 

jueves, 28 de septiembre de 2023

 

                        REFRANES  (ACIERTOS O NO TANTO)

En un pequeño pueblo cordillerano la gente se levantaba muy temprano,

“Al que madruga, Dios lo ayuda” decían a menudo.

Los niños se iban a la escuela bien desayunados y siempre llegaban a tiempo, las madres iban a sus trabajos sin prisa, charlaban y reían camino a la única fábrica del lugar, los padres trabajaban en el campo de sol a sol.

Así día tras día, siempre igual, todos se conocían y eran amigos.

En las afueras vivía una anciana solitaria a la cual le decían “la yuyera” ya que sabía mucho de hierbas medicinales. Hasta su casa acudían los lugareños, buscando alivio a sus dolencias, la mujer era muy conocida, y de otros poblados también venían a verla en busca de cura para sus enfermedades.

Ella nunca estaba apurada, por las mañanas tomaba mate tranquilamente, mientras iba preparando las medicinas con los yuyos que cada tanto cortaba del campo, también usaba las flores silvestres que se abrían en todo su esplendor cuando el sol ya estaba alto.

Era una mujer sabia aunque nunca había estudiado, por eso la gente decía que ella tenía el don de sanar enfermedades porque Dios la bendijo con esa Gracia.

Cada dos o tres días, salía de su casa cerca del mediodía con una gran bolsa y se perdía en el campo buscando las plantas con las que sanar todo tipo de males.

¿Por qué sale con tanto sol doña?  Le preguntaban los que la veían pasar.

-Porque el sol es bueno para la salud m´ijo, además “No por mucho madrugar amanece más temprano” las plantas son fáciles de encontrar cuando hay mucha luz y las flores se abren al calor del sol- respondía amablemente y seguía su camino. Al atardecer la veían regresar con sus preciados yuyos sanadores.

Nadie conocía su nombre, ni su edad. La anciana no tenía familia y vivía allí desde siempre. Nunca fue joven o al menos nadie la vio jamás cuando lo fue.

                                                               Ana María Muñoz Vega – 2023

 

Consigna: Leyenda que se perpetuó en refrán.



miércoles, 27 de septiembre de 2023

 

Propósitos

 

                                                               Zonda

Vivir en Mendoza tiene sus encantos… y sus desencantos.

Los turistas hablan de que es una ciudad limpia, y yo lo dudo, si ellos lo dicen…

¿Y sus desencantos?

El más importante es que, cuando a veces el cielo se ve de un azul brillante, y hay un sol radiante que enamora, y a pesar de ser invierno comienza a hacerse notar un aire cálido, nuestros organismos no se sienten tan felices como se supone; la presión atmosférica varía y la humedad desciende hasta, a veces, el 1%.

Es nuestro famoso zonda, y decimos en el caso que el aire esté muy quieto, que es zonda de altura. La cabeza “abombada”, el cuerpo cansado y el carácter irritado.

Pero ¡Ay si desciende! Suele asolar la tierra y su contenido.

A los pájaros les arruina sus nidos, a los árboles suele arrancarlos de cuajo, y a los animales y humanos nos pone agresivos.

Y llega el momento, para mí, de poner mi mundo interior en “pausa” y pensar: es natural, por la corriente de aire que viene del Pacífico  y que al pasar la cresta de Los Andes, se irrita y enloquece. Exagero. La fuerza de la naturaleza y sus alcances.

Y trato dejar de ser el centro de mi atención.

¿Cuántas familias estarán en ese momento en sus casuchas precarias rezando porque no se vuelen los naylons con los que cubren sus techos para que no se llueva adentro?

Y como el viento desciende en un segundo ¿cuántas personas estarán en la calle con escasa visión a causa del polvo y la tierra en suspensión? ¿cuántas estarán sin luz?

Agradezco estar protegida y pido protección para otros.

Y tener techo y paredes de concreto aunque se corte la luz por algunas horas.

Mas pensar que muchos hombres salen en cuadrillas a liberar calles y aceras de ramas o árboles, e incluso a apagar incendios.

Y a no criticar a quienes supongo que podrían haber hecho algo.

Por lo que yo ¿qué más puedo hacer?

Controlar mis emociones, mis pensamientos. Salir del centro. Un momento de paz en el caos, pues en el ojo del huracán no hay viento.

Paz.

                                                                              AMI - 2023

 

martes, 26 de septiembre de 2023

 


¡Bienvenida Primavera!

Con tu savia y tu canción

embriagado corazón.

Hoy luce un latir distinto

 como mágico requinto

que entona el más bello son.

 

Alocada sensación

no cuenta tiempos ni edades,

solo tiene en sus caudales

fresca sonrisa y rubor.

Abre sus poros la brisa

a un nuevo ciclo de amor,

¡Bienvenida Primavera!

¡Se renueva una pasión!

 

            Alberto Coronel



lunes, 25 de septiembre de 2023

 

Prosa poética

 

                                                                               Plegaria

 

Amada Madre Divina

¿Qué luz ilumina mi alma? De hinojos junto a las sombras, uno mis manos, busco la luz.

En el caos las voces rugen, alimentando los miedos, dan de comer al terror, que oculto en el anonimato de la turba desbocada, a las confusas ideas de las sombras emboscadas…

Siento Tu mano cálida, librándome del agobio, alimentando mi calma, despojándome del odio, ese otro alimento nefasto que inundaba mi alma.

Divina Luz, Divina Paz, Divina fuerza, abraza mi corazón,

Toma mi energía, repártela en corazones hermanos, calmándolos, acunándolos en tus brazos.

                                                               Ami- 2023

 

 

viernes, 22 de septiembre de 2023

 

Uso de refranes

 

Las recetas de la abuela

                Una abuela con su nieta acostumbraban conversar mientras hacían el almuerzo; tanto charlaban que era como “matar dos pájaros de un tiro”, conversar y cocinar.

            “Haz bien y no mires a quien”, le solía decir la abuela cuando se trataba de que la niña fuera a hacer las compras, pues siempre le tocaba hacer esa tarea. Al principio era como “ir de mal en peor”; su abuela recién llegaba a su nuevo hogar y no sabía aconsejarle qué era lo mejor para sus comidas. “Es más papista que el Papa”, refunfuñaba la niña.

            Al volver de su compra, la abuela, bien temprano, se ponía a cocinar dulces, salsas, envasados y todo lo que necesitara la familia para alimentarse al llegar de cosechar en el campo.

-¿Por qué empiezas tan temprano? Podrías ponerte a leer el diario o a tejer- le cuestionaba a su abuela.

-“Al que madruga, Dios lo ayuda”- contestaba la señora, y de inmediato la ponía a pelar las verduras. “De tontos y locos todos tenemos un poco”, se solía decir la pequeña.

Charlaban de novios, de escuela, de amiguitos, todo lo que pudiera despertar en la niña la atención necesaria para que se educara bien, “y de golpe y porrazo” la abuela pisó una cáscara de zapallo y empezó a sacudirse por todos lados para no caer.

La niña rompió a carcajadas, y la abuela, tomando compostura dijo: “lo cortés no quita lo valiente”, y tuvo que recoger y limpiar las cáscaras pisadas y desparramadas del suelo. Conteniendo la risa, seguía burlándose, “mala yerba nunca muere”.

Realizaba estas tareas todos los días, su abuela era estricta en ese sentido y aprendió a decirle adecuadamente las indicaciones de su compra. Ya se había hecho un ritual antes de comenzar sus tareas escolares.

Un día la abuela quiso hacer una receta diferente, necesitaba hacer “al pie de la letra” lo que ésta decía, así que anotó a su nieta las medidas exactas y el lugar donde comprar cada ingrediente.

Cuando la niña llegó a la dietética y fue recibida por un hombre muy mayor, con gruesos anteojos. Ella pidió lo que necesitaba, pero el hombre, “más perdido que turco en la neblina”, estaba tan desorientado en su nuevo negocio, que en lugar de semillas de lino le dio semillas de sésamo.

La abuela meticulosa no dejaba de refunfuñar, “le dio gato por liebre”, se quejaba, pero ante la mirada inocente de su nieta, optó por hacerle especialmente unos pancitos en los que pondría esas semillas de sésamo. ¡A la niña “se le hacía agua la boca”! ¡Qué contenta estaba! Y saborearon juntas los pancitos calientes entre amigables conversaciones.

Años más tarde, cuando la pequeña se hizo una bella joven, comenzó a cocinar ella misma las recetas que había aprendido, y le dio a sus  nuevas comidas ese toque de viejo y buen cocinero que nunca más olvidaría.

 

María Gabriela Medawar – 2014.

 

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